El Nuevo Orden del Tiempo (wakfu) - Capítulo 85
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- Capítulo 85 - 85 Capítulo 85 – El desgarro
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85: Capítulo 85 – El desgarro 85: Capítulo 85 – El desgarro Era madrugada cuando el grito sacudió la casa.
Bob saltó de la cama y corrió al cuarto de Jack-Jack.Helen ya estaba allí, con el niño entre los brazos.Pero no era el mismo bebé: su piel brillaba con reflejos metálicos, y su llanto estaba acompañado por un eco imposible, como si otra voz llorara junto a él.
—¡Está pasando otra vez!
—gritó Helen, desesperada.
Los juguetes flotaban en el aire, girando como planetas en un sistema caótico.Las paredes vibraban, y los relojes de la casa —los pocos que aún quedaban tras la noche anterior— estallaron en fragmentos.
De las sombras surgió un contorno humanoide, más nítido que antes: un torso cubierto de engranajes, un brazo afilado como guadaña, y un rostro que apenas se sostenía en carne y humo.
—Falta tan poco… —susurró la silueta, con voz quebrada—.
Un paso más y volveré.
Bob lo enfrentó, interponiéndose entre la sombra y Helen.—¡Jamás tendrás a mi hijo!
Nox giró la cabeza hacia él.Su sonrisa era una grieta rota.—No lo entiendes… yo ya estoy en tu hijo.
Dash corrió a buscar a Violeta, que estaba bajando las escaleras con el rostro pálido.Al ver la escena, su corazón se heló: era como si las palabras de Luthen hubieran cobrado forma.
Jack-Jack gritó, y de su boca salió una oleada de energía que lanzó a Bob contra la pared.Helen apenas pudo sujetarlo, llorando.—¡Basta, por favor!
¡Detente!
Por un instante, la sombra se inclinó sobre ella.No era una amenaza, ni un ataque.Era casi… un gesto paternal, deformado.
—Él es mi ancla… —murmuró—.
Y yo seré eterno.
Entonces se deshizo en miles de partículas azules que se hundieron en el cuerpo del bebé.
Jack-Jack se quedó dormido en un suspiro, agotado.La sala estaba destruida, y el silencio era peor que cualquier grito.
Bob se incorporó, con la cara ensangrentada, mirando a su familia.—Esto ya no es un accidente.
Es una invasión.
Violeta se abrazó a sí misma, temblando.Sabía lo que eso significaba.Sabía que las palabras de la doctora no eran una amenaza: eran un destino.
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