El nuevo y horrible mundo - Capítulo 1
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1: Separación 1: Separación Seis adolescentes vestían sus mejores atuendos aquella noche: habían sido invitados a una fiesta de quince años y querían lucir impecables.
Dos de ellos se disputaban la estatura.
El primero, de piel morena y complexión robusta, con cabello rizado y negro y ojos oscuros, era un apasionado del fútbol y casi siempre llevaba una camiseta del Barça o del Monterrey.
El segundo tenía la piel clara, levemente bronceada, cabello castaño oscuro lacio y unos ojos negros intensos; era un auténtico friki, devorador de novelas ligeras y mangas.
El tercero, más bajo en estatura, lucía un pelo muy rizado y compartía con él el color negro de los ojos; su gran pasión eran Nintendo y los videojuegos.
La primera chica, menuda y risueña, llevaba el pelo negro que se rizaba suavemente en las puntas y unos ojos marrones; adoraba el rock y sentía predilección por chicos de tres o cuatro años mayor que ella.
La segunda chica, novia del tercero, tenía el cabello castaño oscuro con ligeras ondulaciones al final, ojos marrones y se ruborizaba con facilidad; amaba las rarezas que circulan en las redes sociales.
La más pequeña del grupo destacaba por su piel oscura y su pelo rizado, negro como sus ojos.
Los seis tenían dieciséis años y pasaban la noche bailando y divirtiéndose, hasta que de pronto notaron una presión extraña en todo el cuerpo.
No eran los únicos: el resto de los invitados también se detuvo.
Frente a ellos apareció una ventana de estado con un mensaje: “Hola, soy Xyphor, una criatura especial que les ofrece la oportunidad de pedir un deseo.
Para lograrlo deberán conseguir una de las tres estrellas ocultas en un nuevo mundo.
Serán transportados allí; cada día avanzará o retrocederá un año en sus cuerpos hasta situarlos en el punto óptimo de su físico y en la edad perfecta para explotar todo lo que el sistema les brinda.
Tienen cinco segundos para agarrar a cuantas personas quieran: con que haya un mínimo contacto físico al último segundo, serán transportados juntos.
Podría explicarles más, pero disfruto del misterio.” Todos quedaron paralizados, salvo Adriel —el segundo chico—, que reaccionó de inmediato.
Sujetó los brazos de sus dos amigos y echó a correr para tomar de la mano a las chicas.
Quedaban cuatro segundos.
Ellas se entrelazaron las manos entre sí; Adriel solo logró asir la de una de ellas y enlazarla con la de su amigo.
Dos segundos.
Con horror, Adriel vio a sus padres corriendo hacia él, suplicando tocarlo.
Entonces la segunda chica tropezó y cayó, desatando una reacción en cadena que impidió que nadie más llegara a sus padres.
Una luz los envolvió.
Adriel, con lágrimas surcando su rostro, contempló un paisaje tan hermoso que solo cabía llamarlo paraíso.
Pero su gozo se tornó angustia al caer en la cuenta: estaba en un mundo nuevo, perdido, y no sabía por dónde empezar a buscar a su familia.
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