El nuevo y horrible mundo - Capítulo 12
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12: Sin retorno 12: Sin retorno Adriel y Amara caminaban tranquilamente, siguiendo su memoria de dónde se encontraba la zona para usar el sistema.
Con cada paso se oían ramas recobrarse ante la pesadez de sus pies.
Conforme avanzaban, todo se oscureció; lo perturbante es que no era obra de los árboles, sino que el tiempo les estaba por dar una mala jugada.
Mientras caminaban, Adriel bajó un poco su velocidad para estar tras Amara; desde su punto de vista, era mejor así, ya que si ella iba atrás, existía la posibilidad de que él no notara que ella fue atacada hasta que fuera demasiado tarde.
Además, desde hace tiempo consiguió la singularidad de que le gustaba copiar el paso de otros.
Normalmente, cuando iba con sus amigos o familiares por la calle, copiaba el ritmo y el paso de estos; ni él mismo sabía cómo comenzó aquella extraña costumbre.
Por el camino Adriel agarró algunos pedazos de madera.
La inquietud los estaba azotando fuertemente; ambos estaban nerviosos, ya que cuando voltearon a la izquierda vieron el ocaso, el final de un día y el comienzo de la noche.
Después de una larga caminata, Adriel se sintió incómodo; pensó en invocar al sistema y, efectivamente, estaba allí.
“Dime, ¿Qué objeto hay que comprar?” Su tono mostraba el nerviosismo creado por la hora del día que se filtraba por cada palabra.
Amara se sorprendió un poco; luego abrió el sistema y lo encontró.
“Ve a la tienda; es el tercer objeto de la segunda hilera.
Está en la página 2.” Amara estaba más tranquila que Adriel, ya que ella no había vivido de primera mano lo que este mundo puede ofrecer.
Adriel siguió sus indicaciones y encontró un pararrayos, después de ver esto sintió que era realmente útil, más porque la descripción decía “Todo rayo que esté por caer en un radio de 1 kilómetro será atraído y neutralizado” Ya que para Adriel tenía sentido que aquel objeto pudiera salvar sus vidas, lo compró por 7 monedas, quedando con 4.
“Bien… creo que es hora de irnos”, Adriel sostuvo el nuevo objeto en su mano mientras veía el camino que siguieron para llegar.
Era oscuro y tenebroso.
“Sí”, Amara dio el primer paso hacia adelante, por lo que Adriel la siguió.
Mientras caminaban, Adriel pensaba en cómo usar el pararrayos; también cuidaba su paso, intentando ser lo más silencioso posible.
En algún punto del camino, Adriel vio un destello azul; rápidamente reaccionó sosteniendo un pedazo de madera con las dos manos, el cual chocó con el cuello de una mujer.
‘Otra súcubo’ Aquel pensamiento pasó como un rayo en la mente de Adriel.
Pateó fuertemente el abdomen de la súcubo, pero esta no retrocedió, incluso se acercó más a él, abrazándolo, intentando juntar sus cuerpos más de la cuenta.
Adriel comenzó a sentir una desesperación intensa; la adrenalina estaba circulando por toda su cabeza y lo hizo sentir una furia que disipó todo miedo.
Con rabia abrió su boca y mordió la yugular de la súcubo, la cual gritó de dolor.
La sangre de ella comenzó a caer en el cuero de Adriel, el cual le dio un golpe en la cabeza y la intentó apartar.
Pero por la mordida la súcubo intentó regresársela; su boca se hacía amenazantemente al cuello de Adriel, el cual intentó golpearla para alejarla, aunque no daba resultados.
De pronto, la súcubo dejó de mover su cabeza, la cual fue agarrada por Amara.
Ella agarró el cuello de la súcubo con su antebrazo y comenzó a asfixiarla con fuerza.
Adriel aprovechó que la súcubo no podía morderlo para ponerle el pedazo de madera en la boca, asfixiándola rápidamente.
Poco tiempo después, la súcubo dejó de moverse.
A pesar del miedo intenso, Adriel tocó el pecho de la súcubo para asegurarse de que ella estaba muerta.
Luego la empujó para sacarse el cadáver de encima.
Cuando se paró, vio a la súcubo; su “ropa” desapareció al momento de su muerte, por lo que estaba totalmente desnuda.
Su pelo era de un azul marino y sus ojos celestes eran muy propensos a ser brillantes, pero solo cuando ella estaba viva.
Cuando se relajó, sintió cómo la bilis llenaba su garganta; no sólo la había matado, a un monstruo parecido a una mujer, sino que también la mordió y su sangre lo cubrió.
Se volteó a unos arbustos y vomitó toda la comida que había consumido previamente.
“Has asesinado a una súcubo Fase: inicial, Categoría: A.
Has recibido 5 monedas” ‘Entonces… murió desangrada’ pensó Adriel rápidamente mientras se calmaba.
El cuerpo completo de Adriel temblaba, pero se llenó de valor.
Agarró el pararrayos titubeante; la filosa punta de este lo ayudó a cortar la piel de la súcubo.
Con ello, pudo llegar hasta su caja torácica, donde rodeó, quitando carne del centro hasta poder ver y extraer la hermosa bola azul.
“Objeto: guadaña, fase: inicial, categoría: B.
Una guadaña de un metro de largo con una punta de 40 centímetros” Adriel sostuvo con fuerza aquella bola y simuló el sentimiento de expulsar algo; con ello, apareció la guadaña en su mano.
Después, con miedo, simuló el sentimiento de tragar algo, con lo que la guadaña se guardó en él, de alguna forma.
“¿Les dirás a los otros?” Preguntó Amara con una calma absurda.
“Creo…” Adriel la vio directamente a los ojos: “Creo que la mejor opción será volver hacia la zona segura y bajar mañana por la mañana”.
Sin esperar una respuesta, el chico comenzó a volver sobre sus pasos, regresando a la zona de uso del sistema.
Amara extendió que, por más que la voz de Adriel pedía una opinión, él no la iba a tomar.
El chico se sentó apoyándose en una roca.
Mientras que la chica se apoyó contra un árbol frente a la roca.
Ambos cerraron los ojos.
‘Por más que intento…
No puedo dormir.
Aquel pequeño pero poderoso pensamiento cruzó por la cabeza de ambos jóvenes.
Pronto ambos abrieron los ojos y se encontraron; dentro de la horrenda oscuridad creada por la noche, se miraron.
“Tengo… que ser sincera, hoy, después de la siesta, encontré a Elena seduciendo a Steven, pero él no ejercía una resistencia como la tuya.” Amara se sincero dentro de la oscuridad.
“No hay nada que podamos hacer… esperemos que sobreviva esta noche…” Luego de esto, la conversación murió completamente.
Los dos sabían que estaban despiertos, pero aun así no hablaban más porque no había algo normal de lo que hablar.
…
Dentro del manto de la oscura noche, la figura de Elena se alzaba sobre el cuerpo dormido de Steven.
Lo despertó con un toque suave, sin hacer ni un poco de ruido.
“¿Qué quieres?” Preguntó Steven con somnolencia, pero sin moverse, por más que Elena estaba sentada sobre él.
“La noche de hoy es hermosa, ¿No?
Perfecta… para unirnos”, Elena se acostó sobre Steven, pasando sus brazos bajo los suyos y agarrando su cabeza.
Elena besó ferozmente a Steven; sintió como un dolor intenso recorrer cada parte de su cuerpo.
El dolor la hizo casi morder la boca de Steven, pero, por suerte, él le respondió el beso, quitando el dolor de su cuerpo.
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