EL OBSERVADOR ÚNICO - Capítulo 44
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44: LA RECUPERACIÓN DE LA IDENTIDAD 44: LA RECUPERACIÓN DE LA IDENTIDAD CAPÍTULO 40: LA RECUPERACIÓN DE LA IDENTIDAD [¡TIEMPO RESTANTE PARA EL BORRADO DE DATOS: 45 SEGUNDOS!] El mundo alrededor de Min-woo se estaba desmoronando, pero no con explosiones, sino con píxeles muertos.
El suelo de la Biblioteca se convertía en una estática gris.
Jinsu tecleaba en la terminal del Autor, pero sus dedos atravesaban las teclas como si fueran humo.
— ¡Min-woo, el teclado no responde!
—gritó Jinsu.
Su propio rostro empezaba a perder definición, convirtiéndose en un boceto a lápiz—.
¡Dice que ‘El Usuario Anónimo no tiene permisos de edición’!
— ¡Maldición!
—Min-woo se arrastró hacia la terminal, su mano de tinta ardiendo como si estuviera sumergida en ácido—.
¡Es una paradoja de seguridad!
¡Para recuperar nuestro nombre, necesitamos tener un nombre para iniciar sesión!
[30 SEGUNDOS…] Min-woo miró el Pendrive de Cristal.
El dispositivo brillaba con una luz dorada, intentando sincronizarse con la realidad.
Recordó las palabras del Primer Lector: “El Autor mintió en la página 2,800”.
— Jinsu…
no busques nuestros nombres en el registro oficial —jadeó Min-woo, su voz distorsionándose como una grabación rayada—.
¡Busca en la Papelera de Reciclaje!
¡El Autor nos borró tantas veces antes de empezar la historia que nuestros rastros deben estar ahí como archivos temporales!
Jinsu, actuando por puro instinto, arrastró el icono del Pendrive hacia la carpeta de elementos eliminados del sistema.
[15 SEGUNDOS…] Cientos de archivos aparecieron en la pantalla: “Min-woo_V1_Muere_Cap1.doc”, “Jinsu_Villano_Final.txt”, “Protagonista_Descartado_09.dat”.
Eran todas las versiones de ellos mismos que nunca llegaron a publicarse.
— ¡Ahí!
—Min-woo señaló un archivo que brillaba con una luz distinta: “El_Lector_Que_No_Debía_Existir.tmp”.
Con su mano de tinta, Min-woo tocó la pantalla.
La tinta de su piel se fundió con el cristal del monitor, creando un puente físico entre el usuario y el código.
[5…
4…
3…] — ¡RESTAURAR!
—rugieron ambos al unísono.
¡ZAP!
Una descarga eléctrica de color violeta recorrió la Biblioteca.
La estática gris retrocedió de golpe.
El rostro de Jinsu recuperó su nobleza heroica y Min-woo volvió a sentir el peso de sus propios pulmones.
Sobre sus cabezas, los nombres reaparecieron, pero con una modificación del Sistema: [NOMBRE RESTAURADO: KIM MIN-WOO] [MODIFICADOR DETECTADO: “EL REESCRITO”] [NOMBRE RESTAURADO: HAN JINSU] [MODIFICADOR DETECTADO: “EL PROTAGONISTA SIN GUION”] Min-woo cayó al suelo, respirando agitadamente.
El silencio en la Biblioteca era ahora absoluto, roto solo por el zumbido de la terminal del Autor.
— Lo logramos —susurró Jinsu, envainando su espada con manos temblorosas—.
Pero Min-woo…
mira la pantalla.
Min-woo levantó la vista.
El archivo temporal que habían usado para restaurarse no se había cerrado.
Al abrirse, reveló una línea de texto que el Autor había ocultado bajo siete capas de encriptación: “Nota para el sucesor: Si estás leyendo esto, significa que el ‘Último Espectador’ ya no es tu mayor problema.
El sistema de la novela no es una simulación.
Es un Arca.
El mundo real fue destruido hace mucho tiempo, y esta historia es lo único que mantiene nuestras almas procesándose.
Si la novela termina…
todos moriremos de verdad.” Min-woo sintió que el frío de la Biblioteca se filtraba en sus huesos.
Toda su lucha por “terminar” la historia de forma justa de repente cobró un sentido aterrador.
No era un juego de supervivencia; era un soporte vital.
— Por eso el Autor huyó —dijo Min-woo, mirando su mano de tinta, que ahora tenía grabadas pequeñas runas doradas—.
No huyó de los dioses…
huyó de la responsabilidad de ser el único que mantiene el mundo encendido.
De repente, una luz roja parpadeó en el mapa holográfico de la terminal.
Un nuevo escenario se estaba autogenerando sin intervención divina.
[¡ESCENARIO 6 INICIADO AUTOMÁTICAMENTE!] [UBICACIÓN: EL ARCHIVO CENTRAL – EL MUNDO REAL CONGELADO.] [OBJETIVO: EVITAR QUE EL ‘SISTEMA DE ENFRIAMIENTO’ BORRE LOS DATOS DE SEÚL.] — Jinsu, guarda lo que puedas —dijo Min-woo, poniéndose en pie con una determinación renovada—.
El Olimpo y los Nórdicos solo eran los guardias de seguridad.
Ahora vamos a entrar en la sala de máquinas de la realidad.
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