EL OBSERVADOR ÚNICO - Capítulo 58
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Capítulo 58: EL DUELO DE LA MUSA
CAPÍTULO 54: EL DUELO DE LA MUSA
La mujer de la máscara de porcelana dio un paso al frente. Con cada movimiento, el aire se llenaba de pétalos de rosa marchitos que, al tocar el suelo, se convertían en manchas de tinta seca. Detrás de ella, las sombras de los libros en blanco empezaron a llorar un líquido negro.
— ¿Por qué insistes, Lector? —la Musa levantó su mano, y las páginas del libro de Min-woo empezaron a pasar solas, movidas por un viento gélido—. El olvido es la forma más pura de la paz. Aquí no hay dolor, porque no hay nadie para sentirlo. Al escribir, solo traes de vuelta el sufrimiento de existir.
[¡HABILIDAD ACTIVA: RÉQUIEM POR UN PERSONAJE OLVIDADO!]
De repente, Jinsu se detuvo. Su nueva espada de obsidiana, el Filo del Descarte, empezó a pesarle como si estuviera hecha de lápidas. Visiones de sus muertes en los borradores anteriores del Autor —aquellas que Min-woo había visto en la papelera de reciclaje— empezaron a proyectarse en las paredes de la biblioteca.
— Jinsu, ¡no la escuches! —gritó Min-woo, aferrando su pluma de carne y hueso contra el papel—. ¡Es un truco narrativo! ¡Está forzando un ‘Flashback’ de trauma para inmovilizarte!
— Son… demasiadas veces, Min-woo —jadeó Jinsu, cayendo de una rodilla—. Morí en el puente… morí en el incendio… incluso morí antes de conocerte. Ella tiene razón… mi destino siempre ha sido el final.
— ¡Tu destino es lo que yo estoy escribiendo ahora mismo! —Min-woo hundió su dedo más profundamente en el papel, escribiendo con una furia que hacía sangrar su propia alma.
[¡HABILIDAD DE EDITOR ACTIVADA: ANTICULMINACIÓN (PLOT ARMOR)!]
— “Han Jinsu no es un mártir” —escribió Min-woo, las letras doradas quemando la página—. “Él es la constante que rompe la ecuación. Cada vez que cayó, solo fue para aprender a levantarse en el siguiente párrafo. Él no es un final… es el Punto y Seguida.”
El brillo dorado de la escritura de Min-woo envolvió a Jinsu. Las visiones de muerte se fragmentaron como cristal golpeado. Jinsu levantó la vista, sus ojos ahora brillando con el mismo gris tormentoso de su espada de obsidiana.
— Tienes razón, Musa —dijo Jinsu, poniéndose en pie—. He muerto muchas veces. Pero hoy… no soy yo quien va a ser borrado.
Jinsu saltó. No fue un ataque físico; fue un tajo que cortó la música de violín que rodeaba a la mujer. El Filo del Descarte no hería la carne, hería la Melancolía.
— ¡Imposible! —chilló la Musa, su máscara de porcelana agrietándose—. ¡Nadie sobrevive a su propio réquiem!
— Sobreviví a un Autor que quería venderme —rugió Jinsu—, ¡¿por qué me daría miedo una mujer que solo sabe llorar?!
Jinsu atravesó a la Musa con su espada de obsidiana. No hubo sangre. La mujer se deshizo en miles de hojas de papel con poemas tristes que el viento de la biblioteca se llevó hacia la oscuridad. Al desaparecer, dejó caer un objeto en el suelo: un Tintero de Cristal de Lágrimas.
[¡OBJETO OBTENIDO: TINTA DE LA ETERNIDAD (GRADO MITO)!]
[EFECTO: PERMITE ESCRIBIR ‘HECHOS PERMANENTES’ QUE EL SISTEMA NO PUEDE EDITAR.]
Min-woo recogió el tintero. Sus manos temblaban, pero la herida de su dedo se cerró al instante al tocar el cristal.
— Cero… —dijo Min-woo, mirando al robot—, ya tenemos la tinta. Y tenemos el primer párrafo. Es hora de despertar al resto de los exiliados.
Cero parpadeó, su pantalla mostrando una cara de asombro ( o ).
— El Arca ha sentido el cambio, Min-woo. La derrota de la Musa ha dejado una vacante en el registro de ‘Entidades Conceptuales’. Si usamos esa tinta ahora, podemos crear nuestra propia “Marca de Autor”.
Min-woo mojó su dedo en el Tintero de Lágrimas y lo estampó en la última página del libro.
— Nuestra marca no será un ojo, ni una corona —sentenció Min-woo—. Será una Pluma Rota. Porque incluso rota, sigue escribiendo.
[¡HAS FUNDADO LA FACCIÓN: “LOS AUTORES DEL EXILIO”!]
[NUEVO OBJETIVO: RECLUTAR A LOS ‘PERSONAJES SECUNDARIOS’ DE LOS SERVIDORES VECINOS.]
Desde el fondo de las estanterías, cientos de ojos empezaron a brillar. No eran monstruos. Eran los habitantes de las Notas al Pie que, por primera vez en eones, veían una luz que no era un final, sino un prólogo.
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