EL OBSERVADOR ÚNICO - Capítulo 63
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Capítulo 63: EL SILENCIO DE LA INTERFAZ
CAPÍTULO 59: EL SILENCIO DE LA INTERFAZ
Min-woo dio el paso. Al cruzar el umbral de luz blanca generado por el código de Caspian, el mundo no estalló en fanfarrias. Por el contrario, todo se apagó.
Primero desapareció la barra de maná. Luego, los indicadores de vida de Jinsu y Kaito se desvanecieron como humo. Finalmente, el recuadro flotante que siempre le acompañaba, su guía y su escudo, parpadeó dos veces y se disolvió en la nada.
[SISTEMA… DES-CONEC-TAN-DO…]
[ADIO… LECT…]
Silencio. Un silencio absoluto y pesado que Min-woo no había sentido en años.
— ¿Min-woo? —la voz de Jinsu sonó diferente. Ya no era una salida de audio procesada; era una voz humana, con cuerdas vocales que vibraban y un aliento que se condensaba en el aire gélido.
Min-woo intentó abrir su menú de edición. Movió los dedos en el aire, esperando que apareciera la tinta dorada, pero sus manos solo cortaron el vacío. Sintió un dolor agudo en el pecho, pero no era un ataque del sistema; era su propio corazón latiendo con una irregularidad orgánica.
— Ya no puedo verlos —susurró Min-woo, mirando sus palmas. Sus dedos estaban sucios, con cortes reales y uñas rotas—. Ya no sé cuánta vida les queda. Ya no sé qué habilidades tienen.
— Bienvenidos a la Superficie —dijo Caspian, saliendo detrás de ellos.
Ya no estaban en una torre de neón. Estaban en las ruinas de lo que alguna vez fue una estación de tren. El cielo no era azul digital, sino un gris ceniza perpetuo. El aire sabía a polvo y a óxido. A lo lejos, las inmensas torres del Arca se alzaban como pilares negros que sostenían una cúpula de nubes artificiales.
— ¿Este es el mundo real? —Kaito envainó su sombrilla de colores, que ahora se veía como una simple tela desgastada sobre una vara de metal—. Es… decepcionante.
— Es real —corrigió Caspian, señalando un pequeño brote de hierba que crecía entre las grietas del cemento—. El Arca lo consume todo para mantener la simulación. Nosotros somos los primeros “Archivos Ejecutables” que logran salir con un cuerpo físico en tres siglos.
De repente, un sonido metálico resonó en la distancia. No era el zumbido de un dron, sino el chirrido de cadenas oxidadas. Por la avenida derruida, una unidad de Recolectores Biológicos —máquinas pesadas diseñadas para buscar biomasa para el Arca— se acercaba.
— Jinsu, ¡detenlos! —gritó Min-woo por instinto, esperando que su orden activara una bonificación de ataque.
Jinsu saltó hacia adelante, pero su movimiento no fue una estela de luz plateada. Fue un salto pesado, torpe, afectado por la gravedad real. Al chocar su espada de obsidiana contra el metal de la máquina, el impacto le recorrió los huesos del brazo, haciéndole soltar un quejido de dolor.
— ¡Maldición! —rugió Jinsu, recuperando el equilibrio. La máquina no tenía una barra de vida; no sabía cuánto daño le había hecho. Tenía que confiar en sus sentidos.
Min-woo sintió el pánico subir por su garganta. Sin la interfaz, no sabía si Jinsu estaba ganando. No sabía si había enemigos flanqueándolos. Se sentía ciego.
— ¡Caspian, haz algo! ¡Usa tu acceso! —pidió Min-woo.
— ¡Ya no hay acceso, Min-woo! —Caspian estaba escondido tras un muro derruido, tratando de encender una radio vieja—. Aquí afuera, el Arca es el enemigo y nosotros somos virus. ¡Pelea como un hombre, no como un editor!
Min-woo miró al suelo y encontró un trozo de tubería de hierro. Sus manos temblaban. No había “Tinta de la Eternidad”, no había “Edición Maestra”. Solo había un trozo de metal y su voluntad de no morir en el primer párrafo de su libertad.
— Jinsu… ¡apunta a las juntas hidráulicas! —gritó Min-woo, corriendo hacia la máquina—. ¡No es código, es mecánica!
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