El Orbe Sagrado - Capítulo 25
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25: Responsabilidad 25: Responsabilidad El sol se ocultaba tras las murallas de Azoth, pintando de naranja las torres de mármol.
Los viajeros, cubiertos de polvo y cansancio, cruzaron el puente levadizo.
Guardias armados los siguieron con la mirada, desconfiados de las capuchas que ocultaban sus rostros.
Asori no había pronunciado palabra desde que salieron del bosque que estaba cerca del Castillo.
Su mirada permanecía fija en el suelo, como si temiera que si levantaba la cabeza, vería de nuevo la sonrisa de Lira congelada en su memoria.
Blair caminaba a su lado, queriendo hablar pero incapaz de encontrar palabras.
Sentía todo lo que bullía en el interior de Asori gracias al Sweet Kiss, y le dolía más que cualquier herida saber que Asori se sentía de esa forma.
Mikan, en cambio, iba relajada, con las manos detrás de la nuca.
—Bonita ciudad.
Aunque demasiado limpia para mi gusto.
El oro siempre brilla más cuando lo ensucian.
Blair la fulminó con la mirada.
—¿Puedes al menos fingir respeto?
—Claro.
—Mikan sonrió torcida—.
¿Quieres que me arrodille y bese el suelo?
Asori exhaló un suspiro apenas audible.
Blair quiso replicar, pero se contuvo.
El gran salón de Azoth los recibió con su cúpula de vitrales que pintaban el suelo con colores.
En el trono lateral, más sencillo que regio, esperaba Tifa, la Reina que había liderado la resistencia desde que Zeknier emergió.
—Han vuelto, Blair y Asori es gratificante saber que su primera misión no les costó la vida—dijo, con un dejo de alivio, levantándose para recibirlos.
Blair se inclinó con respeto.
—Sí, tía.
Y no volvimos solos.
Mikan dio un paso al frente, quitándose la capucha.
Su cabello azulado reflejó la luz de los vitrales.
—Mi nombre es Mikan.
Portadora del Orbe del Agua.
Estoy aquí…
por oro.
Y quizás por este chico raro que esta a mi lado.
La sala quedó en silencio.
Blair casi se atragantó.
—¡¿Qué dices?!
Tifa entrecerró los ojos, examinándola.
—Directa.
No esperaba menos de alguien con tu reputación.
Mikan arqueó una ceja, sonriendo.
—¿Reputación?
Qué interesante…
Blair dio un paso hacia adelante, ofendida.
—¡Ella no es de fiar, tía!
Se burla, miente, y solo piensa en apuestas.
Mikan ladeó la cabeza con calma.
—Oh, tranquila, Princesa Canosa.
Si quisiera apuñalarlos mientras dormían, ya lo habría hecho.
—¡Deja de llamarme así!
¡Solo a Asori le permito eso!
—gritó Blair, ruborizada.
Tifa levantó la mano, imponiendo silencio.
Su voz fue firme.
—Basta.
Si Blair confía en ti lo suficiente para traerte hasta aquí, entonces te escucharé.
Pero no confundas mi paciencia con indulgencia.
Mikan se cruzó de brazos.
—Perfecto.
Entonces escúchame bien, no vine por ideales.
No vine porque crea en revoluciones.
Vine porque sé que en el torneo encontraré algo más valioso que cualquier saco de oro.
Blair frunció el ceño.
—¿Y qué podría ser más importante que ganar la guerra?
La sonrisa de Mikan se borró un instante, dejando entrever la dureza bajo su máscara.
—Información que puede valer miles de monedas de oro, diría que hasta millones.
Tifa miró a ambas, evaluándolas.
En ese instante, notó la ausencia de un detalle.
—¿Y Asori?
Blair volteó.
El chico ya no estaba.
Asori caminaba por los pasillos, sus pasos resonando en el mármol.
Sus manos temblaban, y sin embargo, no dudaba hacia dónde se dirigía.
Empujó la puerta del observatorio del castillo.
Eryndor estaba allí, sentado en un cojín frente a un ventanal abierto, el cabello blanco agitándose con la brisa nocturna.
El sabio lo miró con calma, aunque sus ojos brillaban con curiosidad.
—Vaya sorpresa.
¿El muchacho de las montañas viene a mí por voluntad propia?
Asori se inclinó apenas, respirando hondo.
—Necesito hablar con usted.
—¿Qué te pesa tanto, hijo del aire?
Asori cerró los puños.
Y entonces habló sobre Lira, de su abuelo, de la culpa que lo devoraba, de cómo había decidido dar la espalda pensando que nada pasaría…
y cómo aquello le costó la vida a alguien inocente.
Las palabras se quebraban, hasta que cayó de rodillas, con las lágrimas resbalando.
—No pude salvarla.
¡Y estaba ahí!
¡Pude hacerlo!
En el pasillo cercano, Blair sintió el derrumbe emocional de Asori a través del vínculo.
Dio un paso apresurado, pero Mikan la sujetó del brazo.
—No.
—¡Su corazón…
está destrozado!
¡Necesita que esté ahí!
—No, Blair.
—Mikan la miró seria por primera vez—.
Ya lo siente todo a través de ti.
Pero esta confesión no es para ti.
Es para él…
y para quien ahora Asori considera su maestro.
Blair tembló, los ojos llenos de lágrimas.
—¡Pero yo le prometí que no lo dejaría solo…!
—Escúchame.
Si lo abrazas ahora, no aprenderá a sostenerse solo.
Déjalo caer.
Así aprenderá a levantarse.
Blair bajó la mirada.
Mikan, al notar su dolor, aflojó la mano y añadió con humor.
—Aunque…
si lo quieres consolar después, puedo darte unos consejos ya que veo que tienes “buenas razones” con para “subirle” el ánimo.
—Miró descaradamente el pecho de Blair.
—¡Ninja pervertida!
¡Puedo consolar a Asori de otra forma!
—gritó Blair, ruborizada.
Mikan rió, pero sus ojos permanecieron serios.
Dentro, Eryndor se levantó.
Caminó despacio hacia Asori, sus pasos firmes.
—¿Sabes qué es lo que más temo del poder, Asori?
No es el exceso.
Es la indiferencia.
Los hombres poderosos que creen que no hacer nada los librará de culpa…
cargan tantas muertes como quienes matan con sus propias manos.
El viento sopló con fuerza, agitando las velas.
—Cada vida es valiosa.
Cada decisión, incluso la de mirar hacia otro lado, marca destinos.
Tú lo aprendiste de la manera más dura.
Ahora dime, ¿Qué harás con ese dolor que tienes en tu corazón, hijo del Aire?
Asori lo miró con los ojos inundados de lágrimas, pero no apartó la vista.
Había huido de muchas cosas en su vida, pero no podía huir más.
—Siempre…
siempre pensé que no hacer nada era la única salida —dijo con voz temblorosa—.
Lo aprendí cuando mis padres murieron y nadie me tendió la mano.
Cuando grité pidiendo ayuda y nadie respondió.
Su respiración se volvió irregular, como si cada palabra arrancara un pedazo de su pecho.
—Ese día entendí que mi vida no importaba.
Y si nadie se preocupaba por mí…
¿por qué debía preocuparme yo por los demás?
Me convencí de que la indiferencia era la única forma de seguir vivo.
Que ser invisible era la única forma de no sufrir más.
Las lágrimas finalmente cayeron, pesadas como plomo.
—Pero entonces conocí a Blair.
Ella…
ella destruyó esa mentira.
En el momento más desesperado, cuando fui herido mortalmente, ella no dudo a pesar de que tenían una sola oportunidad contra Zeknier, no lo pensó en ningún instante.
La usó para salvarme a mí.
Un desconocido.
Alguien que apenas acababa de conocer.
Su voz se quebró.
—Arriesgó todo…
y en ese instante entendí lo que yo había olvidado, que una vida sí importa.
Que incluso la mía, que yo mismo despreciaba, podía ser salvada por alguien.
Recordó a Lira, pequeña e indefensa, su sonrisa borrada para siempre.
El vacío volvió a abrirse en su pecho, pero esta vez lo enfrentó.
—No quiero que nadie más muera frente a mí.
No puedo devolverle la vida a Lira ni a mis padres…
pero puedo evitar que otros pasen por lo mismo.
Blair me hizo prometer que usaría mi fuerza solo para proteger, que no mancharía mis manos con sangre.
Y ahora lo entiendo: ese es el camino que quiero seguir.
Asori respiró hondo, cada palabra cargada de una decisión que nunca antes había tenido el valor de tomar.
—Tengo un poder.
Y con él…
una responsabilidad.
Ya no quiero huir.
Ya no quiero cerrar los ojos.
Estoy listo para cargar con mis errores, con mis miedos, con lo que venga.
Su cuerpo temblaba, pero no de miedo, sino de decisión.
Se arrodilló y, por primera vez, inclinó la frente contra el suelo.
—Maestro…
por favor.
Permítame ser su discípulo.
Quiero acabar con esta guerra…
pero también quiero salvar vidas.
No quiero quedarme de brazos cruzados cuando tengo el poder para ayudar.
Un silencio pesado llenó la sala.
Eryndor lo observó con ojos serenos, pero en su interior reconocía el peso de esas palabras.
Finalmente habló: —Eres codicioso, Asori.
Querer ganar una guerra sin matar…
es como esperar que el viento nunca sople con furia.
—Una leve sonrisa apareció en su rostro—.
Pero quizás esa misma codicia sea tu fuerza.
Ese deseo imposible…
podría mostrarte un camino que nadie más ve.
Se acercó y apoyó una mano sobre su hombro.
—Hijo del Aire…
desde hoy te reconozco como mi pupilo.
Estaba esperando que tú mismo dieras este paso.
Has tenido el valor de ser vulnerable, y eso es algo que pocos logran.
No lo olvides, pedir ayuda también es de valientes.
Asori levantó la cabeza.
Sus lágrimas ya no eran de tristeza, sino de alivio.
Por primera vez en años, sentía que su vida tenía dirección.
Que su dolor no había sido en vano.
Ese día, bajo la mirada de su maestro, comprendió que su verdadero entrenamiento apenas comenzaba.
Y con él…
el renacer de quien algún día sería llamado Guerrero del Aire.
Mientras tanto, en el salón, Tifa observaba a Mikan con ojos calculadores.
—No eres como mi sobrina.
Ni como ese chico.
No juegues conmigo.
Dime, ¿Qué esperas ganar en el torneo?
Mikan cruzó los brazos.
—Oro.
Fama.
Diversión.
—Mientes.
—Tifa la interrumpió.
Por primera vez, Mikan bajó la sonrisa.
—Está bien.
Quiero respuestas.
Y estoy casi segura de que en el torneo alguien revelará lo que todos callan y es la verdadera identidad de Zeknier.
Ya que corre el rumor de que se esconde tras un rostro ante el público y actúa a espaldas de todos.
Blair abrió los ojos, sorprendida.
Tifa entrecerró la mirada.
—Entonces será mejor que apuestes bien, ninja.
Porque en esta mesa…
perder significa morir.
Mikan sonrió, aunque sus ojos estaban fríos.
—No te preocupes.
Siempre llevo un as bajo la manga.
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