El Orbe Sagrado - Capítulo 34
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34: El Regreso 34: El Regreso El sol se alzaba pálido sobre las cumbres del Monte Aeryon.
La semana de entrenamiento estaba llegando a su fin, pero para Asori aquello había sido un infierno interminable.
Sus brazos estaban cubiertos de cortes, la piel marcada por moretones, y aun así su aura blanca ardía con la misma intensidad que el primer día.
Frente a él, cinco Megalos surgían del bosque: tres lobos con ojos incandescentes, un reptil cubierto de escamas negras y una aberración humanoide con brazos tan largos como lanzas.
Eryndor, como siempre, observaba desde lo alto de una roca, con la serenidad de quien contempla el fuego de una fogata.
—Cinco contra uno.
¿Listo?
—preguntó, sin mover un músculo.
Asori tragó saliva, levantando los puños.
—No hay elección, ¿verdad?
El sabio sonrió.
—No.
Los Megalos cargaron.
El primero, un lobo, saltó directo a su cuello.
Asori giró sobre sí mismo y descargó un puñetazo reforzado por el viento.
El impacto fue tan brutal que la bestia se disolvió en humo antes siquiera de tocar el suelo.
El reptil lanzó un rugido y su cola azotó como un látigo.
Asori apenas tuvo tiempo de saltar; el aire lo elevó unos metros.
Giró en el aire, concentrando Astral en su palma.
—¡Aetherion!
La esfera de viento comprimido rugió como un trueno al impactar contra el reptil.
La onda expansiva lo atravesó, reventándolo en pedazos de humo oscuro y abriendo un cráter en el suelo.
Asori aterrizó, jadeando, apenas con tiempo de esquivar el zarpazo del Megalo humanoide.
La criatura lanzó una serie de golpes brutales, pero el chico se movía con fluidez, como si el viento le susurrara cada ataque.
Cada esquive era un baile, cada contraataque un rugido de aire.
—¡Vamos!
—gritó Asori, lanzando un rodillazo que hizo temblar al monstruo.
Los otros dos lobos lo atacaron a la vez, pero Asori ya no era el mismo muchacho torpe de semanas atrás.
Atravesó el suelo con un puñetazo ascendente, levantando una corriente que los lanzó contra las rocas.
Luego, cargó un Aetherion en su mano derecha y lo estrelló contra el humanoide.
La explosión fue tan intensa que los tres Megalos se deshicieron al mismo tiempo.
El claro quedó en silencio.
Solo el sonido del viento y el pecho de Asori, subiendo y bajando, lo llenaban todo.
Eryndor descendió de la roca, su mirada, por primera vez, orgullosa.
—Lo lograste.
Mantienes la transformación, usas el aire como extensión de tu cuerpo, y el Aetherion…
ya puedes usarlo correctamente.
Asori cayó de rodillas, exhausto pero sonriente.
—Entonces…
¿estoy listo para el torneo?
Eryndor arqueó una ceja.
—No lo sabemos aún.
Pero al menos ya no morirás en el primer combate.
Mientras tanto en el Castillo, el sonido del acero chocando contra acero resonaba en el patio de entrenamiento.
Blair giraba la espada con una gracia casi irreal, cada movimiento fluía como un río furioso.
Sus botas se deslizaban sobre las losas, el aire vibraba con calor.
Frente a ella, Mikan esquivaba ágil, el cuerpo felino y veloz como una sombra.
Sonreía con diversión mientras bloqueaba, contragolpeaba, desaparecía y reaparecía detrás de Blair con la ligereza de un fantasma.
—No está mal, alteza —bromeó Mikan, lanzando una daga que Blair desvió con un giro rápido de su espada—.
Pero sigues luchando como alguien que nunca pasó hambre.
Tus golpes tienen rabia, sí…
pero no la desesperación de quien pelea por sobrevivir.
Blair frunció el ceño.
—¿Crees que no entiendo lo que significa perder?
—La voz de Blair resonó, dura—.
Perdí a mis padres, perdí mi reino, y he tenido que ver cómo mi gente es esclavizada por Zeknier.
No hables como si no supiera lo que es sufrir.
El filo de su espada bajó con fuerza, obligando a Mikan a retroceder dos pasos.
La ninja sonrió, ladeando la cabeza.
—Tienes agallas, lo admito.
Pero Asori…
—dejó escapar una risa ligera—.
Ese chico todavía parece un niño aprendiendo a caminar.
Jason en cambio…
Jason es acero.
Si estuvieran en mi aldea, uno sería líder, el otro apenas un aprendiz.
Blair apretó los dientes.
El nombre de Jason aún la hería, pero más la comparación.
—No vuelvas a comparar a Asori con Jason —dijo con firmeza, mirándola a los ojos—.
Puede que no sea perfecto, ni fuerte todavía, pero tiene algo que Jason jamás tuvo: corazón.
Mikan alzó una ceja, sorprendida por el ardor en la voz de Blair.
—Oh…
parece que ya no es solo tu “amigo”.
—Sonrió maliciosa—.
Qué curioso.
Blair sintió el calor subirle al rostro, pero no bajó la mirada.
Las dos continuaron el combate, más intenso, cada golpe y cada movimiento cargado de tensión.
El aire crepitaba con el choque de su energía.
Blair dio una voltereta para atrás y a su paso dejo dos ondas de fuego que fueron directo a Mikan.
—Interesante Truco—Dijo Mikan murmurando.
Mikan embullo su espada con agua y Astral contrarrestando así el ataque de Blair, ambas sonrieron mientras seguían en el combate.
Entonces, entre el intercambio de espadazos, Mikan soltó un comentario extraño: —Con lo que sé de Zeknier, no será tan fácil derrotarlo…
Blair se detuvo en seco.
—¿Qué quieres decir con “lo que sabes”?
Mikan se encogió de hombros, esquivando con una sonrisa burlona.
—Digamos que tengo mis propios contactos.
—Su tono era ligero, pero había un filo oculto en sus palabras.
Blair entrecerró los ojos.
Esa respuesta no era suficiente.
Algo en la ninja no terminaba de encajar.
El combate se detuvo cuando ambas, agotadas, dejaron caer las armas al suelo.
El sudor les perlaba la piel y sus respiraciones eran agitadas, pero en sus miradas brillaba un respeto mutuo, aunque teñido de sospechas.
Antes de que Blair pudiera insistir con sus preguntas, un estruendo sacudió las puertas del castillo.
Los guardias corrieron hacia la entrada principal.
Y allí apareció.
Asori, cubierto de polvo, con su capa y ropa destrozados, muy sucias ambas prendas como si reflejaran todo el entrenamiento que hizo el joven, caminaba lentamente con un Megalo clase B casi muerto colgando de sus hombros.
La bestia era enorme, con colmillos como espadas y garras todavía chorreando sangre oscura.
El aura blanca aún envolvía a Asori, su cabello alborotado, los ojos azules brillando como estrellas.
Los guardias se quedaron mudos.
Algunos retrocedieron, otros simplemente observaron con asombro.
Blair sintió de golpe el latido en su pecho: el Sweet Kiss vibraba con una fuerza abrumadora.
El alivio la desbordó, las rodillas casi le fallaron.
Mikan, a su lado, la sostuvo mientras sonreía con malicia.
—Tu noviecito regresa más fuerte de lo que pensé.
Qué conmovedor incluyendo una entrada toda pretenciosa, talvez para impresionarte princesita.
Blair ignoró la burla.
Sus ojos se clavaron en Asori, que dejó caer al Megalo frente a los guardias, como si no pesara nada diciéndole las guardias que acaben con él, los guardias aun sorprendidos obedecieron y terminaron de acabar con el Megalo que se acabó convirtiendo en humo.
Entonces Asori vio a Blair y avanzó hacia ella.
Cuando estuvieron frente a frente, Blair no pudo contenerse.
Le golpeó suavemente el pecho con un puño tembloroso.
—He vuelto…Blair.
—Idiota…
—susurró, con lágrimas en los ojos—.
¿Por qué me hiciste sentir tu dolor toda la semana?
Asori parpadeó, sorprendido.
Una sonrisa cansada se dibujó en sus labios.
—Lo sentiste todo…
entonces no estuve solo.
Blair lo miró, el corazón acelerado.
Su aura aún vibraba, como si quisiera fundirse con la de él.
Mikan, detrás de ella, sonrió con malicia.
—Qué románticos…
¿Les consigo una habitación?
Blair se puso roja de inmediato.
—¡Cállate, Mikan!
Asori solo los miró confundido, rascándose la cabeza.
Blair abrió la boca, el corazón en la garganta.
Era el momento, quería decirlo, quería confesarlo…
Pero las risas de Mikan y las miradas curiosas de los guardias la frenaron.
Se mordió el labio, desviando la mirada.
Asori la observó, extrañado, pero sonrió y Blair se quedaba en silencio, cargando un secreto que ya no podía ignorar.
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