El Orbe Sagrado - Capítulo 36
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36: Rumbo al torneo 36: Rumbo al torneo El amanecer llegó teñido de tonos dorados sobre los muros del castillo.
El aire estaba fresco y cargado de una expectación difícil de ignorar: ese día el grupo debía partir rumbo a la Ciudad Capital, donde la preselección del torneo los esperaba.
Tifa reunió a los tres en el salón principal.
Asori, con la nueva ropa que le había entregado Eryndor, parecía distinto, más firme y seguro.
Blair lo observaba de reojo, tratando de asimilar que aquel chico torpe de la montaña había cambiado tanto en tan poco tiempo y ahora técnicamente están juntos.
Mikan, por su parte, jugueteaba con un cuchillo, con esa sonrisa pícara que la hacía parecer siempre a punto de hacer una travesura.
—Escúchenme bien —dijo Tifa, con tono solemne—.
Desde este momento, estarán en territorio donde los ojos de Zeknier pueden estar en cualquier esquina.
Mantendrán perfil bajo.
Blair, ocultarás tu identidad.
Asori, bajo ninguna circunstancia te expongas de más en una pelea en la que vayas a arriesgar tu vida.
Y tú, Mikan…
—¿Yo qué?
—preguntó la ninja, arqueando una ceja.
—Tú actúa como lo que eres…
Nada más.
—Eso ya lo hago bien, alteza —respondió Mikan con fingida reverencia, soltando una risita.
Eryndor se acercó entonces.
Sus pasos eran tan suaves que parecían confundirse con el murmullo del viento.
Puso una mano sobre el hombro de Asori y lo miró con severidad, aunque en el fondo se notaba orgullo.
—El viento es libre, pero también sabe obedecer.
—Su voz resonó calma pero firme—.
No dejes que tu poder te arrastre, Asori.
Tú guías al aire, no al revés.
El joven asintió con nerviosismo.
—Lo intentaré, maestro.
Asori asintió, intentando memorizar esas palabras.
Su corazón latía rápido, pero al mirar de reojo a Blair, se calmó.
Ella también lo miró, devolviéndole una leve sonrisa.
Tifa los abrazó uno a uno antes de dejarlos partir.
Con Blair se demoró un poco más, como si quisiera retenerla allí.
—Ya no eres solo una princesa, eres también una guerrera…
No lo olvides.
Blair apretó los labios y asintió, con lágrimas contenidas.
El grupo partió al amanecer, siguiendo los caminos de tierra que conectaban con la Capital.
El ambiente era distinto a lo que Asori recordaba de su primer viaje a la Capitual: había mercaderes nerviosos, soldados patrullando, y murmullos constantes sobre el torneo.
Mikan caminaba a un costado, silbando como si todo fuera un paseo.
De pronto, se acercó demasiado a Asori y le tomó la mano.
—Si vamos a ir encubiertos y a pasar desapercibidos, mejor como pareja ¿No?
—¡Oye!
—Blair se puso roja de inmediato, arrebatando la mano de Mikan y aferrándose a Asori—.
Él ya va conmigo.
—¿Oh?
—Mikan arqueó una ceja, con sonrisa traviesa—.
No sabía que ya estaban saliendo.
—¡Eso no te incumbe!
—saltó Blair, pero al instante bajó la voz, consciente de lo que había dicho—.
Solo…
ya es mío.
Asori abrió los ojos como platos.
—Blair…
—¡Nada, olvida lo que dije!
—gritó Blair, con la cara encendida.
Mikan no dejó pasar la oportunidad y se echó a reír a carcajadas, disfrutando cada segundo.
—Vaya, vaya…
parece que alguien ya marcó territorio, es una lástima cabeza de arbusto, tu noviecita ya dejo en claro las cosas.
Asori suspiró resignado, aunque no pudo evitar sonreír por dentro.
La primera noche acamparon en un claro, con una pequeña hoguera crepitando.
El cielo estaba estrellado y el silencio era interrumpido solo por el crujir de la leña.
Blair se sentó junto a Asori, apoyando la barbilla en sus rodillas.
Parecía pensativa.
—¿Tienes miedo por el torneo?
—preguntó él, rompiendo el silencio.
—Un poco…
—admitió ella—.
No por mí.
Me preocupa que te pase algo a ti.
Mira, sé que te has hecho muy fuerte pero no sabemos qué tipo de guerreros enfrentarás, y, me preocupa un poco que haya generales de alto rango que son muy poderosos.
Asori miró el fuego, pensativo.
—No importa.
Haré lo que haga falta.
No quiero que nadie más sufra.
Blair lo miró fijamente.
La determinación en sus ojos la conmovió.
—Has cambiado mucho, Asori.
Cuando nos conocimos eras un chico que solo quería vivir en paz en sus montañas y que no importaba ayudar a otros.
Él se rascó la nuca, incómodo.
—Sigo queriendo seguir viviendo en un mundo de paz…
pero ya no puedo ignorar a otros y además, no me imagino ese mundo si tú no estás en él.
Blair se sonrojó de inmediato, bajando la mirada para que no viera cómo le brillaban los ojos.
Su corazón latía demasiado rápido.
—Y pensar que antes no eras nada directo…
—susurró con una sonrisa suave.
Se inclinó un poco y le besó la frente, como aquella noche en el Castillo—.
Pero me gusta que ahora seas así.
Asori cerró los ojos, disfrutando el calor de ese gesto.
La hoguera crepitaba, y por un momento, el mundo fue solo ellos dos.
Mikan, por su parte, observaba la escena con diversión, como si estuviera disfrutando de un espectáculo romántico.
—Qué lindos —dijo entre risas—.
¿Por qué no se besan ya y nos ahorran la tensión?
—¡Cállate!
—gritaron los dos al mismo tiempo.
Tras varios días de viaje, finalmente llegaron.
La Ciudad Capital se alzaba imponente ante ellos: murallas enormes custodiadas por centinelas, torres vigilando el horizonte, y calles repletas de estandartes celebrando el torneo.
Asori abrió los ojos, asombrado.
—Sigue siendo…
enorme.
Blair lo observaba, divertida por su expresión ya que le parecía tierno que a Asori le siga maravillando la Capital a pesar de que habían estado allí hace un par de semanas.
La multitud los rodeaba: guerreros de Donner, Caldus, Nifelheim y Veltramar desfilaban con armaduras brillantes y armas pesadas.
Había tanta diversidad de estilos de combate que incluso Mikan parecía impresionada.
—Vaya…
esto parece un carnaval de egos —comentó la ninja, sonriendo—.
Me gusta.
De pronto, una voz conocida rompió el bullicio.
—¡Chicos!
Mikrom apareció de entre la multitud, saludando exageradamente con ambas manos.
Su sonrisa mujeriega estaba intacta.
—¿Así que decidieron venir?
¡Y juntos de la mano!
—miró a Asori y luego a Blair, chasqueando la lengua—.
Ya veo que les encanta fingir que son pareja.
Blair le lanzó una mirada asesina.
—No estamos fingiendo, nosotros….
¡Solo cállate, Mikrom!
—Oh, vamos, prima, no te enojes.
A decir verdad, se ven bien juntos —añadió, guiñando un ojo a Asori.
El muchacho suspiró, ya resignado.
Mikrom los llevó a una taberna discreta donde podían hablar.
Les explicó que la preselección comenzaría en dos días.
Serían pruebas duras: combates cortos, resistencia física y evaluaciones estratégicas.
—Y un consejo para ti, mocoso —dijo Mikrom, poniéndose serio—.
No uses tus poderes elementales.
Si alguien descubre que eres el portador del aire, todos los ojos de Zeknier caerán sobre ti.
Asori asintió, apretando el puño.
Blair se mordió el labio, nerviosa.
—¿Y si necesita usar sus poderes en algún punto?
¿No hay acaso guerreros aquí que usen elementos para pelear usando Astral?
—Puede ser, pero usuarios del Aire son demasiado escasos y levantaría sospechas—respondió Mikrom con frialdad—.
Pero si es discreto…
puede sobrevivir.
Blair bajó la mirada.
La idea de verlo en peligro la destrozaba, pero sabía que no podía detenerlo.
Cuando salieron de la taberna, la Capital estaba aún más bulliciosa.
Sin embargo, desde lo alto de un balcón, una figura encapuchada armaduras negras los observaba.
voz grave, murmuró: —Así que aquí están, me las van a pagar…
La figura encapuchada sonrió al ver a Blair entre la multitud.
Sus labios se curvaron en un gesto cruel.
—Pronto nos veremos niña.
El destino ya había echado a andar sus dados.
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