El Orbe Sagrado - Capítulo 47
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47: Una sombra del pasado 47: Una sombra del pasado El silencio de la enfermería estaba roto solo por el crepitar de las antorchas y el murmullo del viento entrando por las rendijas.
Asori seguía tendido en la camilla, el cuerpo helado, la respiración irregular.
Blair no apartaba las manos de su pecho, su aura de fuego luchando por devolverle el calor, pero no era suficiente.
Blair lo sabía.
Cada vez que su Astral se intensificaba, la piel de Asori enrojecía peligrosamente, como si fuera a quemarlo.
Mordió su labio, desesperada.
—No puedo…
si uso más poder lo lastimaré.
—apretó los dientes, cerrando los ojos—.
Tengo que intentarlo de otra forma.
Con un temblor, comenzó a quitarse la ropa, hasta quedar en ropa interior.
El rubor subió a su rostro, pero no vaciló.
Asori abrió un ojo, todavía confuso.
—¿B-Blair…?
¿Qué estás…?
—Cierra los ojos, idiota.
—dijo ella, roja como una manzana—.
Es…
es la única manera.
Se acostó encima de él, juntando su cuerpo al suyo, y cubriendo a ambos con una manta.
Puso la oreja sobre el pecho de Asori, escuchando los latidos débiles de su corazón.
—Así…
entrarás en calor más rápido.
El chico sintió que la sangre se le iba a la cabeza.
Su corazón, que apenas se mantenía, comenzó a latir como un tambor.
“¡No, no, no!
¿Qué…
qué está pasando?
¿Por qué no puedo dejar de sentirme así?
El cuerpo de Blair se siente muy caliente y su piel demasiado suave.” Blair, en cambio, se quedó inmóvil por un instante, hasta que el sonido de los latidos de Asori la envolvió.
Nunca había estado tan cerca, nunca había sentido esa ternura: escuchar el corazón de Asori latiendo bajo ella, como si esa fuerza solo existiera para recordarle que estaba vivo.
Las mejillas de Blair ardían.
—Asori…
—susurró sin darse cuenta—.
Cada vez que sonríes…
cada vez que dices algo torpe…
haces que mi corazón se acelere.
El calor envolvió tanto a Asori a tal punto, que derritió el hielo dentro de su cuerpo y exhausto, simplemente se desmayó.
Blair no se dio cuenta.
Sus labios se movían en un murmullo íntimo: —En cada beso que me das siento algo que no puedo explicar…
no es solo el Sweet Kiss…
es algo mío, algo real…
Asori, yo quiero estar a tu lado para siempre…
Cuando por fin notó que Asori dormía profundamente, sus ojos se abrieron con horror.
Se sonrojó de golpe, llevándose las manos a la cara.
—¡¿E-estabas dormido…?!
La puerta se abrió.
Mikan entró con su andar ligero y la vio recostada sobre Asori.
Una sonrisa traviesa apareció en sus labios.
—Vaya, vaya…
al fin se ponen íntimos.
¿Quieren que me una?
Puedo enseñarles un par de trucos ninja bien…
interesantes.
—¡¿Qué estás diciendo, pervertida?!
—Blair casi gritó, roja hasta las orejas.
Se levantó apresurada, buscando su ropa.
Mikan soltó una carcajada.
—Tranquila, princesa.
Solo digo que parecía que por fin se estaban decidiendo a “hacerlo”.
Blair, aún agitada, murmuró con seriedad.
—Solo…
estaba tratando de ayudarlo a entrar en calor.
No era lo que piensas.
Mikan la miró, entrecerrando los ojos.
—¿Y nunca se te pasó por la cabeza ir un poco más allá?
El silencio de Blair fue suficiente respuesta.
Bajó la mirada como si dentro de ella hubiera querido ir un poco más allá, incapaz de articular palabra.
Minutos después, Blair terminó de vestirse y respiró hondo.
—Voy a traer algo de comida.
Quédate con él, por favor.
—Claro.
—Mikan sonrió de nuevo, burlona—.
No te preocupes, lo mantendré “caliente” mientras vuelves.
—¡Mikan!
—Blair la miró furiosa, pero la ninja solo se rió.
Blair salió de la enfermería casi tropezando con sus propios pasos, el rostro ardiendo como si el fuego le recorriera las mejillas.
La vergüenza la perseguía, pero también algo nuevo, algo que le llenaba el pecho hasta casi hacerlo estallar: Asori.
Volvía a recordar el momento, una y otra vez, como una melodía que no podía detenerse.
Haberlo sentido tan cerca, escuchar su voz temblar con sinceridad, confesarle que quería estar siempre junto a él…
era como un sueño del que no quería despertar.
Nunca antes se había permitido bajar la guardia de esa manera.
Nunca antes había sentido que alguien la viera no como princesa, no como portadora, sino simplemente como Blair.
Se detuvo en un pasillo solitario, respirando agitada.
Llevó lentamente sus dedos a sus labios, todavía temblorosos.
La imagen de Asori la envolvió: sus torpezas, sus sonrisas inseguras, su promesa de protegerla aunque todo el mundo estuviera en contra.
Un rubor intenso la cubrió, y por primera vez, sin miedo a admitirlo, se sintió enamorada.
No era solo cariño ni gratitud.
Era más profundo, más puro: la certeza de que, a su lado, estaba segura.
Amada.
Escuchada.
Que tenía a alguien en quien podía confiar incluso en la oscuridad de la guerra.
Aquella paz indescriptible la hizo reír en silencio, con los ojos brillando de emoción.
“Así se siente…
¿esto es amor?”, pensó, abrazándose a sí misma como si quisiera guardar ese calor para siempre.
Pero justo en ese instante, cuando el corazón le latía con más fuerza que nunca, un golpe seco en la nuca quebró toda la magia.
Blair apenas tuvo tiempo de soltar un jadeo sorprendido antes de que las fuerzas la abandonaran.
Sus dedos, aún rozando sus labios, cayeron inertes mientras su cuerpo se desplomaba en la penumbra.
El pasillo quedó en silencio, como si se burlara cruelmente del instante de felicidad que le habían arrebatado Cuando abrió los ojos, estaba encadenada en un cuarto oscuro.
Intentó liberarse de las esposas derritiéndolas con su fuego, pero nada ocurrió.
Un pánico helado recorrió su cuerpo.
—¿Qué…
qué me pasa?
Una voz resonó desde las sombras.
—No puedes usar tu Astral.
El veneno que corre por tu cuerpo lo impide y tampoco intentes usar fuerza física, todo tu flujo de Astral se encuentra bloqueado.
De entre las sombras emergió la figura de Sir Kael, con la misma armadura oscura que había visto en el torneo.
Su sonrisa era malévola.
—Tú…
—susurró Blair, horrorizada.
—Así es.
—su voz era un eco de crueldad—.
Yo fui quien los atacó en el bosque, ¿Lo recuerdas?
Ese mocoso del aire estuvo a punto de morir…
y yo de ser humillado para siempre, también, los estuve vigilando todo este tiempo desde que llegaron a la Capital.
Blair abrió los ojos de par en par.
Todo tenía sentido: la reacción de Asori, el miedo instintivo, el temblor en su cuerpo.
No era psicológico: su cuerpo recordaba al hombre que casi lo mató.
—Zeknier me devolvió el honor.
Me dio más poder, más fuerza, y me encomendó algo hermoso: vengarme de ustedes.
Blair jaló las cadenas, pero era inútil.
—¡No lastimaras a Asori!
Sir Kael sonrió, esa sonrisa torcida que helaba la sangre.
Se acercó despacio, sin prisa, como un depredador que disfruta el miedo de su presa.
Sus dedos recorrieron el hombro de Blair, bajando con lentitud cruel.
—Deberías preocuparte más por ti que por ese mocoso —murmuró, su voz impregnada de veneno.
Con un tirón brusco, apartó la capucha y la tela de su blusa, dejando al descubierto su piel.
Blair contuvo la respiración, su pecho subía y bajaba acelerado.
—Cuando te vi en aquel bosque…
—continuó él, rozando su mejilla con la yema de los dedos—, tenías esa mirada perdida, de incertidumbre.
Cuando retrocedías de mí, asustada, solo conseguías que deseara más tenerte…
poseerte.
Su mano bajó, acariciando con descaro sus brazos, sus piernas, como si saboreara cada estremecimiento de ella.
Blair cerró los ojos con fuerza.
Lágrimas calientes escaparon de sus pestañas.
Estaba paralizada, el cuerpo negándose a moverse.
—Asori…
—susurró, quebrada.
Un estruendo cortó la escena como un relámpago.
La puerta explotó en mil astillas que volaron por el aire.
Una ráfaga blanca atravesó la habitación, iluminándola como si el sol hubiese irrumpido en medio de la noche.
—¡BLAAAIR!
El rugido de Asori hizo vibrar las paredes.
Su cuerpo estaba envuelto en aura, ardiendo como un cometa desatado.
La Ráfaga Delta lo consumía, devorando su energía a un ritmo imposible, pero la rabia lo mantenía de pie.
Sir Kael sonrió con malicia, sin perder la compostura, y en un parpadeo desapareció entre las sombras.
Asori apenas alcanzó a ver la silueta oscura apartarse de Blair.
Quiso lanzarse contra él, pero sus músculos no respondieron.
El aura se quebró a su alrededor como cristal roto.
Cayó de rodillas, el pecho ardiendo, la respiración hecha fuego.
—¡Asori!
—gritó Blair, temblando.
Mikan irrumpió un instante después.
Su kunai cortó las cadenas que sujetaban a la princesa, el metal resonando como un grito liberador.
—¿Blair, estás bien?
—preguntó con inusual seriedad, ayudándola a ponerse en pie.
Blair no respondió.
Todo su cuerpo temblaba aún, los labios secos, los ojos perdidos en el vacío.
La sensación de aquellas manos sobre su piel la mantenía congelada.
Asori, arrodillado, la miraba con desesperación.
La abrazó fuerte, con un sollozo quebrando su garganta.
—Perdóname…
perdóname por haber tardado en llegar…
—sus lágrimas le cayeron sobre el hombro.
Blair, temblando, apenas logró recostarse en su pecho, incapaz de articular palabra.
—Apenas sentí tu aura a través del Sweet Kiss…
cuando percibí que te apagabas, entré en pánico.
Vine con todo lo que me quedaba…
—jadeó Asori, con el cuerpo temblando por el esfuerzo.
Mikan se arrodilló a su lado.
Su tono, por primera vez, carecía de burla.
—Llegaste a tiempo.
Si no hubieras…
—se detuvo, apretando los dientes—.
Mejor no lo digamos.
El silencio pesó como un bloque de hierro.
Blair al fin susurró, la voz quebrada: —Tuve…
tanto miedo…
Gracias, Asori…
gracias, Mikan.
Les debo la vida.
El alivio apenas duró un instante.
El cuerpo de Asori se convulsionó por el agotamiento, el aura parpadeaba débil.
La realidad los alcanzó de golpe.
—La semifinal…
—murmuró Mikan, mirando la ventana donde la luna comenzaba a desvanecerse—.
Es en pocas horas.
Y en este estado, Asori, no puedes pelear.
Blair lo miró con una determinación febril.
Sin pensarlo, se inclinó y lo besó con fuerza, vertiendo en ese contacto todo lo que le quedaba.
El Sweet Kiss brilló, intentando despertar la energía dormida en su interior.
Pero nada ocurrió.
Blair abrió los ojos de golpe.
La luz no apareció.
La energía no respondió.
—¿Por qué…?
—murmuró, aterrada.
Mikan fue la primera en notar un frasco roto en el suelo.
Lo levantó y su mirada se endureció.
—Veneno…
anti-Astral.
—Su voz era grave—.
Blair, lo tienes en el cuerpo.
El veneno bloquea tu energía.
El Sweet Kiss no funciona si estás contaminada.
Las palabras cayeron como un hacha.
Blair miró a Asori, las lágrimas resbalando por su rostro.
Él, con el cuerpo tambaleante, apenas logró sostenerla contra sí, aunque sabía que estaba al borde del colapso.
El silencio era insoportable.
No había consuelo ni escapatoria inmediata.
Solo la certeza de que las horas siguientes decidirían todo…
y Asori estaba más vulnerable que nunca.
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