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El Orbe Sagrado - Capítulo 58

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  4. Capítulo 58 - 58 El Retorno al Castillo
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58: El Retorno al Castillo 58: El Retorno al Castillo La carreta avanzaba lentamente por el camino de piedra que conducía hacia las murallas del castillo de Azoth.

Los cascos de los caballos golpeaban rítmicamente, pero el ambiente dentro del vehículo estaba lejos de ser tranquilo.

Blair mantenía a Aisha entre sus brazos, la pequeña portadora de la Luz aún con los ojos bajos, como si temiera que todo lo vivido en la arena hubiese sido un sueño.

Asori, a su lado, apenas podía mantenerse erguido; la fatiga de los combates seguía mordiéndole los músculos, aunque ya se veía más estable gracias al descanso y al calor que Blair le había brindado con el Sweet Kiss.

Mikrom por otra parte, solo se mantenía con su sonrisa a pesar de que por dentro sabía que algo más grande y peligroso estaba por venir, Zeknier lo cazaría debido a que Mikrom deserto su ejército.

Las murallas se alzaban imponentes, bañadas por el sol del mediodía.

Los guardias apostados en la entrada del reino alzaron lanzas y escudos al divisar al grupo, pero en cuanto sus ojos se posaron sobre Blair, el murmullo recorrió la fila como un rayo.

—¿Esa no es…?

—¡La princesa!

¡La princesa Blair!

Algunos cayeron de rodillas de inmediato, inclinando la cabeza hasta el suelo, mientras otros dudaban, recordando los rumores de su muerte y la propaganda de Zeknier que aseguraba que el trono de Azoth ya no tenía heredera legítima.

El aire se llenó de tensión: reverencias mezcladas con incredulidad.

Blair se mordió el labio, pero dio un paso al frente con dignidad.

—Soy Blair Julis D’Blank, hija del rey Arion y Elena, y he estoy de vuelta.

—su voz resonó clara—.

De hoy en adelante, no volveré a esconderme.

El silencio se rompió en gritos.

Algunos aclamaban su nombre, otros gritaban insultos y proclamaban su lealtad a Zeknier.

El grupo no tardó en ser escoltado hacia el Castillo situado en el centro de las murallas.

La sala principal del Castillo estaba bañada por la luz de los ventanales.

Tifa los esperaba de pie, su armadura reluciendo, el rostro severo como una estatua.

En cuanto Blair entró, la reina la abrazó con fuerza, con un alivio apenas contenido.

—Has regresado a nosotros… —murmuró, pero su tono cambió al instante, serio como el filo de una espada—.

Y al revelar tu identidad, ya no hay marcha atrás.

Eres un estandarte, Blair.

Desde hoy, cada paso tuyo moverá ejércitos.

¿Estás lista para esa carga?

Blair titubeó, sus dedos se apretaron contra la falda de su vestido, pero finalmente asintió.

—Lo estoy.

No pienso retroceder ahora, es momento de asumir el rol que tengo dentro de esta guerra.

Tifa soltó el aire y asintió, aceptando esa determinación.

Sus ojos se posaron en Asori, luego en Aisha y por último en Mikrom, entonces tifa frunció el ceño.

—Explíquenlo todo y quiero que sean detallados.

Durante más de una hora, Mikrom narró lo ocurrido en la ciudad capital: el torneo, la manipulación de Darian, la aparición de Kael, y la decisión de Blair de revelar su identidad ante todo el público.

Asori relató con voz baja su combate, también del extraño poder que obtuvo durante la pelea, confesando que casi perdió la vida.

Tifa escuchó en silencio, cada palabra calando como un martillo.

Cuando se mencionó a Aisha, la mirada de la comandante se endureció aún más.

—¿Así que el segundo premio del torneo eras tú pequeña?

—su voz temblaba de rabia—.

¿Qué clase de monstruo hace eso al tener de esclava a una niña?

Darian es un enfermo.

La niña dio un respingo, abrazándose a sí misma.

Todos la miraron.

Finalmente, Aisha alzó la voz, temblorosa.

—Yo… siempre fui usada… para sanar.

Mi poder ayudaba a otros a luchar, a enriquecerse.

Nunca fui más que un objeto.

—bajó la mirada—.

Hasta que… me entregaron como recompensa.

Un silencio helado invadió la sala.

Blair la estrechó con fuerza contra su pecho.

—Nunca más.

—susurró—.

Nadie volverá a tratarte así te lo prometo Aisha.

Asori, asintió con firmeza.

—Estás con nosotros ahora.

Te protegeremos.

Los labios de Aisha temblaron, y por primera vez, permitió que una tímida sonrisa se escapara.

Tifa caminó hasta Asori, sus pasos resonando como golpes secos contra la madera del suelo.

Lo observó de arriba abajo, su ceño fruncido más por la preocupación que por la furia.

—Mírate… —su voz era grave, contenida—.

Ese chico al que recogimos del bosque ahora carga con el destino de este reino.

Te has vuelto fuerte, Asori, nadie lo niega.

Pero ese combate… —su tono se quebró apenas— estuvo a punto de costarte la vida.

Asori bajó la mirada, los puños temblando.

—Yo… no podía dejar que Blair cayera.

No podía permitir que ese monstruo la tocara y se saliera con la suya.

El golpe de Tifa contra la mesa retumbó en toda la habitación.

—¡No entiendes nada!

—rugió, con los ojos llenos de un fuego contenido—.

¡Tu vida también es vital!

No se trata solo de protegerla a ella, ¡sino de protegerte a ti mismo!

¿Sabes lo que significaría perderte ahora?

Blair dio un paso al frente, la voz vibrando de rabia.

—¡Pero si no fuera por él, estaría muerta!

¡Asori me salvó de Kael, me protegió cuando yo… yo bajé la guardia!

Tifa se giró hacia su sobrina, fulminándola con la mirada.

—Y ese es otro problema, Blair.

Eres la princesa, portadora de un orbe, símbolo de Azoth… ¡y bajaste la guardia!

¡Le diste la oportunidad de atacarte!

Blair se mordió el labio, con lágrimas ardiendo en sus ojos.

Quiso responder, pero las palabras se le atoraron en la garganta.

Finalmente, con un sollozo contenido, habló: —Lo sé… fallé.

Y lo odio, tía.

Pero si Asori no hubiera estado allí, no estaría aquí ahora.

¿Cómo puedes culparlo por salvarme?

El aire se volvió denso.

Los tres guardaron silencio, cada respiración pesada como plomo.

Tifa los miró, primero a Blair, luego a Asori, y durante un instante pareció que seguiría regañándolos sin piedad.

Pero entonces… suspiró.

Su rostro endurecido se suavizó, y de pronto, dio un paso adelante y los abrazó a ambos con fuerza, apretándolos contra su pecho.

—Son unos necios —murmuró, su voz quebrándose por primera vez—.

Fueron imprudentes, sí.

Se expusieron más de lo que debían.

Pero… —cerró los ojos— estoy agradecida de que estén vivos.

Blair se tensó por la sorpresa, y Asori parpadeó incrédulo, pero poco a poco ambos se dejaron envolver por aquel abrazo.

Tifa continuó, más suave, aunque aún con la firmeza que la caracterizaba: —Les agradezco de por vida lo que hicieron.

Asori, te respeto por no dejar que tu rabia te manchara las manos con sangre.

Yo misma… quizá habría reaccionado peor contra Kael.

Y Blair… —apretó más el abrazo— no vuelvas a bajar la guardia, ¿me oyes?

El reino necesita a los dos.

Se separó apenas, mirándolos con un atisbo de orgullo.

—Estoy feliz de verlos juntos.

Sanos.

Vivos.

Y aunque me hagan enfadar hasta las lágrimas… no cambiaría este momento por nada —A todo esto… —Tifa miró alrededor con el ceño fruncido—.

¿Dónde está Mikan?

¿No debería estar aquí con ustedes?

Blair iba a responder, pero justo en ese momento la puerta se abrió de golpe.

Mikan entró con las manos detrás de la cabeza y su sonrisa pícara de siempre.

—Pues aquí estoy.

—Se estiró como si nada—.

Fui a dejar primero el dinero a mi pueblo, y ya de paso me recibieron con un festín.

No paraban de gritar “¡la campeona del gran torneo!” —se giró hacia Asori con una mirada burlona—.

Aunque claro, eso solo en mi pueblo… porque cierto cabeza de arbusto se llevó toda la gloria.

Asori arqueó una ceja, exhalando con una media sonrisa.

—No era mi intención.

Aunque… tal vez te hubiera ganado.

Mikan soltó una carcajada, dándole un golpecito en la frente con el dedo.

—¿Tú?

¿Ganar?

Hubiera sido divertido no contenerme y humillarte delante de todos.

—¿Quieres que te recuerde quién derrotó a Kael?

—replicó Asori, ladeando la cabeza.

—Suerte de principiante —Mikan hizo girar un kunai entre los dedos—.

Vuelve a robarme la atención y te saco los ojos con esto.

Asori frunció el ceño, ofendido.

—¿¡Suerte de principiante!?

¿Quieres que te dé un Aetherion en toda la cara para que veas si fue suerte?

Mikan arqueó una ceja, con su sonrisa más burlona.

—Inténtalo, “señor campeón”.

A ver si no te desmayas antes de la pelea.

Blair suspiró, llevándose una mano a la frente.

—Siempre igual, ustedes dos parecen niños peleando por quién se queda con el último panecillo.

Mikrom bufó, pero con una sonrisa apenas disimulada.

—Y, aun así, se entienden mejor de lo que creen.

Tifa, que los observaba con los brazos cruzados, acabó sonriendo con alivio.

—Me alegra ver que también estás sana y salva, Mikan… campeona.

La ninja levantó el pulgar con exagerada solemnidad.

—¿Ven?

Al menos Su Majestad sí sabe reconocer la grandeza.

Las risas llenaron la sala, y por un instante la tensión acumulada se disolvió como si nunca hubiera existido.

Tifa entonces desplegó un mapa sobre la mesa.

Los cinco reinos estaban dibujados con trazos gruesos, líneas que parecían heridas abiertas en la tierra.

—Azoth está dividido.

—Su dedo recorrió el centro del mapa—.

La mitad bajo Zeknier, la otra bajo nuestra resistencia.

Donner está al borde de una guerra civil.

Caldus se mantiene neutral.

Nifelheim fortalece su ejército.

Y Veltramar… solo observa desde lejos.

El silencio volvió a pesar en la habitación.

Tifa habló con firmeza: —Si Zeknier cruza los límites de Azoth antes de asegurar alianzas, ningún otro reino intervendrá.

Seremos arrasados.

El plan se delineó con claridad.

Blair lideraría la misión como princesa.

Asori sería su guardián y carta secreta.

Mikrom, Mikan y Aisha tendrían papeles estratégicos: apoyo militar, espionaje y sanación.

Entonces, Aisha levantó la voz, nerviosa pero decidida: —P-pero… si me necesitan, también puedo luchar.

Todos la miraron.

Blair se inclinó hacia ella, acariciando su cabello con suavidad.

—Aisha… eres una niña.

No deberías cargar con una guerra.

La pequeña apretó los puños, bajó la mirada un instante, pero después alzó los ojos con determinación.

—Entonces… ¡puedo sanarlos!

Puedo curarlos cuando caigan.

Así seré apoyo para… para mi amo.

La sala quedó en silencio.

Sus palabras eran simples, pero directas.

Mikan entrecerró los ojos, cruzando los brazos con una sonrisa ladeada.

—Bueno… tiene más valor que algunos adultos que he conocido.

Mikrom asintió lentamente.

—Es arriesgado, pero… lógica no le falta.

Blair tragó saliva.

La decisión pesaba en su pecho, pero finalmente asintió.

—Confío en ti, Aisha.

La niña sonrió, tímida pero radiante, como si por fin hubiera encontrado su lugar.

La pequeña portadora sonrió.

Por primera vez, parecía no sentirse un objeto… sino alguien con un propósito.

Antes de que el grupo pudiera seguir discutiendo, un soldado irrumpió en la sala, jadeando.

—¡Noticias urgentes!

El ejército de Zeknier ha tomado la ciudad de Hadrien, a tres días de la capital.

El mapa tembló bajo los dedos de Tifa.

La comandante cerró los puños.

—Entonces no tenemos tiempo.

Parten en un semana hacia los imperios.

Blair entrelazó su mano con la de Asori, que aún estaba fría pero firme.

Sus ojos se encontraron en silencio, entendiendo que la calma había terminado.

El próximo viaje decidiría el destino de todo el continente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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