El Orbe Sagrado - Capítulo 60
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
60: Doble Celebración 60: Doble Celebración El sol apenas comenzaba a filtrarse por las vidrieras del castillo cuando Blair abrió los ojos.
El murmullo del viento colándose por las cortinas y el rumor lejano de la capital la envolvían en una extraña calma.
Apenas había dormido: entre los nervios y la emoción, su pecho estaba inquieto.
Hoy no era un día cualquiera.
Hoy cumplía dieciocho años, y por primera vez celebraría su cumpleaños rodeada de amigos, lejos de la sombra del exilio.
Al salir de su habitación, se topó con Mikan en el pasillo.
La ninja estaba recargada contra la pared, con los brazos cruzados y esa sonrisa traviesa que nunca abandonaba.
—Mira nada más, la cumpleañera —canturreó con burla—.
¿Lista para que tu “novio” te prepare una sorpresa cutre?
Blair se sonrojó al instante.
—No digas tonterías tan temprano.
—Oh, vamos —insistió Mikan, alzando una ceja—.
Apuesto a que ese mocoso olvidó comprarte un regalo.
Seguro ni sabe en qué día estamos.
Blair quiso responder, pero se mordió el labio.
En el fondo, la duda existía.
Asori no era precisamente un chico detallista.
Pero algo dentro de ella sabía que lo que él hiciera, aunque fuera torpe o improvisado, sería sincero.
Cuando entró al gran comedor, el aire estaba cargado con aromas dulces y cálidos.
Pan recién horneado, miel derritiéndose, frutas rojas caramelizadas, especias que llenaban la sala como un abrazo invisible.
Mikrom ya estaba sentado a la mesa, devorando carne con las manos como si fuera un banquete real.
Aisha se escondía tímida tras una silla, con los ojos brillando de emoción.
En el centro de la mesa, Asori terminaba de colocar un pequeño pastel improvisado.
Llevaba el cabello peinado a la fuerza, aún con mechones rebeldes, y vestía con sencillez, pero se notaba que había intentado arreglarse más de lo habitual.
Al verla, sonrió nervioso.
—Feliz cumpleaños, Blair.
Ella se detuvo, sorprendida.
Sobre la mesa había un pastel de pan dulce cubierto con miel y adornado con flores silvestres.
No era un banquete digno de la corte, pero el esfuerzo era evidente, casi palpable en cada detalle torpe pero tierno.
—¿Lo… hiciste tú?
—preguntó, acercándose.
—Bueno… —Asori se rascó la nuca, rojo hasta las orejas—.
Tuve ayuda de Maese Corbin en la cocina, pero la idea fue mía.
Blair sintió un calor recorrerle el pecho.
Ningún banquete de palacio se compararía jamás a ese gesto.
Sonrió y se sentó junto a él.
—Es perfecto.
Mikan asomó la cabeza desde el fondo con una risita maliciosa.
—¿Y el regalo?
¿O lo olvidaste, “Campeón de la Capital”?
Asori se puso rojo como un tomate.
—¡No me olvidé!
Solo… bueno… —sacó de su bolsillo un ramillete de flores mal cortadas, algunas ya un poco marchitas—.
No tuve mucho tiempo.
Blair las tomó con delicadeza, como si fueran un tesoro.
—Gracias, Asori… es el mejor regalo.
El chico suspiró aliviado, justo cuando Mikrom murmuró con sorna: —Yo pensé que el regalo sería un entrenamiento especial de cumpleaños.
Blair lo fulminó con la mirada, mientras Mikan se doblaba de la risa.
La tensión de días pasados se deshizo en carcajadas.
Se sentaron todos, y el desayuno comenzó entre risas y conversaciones ligeras.
Mikrom brindó con su jarra de vino por “la nueva adulta de la casa”, Mikan no dejaba de inventar apodos ridículos para Blair como “su majestad cumpleañera”, “la princesa pastelito”.
Aisha solo observaba feliz, como si nunca hubiera visto un grupo tan unido.
Asori, torpe pero decidido, sirvió los platos y hasta intentó cortar la carne para los demás, provocando que Mikan casi se ahogara de la risa al verlo mancharse las manos.
Blair, por su parte, lo miraba en silencio más de una vez, notando esos pequeños gestos que lo hacían distinto: cómo trataba de ayudar, cómo sonreía de manera sincera pese a su incomodidad, cómo siempre terminaba mirando hacia ella, como buscando su aprobación.
Después del desayuno, Blair se levantó de repente, con una chispa en los ojos.
—Esperen.
Hoy no solo es mi cumpleaños.
Asori la miró, desconcertado.
—¿Eh?
—También fue el tuyo… durante el torneo.
—lo señaló con el dedo, firme—.
Ayer Aisha me lo contó.
El chico abrió mucho los ojos y miró hacia la niña, que se encogió tímida en su silla.
—¡Aisha…!
Ella bajó la cabeza, nerviosa, pero respondió con voz suave: —Usted mismo me lo dijo, amo.
Me contó que cumplió años en medio del torneo… y que no lo celebró porque desde que sus padres murieron nunca había vuelto a festejarlo.
El silencio se volvió pesado por un momento.
Asori tragó saliva, sorprendido de que hubiera revelado algo que llevaba tanto tiempo guardado.
Blair, en cambio, dio un paso hacia él con decisión.
—Por eso mismo, Asori.
—su tono se suavizó, pero estaba cargado de fuerza—.
Ya no estás solo.
No pienso dejar que ignores nada más de tu vida, ni tu cumpleaños ni ningún otro día importante.
Asori apretó los labios, sintiendo un nudo en la garganta.
La calidez de esas palabras le golpeó más fuerte que cualquier puñetazo.
Por primera vez en mucho tiempo, entendió que tenía un lugar, un motivo… y personas que lo veían como alguien valioso.
—Blair… —susurró, conmovido.
Ella le sonrió con dulzura.
—Así que hoy también celebraremos tu cumpleaños.
Te guste o no.
Mikan chasqueó los dedos con una sonrisa traviesa.
—¡Eso!
¡Doble fiesta!
Aunque lo siento, arbusto, seguro tu pastel no será tan bonito.
Mikrom levantó su jarra otra vez.
—Brindo por el mocoso que nos hizo temblar en la arena.
Aunque casi mueras, al menos lo hiciste con estilo.
Asori rodó los ojos, pero no pudo evitar reír.
Aisha, que había estado escondida, avanzó tímida con un paquetito envuelto en tela.
—F-feliz cumpleaños, amo… Asori lo abrió y encontró una pulsera de hilo trenzado, hecha a mano.
La observó unos segundos y, al ver el rostro nervioso de la niña, sonrió con ternura.
—Gracias, Aisha.
La llevaré siempre.
Blair lo observaba, conmovida.
No era el mismo chico hosco del bosque.
Había aprendido a cuidar, a agradecer, a mirar a los demás con respeto y calidez.
El resto de la mañana pasó entre juegos improvisados, brindis con zumo de frutas, más bromas de Mikan que no dejó pasar la oportunidad de intentar ponerle un sombrero ridículo a Asori, y la calma de sentirse lejos de la guerra aunque fuera por un día.
Cuando la celebración terminó y todos se dispersaron, Blair tomó la mano de Asori con un gesto inesperadamente firme.
Él apenas alcanzó a soltar una risa nerviosa antes de dejarse arrastrar por los pasillos del castillo.
Solo cuando llegaron a un rincón apartado, frente a una ventana bañada por la luz suave del amanecer, ella se detuvo.
El silencio se alargó.
Blair mantenía los dedos entrelazados con los suyos, pero evitaba mirarlo directamente.
Su respiración era irregular, como si reuniera el valor para algo que llevaba tiempo guardado.
—Quiero pedirte algo… —dijo al fin, con un hilo de voz.
Asori ladeó la cabeza, desconcertado.—¿Qué cosa?
Blair tragó saliva, y al levantar la mirada sus mejillas estaban encendidas de un rubor intenso.—Quiero que… compartas habitación conmigo a partir de ahora.
El corazón de Asori dio un vuelco.
Sintió un calor subirle hasta las orejas y la garganta cerrársele de golpe.—¿E-eh?
¿Q-qué dices?
Blair apartó la mirada, abrazándose un poco a sí misma como si se protegiera de su propia confesión.—Aún tengo pesadillas… con Kael —susurró, la voz quebrándose levemente—.
No quiero estar sola.
Y tú… —sus dedos apretaron con fuerza la mano de Asori— tú me haces sentir segura.
Ya no puedo fingir que no te extraño cuando no estás.
Pasamos tanto tiempo juntos en la capital, que ahora… cuando me acuesto sola, siento un vacío.
Asori la miró en silencio, con el pecho apretado.
Esa no era la princesa fuerte y desafiante que todos veían, sino Blair, la joven que todavía temblaba por las sombras del miedo.
Y sin embargo, en esa vulnerabilidad había una confianza inmensa: estaba confiando en él.
—Blair… —murmuró con voz ronca, y asintió despacio—.
Si eso te ayuda, si eso te da paz… claro que sí.
No me molesta.
Ella levantó por fin la vista, y en medio de la inseguridad surgió una sonrisa tímida, preciosa, que lo desarmó.
—Además… —sus mejillas ardieron aún más— no me disgusta la idea de dormir abrazada a ti.
El chico casi se atragantó con aire, retrocediendo un paso.
—¡Blair!
Ella rió suavemente, esa risa dulce que parecía romper cualquier tensión.
Y mientras lo miraba ponerse nervioso, supo que decía la verdad: sí tenía miedo, pero más fuerte que ese miedo era el deseo de estar a su lado.
No solo como refugio.
También como una mujer que, por fin, podía permitirse amar a otra persona.
Asori se pasó una mano por la nuca, aún rojo hasta las orejas.—Solo… prométeme que no me vas a morder mientras duermo —bromeó, intentando recuperar la compostura.
Blair arqueó una ceja, divertida, acercándose lo suficiente como para que su aliento rozara el rostro de él.
—Depende… —susurró con picardía—.
¿Y si no solo te muerdo?
Asori abrió mucho los ojos, petrificado por un segundo, hasta que ella soltó una risita traviesa y lo empujó suavemente por el hombro.
Y en ese pasillo iluminado por la mañana, entre risas, sonrojos y ternura, ambos entendieron lo que sus labios aún no habían dicho en voz alta: sus corazones ya se habían elegido mucho antes de este momento
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com