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El padre del bebé secreto del Caballero Omega... ¡¿es un Príncipe?! - Capítulo 83

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Capítulo 83: Mariposa.

Era el día siguiente.

El día en que Ezra iría a su primera misión después de cinco años.

Por alguna razón, su corazón latía más fuerte de lo que debería. Cada paso hacia el punto de encuentro hacía que el sonido resonara en su pecho.

A su lado, Lior caminaba en silencio.

—Estoy nevioso —susurró Lior.

Ezra bajó la mirada hacia él.

—Tengo miedo.

Ezra inclinó la cabeza ligeramente. Tuvo que resistir el impulso de alcanzar la mano del niño. Estaban en público, rodeados de caballeros y soldados que se movían por los terrenos del palacio.

—¿Por qué tienes miedo? —preguntó Ezra con delicadeza.

Lior frunció el ceño mirando al suelo mientras caminaba.

—¿Y si… alguien me lleva cuando tú no ahí? —dijo lentamente—. ¿Y si los Oscuros también vienen?

La expresión de Ezra se suavizó.

—No te preocupes, Lior —dijo, manteniendo la voz tranquila—. La razón por la que estaré allí con los otros caballeros es para asegurarme de que ningún Oscuro se te acerque.

Lior lo miró.

—Y Fizzy estará contigo —continuó Ezra—. Junto con un anciano llamado Aamon. Entre ellos dos, nadie se acercará.

—¿Quién es Aamon? —preguntó Lior.

Ezra resopló en voz baja.

—Un viejo que se asegurará de que no te pase nada malo. Es muy fuerte.

—¿Viejo?

—Muy viejo.

Lior pareció considerarlo seriamente.

—Se presentará pronto —añadió Ezra.

«Conociendo a ese carcamal, se presentará mucho antes de lo que me gustaría».

Ezra arrugó ligeramente la nariz ante ese pensamiento.

—Confía en mí, Lior —dijo tras un momento—. No te pasará nada malo mientras yo siga con vida.

Lior asintió lentamente. Luego volvió a bajar la mirada, pensativo.

—…¿Heeyos va a pelear también?

Ezra parpadeó.

—¿Mmm? ¿Helios?

—Eso dije.

—Bueno… sí —dijo Ezra, un poco desconcertado—. Helios estará allí. Es un príncipe. Es parte de su deber.

Ezra estudió a Lior por un momento.

Seguía siendo extraño oír al niño mencionar a Helios con tanta naturalidad. Ezra probablemente debería estar más preocupado por el tiempo que habían pasado juntos.

Pero Helios siempre había sido… insistente.

Y hasta ahora, nada al respecto había cruzado la línea.

Era inofensivo.

Por ahora.

—Heeyos dijo que se va a ganar mi amistá —dijo Lior con orgullo.

Ezra enarcó una ceja.

—¿Amistad?

—Eso dije.

Lior sonrió para sus adentros.

—Puedo controlar a un príncipe.

Ezra bufó.

—Eso te hace muy poderoso, entonces.

—Sip, lo soy… ¡AH!

Lior se detuvo de repente a media frase con un grito ahogado.

Ezra inmediatamente bajó la vista hacia él.

—¿Qué pasa?

Pero Lior no lo miraba a él.

Estaba mirando al frente.

Ezra siguió su mirada.

Ah.

Habían llegado.

El punto de encuentro se extendía por el campo de entrenamiento. Los carruajes estaban alineados en hileras ordenadas, probablemente para los médicos y los suministros. Docenas de caballeros montados a caballo esperaban cerca, sus armaduras reflejando la luz de la mañana.

Y uno de esos caballos era sujetado por un hombre muy familiar.

—¡Caballos! ¡Caballos! —exclamó Lior, con los ojos iluminados.

—¡Oh! ¡Capitán Ezra! —gritó Fizzy en cuanto los vio—. ¡Tengo su caballo!

Ezra hizo una mueca.

Por supuesto que lo tenía.

En el momento en que gritaron su nombre, casi todos los caballeros de la zona se giraron a mirar.

Todos.

Mirando fijamente.

«Maldita sea».

Ezra había esperado llegar discretamente.

En cambio, gracias a Fizzy, todos los pares de ojos ya estaban sobre él antes incluso de que llegara al campo.

Fizzy tiró alegremente del caballo hacia delante mientras Ezra y Lior se acercaban.

Ezra ya sabía lo que estaban pensando.

Si él estuviera en su lugar, se estaría preguntando exactamente lo mismo.

Los susurros comenzaron a extenderse entre los caballeros.

—¿Eso es… un niño con el Capitán Ezra?

—¿Va a traer a un niño?

—¿Es ese el niño que estábamos buscando?

—¿Por qué hay un niño aquí?

—¿Qué, en nombre de Aurethys, es esto?

Ezra lo ignoró todo mientras se detenía frente al caballo.

Fizzy sonreía con orgullo.

—Lamentablemente, este no es su antiguo caballo —dijo, dándole una palmada en el cuello al animal—. ¡Pero esta es Mariposa!

—¡Mariposa! —exclamó Lior, feliz.

El caballo bajó la cabeza ligeramente, mirando al diminuto humano que ahora lo observaba como si fuera la criatura más increíble del mundo.

—¡Hola, Mariposa! —exclamó Lior con una risita brillante, como si no hubiera estado nervioso hacía solo unos momentos.

«Es tan mono».

Ezra resistió el impulso de pellizcarle las mejillas al niño mientras lo veía mirar al caballo con absoluta fascinación.

Lior se había acercado tanto que el cálido aliento de Mariposa le alborotó el pelo. Al niño no pareció molestarle en absoluto. Es más, parecía encantado.

«Si le dejo quedarse ahí más tiempo, intentará subirse al pobre animal».

Fizzy se aclaró la garganta a su lado.

—Capitán Ezra, todas sus cosas están listas —dijo alegremente—. Ya hemos guardado todo en el carruaje.

Ezra asintió una vez.

—Y ya puedo llevar a Lior adentro —añadió Fizzy—. Estará más seguro allí antes de que partamos.

Ezra miró al niño.

—Lior —dijo en voz baja.

Lior levantó la cabeza de inmediato.

—Tienes que entrar en el carruaje con Fizzy —dijo Ezra, bajando un poco la voz—. Es el lugar más seguro para ti. Yo estaré fuera, en el caballo, vigilando el carruaje.

Los hombros de Lior se hundieron ligeramente.

Por un momento, pareció que iba a protestar.

Pero sus ojos se movieron a su alrededor.

Caballeros.

Soldados.

Extraños observando.

Lior tragó saliva y forzó una pequeña sonrisa.

—Vale.

La sonrisa dolió más de lo que Ezra esperaba.

«Mi niño listo».

—No te preocupes —murmuró Ezra, inclinándose para que solo Lior pudiera oírlo—. Si quieres verme, solo tienes que mirar por la ventana.

Lior asintió rápidamente.

Fizzy posó una mano con delicadeza en el hombro de Lior.

—Vamos, pequeño caballero —dijo amablemente—. Vayamos a ver el interior del carruaje.

Lior le dedicó una última mirada anhelante a Mariposa antes de dejar que Fizzy lo guiara.

En el momento en que la puerta del carruaje se cerró tras ellos, los murmullos alrededor de Ezra se hicieron más fuertes.

—¿Así que el niño viene de verdad?

—¿Quién es ese crío, de todos modos?

—¿En qué está pensando el Capitán Ezra?

Eso lo zanjaba.

Ahora todo el mundo sabía que el niño viajaba con ellos.

Ezra soltó un suspiro silencioso antes de agarrar la silla de montar y subirse a Mariposa con un movimiento fluido.

Podía sentir las miradas.

Algunas curiosas.

Algunas confusas.

Algunas abiertamente críticas.

«Maravilloso».

—Capitán.

Ezra giró la cabeza ligeramente.

Perrin se había acercado con su caballo hasta su lado.

«Aún más maravilloso».

El hombre parecía tan relajado como siempre, como si no hubiera notado en absoluto la tensión a su alrededor.

Perrin apoyó un brazo despreocupadamente sobre su silla de montar.

—¿Es ese el crío que buscábamos el otro día?

Ezra ajustó las riendas.

—Sí.

Perrin asintió lentamente.

—Sé que ya lo he dicho antes —prosiguió—, pero de verdad me parece que ese crío es algo especial para el príncipe si lo traemos con nosotros.

Ezra no dijo nada.

Perrin continuó de todos modos.

—Ni un solo escudero con nosotros —dijo—. ¿Pero un niño?

Inclinó la cabeza ligeramente hacia el carruaje.

—¿Es eso realmente seguro?

Ezra finalmente se giró para mirarlo.

«¿Por qué tiene tanta curiosidad por Lior?».

—Métete en tus asuntos —dijo Ezra secamente.

Empujó a Mariposa hacia delante, guiando al caballo hacia su posición junto al carruaje.

Perrin se limitó a encogerse de hombros.

—A la orden, Capitán.

Lo dijo a la ligera, casi divertido.

Pero antes de alejarse, Perrin le dirigió una mirada larga y cómplice.

—Es que de verdad me parece —añadió con naturalidad— que se parece a alguien que conozco.

Luego se alejó.

Ezra se tensó.

No visiblemente.

Pero la tensión se instaló en lo más profundo de su pecho.

«¿Sospecha algo?».

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