El padre del bebé secreto del Caballero Omega... ¡¿es un Príncipe?! - Capítulo 90
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Capítulo 90: Figura de Padre.
Hace diez años…
—¡Ezra Belloren, ven aquí ahora mismo! —la voz de Aamon resonó por la habitación.
Ezra, con catorce años y tan terco como siempre, estaba agachado detrás de la cama.
—¡No!
—No me hagas sacarte de ahí a rastras —advirtió Aamon.
—¡Pues sácame! —gritó Ezra en respuesta.
Se apretó las rodillas más contra el pecho, rodeándolas con los brazos.
«No voy a volver a salir».
Por un momento, todo quedó en silencio.
Ezra oyó suspirar a Aamon.
Luego, unos pasos.
Ezra se tensó de inmediato.
«De verdad va a sacarme a rastras…».
Pero en lugar de unas manos que lo agarraran, el colchón se movió.
La cama se hundió ligeramente.
Aamon se había sentado.
—Hah —masculló Aamon—. Ezra, les diste una paliza a esos chicos. Sus padres se están quejando. Quieren que te castiguen.
Ezra hundió la cara en las rodillas.
«Se lo merecían».
—No puedo seguir cubriéndote —continuó Aamon con otro suspiro cansado—. Y tú no puedes seguir peleándote con cada escudero que te cabrea.
—¡Pues no lo hagas! —espetó Ezra, levantando la cabeza—. No eres responsable de mí. ¿Por qué sigues actuando como si lo fueras?
Aamon guardó silencio un momento.
Luego volvió a hablar.
—Lo admitas o no, soy responsable de ti.
Ezra apretó la mandíbula, pero no respondió.
—Ahora dime —dijo Aamon con más suavidad—, ¿por qué les pegaste a esos chicos para empezar?
Ezra permaneció en silencio.
El silencio se prolongó más de lo que ambos esperaban.
Sus hombros empezaron a temblar lentamente.
Unas cuantas lágrimas se deslizaron por su rostro antes de que pudiera detenerlas.
—Dímelo para que pueda entender, Ezra —dijo Aamon.
Ezra sorbió por la nariz.
—Me dijeron que no era nada —masculló.
Se le quebró la voz.
—Que no tenía padres porque seguramente no me querían —sus dedos se apretaron contra sus mangas—. Que probablemente fui un error que no pudieron…
Se atragantó con las palabras.
Su respiración se entrecortó mientras las lágrimas por fin caían libremente.
—Que no pudieron abortar.
La palabra le sonó horrible en la boca.
—Un niño que parece un blandengue —continuó Ezra con amargura—. Un Alfa que parece un omega.
Ezra siempre había sabido que era diferente.
Incluso antes de que nadie lo dijera en voz alta.
Sabía que podría tener padres en alguna parte.
Unos padres que no lo querían.
Pero oírlo una y otra vez…
Que le recordaran que podría haber sido un niño que intentaron borrar…
Dolía.
Más de lo que Ezra jamás admitió.
«No debería importar», se decía a sí mismo.
Pero importaba.
Quizá sus padres lo sabían.
Quizá lo habían sabido en el momento en que nació.
Que no se convertiría en el Alfa fuerte que todos esperaban.
Que en su lugar sería un omega.
Un defecto.
Algo no deseado.
Y quizá por eso nunca se quedaron con él.
Aamon no volvió a hablar.
No de inmediato.
Pero Ezra sintió un movimiento.
Sabía que el viejo caballero se había acercado.
Ezra se preparó, esperando que Aamon lo agarrara por el cuello de la camisa y lo sacara a rastras de detrás de la cama.
«Ahí viene…».
Pero nunca lo hizo.
En cambio, Ezra sintió una mano posarse suavemente sobre su cabeza.
Cálida.
Cuidadosa.
Los dedos de Aamon se movieron lentamente por su pelo, dándole palmaditas con un ritmo tranquilo y constante.
Ezra se quedó helado.
«… ¿Qué?».
—Sé que eres consciente de que soy un noble —dijo Aamon en voz baja—. El hijo de un duque, de hecho. Una de las familias poderosas del reino. Como soy el mayor, se supone que debo heredarlo todo.
Ezra frunció el ceño ligeramente detrás de sus rodillas.
«¿Está… presumiendo?».
—Mi Padre —continuó Aamon con calma— es un gilipollas de tomo y lomo.
Ezra parpadeó.
—Nos azotaba a mis hermanos y a mí cada vez que no seguíamos las expectativas tradicionales de la nobleza —dijo Aamon—. A veces me dejaba sin comer solo para demostrar algo. Todo porque no aprobaba mi decisión de convertirme en caballero.
Ezra levantó un poco la cabeza.
Sus ojos se abrieron como platos.
«Qué horrible».
—Mi madre no era mucho mejor —prosiguió Aamon—. Mantenía a nuestra hermana alejada de nosotros la mayor parte del tiempo. La obligaba a comportarse como la perfecta dama noble.
Su voz no denotaba ira.
Solo una tranquila resignación.
—Quería vendérsela a uno de los hijos del rey algún día. O quizá a un noble de otro reino. Un buen matrimonio político.
Ezra bajó lentamente los brazos que rodeaban sus piernas.
Escuchó.
—¿Y esos niños a los que les diste una paliza? —añadió Aamon—. Sus padres vinieron aquí exigiendo que te castigaran.
Ezra volvió a apretar la mandíbula.
Pero Aamon continuó antes de que pudiera decir nada.
—¿Sabes lo que hicieron cuando vieron a sus hijos?
Ezra no respondió.
—Los regañaron —dijo Aamon con sencillez—. Por ser débiles. Por avergonzar a sus familias.
Se encogió de hombros ligeramente.
—No les importaba si los chicos estaban realmente heridos.
La mano de Aamon seguía apoyada en la cabeza de Ezra.
—Era su orgullo de nobles lo que había sido herido.
Ezra giró lentamente la cabeza y levantó la vista.
Aamon lo observaba con una sonrisa pequeña y amable.
—Chico —dijo Aamon en voz baja—, tener padres no siempre es lo que la gente cree.
Ezra sorbió por la nariz y se secó los ojos con la manga de su túnica.
—Sí… —masculló.
La sonrisa de Aamon se convirtió en una sonrisa socarrona.
—Y sabes —añadió con naturalidad—, siempre podrías tener un padre si me dejaras adoptarte.
Ezra se le quedó mirando.
Entonces se levantó del suelo de inmediato.
—¿En serio sigues diciendo eso? —exigió Ezra, cruzándose de brazos—. Ten tu propia esposa y tus propios hijos, viejo.
Aamon se rio.
Antes de que Ezra pudiera apartarse, Aamon alargó la mano y le apoyó una mano con suavidad en la mejilla.
El gesto fue inesperadamente suave.
—Ezra —dijo Aamon en voz baja.
Su voz perdió el tono burlón.
—No tengo planes de tener hijos.
Ezra parpadeó.
—Pero si alguna vez los tuviera —continuó Aamon, mientras su pulgar rozaba ligeramente la mejilla de Ezra—, te elegiría a ti.
Presente…
Ezra suspiró.
—Claro que me acuerdo de eso —dijo—. No tengo tan mala memoria. Lo que no entiendo es por qué sigues sacando el tema.
Aamon parecía no inmutarse en absoluto.
—El puesto de hijo mío sigue vacante —dijo con ligereza—. No importa la edad que tengas ahora, Ezra, siempre te veré como a ese niño pequeño.
Ezra bufó.
—Probablemente te morirás pronto con lo viejo que eres —masculló.
Aamon se rio.
Pero a pesar de la pulla, Ezra sintió que algo cálido se asentaba silenciosamente en su pecho.
Nunca lo admitiría en voz alta.
Nunca.
Aun así, sabía la verdad.
Aamon había estado a su lado cuando nadie más lo hizo.
Lo crio.
Le enseñó todo lo que sabía.
Si Ezra tenía alguna cualidad buena como padre ahora, si sabía cómo proteger a Lior como lo hacía, era por la forma en que Aamon lo había protegido a él una vez.
«… Viejo».
Por supuesto, Ezra preferiría morir antes que decir nada de eso en voz alta.
La cabeza de Aamon se haría tan grande que podría explotar de verdad.
—Vas a volver a luchar pronto después de mucho tiempo —dijo Aamon.
Ezra le lanzó una breve mirada.
—Sé que estás preocupado por ese chiquillo —continuó Aamon—. Pero no te preocupes. Me aseguraré de que no le pase nada.
Ezra asintió una vez.
—Lo sé.
Luego se dio la vuelta y empezó a caminar de vuelta hacia el borde del bosque.
Los sonidos del campamento regresaban ahora débilmente.
A sus espaldas, Aamon volvió a hablar.
—A cambio de protegerlo —dijo Aamon con naturalidad—, me encantaría saber qué has estado haciendo durante los últimos cinco años.
Ezra no respondió.
—Te conozco desde hace más tiempo que nadie —continuó Aamon—. Y si crees que el Príncipe Helios fue el único que se sintió perdido cuando desapareciste…
Su voz se suavizó ligeramente.
—… entonces te has vuelto bastante tonto, hijo.
Ezra dejó de caminar.
Por un momento, no pudo moverse.
«No…».
Miró fijamente a los árboles que tenía delante.
«No te atrevas a decir cosas así».
Algo se retorció con fuerza en su pecho.
Ahora era un adulto.
Un capitán.
Un caballero.
No debería sentirse tan afectado por las palabras despreocupadas de Aamon.
Y, sin embargo…
Ezra exhaló lentamente.
—Lo que sea —masculló.
Reanudó la marcha.
Luego hizo una pausa lo justo para añadir:
—Y se llama Lior.
Ezra respiró hondo de nuevo mientras salía del bosque.
A sus espaldas, Aamon permaneció donde estaba.
Junto con Helios, Aamon era la persona en la que Ezra más confiaba en todo este reino.
El hombre que lo había salvado.
Lo había criado.
Lo había guiado.
Aceptar a Aamon como familia habría sido fácil.
Incluso tentador.
Pero siempre había un pensamiento que se negaba a abandonar la mente de Ezra.
«Es amable conmigo porque cree que soy un Alfa».
Un Alfa que simplemente era más pequeño que la mayoría.
«¿Seguiría tratándome de la misma manera…».
Ezra apretó ligeramente la mandíbula.
«… si supiera que soy un omega?».