El padre del bebé secreto del Caballero Omega... ¡¿es un Príncipe?! - Capítulo 97
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Capítulo 97: Una secta.
«¿Qué investigación?», pensó Ezra mientras miraba fijamente a Kaelis, esperando una respuesta.
Kaelis miró a Ricardo y a Ezra por un momento, y luego soltó un suspiro silencioso.
—Dadnos un momento —dijo Kaelis, tomando la carta de la mano de Ricardo.
—Por supuesto, Su Alteza —respondió Ricardo rápidamente.
Asintió con un gesto torpe y guio con delicadeza a su familia hacia la esquina más alejada de la habitación.
—Nosotros solo… nos quedaremos allí.
La familia se movió en silencio, con los niños aferrados a su madre mientras se acomodaban contra la pared.
Una vez que estuvieron lo suficientemente lejos, Kaelis se volvió hacia Ezra y señaló el lado opuesto de la desgastada sala de estar.
—Hablemos allí.
Ahora su voz era baja.
Controlada.
Ezra frunció el ceño, pero lo siguió de todos modos.
«¿Por qué esta es la primera vez que estoy a solas con Kaelis en un entorno profesional… y todo es tan confuso?», pensó Ezra.
«O irritante».
Que Kaelis fuera irritante no era nada nuevo.
Ezra había lidiado con esa versión de él durante años.
¿Pero esta versión?
Seria.
Reservada.
Silenciosamente calculadora.
Eso desató un nivel de frustración completamente nuevo.
Se detuvieron cerca de una ventana agrietada por donde la luz del exterior apenas se filtraba en la habitación.
Detrás de ellos, la familia susurraba en voz baja. Parecían aliviados ahora que ya no estaban solos. Los niños incluso sonreían levemente, aferrados a sus padres.
Por un momento, la escena casi parecía pacífica.
Aunque la batalla todavía arreciaba en el exterior.
Ezra se giró hacia Kaelis.
—¿Qué investigación?
Volvió a hacer la pregunta.
Directo.
Kaelis lo miró fijamente durante un segundo.
Luego, soltó una risita.
—¿Ya ni siquiera finges ser respetuoso?
Ezra ladeó la cabeza ligeramente.
—¿Quiere que finja, Su Alteza?
Su tono tenía un filo discreto.
Pasivo-agresivo.
Y muy intencionado.
A estas alturas, a Ezra ya ni le importaba.
Bueno… no del todo.
Le encantaba ser un caballero.
Esa parte aún importaba.
Pero ahora tenía a Lior.
Incluso si algo le pasara a su puesto… incluso si de alguna manera lo expulsaran de la orden…
No se derrumbaría por ello.
Aún le importaría.
Solo que no lo suficiente como para tolerar a Kaelis sin plantarle cara.
«Sobre todo hoy no».
Kaelis se pasó una mano por su largo cabello plateado.
Entonces se rio.
El sonido hizo que a Ezra le temblara un párpado.
«¿Todavía se está riendo?».
—Bueno, Capitán Ezra —dijo Kaelis con ligereza—, por suerte para ti, en realidad prefiero que muestres tu verdadera cara en lugar de morderte la lengua.
Ezra abrió los ojos de par en par.
«¿Sabe eso?».
—…Sin embargo —continuó Kaelis, con un cambio en su tono—, ahora no es el momento para eso.
El humor desapareció de su rostro.
—Lo que estoy a punto de decirte es confidencial. Eso ya lo sabes.
Su mirada se endureció ligeramente.
—Ninguno de mis hermanos lo sabe.
Hizo una pausa.
—Ni Aamon. Ni siquiera mi propia orden.
Ezra parpadeó.
Kaelis continuó con calma.
—Solo un puñado de hombres de mi confianza están al tanto.
Sus ojos se desviaron brevemente hacia la puerta.
—Y Razor no es uno de ellos.
Ezra frunció el ceño.
«¿Ni siquiera su propio capitán?».
—Y mi padre, el rey —añadió Kaelis en voz baja.
Las palabras se asentaron pesadamente entre ellos.
—¿Entiendes lo que eso significa? —preguntó Kaelis.
Ezra no respondió de inmediato.
—No tienes permitido decírselo a nadie —continuó Kaelis—. No tienes permitido decírselo a Helios.
Su voz se agudizó ligeramente.
—Es una orden.
Hizo una pausa.
—Mía.
Luego añadió en voz baja:
—Y del propio rey.
Ezra se quedó helado.
Kaelis estudió su rostro con atención.
—Ya habló contigo, ¿verdad? —dijo Kaelis—. Sobre algo que quería que hicieras.
La mente de Ezra retrocedió de inmediato.
El salón del trono.
La voz del Rey Samson.
Aquellas palabras vagas.
Algo por el reino.
Algo que solo Ezra podía hacer.
—Sí —murmuró Ezra.
Frunció el ceño.
—¿Cómo supo…?
—Abdiqué.
Ezra parpadeó.
—¿Qué?
Kaelis se recostó ligeramente contra la pared.
—Hace mucho tiempo —dijo con calma—, ya decidí que abdicaría.
Ezra se quedó mirándolo.
—Pero el reino no lo sabe, y mis hermanos tampoco.
Kaelis se encogió de hombros levemente.
—Solo mi padre lo sabe.
La mente de Ezra luchaba por procesarlo.
—Mi padre me pidió que siguiera fingiendo competir por el trono —continuó Kaelis—. Quería que Helios y Aurien siguieran esforzándose, aunque no es que yo supusiera un cambio.
Apartó la mirada por un momento.
—Pero la verdad es…
Su voz bajó un poco.
—Mi padre dejó de considerarme un candidato hace mucho tiempo.
Ezra lo miró fijamente.
—¿Por qué harías eso?
Esta vez la pregunta salió con sinceridad.
Sin sarcasmo.
Solo conmoción.
De todos los múltiples hijos del rey, él eligió a tres favoritos. Otros príncipes MATARÍAN solo por ser favorecidos por el rey para siquiera poder luchar por el trono.
Kaelis lo miró brevemente.
—Esa es una conversación para otro día.
Se cruzó de brazos.
—Pero desde entonces, he estado trabajando como informante de mi padre.
Ezra frunció el ceño.
—¿Informante?
Kaelis le dedicó una leve sonrisa de suficiencia.
—¿Y quién crees que oye más secretos en la alta sociedad?
Ezra no respondió porque, sinceramente, no lo sabía, ya que nunca había formado parte de la alta sociedad.
Kaelis enarcó una ceja.
—Las mujeres. Esposas, hermanas e hijas.
La respuesta golpeó a Ezra como un ladrillo.
Se quedó mirando.
—Entonces todas esas mujeres…
—Sí.
Kaelis se encogió de hombros con ligereza.
—La mayoría están llenas de información, pero algunas son más útiles que otras…
Ezra volvió a parpadear.
«Espera…».
«¿No estaba simplemente siendo un libertino?».
«¿Estaba recopilando información?».
—Espera —dijo Ezra rápidamente—. Su Alteza, ¿qué tiene que ver todo esto con la investigación?
Kaelis ladeó la cabeza ligeramente.
—Quería que entendieras la situación primero.
Dio unos golpecitos a la carta doblada que tenía en la mano.
—Ahora dime una cosa.
Sus ojos se clavaron en los de Ezra.
—¿Sabes cuándo aparecieron los Oscuros por primera vez?
Ezra frunció el ceño.
—No.
Se encogió de hombros ligeramente.
—Nunca nos enseñaron esa parte.
O… Ezra simplemente no lo sabía por el hecho de que nunca se molestó en preguntar.
—Lo único para lo que nos entrenaron fue para matarlos.
Dudó.
—Supuse que llevaban existiendo generaciones.
Hizo un gesto vago.
—Ya que solo son humanos que murieron con fuertes emociones negativas.
Kaelis negó con la cabeza lentamente.
—Eso es lo que todo el mundo supone.
Su voz era queda.
—Pero en realidad nadie dice la verdad porque ni siquiera nosotros podemos explicarlo.
A Ezra se le encogió un poco el estómago.
—Empezaron a aparecer…
Kaelis hizo una pausa.
—…cuando yo tenía unos nueve o diez años.
Ezra parpadeó.
—Espera.
Abrió los ojos como platos.
—¿Ni siquiera ha pasado tanto tiempo?
Kaelis no respondió.
Ezra se pasó una mano por el pelo.
«¿Qué coño?».
La información se amontonaba sobre más información.
Primero la abdicación.
Luego la investigación secreta de la que todavía no sabe nada.
Ahora esto.
¿Por qué nadie había mencionado nunca que los Oscuros eran un fenómeno tan reciente?
Ezra se había criado lejos de las regiones que atacaban.
De hecho, los Oscuros solo aparecieron en las calles donde vivía cuando…
Se detuvo.
«…No».
Ezra frunció el ceño.
No quería terminar ese pensamiento.
—He pasado años intentando averiguar por qué empezó.
Kaelis se acercó a la ventana agrietada y miró al exterior por la estrecha abertura. Su voz era más queda ahora.
—He tenido muchas teorías —continuó—. Y he oído aún más de los investigadores que estudian a los Oscuros.
Apoyó una mano en el marco de madera.
—Algunos creen que es un castigo de Aurethys.
Se encogió de hombros levemente.
—Otros dicen que el reino fue maldecido.
Su mirada se desvió brevemente hacia Ezra.
—No es la idea más ridícula.
Hizo un gesto vago.
—Nuestro linaje real porta magia. Lo has visto tú mismo.
Una leve sonrisa de suficiencia asomó a sus labios.
—Nuestra sangre es literalmente dorada.
Ezra frunció el ceño ligeramente.
«Sí… eso suena como el principio de una maldición».
Cuanto más lo pensaba, menos absurdo sonaba.
Kaelis se quedó en silencio un momento.
Luego volvió a hablar.
—Mi teoría es diferente.
Su expresión se ensombreció ligeramente.
Ezra lo miró.
Kaelis se apartó de la ventana.
—Mi teoría se basa en años de pruebas —dijo lentamente—. Relatos de testigos. Registros. Patrones.
Hizo una pausa.
—Sí creo que existe algo como una maldición.
Entonces negó con la cabeza.
—Pero no de la forma en que la gente cree.
Sus ojos se encontraron con los de Ezra.
—Creo que alguien lo empezó.
Ezra parpadeó.
—¿Alguien?
Kaelis asintió y luego ladeó un poco la cabeza.
—Bueno, un grupo de personas.
Su voz bajó un poco.
—Una secta.
Ezra lo miró fijamente.
—¿Una secta? —repitió.
Esa no era la dirección que esperaba.
Kaelis soltó un bufido silencioso.
—Oh, esa ni siquiera es la parte sorprendente, Capitán.
Levantó ligeramente la carta doblada entre dos dedos.
—La parte sorprendente…
Su mirada se agudizó.
—…es a dónde apunta la evidencia.
Ezra frunció el ceño.
Kaelis desdobló ligeramente la carta.
—Quienquiera que dirija esa secta…
Miró directamente a Ezra.
—…lo más probable es que viva dentro del complejo de Pirasol.
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