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El Patito Feo De La Tribu Tigre - Capítulo 261

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Capítulo 261: El chisme… siempre un reguero de pólvora

Cogí el cuenco, y el calor de la cerámica fue calando en mis dedos helados. El caldo era sustancioso, con especias y carne, pero eso era todo. No había cebollas silvestres ni ingredientes extra, pero no me quejé.

Después de pasar una noche tan fría, necesitaba algo así de caliente para volver a sentirme mejor.

En cuanto el primer sorbo llegó a mi estómago, sentí que revivía desde mi interior.

—¿Y los cachorros? —pregunté, señalando con la cabeza los tres bultitos de pelo que seguían dormitando cerca del fuego—. ¿Ella… los ha tocado?

—Le quitó el barro a Phina —dijo Damar, sentándose a mi lado; su muslo se apretó contra el mío para darnos calor y su voz recuperó su calma melódica habitual—. Fue sorprendentemente delicada.

—Tita tiene mano con los pequeños, aunque trate a los adultos como presas —añadió Noah, pero no creo que fuera necesario decir esa última parte.

Miré a Phina. Su pelaje volvía a estar limpio y esponjoso. Debía de haberse manchado de barro después de nuestra llegada. A su lado, Raiden soltó un suave y satisfecho ronquido, con la barriga llena de lo que fuera que Tita había logrado que comiera.

—¿Les dio de comer? —pregunté, sorprendida.

Sin embargo, no sentía que me hubieran sacado leche. Me miré los pechos. Estaban hinchados de leche materna bajo el top, lo que confirmaba mi sospecha.

—Leche de cabra —dijo Noah—. Es una loba. Sabe cómo criar una manada, aunque sus coqueteos sean… agresivos.

Suspiré, soplando para apartar el vapor del caldo. —De acuerdo. No le daré un puñetazo a tu prima… Por ahora. Pero si vuelve a soplarme en la oreja, dejaré que la hermana de Fenric se encargue de ella. Que se saquen de quicio la una a la otra hasta la muerte.

Fenric soltó una carcajada, y el sonido por fin rompió lo que quedaba del pesado ambiente de la sala. Se acercó al fuego y atizó la leña para mantener las llamas danzando.

—Pagaría por ver eso. Solin por fin encontraría la horma de su zapato.

Nos quedamos en silencio un rato, y los únicos sonidos eran el crepitar del fuego y el latido de nuestros corazones.

La cabaña era pequeña, tallada en un lateral del nivel superior de la atalaya, y estaba llena de hierbas secas, pieles de animales y el persistente aroma almizclado de Tita. No se parecía en nada a nuestra cueva, pero algo era algo.

—¿Cuánto tiempo nos quedaremos aquí? —pregunté, mirando a Noah.

—Solo hasta que estemos fuera de peligro —dijo Noah—. Ha amainado la lluvia, pero podría volver en cualquier momento, viendo los nubarrones de tormenta que hay en el cielo. Y después de eso, tendremos que esperar a que se seque el barro de las Llanuras —añadió, con expresión seria—. Una vez que salgamos de esta torre, ya no seremos simples viajeros. Ya ahora, algunos hombres bestia me reconocen. Será mucho peor en cuanto nos adentremos más.

—¿En qué sentido es peor?

—Toda bestia que me vea caminando a tu lado y con los cachorros, hablará sin dudarlo, y el cotilleo se extenderá más rápido de lo que nos pueden llevar nuestras piernas.

Los cotilleos… Siempre son como la pólvora.

—De ser así, puede que tengamos que afrontar algunos enfrentamientos con bestias a las que no les caigo bien… O… —Me miró a mí y luego a los cachorros—. Bestias a las que no les caes bien tú.

Miró a Fenric y a Damar. La realidad de nuestra situación empezaba a calar.

En el mundo exterior, éramos solo una familia viviendo una aventura. Aquí, en los confines de la «civilización», éramos un escándalo, una anomalía política y un blanco para todos.

Uf. Torcí los labios.

Bueno, ya me había dicho a mí misma que tendría que enfrentarme a algún que otro drama palaciego, ya que Noah era un rey, así que no tengo miedo. Mientras tenga a mis maridos a mi lado, dudo que deba preocuparme por nada.

—¿Estás lista para eso, mi tigresa? —preguntó Noah en voz baja, y sus ojos se posaron de nuevo en mí—. Una vez que crucemos la frontera, no podremos ocultar lo que somos el uno para el otro.

Aparté la mirada de él para posarla en los ojos esmeralda de Damar y en la firme mirada rubí de Fenric. Luego miré a mis tres hermosos milagros de sangre mestiza que dormían junto al fuego.

—¡Je! —resoplé, mientras una chispa de mi antiguo fuego de tigresa volvía a mis ojos—. ¿Crees que unos cuantos cotilleos y miradas fulminantes son suficientes para hundirme? —pregunté, cruzándome de brazos—. Para empezar, no soy tan débil, así que si alguien me ataca, le devolveré el golpe. —Apreté el puño, pero dejé el pulgar fuera, apuntando hacia mí con una sonrisita orgullosa—. Sobreviví al invierno estando embarazada, a una tormenta a lomos de una bestia, e incluso a un ataque doble de osos. Hice todo eso sin más ayuda que la de mis maridos —dije—. Si tu gente tiene un problema con mi familia, que se las vean con mis garras. No pienso ocultar nada.

Noah me miró, atónito; Fenric me miró, emocionado; y Damar me miró, orgulloso.

Entonces, Noah soltó una risa seca.

—Sí, es cierto. No eres una bestia mandona por nada. De ninguna manera dejarías que cualquier bestia te pisoteara —dijo, y se acercó más—. Estoy deseando verte ponerlos en su sitio. Y créeme, hay «muchísimos».

—¡Hmph! —Me crucé de brazos sobre el pecho—. Bueno, cuantos más, mejor. Usaré a uno de ellos para dar ejemplo y que los demás se estén quietos. Si aun así no aprenden la lección —descrucé los brazos y cerré el puño, haciendo crujir mis nudillos mientras mi espíritu salvaje se despertaba—, entonces les enseñaré uno por uno.

Se rieron de mi pose de dura y entonces sentí una mano acariciándome la cabeza.

Era Damar.

—No tienes que hacerlo sola, Ari —dijo, con un aspecto de lo más dulce e inocente—. Si quieres que una bestia muera, solo tienes que decírmelo. Me los tragaré y no dejaré ni rastro.

Me estremecí.

¿Cómo podía decir algo tan aterrador con esa cara sonriente e inocente?

Cielos, Damar podía llegar a ser aterrador.

Me reí y le pellizqué las mejillas.

—Vale, vale. Sé que puedes hacerlo, pero intentemos no llamar mucho la atención, ¿de acuerdo?

Le estiré las comisuras de los labios hacia arriba, forzándole a esbozar una gran sonrisa, y yo también sonreí.

Pero había un pensamiento que rondaba mi mente, algo completamente ajeno a lo que estaba pasando.

«Lo que daría por un baño en una tina de agua caliente».

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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