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El Peligroso Aroma de tu Piel - Capítulo 1

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1: Capítulo Uno 1: Capítulo Uno —Elara.

Ella dejó de limpiar la barra para voltear a ver a Boris que estaba de brazos cruzados, mirándola desde el otro extremo del bar.

Era su jefe.

Y la gente estaba comenzando a llegar porque tenía cinco minutos de haber abierto al público.

—¿Qué ocurre?

—se acercó temerosa.

Tenía el trapo sucio entre las manos y optó por dejarlo sobre la barra.

—Quiero que las mesas estén impecables, ¿de acuerdo?

Y que no tardes en llevar las órdenes de los clientes.

—Aseveró.

Boris era un sujeto de treinta y siete años, alto, delgado y calvo.

Su estilo jovial armonizaba un poco el bar, pero su genio era igual al de un anciano de ochenta años.

—Por supuesto.

—De acuerdo, confío en ti.

Dicho eso, él se dio la media vuelta y desapareció por la puerta trasera, seguramente para irse a su salón privado o a conversar con alguien.

Elara Moreau llevaba apenas trabajando dos semanas ahí.

Había buscado mejores empleos luego de haber sido despedida de su anterior trabajo y no hallar en ninguna parte.

Y como no estaba para elegir, tomó aquella oferta gustosamente, pero no le gustaba por dos razones: El desvelo.

Y tener que atender directamente a la gente que le encantaba gastar su dinero en alcohol.

Tenía más compañeros meseros y le ayudaba un poco a Markus, el barman de la barra cuando él se ausentaba para ir al sanitario, pero a ella siempre le tocaba atender a los clientes más vejestorios o manos largas, aunque gracias a Boris, jamás tuvo la necesidad de quebrarle una bandeja en la cabeza a nadie porque desde que uno intentó propasarse por ella, su jefe echó inmediatamente a ese hombre, vetándolo para siempre del bar y anunció a todos que estaba prohibido el acoso en su negocio.

De pronto, las luces se apagaron y las luces de colores se encendieron, dando comienzo a otra noche de su jornada laboral.

Lo curioso es que ahí cada dos días llegaban músicos a tocar en vivo, haciendo que el bar tuviera más clientela que la de un bar normal.

El tiempo transcurrió con lentitud, algo que tampoco le agradaba, pero cuando había buena música, lograba relajarse y pensar que pronto terminaría de pagar las numerosas deudas que tenía con el salario y la propina que recibía gracias al bar.

No obstante, cuando ya eran cerca de la medianoche, el lugar estaba a reventar y había estado tranquilamente atendiendo en la barra mientras Markus volvía del sanitario.

—¿Puedes hacerme un favor, Elara?

Ella alzó la vista hacia su compañero Nikolai que se había acercado a la barra con un extraño sudor en la frente.

—¿Qué pasa?

—gritó ella en respuesta porque la música impedía hablar y escuchar con claridad.

—Necesito ir al sanitario, pero acaban de pedir esto en la mesa nueve, ¿podrías encargarte?

—Pero Markus no ha vuelto y… Y en ese segundo el recién mencionado regresó y ella le quitó la hoja del pedido a Nikolai, haciendo que este entrara corriendo a la puerta trasera.

—Este pedido, por favor—le entregó a Markus la hoja y esperó impacientemente a que se lo preparara.

Al cabo de dos minutos, Elara yacía yendo a entregar las ocho bebidas en una bandeja.

Era la primera vez que le tocaba llevar tantas e intentó no perder el equilibrio entre todas las mesas y personas que estaban por todas partes.

La mesa que ella buscaba estaba hasta el final del bar, sumamente lejos de la barra, casi por la puerta privada de Boris y de los usuarios VIP.

Era una de las pocas mesas VIP que había en el bar.

Estiró el cuello y divisó que en aquella mesa estaban las ocho personas que había elegido beber el alcohol más fino del lugar, todos tenían el rostro duro e inflexible, incluso parecían a punto de asesinar a cualquiera que se acercara demasiado, aunque había uno en particular que estaba de espaldas y no podía verle el rostro, pero se notaba que era el más joven de todos, especialmente porque su ancha espalda se marcaba a través de su chaqueta de cuero negra y el resto vestía con trajes formales mientras fumaban.

Aventuró a caminar más rápido, pero cuando estaba llegando, la suela de su zapato resbaló con lo que parecía ser un trozo de hielo derretido que no debería estar ahí y nadie lo limpió, haciendo que perdiera el equilibrio de la peor forma posible.

Y aunque intentó evitar la caída de las bebidas, las ocho copas de cristal cayeron justo encima de la cabeza del hombre joven que estaba de espaldas, bañándolo por completo de licor.

Ella aterrizó de bruces junto a él con la bandeja encima.

Usó inútilmente sus brazos para cubrirse la cara ante el cristal rompiéndose en el suelo y sintió un ardor en el labio, señal de que se había cortado.

Ni siquiera pudo asimilar lo que había ocurrido cuando uno de esos hombres de traje la tomó violentamente del brazo y la zarandeó con mucha fuerza.

Sus fuertes dedos se encajaron en la piel de Elara haciéndola chillar y a pesar de que el resto de gente estaba espectando la escena, nadie intervino, pero la música cesó.

Él no se movió al sentir el licor escurriendo por su chaqueta.

—¿Cómo te atreves a lanzarle encima las bebidas al joven Schreitz?

¿Eres alguna maldita espía?

¿Quién te envió?

—le ladró en la cara con brusquedad y ella juró que ese hombre estaba a punto de sacar fuego por la boca, especialmente porque la agarró con más rudeza y la acercó a su horrible rostro.

El sujeto, en cambio, permaneció quieto.

Silencioso, como si esperara algo más de ella para justificarse.

—No, yo… —balbuceó, presa del pánico—.

Fue un accidente, resbalé y perdí el equilibrio, ¡Lo juro!

¡No fue mi intención!

—¡Mientes!

—¡No, no miento!

—gritó con la voz cortada, sintiendo un nudo en la garganta.

—Emil, suéltala.

La voz que surgió a continuación fue tan aterciopelada y malditamente masculina que Elara frunció el ceño pese a estar agarrada a ese idiota.

—Pero, joven Schreitz… —¿Acaso no me escuchaste?

—siseó el sujeto de apellido Schreitz, secándose con una servilla la cara y parte de su ropa de manera inútil.

—Ella es una espía… Y lanzando la servilleta mojada, se levantó con irritación y se dio la vuelta para encararlo y el mundo se comprimió en un segundo demasiado largo.

El hombre frente a ella no tenía derecho a verse así.

Y tampoco de existir.

El cabello oscuro y mojado por las bebidas, caía de forma desordenada sobre su frente, la mandíbula marcada, la piel ligeramente bronceada bajo las gotas de alcohol que se deslizaban por su cuello tatuado.

Pero fueron sus ojos, grises, fríos, insondables, los que la dejaron sin aire.

Acero.

Tormenta.

Peligro.

Qué injusto, pensó, con un nudo en el estómago.

Porque incluso cubierto de licor… seguía viéndose obscenamente atractivo.

Y aunque el miedo le golpeaba el pecho, hubo una verdad que no pudo negar, ni siquiera para sí misma: Se había equivocado de hombre al derramar la bandeja… pero si existía alguien capaz de arruinarle la vida con una sola mirada, era él.

Y maldita sea…era demasiado guapo y joven.

Pero no la miró, su mirada estaba puesta en su acompañante que la tenía sujetada.

—He dicho que la sueltes y la dejes ir.

—Vociferó y enseguida el hombre la soltó, como si tocarla fuese prohibido.

Entonces él levantó la mirada hacia Elara.

A simple vista, sus ojos grises parecían los mismos de siempre: fríos, impenetrables, hechos para juzgar y sentenciar.

Pero hubo un segundo, apenas un parpadeo contenido, en el que algo distinto cruzó su expresión.

No fue compasión.

No fue sorpresa.

Fue interés.

Minúsculo.

Controlado.

Peligroso.

Un reconocimiento que nadie más advirtió, porque desapareció tan rápido como había surgido, tragado por su habitual dureza.

Él no dijo nada más.

Solo observó… como quien encuentra un detalle inesperado en medio del caos y decide guardarlo en silencio.

Y aunque su rostro volvió a ser piedra, ya era demasiado tarde.

Había visto algo en ella.

Y no lo olvidaría.

Elara aprovechó para correr hacia la barra para recuperar el aliento y Markus sin decir una palabra, le dio un vaso de agua y la envió a echarse agua al sanitario.

Ella quería largarse ahí cuanto antes.

Su corazón le latía muy rápido, y no sabía si por el miedo a esos hombres o por la impresión de ese hombre tan atractivo.

En el camino, se encontró a Nikolai saliendo del sanitario de hombres y lo empujó con histeria.

—Tú.

—Masculló, hecha un demonio.

— ¡Sabías que era una mesa VIP con hombres peligrosos!

Pero Nikolai la miró como si le hubiera crecido una segunda cabeza del cuello.

—¿De qué hablas?

Necesita ir a hacer mis necesidades—la empujó de vuelta y ella le dio una bofetada con rabia.

Nikolai era un estúpido chico de veinte años al que enviaron a trabajar de castigo porque no quería estudiar y era muy bravucón, y tenía claro que, si una mujer lo golpeaba, él usaría la igualdad de género.

Entonces él alzó la mano para devolverle el golpe y ella lo desafió con la mirada.

—¡Vamos, hazlo!

¡Pégame, inútil!

—le gritó.

—¿Qué está pasando aquí?

—ladró Boris desde el otro extremo.

—Nada—espetó Elara, abriéndose paso al sanitario de damas de los trabajadores.

En cuanto entró, se refrescó el rostro con agua y también el cuello.

Se miró al espejo y notó cuan demacrada se encontraba.

¿Qué estaba haciendo con su vida?

A esa edad ya debería tener una casa propia, un trabajo formal, una familia, la vida resuelta y lo más importante, debería ser feliz.

La breve cortada en su labio era superficial y con el agua se lavó el poco de sangre que había salido y quedó como nueva.

Al salir, encontró a Markus, Nikolai y Boris discutiendo sobre lo que había ocurrido.

Markus era un señor de cuarenta años que llevaba trabajando ahí diez años y era conocido personal de Boris.

—Ella tiene razón—insistió Markus, señalándola.

—Este mocoso la mandó a la boca del lobo sola con esas ocho bebidas y casi la hacen pedazos, no sé qué sucedió, pero salió ilesa.

—Es la segunda vez que haces un problema, Nikolai—carraspeó Boris—.

Eres mi sobrino y le estoy haciendo un favor a tu padre de darte empleo, así que no me hagas despedirte.

Pídele una disculpa a Elara.

—No es necesario, Boris.

No te preocupes—dijo ella y Nikolai la miró con desprecio.

—Ella no quiere las disculpas, así que me voy a trabajar—dijo el chico, riéndose y regresó al bar.

Boris elevó los ojos al techo, sulfurado y se llevó la palma de su mano a la frente con frustración.

—Gracias, Markus, pero creo que ese problema ya quedó resuelto—suspiró ella, más tranquila, pero tanto el barman como Boris, no parecían tranquilos.

—Boris te va a explicar un poco sobre esas personas, cariño.

Y dicho eso, Markus regresó a la barra, dejándolos a solas.

Elara ladeó la cabeza sin comprender.

¿Por qué tanto misterio?

—¿Boris?

Él la abrazó encima de los hombros y la llevó a un sitio alejado de cualquiera que pudiera escuchar y acercarse.

—Dime bien qué ocurrió, por favor, para que de ahí pueda explicarte mejor.

Elara fue breve en su relato para no perder más tiempo ni entrar en dramas ni detalles.

Lo que quería era largarse a casa.

En cuanto terminó de decírselo, Boris negó con la cabeza y su expresión se ensombreció de preocupación.

—Ellos se hacen llamar Los Lobos de Viena, es una organización ligada a la mafia austriaca, Elara.

—Le informó entre dientes y ella entornó los ojos—.

Y el que evitó que te asesinaran es Egon Schreitz.

—Hizo una pausa encontrar las palabras adecuadas—, en Los Lobos de Viena nadie se atreve a decir su nombre en voz alta, solo su apellido.

Lo conocen como El Lobo de Hielo.

Porque no grita, no amenaza y no necesita hacerlo.

Su calma inquieta más que cualquier disparo—bajó más la voz—.

Dicen que en sus ojos grises no hay calor, ni rabia, ni piedad, solo frío.

Frío al decidir.

Frío al mandar.

Frío al destruir.

Es el tipo de hombre que no pierde el control…porque él es el control.

Y cuando El Lobo de Hielo fija la mirada en alguien… esa persona deja de tener futuro.

Elara tragó saliva.

Y podía confirmar lo de su mirada grisácea, que parecía eclipsar a todo ser humano o ser vivo a su alrededor.

—Pero si es un mafioso peligroso, ¿por qué evitó que me hicieran daño?

Boris se encogió de hombros.

—Tal vez porque realmente fue un accidente o no tenía ganas de meterse en problemas.

—¿Y por qué personas como ellos dejas que vengan a tu bar?

—Porque pagan muy bien—respondió con desdén—.

Ellos me dan dinero a cambio de un excelente servicio y discreción.

—¿Ellos también usan las habitaciones VIP?

Boris asintió.

—Ojalá la hubieran usado hoy para no tener que haber interactuado con alguno de ellos—susurró ella, estremecida por el miedo.

—¿Sabes qué?

Ve a casa a descansar—le palmeó el hombro con compasión.

—Has resistido bastante hoy.

Te espero mañana, ¿de acuerdo?

A Elara se le iluminó el rostro.

—¡Muchas gracias!

—lo abrazó con fuerza y salió corriendo rumbo a su casillero que estaba en la otra puerta privada, cerca de las habitaciones VIP.

No se molestó en asegurarse de que la mesa de Los Lobos de Viena estaba vacía o no, a ella le interesaba ir a casa y alejarse de ese bar cuanto antes.

Pronto llegó a su casillero, se quitó el delantal y la corbata del uniforme al igual que el gafete que tenía en el pecho.

Por un segundo se quedó inmóvil, recordando que esos hombres habían leído su nombre y podía estar en peligro, pero luego se tranquilizó.

Si el líder de ellos la había dejado ir, los demás no tenían por qué buscarla.

Se colgó su bolso al hombro y giró sobre sus talones para irse con su teléfono en la mano, ya que no podía usarlo en el trabajo, pero al estar distraída con la pantalla, tropezó como una tonta, haciendo que el móvil saliera volando por los aires y aterrizara en una de las puertas de las habitaciones VIP que estaba entreabierta.

—El armamento alemán está a escasos días de llegar, joven Schreitz, ¿cómo podemos estar seguros de que vienen completos y no han sido saqueados por nuestros contrincantes?

Elara quedó congelada en el suelo al escuchar la voz de este imbécil que la quiso violentar cuando dejó caer las bebidas sobre su líder.

—Me temo que piensas que podría fallar el plan cuando nunca ha ocurrido, Emil, especialmente cuando yo estoy a cargo.

—Replicó la voz masculina y malditamente hipnotizante de Egon Schreitz.

—Hemos tenido a muchos espías en el equipo.

No sabes a cuantos he asesinado esta semana para poder decir que el plan va como lo planeado—masculló el hombre en respuesta.

Elara palideció.

Eran asesinos experimentados también, no solo traficantes.

Con sigilo, se asomó a ver lo que estaba ocurriendo y vislumbró al Lobo de Hielo de espaldas, sin nada puesto encima más que su pantalón.

Su ancha espalda, llena de tatuajes, era increíblemente atractiva y cubría un poco la visión del otro tipo.

De pronto, hubo silencio y ella comprendió que era mejor largarse antes de que la descubrieran.

—¡Otra vez tú!

La puerta se abrió en su totalidad, dejándola expuesta a la vista de Egon Schreitz y el gorila agresivo.

Horrorizada, retrocedió para escapar, pero el tipo fue más rápido y la agarró bruscamente del cabello, arrastrándola al interior y cerró la puerta de una patada.

La agarró del cuello y la obligó a arrodillarse frente al Lobo de Hielo.

—¿Y dices que no eres espía?

¿Qué hacías escuchándonos?

—gritó el hombre en su oreja y ella se encogió por el miedo, pero él no la soltó.

—Estaba por irme y me acerqué porque escuché voces, lo juro—respondió en un hilo de voz, deseando desaparecer.

—Emil—dijo Egon con severidad.

El mencionado volteó a verlo con el ceño fruncido.

Los ojos grises de él estaban fijos en la pobre chica que yacía llorando en silencio mientras el sujeto la tenía del cuello y del cabello de rodillas, en una posición poco cómoda.

Egon se pasó una mano por el cabello, dubitativo y alzó la mirada a su compañero.

—Ya di una orden antes.

Suéltala… o te arranco las manos yo mismo.

Tanto Emil como Elara, se quedaron estupefactos.

—¿Qué?

¿De qué hablas?

—titubeó el tipo.

Y para reafirmar de que hablaba en serio, el Lobo de Hielo cortó la distancia que los dividía, le envió una mirada extraña al sujeto y Elara sintió que la soltaba inmediatamente.

Egon se inclinó a ella y con delicadeza la ayudó a ponerse de pie, agarrándola de la cintura de una manera significativa.

A continuación, pronunció dos frases que dejó aterrorizada a Elara.

—Ella está conmigo.

Es mi pareja.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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