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El Peligroso Aroma de tu Piel - Capítulo 29

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Capítulo 29: Capítulo veintinueve

Hagen Falk suspiró, atareado.

Metió a Elara al asiento del copiloto y rodeó el coche para conducir.

En todo el trayecto, ninguno de los dos dijo nada al respecto. La actitud de Egon Schreitz fue demasiado extraña.

Pronto estuvieron frente a un pequeño edificio y aparcaron justo en la zona restringida, pero al rubio pareció darle igual.

—Vamos, te tienen que revisar el tobillo.

—La verdad es que estoy bien—reconoció. Y era verdad, le dolía, pero solo si intentaba caminar, empeoraba.

—No importa. Egon me matará si no te llevo con un doctor.

—¿Qué hay del doctor Weiss? Podríamos ir a la casa de Egon y llamarlo, ¿no?

—En estos momentos, lo que seguramente quiere Egon es ser molestado—dijo con seriedad.

Elara advirtió que Hagen hablaba en serio porque no mostró su típico sentido del humor.

En cuanto llegó a su puerta, la cargó en brazos y entraron al sanatorio privado.

La revisión tardó aproximadamente treinta minutos y la doctora determinó que solo había sido una torcedura y le vendó el tobillo.

—No intentes caminar ni forzar nada, ¿bien? En unos tres días mejorará—. Le explicó amablemente.

Elara asintió y con ayuda de un enfermero, se sentó en el asiento de la sala de espera mientras Hagen se hacía cargo de la cuenta.

Mientras lo esperaba, se dedicó a observarlo discretamente.

Su abuela tenía razón en decir que el rubio era muy atractivo, pero no tanto como Egon. Ambos parecían salidos de una revista de modelos y de pronto se sintió intimidada como al principio de conocerlos.

Eran atractivos porque pertenecían a un mundo del que ella no formaba parte y había sido incluida para salvar su vida, al menos al principio, pero ahora elegía estar ahí por gusto y por petición de Egon Schreitz.

Se mordió el labio, pensando en la verdadera razón o motivo que había hecho que Egon se sintiera mal para dejarla de ese modo a manos de su mejor amigo, cuando se suponía que iban a pasar el día juntos y lo peor era que incluso no pareció importarle tanto que ella estuviera herida del tobillo.

Cuando Hagen se dio la vuelta para acercarse, Elara fingió estar mirando el vendaje de su tobillo porque, a decir verdad, le inquietaba la situación completa.

—Es momento de llevarte a casa.

—A casa de Egon—. Le corrigió con una sonrisa, pero el rubio se mantuvo serio—. ¿Qué ocurre, Hagen? ¿Por qué de repente te volviste amargado?

Aquello provocó una leve sonrisa en él, pero mantuvo la compostura y la cargó en sus brazos, tal como Egon había hecho y no la llevó en la espalda como lo hizo con anterioridad.

—Estoy preocupado por Egon, eso es todo.

—Yo también.

Hagen se encaminó a la salida y ella lo sintió suspirar con agobio. Sus ojos azules volvían a ser fríos y calculadores como cuando lo conoció.

—¿Sabes algo de Egon que yo no? Me refiero a hace un rato—. Quiso saber ella.

Pero el rubio no respondió. Caminó hasta llegar al vehículo y en cuanto ambos estuvieron en el interior, aseguró las puertas y subió los cristales.

Mientras encendía el motor, volteó a verla con una expresión seria y más preocupante.

Elara frunció el ceño sin entender.

—Cabe la posibilidad de que el padre de Egon esté de vuelta en poco tiempo, Elara.

Ella tragó saliva. La expresión de Hagen Falk ahora era de absoluto miedo. Se le habían dilatado las pupilas y se puso pálido en segundos. A pesar de que su piel era como la porcelana, ahora casi parecía un fantasma; señal de que la situación no solo era grave, sino mortal.

—Magnus Schreitz ya dio señales de vida muy cerca de aquí y cuando Egon salió a tomar aire cuando se sintió mal, Jaques le envió la información en un mensaje encriptado y me lo compartió a mí, por eso llegué inmediatamente a donde estaban para que él pudiera arreglar algunas cosas con anticipación sin que estuvieras implicada.

—¿Habría algo de malo con que su padre sepa de mi existencia?

—Francamente, no lo sé—sacudió la cabeza en negación—, pero de lo que sí estoy seguro es que no le hará gracia saber que, aun estando casado con Viktoria Richter, haya conseguido otra pareja.

—Tampoco es que ese matrimonio fuese de amor real…

—Ningún matrimonio dentro de la mafia es por amor real, Elara, eso debes entenderlo.

—He leído que respetan demasiado el matrimonio en la mafia siciliana y los que son infieles con sus esposas, los capos de alto rango los asesinan porque creen que, si no le son leales a la mujer con la que duermen, no lo serán para la organización.

Entonces el rubio esbozó una sonrisa divertida.

—¿Dónde leíste eso?

—En alguna parte—se encogió de hombros, dispuesta a no confesarle que la fuente de dónde sacó esa información había sido de una publicación de Facebook de hace muchos años.

—En parte, tiene algo de razón lo que dijiste—asintió—, los italianos no toleran la traición, y en ninguna organización, porque es lealtad absoluta. Si un miembro es desleal, se paga con su muerte, ya que no es más que una carga y basura indigna.

—Ese hombre, Emil, lo era—. Dijo ella, sintiendo incomodidad, como si mencionar su nombre lo pudiera traer de vuelta, comenzando con las marcas que le había quedado en su cuello tras la confrontación antes de que Egon lo asesinara.

—Sí, Jaques me contó lo que ocurrió en la mañana, ¡De haber sabido, lo habría asesinado antes de que te hiciera daño! —Exclamó, molesto.

Elara alzó el cuello y le mostró las marcas. El rubio resopló con indignación.

—Infeliz…

—Lo interesante es que no pensó que Egon estaba lo suficientemente recuperado y que se hallaba durmiendo en su habitación porque no le importó llegar a su casa a intentar matarme.

—Emil siempre fue un imbécil y me impresiona que Jaques no se diera cuenta de sus intenciones, y él mismo reconoció haber sido muy idiota por no percibirlo.

—¿Jaques también te contó que Emil afirmó que había dos traidores en la organización y que él era uno de ellos?

Tras revelarle eso, Hagen frunció el ceño y luego entornó los ojos, estupefacto.

—¿De qué hablas? —Encendió la calefacción porque el motor estaba encendido y por la respiración de ambos, los cristales se estaban empañando.

—Emil simplemente le advirtió a Egon que el traidor que quedaba en la organización era alguien muy importante y cercano a él, y que pretende apoderarse del negocio, además de que fue el que provocó que el operativo se fuera a la mierda hace unas semanas.

Así que en cuanto Elara terminó de hablar, Hagen puso en marcha el coche y empezó a nevar, volviendo el camino resbaloso.

—Voy a llevarte a la casa de Egon y luego iré a hacer mi propia investigación sobre el posible traidor que queda adentro. No voy a permitir que nos quiera ver la cara de idiotas y justo cuando el señor Schreitz está de regreso—añadió, apretando la mandíbula mientras conducía.

—¿Crees que el señor Schreitz haga algo al respecto si se entera?

—Por supuesto que sí—. Convino Hagen y volteó a verla una fracción de segundos antes de volver a mirar el camino—. Nos asesinará a todos, excepto a Egon, para ahorrarse la investigación y, desde luego, no nos conviene que lo haga porque ahora formas parte de nosotros también.

—¿Qué? —Sintió que el alma se le cayó a los pies.

—Sí. Eres ese cabo suelto que necesitamos mantener oculto.

—En algún momento sabrá que soy la novia de Egon…

—Sí, pero no queremos que en la sospecha del traidor te veas implicada. El deber de Egon y mío es que solo te vea como su novia, no como miembro de la organización.

—No se va a creer el cuento que soy una simple chica que desconoce sobre el trabajo al que pertenece Egon.

—No, pero necesitas verte lo más inocente posible y no como una pieza en su tablero de juego, ¿entiendes? Pero Egon va a arreglar esa parte. Yo me haré cargo de localizar al traidor.

Elara asintió, un poco más tranquila.

—Me parece curioso que Jaques ni Egon me comentaran sobre lo del traidor, si se supone que yo soy el que siempre se encarga de mantener el orden en la organización cuando ellos no pueden estar presentes—. Dijo con cierta decepción—. Pero te agradezco que me lo hayas confiado, Elara, eso hará que yo pueda proteger a mi mejor amigo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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