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El Peligroso Aroma de tu Piel - Capítulo 31

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Capítulo 31: Capítulo treinta y uno

Elara consiguió salir del shock que le habían provocado las palabras de Egon.

—Pero eso ya tiene tiempo, Egon—intentó eludir, pero él alzó las cejas—. Esa pobre alma en desgracia no necesita más para seguir siendo miserable, créeme.

—Lo sé, pero entonces iré yo mismo a hacerle una visita sin que tú sepas.

—Egon…

—Elara…

Ella sonrió ante lo cómico que habían sonado ambos.

—Mi corazón ya sanó, te lo prometo.

—Me encantaría escuchar lo que él te hizo para comprender ese trauma que te dejó, porque las personas no desarrollan traumas a menos que los hagan pasar por momentos trágicos emocionalmente—dijo, con su voz extremadamente calmada.

Elara se ruborizó y los nervios la traicionaron.

—Es embarazoso.

—Para mí no lo es—. Afirmó, acomodando su cabello detrás de la oreja y sin dejar de observarla con atención con sus preciosos ojos grises—. Pero si te incomoda, lo entiendo, no quiero revolver tus sentimientos y hacerte sentir mal otra vez.

—Afortunadamente ya nunca más volverá a herirme—acotó ella, sonriendo—. Y por supuesto, te contaré todo, aunque intentaré no extenderme demasiado y solo decirte lo importante.

Él asintió, dispuesto a escucharla.

—Fue hace aproximadamente cinco años, no estoy muy segura ahora—comenzó a decir ella, mirando al techo y evocando los recuerdos—. Mi abuelo materno enfermó de cáncer y eso me puso muy vulnerable porque tenía tres años de haber perdido a otro familiar por la misma enfermedad y la verdad es que me sentía totalmente devastada, y como aun no encontraba empleo, puesto que tenía poco de haber terminado mi maestría, decidí meterme a grupos en redes sociales y ahí fue donde conocí a Jakob Severin—. Suspiró—. De alguna manera comenzó a ganarse mi confianza, además de que era menor que yo casi diez años—titubeó, avergonzada—, le confié la situación de mi abuelo y supongo que de ahí tuvo suficiente para comenzar su táctica de victimismo para que yo pensara que era un chico agradable y sentir compasión por él, porque vivía solo con su padre y hermano y supuestamente sufría violencia por parte de ellos.

—Comprendo. Optó por mostrarse como víctima para que te compadecieras de él y así llamar tu atención, incluso si estabas triste por lo de tu abuelo.

—Exactamente. Y mira, no es que él fuese un chico malo en sí, pero le encantaba recibir atención femenina y nunca me di cuenta hasta mucho después—. Se encogió de hombros—. Durante dos años y unos meses, fuimos novios virtuales, me enviaba regalos y yo no podía porque no estaba trabajando y él lo entendía, e incluso me ayudaba de vez en cuando económicamente y jamás dejaré de estar agradecida con ese gesto porque nunca me lo echó en cara.

Egon Schreitz respiró hondo y se hundió en el sofá.

—Si todo estaba bien, ¿Cómo fue que te rompió el corazón y causó traumas en ti, Trouble? Porque a pesar de que mencionas que te hizo daño, no hablas de él con desprecio y amargura, sino todo lo contrario, e incluso podría pensar que todavía lo quieres…

Su voz sonó trémula y quisquillosa, y su mirada fue muy intensa.

—No, es que ya no lo odio. Lo perdoné en silencio, pero no por él, sino por mí misma.

Elara le sostuvo la mirada y él ladeó la cabeza, interesado en sus palabras.

—Él comenzó a cambiar de repente cuando conoció a esa chica, me percaté porque ya no me enviaba mensajes a cada rato y el momento en el que me cercioré de que estaba embobado con otra, fue al decirme que iba a dormir un rato y por accidente le llamé y me apareció que estaba en otra llamada—explicó, un tanto irritada—. Y yo lo que más odio son las mentiras. Lo confronté y se negó, obviamente, e incluso lloró, y afirmó que no confiaba en él, pero…

—Ese era su método de manipulación. Volteó todo en tu contra, ¿no?

Elara asintió.

—Discutimos demasiado durante un mes hasta que él decidió terminar la relación a través de una llamada y yo había conseguido un pequeño empleo en donde tenía que hacer propaganda de casa en casa y regresaba hasta muy tarde, y lo acepté porque quería darle un regalo por mi cuenta, pero no pensé que me mandaría al carajo—resopló—. Me tomó desprevenida y le rogué que no me dejara, lloré como una desquiciada y no creí que mi mamá lo estaba escuchando, haciendo que ella comenzara a odiarlo con toda su alma por hacerme sufrir de esa manera. A nadie le había rogado.

Ella advirtió un músculo palpitar en su mejilla, señal de haber apretado la mandíbula por el coraje y lo disimuló con una media sonrisa forzada.

—Lloré toda esa noche y el anillo de promesa que me había dado se perdió extrañamente. Y aunque mi mamá me dio ánimos y dormí con ella, apenas dormí de tanto llorar y por el dolor de cabeza. Ella me prometió que él me buscaría después porque cuando los chicos tienen la culpa, no lo soportan y fue cierto. En la mañana me mandó mensajes, diciendo que no podía estar un segundo sin mí, que yo tenía que arreglar mis problemas de inseguridad y celos para poder seguir y le prometí que sí.

Hizo una pausa para acomodarse mejor en el regazo de Egon, pero notó que él seguía fingiendo una sonrisa sin dejar de prestarle atención.

—Un mes más duramos. Me envió un peluche, una carta y una sudadera como muestra de perdón, pero fue un maldito infierno. Continuó actuando distante, se molestaba por todo y me echaba la culpa, hasta que logré comprarle un regalo de cumpleaños y a la semana de que cumpliera años, lo mandé al demonio por mensaje, porque hasta eso, estaba en llamada y no me respondía. Lo bloquée y estuve tan deprimida que no podía ni respirar—. Tragó saliva, sintiendo un poco de desesperación por volver a recordar los sucesos y Egon le dio un tierno beso en la mejilla, regresándola a la realidad—. Tuve mi primer empleo en una institución de gobierno y ahí fue que descubrí más mentiras de él y vi fotos con esa chica lasciva. Sufrí mucho, Egon, en serio.

—Nunca voy a entender a esos hombres que eligen continuar una mentira y orillar a su pareja a que sea quien termine la relación cuando se harta y victimizarse.

—Lo sé. Hace un año reapareció en mis redes sociales donde tuvimos una pelea y me dio explicaciones que ya no necesitaba. Esa chica lasciva ni siquiera le hizo caso y él pensó que yo seguía llorando—Elara soltó una leve risita—. Gracias a que seguía trabajando, mi mente no me llevó a la depresión crónica y logré olvidarlo.

—Entiendo, pero… ¿eso fue lo que te traumatizó?

—No, lo que me traumó fue que me decía que no le importaba si yo tenía algunos kilos de más o si no tenía el cuerpo curvilíneo estándar de una mujer, pero cuando decidió fijarse en esa chica, me di cuenta de que era mentira.

—¿El cuerpo de ella era lascivo?

Elara asintió, arrugando la nariz.

—Sí, por eso le puse ese apodo. Y cuando se lo confronté ese día que peleamos en redes sociales, la defendió, diciendo que no era congruente que esos comentarios hacia su amiguita pudieran venir de una persona que sufrió inseguridad por su cuerpo, es decir, siguió eligiéndola a pesar de todo.

—Te hizo sentir menos incluso cuando ya no estaban juntos. Comprendo—. Arrastró las palabras, esbozando nuevamente una sonrisa forzada.

—Tal vez no es para tanto, pero a mí me causó un trauma con mi cuerpo porque esa chica tenía el busto exageradamente enorme y se vestía con escotes prominentes. Lo único que le dije a ese idiota antes de zanjar para siempre cualquier tipo de comunicación conmigo, fue que ni en sueños una mujer de ese tipo le iba a hacer caso y siempre sería el perro faldero de ella, porque hasta eso, me confesó que solo eran amigos y que la chica tenía novio, ¡Fue tan deprimente, pero me alegré demasiado! —Canturreó.

—Adivinaré… era feo, pero tenía algo que te cautivó.

—Sí y no. No era del todo feo, pero tenía unos ojos preciosos, cejas y pestañas impresionantes, que hacía como la ilusión óptica de que estaba delineado, pero su nariz y el resto no, además, usaba el cabello más largo que el mío y era de mi estatura o más bajo—. Respondió Elara—. Y bueno, tenía un defecto físico…

—¿Cuál?

—Tuvo un accidente ya cuando había cambiado sus dientes de leche y… —cubrió su rostro con las manos, muerta de vergüenza.

—¿Tan grave era el defecto que te avergüenza decirlo en voz alta? —Egon rio entre dientes, quitando con suavidad las manos de Elara de su cara.

—¡No tenía uno de los dientes frontales principales! —Exclamó, abatida y riéndose con nervios.

Ella volteó a ver a Egon, que se había quedado mudo por la impresión, pero lo interesante fue que su rostro estaba inexpresivo. Y se hallaba rascando la ceja derecha con el dedo, mirando hacia la nada, pensativo.

—¿Egon?

Él parpadeó y fijó su mirada en ella.

—Elara, ¿en serio te fijaste en un enano de cabello largo y chimuelo, quien tuvo la osadía de despreciarte y el sueño húmedo de querer cambiarte por una chica lasciva que ni en sus mejores masturbaciones le haría caso, y que, desde luego, no fue ni será mejor que tú?

—Si lo dices de esa manera, suena peor de lo que es…

—Bendito sea el día en el que ese adefesio pensó que podía aspirar a una mujer fácil y dejarte libre, Trouble, porque si eso no hubiera ocurrido, nosotros no nos hubiéramos conocido.

—¿Ves? Por eso te digo que no vale la pena hacerle una visita. Ya no lo odio. Reconozco que fue una parte fundamental en mi vida, pero no como para perder el rumbo. Me había ilusionado con la idea de tener una familia y le había prometido a mi mamá que le daría nietos gemelos porque tiene el gen por parte de su padre que tiene un gemelo, y puede decirse que planeábamos conocernos en persona pronto.

—Aun así, cuando tenga la oportunidad, le haremos una visita, ¿de acuerdo? Prometo no hacerle nada, simplemente conocerlo y darle las gracias por dejarte ir, y que ahora seré yo el que te dé hijos gemelos.

—¿Qué? —Elara entornó los ojos.

Egon esbozó una sonrisa pícara.

—También tengo el gen, pero por parte de mi mamá, ella tuvo una gemela, y por lo que tengo entendido, el embarazo gemelar se da más cuando la genética viene del lado materno—le guiñó el ojo.

—¿En serio?

—Sí. Jamás lo había pensado, pero debo reconocer que ese idiota tenía buena labia y excelentes ideas, y ahora entiendo por qué te enamoraste de él—puso los ojos en blanco—. Su inteligencia y astucia respaldaba a su fealdad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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