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El Peligroso Aroma de tu Piel - Capítulo 32

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Capítulo 32: Capítulo treinta y dos

Elara tuvo que reconocer que haberle confesado sobre su noviazgo virtual a Egon, fue reconfortante porque no quería que hubieran mentiras ni secretos de por medio y quizá con esa confidencia, él también le contaría sobre su vida y la carpeta con su nombre que tenía resguardada.

—Y bien, ¿qué dices? —Inquirió él, alzando una ceja con malicia.

—¿Sobre qué?

Egon soltó una risita y la despeinó juguetonamente.

—Puedo darle a tu madre nietos gemelos, por mi no habría ningún problema, además, a mi padre tampoco le parecería mal porque él quiere continuar el legado Schreitz y aunque no sea con Viktoria, va a aceptarlo de todos modos.

—Eso no lo sabes.

—Una vez que estés embarazada, no podrá hacer nada—. Dijo, risueño y encogiéndose de hombros.

—Oye, me sorprende que afirmes algo que no ha pasado, apenas nos hemos dado un beso, Egon Schreitz y, por lo visto, estás pensando en ir más allá—. Lo miró con los ojos estrechados—. ¿Debo preocuparme?

—¿Por embarazarte? —arqueó ambas cejas.

—No—. Se ruborizó—. Por tu padre.

La expresión de él se endureció brevemente y negó con la cabeza.

—Nunca dejaría que te hiciera daño, Elara. De hecho, si cumple su palabra de volver en una semana, voy a presentarte ante él como mi prometida.

Elara entornó los ojos.

—¿Qué? ¿Ni siquiera como novia? —titubeó.

—Sé que Viktoria sigue de por medio, pero en algún momento mi padre tendrá que superar el hecho de que mi matrimonio con esa loca no tuvo éxito ni tendrá retorno jamás y que yo no pienso quedarme solo toda la vida.

Durante unos segundos, ella no dijo nada, se dedicó a observarlo con fijeza, comenzando con sus hermosos ojos y después sus labios entreabiertos, dispuestos a ser besados si se daba la oportunidad.

Le resultó casi doloroso tener que volver a mirarlo a los ojos y dejar de ver su exquisita boca.

No obstante, Egon se recostó un poco más en el sofá, y colocándola levemente encima de él sin dejar de mirarse entre sí.

—Sé que quieres hacerlo, Trouble—. Susurró seductoramente—. Y tienes todo el derecho de hacerlo cuantas veces quieras y en donde sea.

Ella sonrió tímidamente.

—¿No te das cuenta, Elara Moreau?

—¿De qué?

—Soy tuyo.

Y dicho eso, fue él el que se aventuró a tomarla delicadamente del rostro y la hizo inclinarse para besarla en los labios suavemente.

Ambos sonrieron en medio del beso, sintiendo demasiada confianza e intimidad.

—¿Sabes qué es lo que más le alegra a mi abuela de que mi relación virtual haya fallado? —se acomodó sobre su pecho. Él la miró con diversión—. Que no logramos vernos en persona y no se burló de mí, ya sabes, en la cama.

—Y tiene razón. Él no merecía tu amor, ni tu alma y mucho menos tu cuerpo—. Convino con seriedad—. Y sé que no soy el más indicado para decir estas cosas porque antes de conocerte, pensaba diferente en ciertos aspectos y tú has hecho que vea todo desde otra perspectiva.

—¿Pensabas, como la mayoría de hombres, que las mujeres pierden su valor cuando se acuestan con más de uno?

Egon asintió con rigidez.

—No tanto como perder el valor, pero sí creía que no valían mucho si se metían con varios, ya que, para elegir una mujer con quien quieres formar una familia, debe ser con alguien decente.

—¿Y Viktoria?

—Esa mujer está más usada que las prostitutas de los prostíbulos de mi padre y no lo digo por ofenderla, porque es verdad. Es ninfómana.

—Y por eso siempre usaste preservativo, ¿no? —Añadió con asco.

Él asintió.

—Lo que teníamos en común Jakob y yo, es que ambos éramos vírgenes, supongo que eso me hizo sentir que podría ser especial porque él tampoco contaba con experiencia y cuando nos conociéramos en persona, haríamos el amor y descubriríamos lo que se siente y aprenderíamos. Demasiado cursi, lo sé—. Reconoció.

—No es cursi, es dulce—. Admitió Egon, mirándola con ternura—. Y eso hablaba de tu buen corazón, Trouble. Tú idealizaste a un hombre en un niño inmaduro e idiota que solo buscaba con quien perder su virginidad y fuiste un blanco fácil por tu vulnerabilidad emocional.

—Y me siento sucia, ¿sabes? —Desvió su mirada a otra parte por la vergüenza.

—¿Por qué?

—Porque nos enviábamos fotos y vídeos subidos de tono, e incluso videollamadas sexuales, y cuando sentí que lo estaba perdiendo, pensé que enviándole más material, conseguiría retenerlo a mi lado y tengo miedo de que aún guarde todo eso en su teléfono y se lo haya enseñado a sus amigos o algo—. Se echó a temblar, totalmente avergonzada y odiándose a sí misma por haber sido tan ingenua en ese entonces.

Egon en vez de mirarla con reproche o con desprecio, la estrechó entre sus brazos, haciendo que su cabeza quedara a la altura de su corazón y sintió cómo le acariciaba el cabello lentamente.

—Estabas enamorada y es válido. Él debería estar avergonzado de lo que te hizo, no al revés.

—¿Eso crees? —Sollozó.

—Sí. Cuando una mujer le confía fotos o vídeos íntimos a su pareja, es porque le tiene mucha confianza y si él las difundió con otras personas ahí habrá demostrado qué clase de escoria es, pero no tienes qué preocuparte por eso, ¿de acuerdo?

Ella alzó la cabeza para mirarlo y él le limpió una lágrima con el pulgar antes de que rodara por su mejilla.

—¿A qué te refieres?

—Ahora que me has dicho eso, es más que lógico que le haré una breve visita muy pronto—aclaró, sonriendo—. Tanto para darle las gracias por dejarte libre y para cerciorarme de que no ha difundido lo que le mandaste y si aun lo tiene en su posesión, le obligaré a que lo borre.

—¿Y cómo piensas obligarlo?

—Asumo que conoces donde vive, ¿no?

Elara no respondió.

—Si no me lo cuentas, lo buscaré por mi cuenta con ayuda de mis hombres—le regaló un pequeño beso en la nariz, tomándola desprevenida.

—De acuerdo, te lo diré, pero siempre y cuando prometas que vas a mantenerte tranquilo y no le harás daño.

—Lo prometo, pero ¿y si se porta como imbécil? ¿Podré golpearlo? —esbozó una sonrisa maliciosa.

—Solo un golpe en el estómago.

—Entendido. Un golpe lo suficientemente fuerte en el estómago para dejarlo sin aliento.

Ella asintió, riéndose y volvió a recostarse sobre su pecho, sintiendo como el sueño la estaba envolviendo.

—¿Cómo está tu tobillo? —Susurró él antes de que ella perdiera la batalla.

—Debo tener reposo por tres días, nada grave… —Ahogó un bostezo.

—Vamos, te llevaré a tu habitación para que sigas durmiendo.

—Duerme conmigo lo que resta de la madrugada—. Murmuró, adormilada.

Por unos segundos, Egon se quedó paralizado, pensando en sus palabras. No quería incomodarla, pero tampoco deseaba que ella se quedara con las ganas de dormir juntos, así que con sumo cuidado, la cargó en sus brazos y se dirigió a la recámara de la fémina y no la suya para que más tarde no tuviera problemas para bajar la escalera.

En cuanto la acomodó sobre la cama, se recostó a su lado y ella lo abrazó con mucha confianza.

Era la primera vez que sentía esa cercanía genuina y completa con esa chica. Y ahora más que nunca deseaba protegerla y no sabía si era porque ya había un buen tiempo conviviendo a su lado o porque ella le había confiado algo delicado sobre su vida.

Le había otorgado las llaves de su corazón sin importarle que él pudiera hacerle el mismo daño.

Elara Moreau había elegido quedarse a su lado, ¿por qué no simplemente la aceptaba totalmente y olvidaba su sed de venganza?

Si ella se enteraba de la verdad, lo mandaría al demonio y él… él tal vez no lo soportaría porque Elara ya era importante en su vida.

Hagen y Jaques le advirtieron sobre ese juego de doble filo, pero no pensó que ella sería una chica inteligente, empática, amable y llena de luz. Sonaba cursi, pero…

Se mordió el interior de las mejillas con la vista al techo e inconscientemente, se mantuvo acariciando su cabello mientras ella dormía sobre su pecho.

Debía reconocer que cuando la conoció, se sintió atraído por ella sexualmente, pero nunca pensó en forzarla a estar con él porque quería estudiarla y enamorarla para que después por voluntad propia se entregara en bandeja de plata.

Y sin darse cuenta, él mismo cayó en su trampa por jugar al inteligente.

No quería aceptar el hecho de que estaba enamorado de ella.

Aunque… eso era estar enamorado, ¿no?

No estaba del todo seguro.

Pero no soportaba verla sufrir.

Y ese iba a ser su calvario.

Y por ende, su padre no podía enterarse de su venganza, ni mucho menos de quién hija era ella, porque de ser así, la asesinaría sin miramientos.

Elara Moreau no tenía ni la menor idea de que su padre, Lucien Moreau, era el enemigo de su padre y suyo, el famoso y despreciable Hombre Sin Sombra que asesinó a su madre en el pasado para dejarle un aviso a los Schreitz y marcar territorio y fue justo el día en el que él dejó de ser un adolescente inocente para convertirse en un asesino a sangre fría.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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