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El Peligroso Aroma de tu Piel - Capítulo 34

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Capítulo 34: Capítulo Treinta y cuatro

El olor a café la despertó.

Olía demasiado delicioso como para ignorar el exquisito aroma de aquella delicia bebible.

Ahogó un bostezo y miró a su alrededor. Se hallaba en su recámara y no recordaba haber vuelto de la sala en la madrugada cuando estaba hablando con Egon de muchas cosas personales.

Jamás imaginó contarle de su noviazgo virtual fallido al Lobo de Hielo y que él prometiera ir a darle una paliza en cualquier momento.

Solamente un par de amigas sabían la realidad de lo que conllevó esa relación que le resultó muy dolorosa, hasta antes de conocer a Egon, puesto que su corazón, de vez en cuando, aún le lloraba.

Afortunadamente, desde que conoció a ese chico de la mafia, no había vuelto a pensar en Jakob Severin, e incluso no fue hasta que su abuela lo mencionó, porque si no hubiera sido por ella, ni siquiera lo recordaría.

Y es que la verdad no merecía ni la pena mencionarlo y mucho menos recordarlo.

Era una persona del pasado. Un completo fantasma.

Intentó levantarse y sintió una punzada en el tobillo, señal de que debía reposar tres días, así que se las ingenió al deslizarse fuera de la cama con sumo cuidado para no lastimarse y entró al sanitario a asearse.

Cuando salió, se encontró con Egon Schreitz sentado al borde de la cama con una bandeja con el desayuno, que consistía de huevos con tocino, jugo de naranja y café. Incluso había colocado un pequeño florero con un pequeño girasol y una margarita.

—Buen día, Trouble, por un segundo, me asusté de no encontrarte, pero luego escuché ruido en el baño.

—Lo siento—se disculpó, dando leves saltitos hasta llegar a donde él estaba.

Pero Egon dejó la bandeja para ayudarla.

—Gracias.

Él le regaló una sonrisa tierna y le ofreció el desayuno.

—¿Ya desayunaste?

—No, pero decidí traerte primero a ti.

—¿Desayunas conmigo?

—¿Eso quieres? —titubeó.

Ella asintió, sin prestarle atención. Sus ojos oscuros estaban fijos en aquellas dos flores hermosas.

—Muy bien, iré por mi plato.

Egon trotó fuera del dormitorio y regresó en menos de un minuto con su desayuno.

—¿Cómo está tu tobillo?

—Mejorando, supongo, pero todo bien—volteó a verlo con una sonrisa.

Desayunaron en silencio, pero el silencio fue incluso confortable, puesto que, ambos eran personas de pocas palabras y era interesante compartir momentos sin hablar, especialmente el desayuno.

No obstante, Elara advirtió que Egon estaba pensativo. Sus preciosos ojos grises estaban perdidos en algún punto y apenas había probado su comida.

—¿Ocurre algo? —le preguntó.

Él parpadeó y la miró con perplejidad.

—No, nada, ¿por qué?

—Estás distraído.

—Me quedé pensando en esa rata inmunda de tu exnovio, nada importante—. Se encogió de hombros.

Elara se quedó boquiabierta.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Tenemos tiempo antes de que mi padre regrese.

—¿De qué hablas?

—Linz. Iremos a Linz pasado mañana cuando ya puedas caminar, ¿qué dices? Necesitaré la dirección exacta de tu victimario.

Elara casi se atragantó con el café.

—No estarás hablando en serio, ¿verdad?

—¿Por qué no? Mi padre vendrá dentro de unos días y luego no podré ir a Linz a menos que sea por negocios, que, por el momento, todo está bien allá.

—A ver, ¿cuál es tu idea realmente? —carraspeó ella, preocupada.

Egon le dio un sorbo a su café y esbozó una sonrisa lobuna, que la dejó pasmada. Él sabía que era atractivo y hacía uso de su encanto con ella.

¡Infeliz! ¡Era demasiado perfecto en todos los sentidos!

—Visitarlo, ya te lo he dicho e intercambiar algunas palabras—respondió—. Además, quiero que también lo saludes mientras te tengo de la mano y te doy un beso en la frente.

—Tus palabras hacen que parezca incluso divertido, pero sé que lo vas a golpear.

—¿Temes que lo deje también sin el otro diente? —inquirió, arqueando una ceja con malicia y ella no pudo evitar reírse.

—¡Eres malvado! —le dio un golpecito juguetón en el hombro.

—No más de lo que él fue contigo, Trouble.

—Lo sé, pero…

—Tranquila, no voy a herirlo, solo quiero hacerlo sentir mal y darse cuenta de lo idiota que fue al hacerte daño.

—Te lo agradezco, gracias.

—Cuando te pida perdón de rodillas, me lo agradeces, ¿sí?

Ella parpadeó, confundida.

—De mientras, mantén esa bella sonrisa para mí y nunca la elimines de tu rostro, ¿de acuerdo?

Elara se sonrojó, sonriendo involuntariamente.

—Eso es, así.

—¿Desde cuándo eres tan cursi y romántico?

—¿Lo soy? —frunció el ceño.

—Sí, o bueno, eres tierno. No pensé que tenías ese lado, aunque no te culpo, Jakob me hizo sacar también mi romanticismo sin saber que yo era capaz de eso.

Egon la miró como si se hubiese vuelto loca de un momento a otro y luego rio.

—No tengo nada qué decir al respecto—dijo—, pero solo quiero que sepas que me gustas mucho, me atraes, me provocas muchas cosas en mi interior, tanto externa como internamente.

—¿Qué es lo que más te gusta de mí? —ladeó la cabeza con curiosidad.

—¿A parte de tu apariencia tan sensual?

Ella volvió a ruborizarse al asentir.

—Tu manera de pensar, tu empatía y amabilidad. Tienes todas las cualidades de un buen ser humano y a veces me pongo a pensar si de verdad es buena idea tenerte conmigo porque no quiero que nadie te haga daño.

En sus ojos grises había mucho arrepentimiento y algo que Elara no supo descifrar, incluso llegó a percibir tristeza y miedo.

—Tranquilo, nadie me hará daño—le aseguró, sin estar del todo segura.

—¿Cómo puedes estar segura de eso? Recuerda que soy un criminal y mi padre es un demente.

—Pues… —ella alargó su mano y la colocó encima de la suya, tomándolo por sorpresa—, sé que vas a protegerme y cuidarme, ¿no? Por eso estoy segura de que estaré bien.

Él asintió, pero a pesar de que sonrió, no fue una sonrisa genuina.

—¿Puedo abrazarte? —le preguntó Elara.

—¿Por qué me pides permiso?

—No quiero incomodarte, a lo mejor y no quieres contacto físico.

Egon humedeció sus labios, impresionado por esa deducción.

—Tienes razón, pero ahora que hablamos del tema, te comento que a partir de este momento, ya no me preguntes por nada. Si quieres abrazarme, besarme o tocarme, hazlo.

Sin embargo, Elara no esperó un momento más y lo abrazó sin miramientos, sintiendo su cálido cuerpo junto al suyo. Percibió como su corazón comenzaba a latir con más rapidez ante el acercamiento.

—¿Estás nervioso? —aventuró a preguntarle, con una sonrisita traviesa.

—No, simplemente me estoy conteniendo demasiado—respondió, tragando saliva y apretando los puños.

—¿Conteniendo? —alzó la mirada a él y se encontró con sus ojos grises con las pupilas dilatadas.

—Sí —dijo en voz baja—. Conteniéndome de hacer exactamente lo que estoy pensando.

Exhaló despacio y ella entornó los ojos.

—Y no estoy seguro de que estés preparada para eso, Trouble… porque desde que entraste en mi vida, lo que quiero hacer contigo no es precisamente inocente.

—¿Ah, no? —murmuró Elara, sin apartarse—. Entonces quizá deberías dejar de contenerte.

Egon cerró los ojos un segundo y respiró hondo.

—No me provoques, Trouble —susurró—. Porque si dejo de contenerme… no voy a querer detenerme.

Pero Elara no se apartó.

Egon inclinó ligeramente la cabeza hacia ella, quedando a escasos centímetros de sus labios.

—Créeme —murmuró—, estoy haciendo un esfuerzo enorme.

Elara sostuvo su mirada sin apartarse. Su corazón latía con fuerza contra su pecho, pero en lugar de retroceder, acortó la distancia entre ambos apenas unos centímetros.

—Si cruzas más el límite, no voy a parar…

—Tal vez… —murmuró ella— la que debería decidir el límite, soy yo…

Las pupilas de Egon se dilataron todavía más ante esas palabras.

—Trouble… —advirtió en voz baja, como si aún intentara mantener el control.

Pero ya era demasiado tarde.

Sus labios se encontraron en un beso lento, cargado de una tensión que llevaba demasiado tiempo acumulándose. Egon tardó apenas un segundo en responder, deslizando una mano hasta su cintura mientras la acercaba más a él con cuidado, como si todavía recordara su tobillo lastimado.

El beso comenzó suave… pero pronto dejó de serlo.

Egon exhaló contra sus labios, como si finalmente hubiera dejado de contenerse, y volvió a besarla con una intensidad que hizo que el mundo alrededor pareciera desaparecer por completo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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