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El precio de tu virginidad - Capítulo 34

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34: Capítulo 34 34: Capítulo 34 Narrado por Teresa Tarde poco tiempo en estar lista, y después de terminar con todos mis arreglos, Salí de mi casa en dirección al restaurante donde trabajaba.

Debía estar allí puntualmente a las 5:00 pm, mi jefe, el dueño del restaurante, era un hombre de poco más de 40 años, y constantemente me regañaba y me hacía hacer todo tipo de cosas en el restaurante.

Honestamente me sobreexplotaba, y no solo a mí, sino también al resto del personal del restaurante, no quería darle ninguna razón por la cual pudiese regañarme, por lo que siempre trataba de hacer todo bien, y una de las cosas que debía lograr era llegar puntualmente.

Cuando llegue al restaurante, hable con algunos empleados que trabajaban conmigo, y después de dar algunos saludos, me puse el uniforme, y empecé mi rutina como de costumbre.

Por desgracia mi jefe me termino viendo, y no tardó mucho en inventarse una excusa para venir conmigo a molestarme.

—Teresa, estas lavando los platos mal, hazlo bien o si no te descontare la paga de hoy —me dijo mi jefe, mientras me miraba de pies a cabeza.

Su mirada me enfermaba, pero había logrado acostumbrarme después de un tiempo.

—De acuerdo señor, le aseguro que los limpiare bien —le respondo con una sonrisa.

—Más te vale, hoy hay más gente de lo normal y tienes que atender más mesas, deja esto y ve a atender a los clientes —me dijo mi jefe.

—De acuerdo —le digo, mientras dejo los platos y camino para ir hacia las mesas.

— ¡Mas rápido!

—me grita mi jefe, mientras me daba una palmada en el trasero con sus manos callosas.

Quería golpearlo justo en ese momento, pero logre contenerme y solo me limite a seguir caminando.

Cuando pedí empleo aquí, tuve que rogar mucho para que me aceptaran, pensaba que todo iría bien cuando empecé a trabajar, pero mi jefe le gustaba molestarme, y no solo eso, sino que además me acosaba sexualmente, y no solo a mí, sino también a las otras chicas.

No importa que hiciéramos, siempre lograba inventarse una excusa para poder tocarnos de forma indebida en distintas partes del cuerpo, la nalgada que me dio hace solo unos momentos era solo una de muchas que me había dado antes a mí y a otras chicas.

Mi jefe era solo un viejo verde, ¿Cuánto tenia?

¿44?

¿45?

A pesar de su edad no tenía reparos en acosar a chicas como yo que ni llegaban a los 20 años, usando para ello su posición como el jefe del restaurante.

Necesitaba el trabajo, por lo que me quede callada y soporte, las otras chicas me recomendaron esto, a pesar de que nos tocaba cada cierto tiempo en distintos lugares de una forma indebida y nos molestaba todo el tiempo, a fin de cuentas nunca había llegado a tratar de abusar de alguna de nosotras de forma abierta.

Es por eso que las otras chicas se habían quedado calladas y habían decidido soportar sus acosos y sus leves toqueteos, yo también decidí soportar, solo trabajaba aquí los fines de semana, por lo que podía hacerlo.

Aun que a pesar de haber aceptado esto, todavía me enfermaba… ese tipo tenia edad para ser mi padre, y no solo eso, sino que de hecho lo más seguro era que fuese mayor que mi madre o mi padre biológico, por lo que me enfermaba que me tocara, y su apariencia algo descuidada no ayudo a mejorar estos sentimientos.

El restaurante ciertamente estaba más lleno de lo usual, por lo que tuve una tarde bastante ocupada.

El restaurante donde estaba era de 3 estrellas, mi jefe trataba de convertirlo en uno de 4 estrellas, por lo que la gente que venía aquí tenia cierto estatus, no mucho, pero si tenían algo de estatus, principalmente trabajadores con muy buenos salarios.

Las horas pasaron, y en un abrir y cerrar de ojos, ya habían llegado las 11:00 pm, aun me faltaba 1 hora para poder salir… y yo estaba muy hambrienta.

La ultima comida que comí fue poco después de las 4:00 de la tarde, llevaba unas 7 horas sin comer, nuestro jefe, ese viejo verde no dejaba que su personal no comiera durante las horas de trabajo, por lo que cada uno de nosotros pasábamos hambre mientras trabajamos.

—Solo 1 hora más —pensé, mientras continuaba atendiendo mesas.

Mientras estaba en esto, empecé a pensar en Preston, si llegara a aceptar su contrato, podría abandonar este maldito trabajo y abandonar al viejo verde de mi jefe para siempre.

Cuando pienso en Preston, mi cuerpo se estremece, y una parte de él empieza a recordar sus manos en rozando mi piel por todos lados… eso me provoca ciertas descargas y hace que me quede aturdida mientras caminaba en medio del restaurante tomando órdenes.

Cuando me doy cuenta de lo que hice, reacciono de inmediato y vuelvo a empezar a caminar, giro mi mirada para buscar a mi jefe y ver si este pudo ver mi paro momentáneo, lo encuentro poco después y puedo ver que me mira fijamente.

Lo más seguro es que me vio.

De seguro va a aprovechar para regañarme y tocarme poco antes de que mi jornada termine, después de que lo veo, no puedo evitar compararlo con Preston, cuando comparo sus caricias, las cuales eran delicadas pero muy bien hechas con las manos torpes y callosas de mi jefe no puedo evitar sentir más asco hacia él.

—Vamos Teresa, no debes mostrar nada en el exterior —murmuro, mientras voy a atender otra mesa del restaurante donde está sentado un hombre joven.

Es bastante atractivo, está a la par de Preston de hecho, no puedo evitar sentir que lo eh visto antes.

¿Lo habré visto antes en algún lugar?

—Bienvenido, ¿Qué desea ordenar?

—le digo al joven, mientras lo miro con una sonrisa.

— ¿Qué quiero ordenar?

Mmmm, ¿Qué ordenare?

¿Puedo ordenar lo que sea?

—me pregunta el joven mientras me mira con una sonrisa.

Sus dientes son perfectamente blancos y sin alguna falla, son aún mejores que los míos.

—Así es, puedo ordenar lo que sea, si le apetece, ordénelo —le digo mientras le sonrió.

—Bien… entonces te quiero a ti —me dice el joven.

¿Qué acaba de decirme?

—Señor… no es bueno hacer ese tipo de bromas —le contesto mientras hago una expresión amigable.

No me convenía hacer enojar a algún cliente, eso podría enfadar a mi jefe.

— ¿No me recuerdas?

—me pregunta el joven.

— ¿Recordarte?

¿Nos hemos visto antes?

—le pregunto.

—Obviamente que si… ¿Cómo es posible que no me recuerdes a mí?

—murmura el joven, mientras hace un puchero.

¿Dónde lo eh visto?

—Perdona, pero… ¿Podrías refrescar mi memoria?

—le pregunto, recordaría si hubiera visto a un hombre como él antes.

—Soy yo… soy el del club, soy Beckett, Beckett Linderton ¿Te acuerdas de mí?

—me dice el joven.

— ¿Club?

¿Linderton?

—murmuro, mientras hago memoria en mi cabeza.

Un instante después logro recordar todo… este joven es el tipo Linderton… que había comprado mi… — ¿Ya me recuerdas?

Soy yo Teresa, soy el hombre que compro tu virginidad la noche de ayer.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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