El Primer Amor del Rey de la Mafia - Capítulo 310
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Capítulo 310: La mirada de advertencia del Rey de la Mafia
—¿Qué has encontrado? —le preguntó Wei a su asistente, Fu Renshu, quien estaba erguido ante él en su estudio.
La noche anterior, había recibido órdenes urgentes de Wei para que encontrara todo lo que pudiera sobre Jiang Shan. No conocía toda la historia, pero Wei se la explicó de forma concisa, resumiéndola tanto como fue posible.
—Como era de esperar, Jefe, es bastante difícil indagar sobre su accidente, que ocurrió hace más de cuarenta años. No hay información en la policía porque en esa época no tenían un buen sistema para registrar esos casos, y Jiang Zemin también los sobornó para que no investigaran. Por el testimonio de algunos lugareños de aquel entonces, sabemos que el coche se estrelló y se incendió. Pero cuántos sobrevivieron…
Wei asintió.
Se lo esperaba.
—Jefe, por lo que he podido averiguar sobre la personalidad de Jiang Shan, no creo que su mujer y su hijo hayan sobrevivido. Quiero decir, aunque lo hubieran hecho, él solo habría pensado en salvarse a sí mismo.
—De acuerdo —inclinó la cabeza—. La Abuela dijo que el Abuelo desapareció un año y medio después del día en que supuestamente murió. Tardó bastante en secuestrarlo.
—Jefe, eso significa que se estaba recuperando en algún hospital. Quizás estuvo en coma y se despertó por esa época.
—Sí. O quizá un poco antes, hasta que formó su propia pequeña banda local y secuestraron al Abuelo. Luego se fue del país.
Fu Renshu dijo: —En efecto. Hay muchas posibilidades de que se fuera al extranjero para formar oficialmente su propio Submundo si tenía que luchar contra Jiang Zemin. No podría haberlo hecho si se hubiera quedado en el país. Pero hay dos preguntas. ¿A qué país huyó y por qué no nos atacó durante tanto tiempo?
Wei entrecerró los ojos.
Ciertamente era extraño. Si Jiang Shan hubiera querido recuperar todo el poder, lo habría hecho en la generación de Jiang Weizhe. Pero su tiempo como El Rey de la Mafia transcurrió sin que ocurriera gran cosa. Jiang Weizhe nunca fue amenazado ni atacado.
Ahora Jiang Shan tendría casi la edad de la Anciana Señora, quizá unos años más, tal vez en sus setenta y tantos. ¿Cuánto más iba a esperar a esta edad, cuando la posibilidad de su muerte natural se acercaba cada vez más?
—Podemos esperar alguna acción por su parte esta vez —dijo Wei con frialdad—. Apenas le quedan años a esta edad. Dile a todo el mundo en el Submundo que mantengan los ojos y los oídos bien abiertos a cualquier noticia relacionada con otras bandas, especialmente de fuera de China.
—¡Sí, Jefe!
En ese mismo momento, sonó el teléfono de Fu Renshu. Vio una llamada entrante de su casa y frunció el ceño.
—Jefe…
—No me importa —dijo Wei.
—Gracias, Jefe.
Cogió la llamada y la voz de Meng Ya estalló inmediatamente en sus oídos. —¡Cómo te atreves, gamberro! ¡Has puesto toda mi ropa en un rincón patético de tu armario! ¡Tienes un armario enorme y mi ropa está ahí, arrinconada lastimosamente a un lado, acumulando polvo! ¡Condeno este trato injusto!
—…
—¿Me has llamado en medio de mi trabajo para quejarte de tu ropa?
—¿Perdona? ¿De quién es la culpa? Si no fuera por tu amiga de la infancia que nos obliga a quedarnos en una habitación, ¿me molestaría siquiera en mirarte a la cara? ¡Incluso me hiciste dormir en el sofá mientras tú disfrutabas durmiendo en la cama! Me duele la espalda un infierno. ¡Y ahora ni siquiera consigo un lugar justo en el armario! ¿¡No tienes ninguna delicadeza!? ¡Con razón sigues soltero!
Fu Renshu apretó los dientes.
—Si me permites recordártelo, fuiste tú quien empezó todo esto declarándote mi novia.
—¿Y-Y qué? —Su cara enrojeció al otro lado de la línea—. ¡Me has apoyado todo este tiempo. ¡Te comiste el festín que preparé para la cena y me seguiste la corriente con todas mis mentiras! ¡Ahora eres igualmente responsable de llevar esto hasta el final!
Fu Renshu se planteó seriamente su cordura.
«¿Por qué diablos apoyé todo esto?».
—¡Hmpf! ¡Si tu amiga de la infancia no actuara de forma tan arrogante, no tendría que haberme tomado tantas molestias!
Fu Renshu enarcó una ceja. —Hooo… ¿así que es arrogante, eh?
—¡Sí, sí! ¡Arrogante y cruel! ¡Me mira como si fuera un juguete divertido!
La comisura de los labios de Fu Renshu se crispó.
«No puedo negar que es la verdad. Te está tratando como a un juguete… Y a mí también…».
«Cuñado, por favor, vuelve pronto».
Wei miró con curiosidad a su capaz asistente.
—¿Tienes una amiga de la infancia? —susurró.
Fu Renshu tosió con torpeza. Pulsó el botón de silencio y dijo: —N-No, Jefe… Está hablando de mi hermana.
Él enarcó una ceja. —Oh.
La puerta se abrió y Lihua asomó la cabeza. —¡Buenos días! He venido a ver si teníais alguna información sobre Jiang Shan.
Fu Renshu abrió los ojos como platos.
Hubo un instante de silencio al otro lado de la línea.
¡Maldita sea!
Entonces oyó un grito ahogado.
—¡Gamberro! ¡Esa es la voz de Lihua! Estás con ella, ¿verdad?
Se presionó el entrecejo.
«Qué problemático».
De repente, sintió una ráfaga de viento frío que le hizo estremecerse. La mirada oscura y amenazadora de Wei se posó en él como si dijera:
«No dejarás que hable con Lihua».
Su frente se cubrió de un sudor frío.
—¿Qué pasa? ¿Por qué el ambiente se ha vuelto tan sombrío de repente? —dijo Lihua con alegría.
Fu Renshu sintió ganas de llorar.
—¡Fu Renshu! ¡Pásale el teléfono a Lihua! ¡Quiero hablar con ella! ¡Lihua! ¿Puedes oírme? ¡Soy Meng-
Fu Renshu volvió a silenciar el teléfono rápidamente. —No, Señora. Todo está bien.
Se fue rápidamente a un rincón y reactivó el sonido de la llamada. —Voy a colgar. No te atrevas a hacer ninguna estupidez.
—¡Tú! ¡No puedes hacer esto! Lihua es mi ami-
Colgó, sin permitirle decir nada más.
—¿Por qué el Asistente Fu está sudando tanto? —preguntó Lihua.
Fu Renshu hizo una mueca.
«¡Es por culpa de tu mejor amiga! En serio, vosotras dos…».
Wei la atrajo rápidamente a sus brazos y le besó los labios. —No es nada.
Ella se sonrojó un poco y carraspeó rápidamente. —Entonces, ¿habéis averiguado algo de Jiang Shan?
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