El Primer Amor del Rey de la Mafia - Capítulo 322
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Capítulo 322: El Rey de la Mafia guía a su esposa *
Wei la miró inocentemente con orgullo.
—¿De-de verdad lo hiciste?
—Sí.
Lihua tosió. —¿Incluso cuando lo e-estábamos haciendo?
—Sí. Vi que te dolía y que sangrabas. Me asusté, así que busqué información.
Lihua no podía imaginarse la escena en la que él, de repente, se detenía en medio del sexo y sacaba su tableta para investigar.
Lihua le arrebató rápidamente el teléfono y sonrió. —No necesitas buscar sobre esto. Quiero decir, puedes g-guiarme. Tú sabrás mejor qué es lo que te hace… sentir bien —dijo, apartando la mirada con timidez.
Wei frunció los labios. —Pero no quiero que sientas que te ahogas o te atragantas.
Lihua se atragantó de verdad esta vez.
—Quiero que tú también lo disfrutes —dijo él, atrayéndola en un abrazo.
Una flecha imaginaria volvió a atravesarle el corazón.
Ella jugueteó con el dedo sobre el pecho de él. —Sabes, también podemos hacerlo de esa forma… —dijo—, quiero decir, solo sujetándolo con mi mano…
Lihua pensó que se moriría de vergüenza ese día.
—Oh… —Los ojos de Wei brillaron con curiosidad. Normalmente, solo leía y veía cosas sobre sexo oral porque era lo que la mayoría de los hombres querían. Pero una masturbación con la mano también era una opción.
Lo pensó y levantó a Lihua para sentarla en su regazo. —De acuerdo —susurró.
Le besó el hombro y presionó el cuerpo de ella contra el suyo. Le cogió la mano y la guio hasta su miembro. En cuanto Lihua lo sostuvo, su cara pareció un adorable tomate rojo.
«Lo-lo estoy sujetando…»
Su enorme miembro se hinchaba y palpitaba en la palma de su mano. Incluso el más mínimo roce de ella lo ponía erecto, lo que oscurecía sus hermosos iris. Se erguía gloriosamente, tanto que no cabía en su mano. Los dedos de él la instaron a que lo acariciara, a lo que ella obedeció dócilmente. Su visión la hizo tragar saliva, y Lihua lo apretó suavemente, obteniendo como recompensa un gemido lujurioso de Wei.
Un temblor le recorrió la columna y se sintió eufórica de que él se sintiera bien. Gradualmente, Wei la dejó aumentar el ritmo, lo que hizo que su miembro se endureciera.
Wei se sentía eufórico. Estar sujeto en la suave palma de Lihua era más excitante que cualquier otra cosa. La veía tirar y apretar con todas sus fuerzas, y su poca fuerza solo le provocaba espasmos de placer. Le agarró la cabeza, incapaz de controlar la creciente excitación que ardía en su interior. Sus labios atraparon los de ella en un beso bestial que los mordió y succionó, dejándolos hinchados.
Su respiración agitada susurró con urgencia en su oído. —Más rápido… Lixue…
—Ya-ya lo estoy haciendo. Tengo miedo de hacerte daño… —respondió ella, aturdida por el beso.
—No lo harás. Por favor, hazlo… —dijo él, presionando la mano de ella para forzarla a aumentar la velocidad.
Lihua empezó a cogerle el truco poco a poco y, sin su ayuda, le acarició el miembro de arriba abajo, justo como él quería. Su erección pulsaba con el calor de la mano de ella, que lo ponía cada vez más y más caliente.
—Ughh… —Un profundo gemido escapó de sus labios. La terraza se llenó con el sonido de su respiración agitada mientras disfrutaba, pero también gimoteaba de placer.
Lo que antes eran simples y suaves besos se volvieron codiciosos y hambrientos, dejando marcas rojas en su pálida piel. Ambos estaban ahogados en éxtasis mientras Lihua frotaba su miembro y él jugaba con los pechos de ella. Sus respiraciones se entrecortaron y los pecaminosos sonidos de sus gemidos se deslizaron en la noche silenciosa.
La punta de su miembro rezumaba líquido preseminal. Lihua se mordió el labio inferior y experimentó presionando el pulgar sobre la punta de él y pellizcándola, como él solía hacer con el punto dulce de ella.
—Lixue…
El sudor le cubrió la frente cuando un violento estremecimiento lo hizo sacudirse. Fue una sorpresa total que le envió oleadas de dulces escalofríos por la espalda.
Lihua levantó la mirada y contempló su rostro guapísimo divino. Tenía el ceño fruncido y, mientras ella frotaba la punta con un poco más de fuerza, vio cómo los ojos de él se nublaban con algo peligroso y posesivo.
—¡Jaahh! —soltó un gemido profundo.
Solo esa mirada le produjo un hormigueo y le puso la piel de gallina. La sensación de ser la causa de esa expresión despertó una emoción intensa en su interior.
La eyaculación de su semen, que siempre llenaba su vientre, empezó a mojarle lentamente los dedos. Él temblaba y se aferraba a ella con fuerza, como si fuera la única fuente de consuelo y alivio.
—Lixue… Lixue… Bien…
Juntando sus labios una y otra vez, solo pudo besarla sin descanso hasta dejarla sin aliento. Tenía un fuerte impulso de derribarla y meter su miembro erecto dentro de ella, pero necesitó toda su fuerza para permanecer sentado. No se suponía que fuera un acto con penetración.
Lihua solo quería complacerlo. Pero a Wei le resultaba cada vez más difícil controlarse.
Lihua sintió que él estaba perdiendo el control y soltó una risita. Tal como había esperado, se sintió realmente empoderada y deseada. La mirada vidriosa en los ojos de Wei, su pesado jadeo y la forma en que apretaba los dientes estimularon a Lihua a ir aún más lejos. Con los dedos, rozó sus abdominales tonificados, lo que fue el límite de su paciencia.
—Lixue… ya no… puedo más… te deseo… —gruñó él con impaciencia.
Frotando y acariciando su miembro, Lihua se acercó aún más a él con audacia y masajeó suavemente sus pechos contra el pecho de él.
—Tú…
Él inclinó la cabeza y se metió el pecho de ella en la boca, que lamió y succionó con fuerza.
—¡¡Ahhhnn!! Wei…
Para entonces, hasta ella se sentía húmeda en su centro mientras el calor se precipitaba hacia allí. Se debilitó un poco y se mareó con el propio clímax que estaba a punto de alcanzar, y su ritmo se volvió ligeramente más lento.
Pero Wei no la dejó. —No pares… —le advirtió, mordiéndole el pezón.
Su severa advertencia la hizo tragar saliva y ella reanudó su ritmo de inmediato. Después de que su miembro fuera sacudido y frotado a fondo por las delicadas manos de ella, finalmente no pudo más. Un espasmo violento lo hizo estremecerse y su miembro se contrajo con fuerza. Su eyaculación se roció sobre las manos de ella mientras él gritaba su nombre.
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