El Primer Amor del Rey de la Mafia - Capítulo 325
- Inicio
- Todas las novelas
- El Primer Amor del Rey de la Mafia
- Capítulo 325 - Capítulo 325: ¡Que empiece la fiesta
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 325: ¡Que empiece la fiesta
Jia se giró lentamente y observó cómo los ojos negros de él brillaban con deleite y alegría. Sus labios se curvaron en una sonrisa espeluznante y peligrosa, como si ella hubiera caído directamente en su trampa.
Mingshen se plantó ante ella y sonrió. —Supongo que tienes un fetiche por apuntar con objetos afilados al cuello de la gente.
Jia entrecerró los ojos.
«¿Por qué está aquí? ¡Deben de ser las malditas tres de la madrugada! ¿Es que este monstruo no duerme?».
Lu Bojing estaba tan aterrado que las piernas empezaron a temblarle. Ni siquiera se atrevía a cruzar la mirada con su Jefe.
«Estoy muerto. ¡Estoy muerto! La saqué, ayudándola a huir. ¡Va a matarme! ¡Me va a cortar en pedazos!», se lamentó internamente. «¡Voy a acabar en la sala con los otros sujetos de investigación!».
—J-Jefe… —rompió a sudar frío—. J-juro que de verdad no quería t-traerla aquí…
Mingshen resopló. —Por supuesto que sé que no. No soy ciego. Conoces las consecuencias de intentar ayudarla por tu «propia» voluntad, ¿no?
Tragó en seco.
Mingshen rio entre dientes mientras miraba a Jia. —Bueno, Picante~. Buenos días~. Qué tranquilo está todo, ¿no?
—Lo estaba hasta ahora —replicó Jia tajantemente.
Él se rio. —Tienes razón. Ah, me alegro tanto de haber hecho esto. Ha sido divertido —inclinó la cabeza—. Por cierto, ya puedes soltar a mi asistente. No es un luchador. Es inútil como rehén. No es una persona de la que debas preocuparte.
Lu Bojing: —…
Por supuesto, Jia ya lo había entendido cuando lo apresó. Lo soltó y lo apartó de un empujón.
Lu Bojing se desplomó de rodillas y finalmente respiró hondo, aliviado.
Miró a los dos demonios que tenía delante y tragó saliva.
«Agg… ¿qué va a pasar ahora? ¿Se va a acabar el mundo?».
Jia y Mingshen quedaron frente a frente, a un brazo de distancia.
Mingshen le guiñó un ojo. —¿Estás emocionada de verme, Picante? Tu heroico doctor, que te salvó de estirar la pata y acabar en el infierno, está aquí. ¿Quieres abrazarme? Mira. ¿Ves? Mis brazos están abiertos para ti~. ¿O quizá quieres que hagamos un trato?
—En tu última palabra, cambia la «tr» por una «m» —sonrió ella con calma—. Y obtendrás tu respuesta.
A Mingshen le brillaron los ojos. —Ya veo, ya veo. ¡Incluso tienes el arma para hacerlo! Mmm…, pero déjame adivinar. ¿Por qué te sientes tan violenta? Me pregunto por qué tu mirada arde con tanta intención asesina.
Se tocó la barbilla de forma dramática, como si estuviera reflexionando profundamente sobre ello.
—¡Ajá! ¿Es porque arruiné tu intento de fuga? Supongo que ahora debes de estar bastante enfadada conmigo. Tsk. Estabas tan cerca. Solo un poco más y habrías visto el cielo nocturno y sentido la brisa fresca.
Jia no dijo nada.
—Bastante astuto aprovechar mi ausencia en plena noche —dijo Mingshen, suspirando y riendo entre dientes—. Pero los monstruos no duermen, Picante. Sabía que sin duda intentarías escapar, así que me quedé despierto a propósito solo para recibirte. ¿A que soy atento? Nunca antes lo había sido tanto con ninguno de mis sujetos de investigación.
Ella lo miró fijamente y luego sonrió con desdén. —Ya veo. Así que era una trampa. Dejaste a propósito que oyera que tu asistente vigilaría mientras tú no estabas. Pero sí que estabas. En ese caso, sabías que yo estaba despierta.
Mingshen sonrió. —¿Te ha gustado que sea tan taimado? Fui yo quien te sumió en un sueño profundo y agradable. Así que, por supuesto, sé cuándo te vas a despertar. Puedo calcular el momento basándome en la cantidad de cloroformo que te hice oler. Y ya me había dado cuenta del levísimo temblor de tus pestañas cuando te despertaste.
Ella entrecerró los ojos.
—Bueno, desde luego que puedes fingir que no te has despertado, pero eso es DESPUÉS de unos instantes, cuando te das cuenta de ello. Antes de que sepas que estás despierta, tu cuerpo reacciona primero. Tus pestañas se agitan y a veces mueves ligeramente los dedos. ¿Cómo podría pasárseme por alto? Es porque no lo hago que sigues viva, para empezar —rio entre dientes—. Si no, para los demás ya estarías muerta con esa bala en el pecho. Me di cuenta de que seguías respirando~.
Jia sonrió. —Aprecio tu atención a los detalles más insignificantes, pero no quiero seguir siendo una molestia.
—Eres mi preciado sujeto de investigación, Picante. Tienes un lugar especial en mi laboratorio. ¿Cómo puedes pensar que eres una molestia?
—No me importa tener un lugar especial aquí, pero me voy ahora mismo, te guste o no —su voz era sombría y peligrosa. Era una clara advertencia para que se apartara.
—De eso nada, Picante —se apoyó en la pared y la miró fijamente—. Eres la clave para salvar a esa mujer.
—Pues adelante —dijo ella con desdén—. Estoy preparada para luchar por mi libertad si es necesario. Me sorprende que no hayas traído a tus guardias.
—Innecesarios —entrecerró los ojos—. Soy más que capaz de detenerte yo solo. Además, eres MI sujeto de investigación. No me gusta que la gente toque mis cosas, o me enfado muchísimo. Y no es una buena opción que eso ocurra.
Lu Bojing asintió con fuerza para sus adentros.
«¡No te metas con el Jefe!».
—No soy una cosa —espetó ella con desagrado.
—Cosa, humana, lo que sea —se encogió de hombros—. Desde el momento en que entraste en mi laboratorio, pasaste a ser mía. Yo decido si entras o sales.
—Si crees que soy débil por mi aspecto actual, estás muy equivocado.
Mingshen rio entre dientes. —Créeme, Picante. No pienso eso ni por un momento. Conozco tu…
De repente, sintió que Jia, que estaba justo frente a él, se desvanecía en el aire. Se agachó bruscamente y el tacón de Jia pasó rozando su cara.
Mingshen se rio, divertido. —¡Ese ha sido un buen movimiento, jajaja! No puedes esperar, ¿eh, mi preciado sujeto? Pues yo tampoco lo haré. Que empiece la fiesta.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com