El Primer Amor del Rey de la Mafia - Capítulo 427
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Capítulo 427: Visita al supermercado
Esa misma tarde, después de terminar sus clases, Lihua salió de su casa sumida en sus pensamientos. Liangshi y Ziruo habían estado bastante serios durante todo el día. Ji Da Xia también estaba estresado. Pero no sabía por qué. Actuaban con normalidad, pero se dio cuenta de que algo los tenía tensos.
Quería ayudarlos, pero parecía que no lo compartirían con ella. De alguna manera, ver a Liangshi tenso la preocupaba un poco. No sabía por qué, pero todo lo relacionado con él la afectaba más.
—E-eh…
Salió de su estupor y se giró. Lu Bojing estaba de pie, nervioso, cerca de la puerta de su casa. —¿Vas a alguna parte?
—Ah, sí. Solo al supermercado.
—¡O-oh! ¡Entonces iré contigo también!
—Claro.
Lu Bojing se mordió el labio y bajó la cabeza. —¡Por favor, avísame la próxima vez que salgas y llévame contigo también!
—¿Ah? ¿Por qué? ¿Siempre?
—Sí, por favor, avísame, ¿vale? Estás embarazada. Soy médico. Necesito estar a tu lado siempre…
¡Por orden del Jefe!
Lihua parpadeó y rio con impotencia. —Sé que estoy embarazada, pero eso no significa que necesite un médico a mi lado veinticuatro horas al día, siete días a la semana. Es solo un embarazo. No estoy enferma.
Lu Bojing se la quedó mirando y se le llenaron los ojos de lágrimas. —Por favor, no digas que no… Te ruego que por favor me lleves a donde sea que vayas. ¡Puede ser peligroso ahí fuera!
Entonces recordó lo que le había dicho al principio, cuando se conocieron. Era extrañamente terco con esa condición.
Lu Bojing es muy raro…
Pero no percibía ninguna malicia en él, así que no le vio problema. De hecho, le parecía tierno, como si fuera su hermano pequeño. Quizá él también lo pensaba y deseaba protegerla como lo haría un hermano.
Ella rio tontamente. —Vale, vale. Definitivamente te avisaré la próxima vez.
—L-las otras veces también… —lloriqueó.
—¡Sí, las otras veces también y no llores!
Lu Bojing asintió. Así que salieron juntos.
El supermercado estaba ajetreado y abarrotado. Lu Bojing había palidecido un poco. Nunca antes había visto una multitud tan grande. Caminar entre tanta gente lo ponía tenso y ansioso. Pero miraba frenéticamente a izquierda, derecha, adelante y atrás para proteger a Lihua de cualquier accidente. Había muchas posibilidades de que alguien se chocara con ella.
Se la imaginó cayendo, y la idea hizo que su rostro se pusiera blanco de puro terror.
—¿Lu Bojing? —agitó la mano delante de él.
—¿Ah?
—¿En qué piensas? —rio—. ¡Vamos a la sección de juguetes! ¡Quiero comprarle un montón de juguetes a mi bebé! —Sus ojos brillaron.
Lihua echó un vistazo a todas las estanterías y todo le pareció tan adorable que su carrito estaba casi lleno solo de juguetes.
A su lado, había otra pareja.
—Esto es monísimo. ¡Llevémoslo!
El marido suspiró. —Ya hemos llenado una habitación entera de juguetes. ¿Cuántos más quieres?
La esposa hizo un puchero. —No es suficiente para nuestro hijo. No seas tacaño.
Él rio con impotencia. —Está bien. De todas formas, nunca puedo ganarte.
—¡Entonces cojamos otro carrito solo para su ropa!
—…
Lihua se quedó mirándolos y se preguntó cómo habría sido si Wei estuviera también con ella. Estarían comprando juntos para su bebé, igual que esa pareja. Habría sido muy divertido. Pero ahí estaba ella, completamente sola mientras sostenía el peluche en la mano.
Tembló ligeramente y se le nubló la vista. Echaba de menos a Wei.
Rápidamente salió de su melancolía y buscó a Lu Bojing. Estaba de pie junto a una estantería, mirando fijamente un pequeño osito de peluche. Lo miraba con mucha atención.
Lihua preguntó con curiosidad: —¿Es mono, verdad?
—Sí.
—Entonces cómpralo si te gusta tanto.
Lu Bojing abrió mucho los ojos. —¡N-no! —Sus mejillas se sonrojaron intensamente de vergüenza—. No lo quiero.
—No mientas. Veo que te gusta de verdad. ¿Cuál es el problema?
Lu Bojing entrelazó los dedos con nerviosismo. Miró a un lado y a otro y frunció los labios. —E-es de niñas que te gusten los juguetes monos… Así que…
Lihua le dio un golpecito en la cabeza. —¿De qué estás hablando? No tiene nada que ver con ser de niñas o de hombres. Te lo dije, ¿no? No te preocupes por el juicio de nadie. Eres libre de que te guste lo que quieras. Los juguetes son monos y están hechos para que le gusten a todo el mundo. No hay nada raro en ello.
—L-lo siento…
—No te preocupes —sonrió—, sé que es difícil empezar a pensar con seguridad de repente. Lleva tiempo. Pero tampoco quiero que lo olvides.
La cálida sensación volvió a brotar en su corazón y sintió un cosquilleo. —Vale…
De repente, un hombre enorme chocó con él por detrás y Lu Bojing casi se estrella contra la estantería.
—¡Bojing! ¿Estás bien? —preguntó Lihua apresuradamente y lo ayudó a incorporarse.
Él asintió. —Estoy bi-
—¡No está bien! ¿Por qué te pones en medio, perro sarnoso? ¿¡Estás ciego!?
El hombre corpulento e intimidante fulminó con la mirada a Lu Bojing. Su aura rezumaba peligro y violencia.
Lu Bojing temblaba con fuerza y estaba al borde de las lágrimas. Se encogió en una postura defensiva. —¡L-l-lo s-siento por ser una molestia!
El hombre lo agarró por el cuello de la camisa y se mofó. —Puaj. ¿De verdad eres un hombre? Pareces una mujer. Asqueroso.
Lu Bojing se quedó rígido.
—¿Estás seguro de que tienes algo entre las piernas? ¿O es el coño de una mujer?
—Y-yo…
—Jajaja, hasta hablas como una mujer. Eres un bicho raro.
Lu Bojing palideció.
—¡Discúlpate otra vez! —lo fulminó con la mirada.
Los otros clientes se asustaron y abandonaron rápidamente la zona. El personal intentó intervenir, pero el hombre era tan musculoso e intimidante que hasta ellos tenían miedo.
Las lágrimas brotaron de sus ojos. —Lo sien-
—¡No lo hagas!
Lihua se interpuso y le quitó la mano del cuello de la camisa a Lu Bojing. Lo fulminó con la mirada. —¿¡Cómo te atreves a insultar así a mi amigo!? ¡No solo te has chocado con él, sino que además lo estás humillando! ¿No tienes vergüenza? ¡El que debería disculparse con él eres tú!
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