El Primer Amor del Rey de la Mafia - Capítulo 433
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Capítulo 433: El Rey de la Mafia se lleva todo lo rosa
Antes de que Lihua pudiera decir algo, una dependienta de mediana edad se les acercó con una sonrisa en el rostro. Echó un vistazo a la cesta de Lihua y sonrió radiante. —¿Es esto para su hijo?
—Sí.
—Oh, vaya. Felicidades.
—Gracias.
—Este debe de ser su marido… —lo miró de reojo—. Vaya. Es usted muy apuesto. Parecen hechos el uno para el otro.
Wei paró las orejas y su aura entera se iluminó como si irradiara un brillo dorado. A la dependienta casi le da un infarto al ver la impresionante y cálida sonrisa en sus labios.
«Si tan solo fuera más joven», se lamentó.
La dependienta tiró de ellos con entusiasmo, pensando que eran una pareja. —Vengan por aquí. Tenemos algunas novedades diseñadas especialmente para recién nacidos. Les va a encantar.
Lihua dudaba un poco. De alguna manera, por cosas del destino, le había tocado ir de compras con Wei hoy. Se limitó a fruncir los labios y seguirla. Como no dijo nada, Wei también asumió que su respuesta era un sí. Su corazón se llenó de felicidad por estar de nuevo con ella.
—¿Qué tal esta ropa? El tejido es muy suave y acogedor, y su hijo dormirá de maravilla. Luego, aquí está toda la ropa de invierno. Mire este gorrito con orejas de conejo. Es una monada y además protegerá las orejas de su hijo del frío. Estos son los jerséis nuevos que llegaron justo ayer. Luego, aquí están los calcetines y por allí… —señaló—, está el set de lavandería para esta ropa. Está hecho especialmente para lavar ropa de bebé. Si se llevan también el set de lavandería, obtendrán un quince por ciento de descuento.
Wei observó detenidamente todas las cosas por sí mismo. Tocó la ropa y, en efecto, la encontró muy cálida y suave.
Por otro lado, a Lihua le emocionó más oír la parte del quince por ciento de descuento.
—¿Quince por ciento?
—Oh, sí —la dependienta comentó la oferta con entusiasmo.
Lihua preguntó: —¿Si nos llevamos el set de baño, tendremos más descuento?
—Por supuesto, Señora. Se llevarán una bañera gratis si compran el set de baño y el de pañales juntos.
A Lihua se le iluminó la cara y dio una palmada. Wei, cuya mirada se posó en un dispositivo, lo señaló y preguntó: —¿Eso?
—¡Ah! Es un monitor para bebés. Se usa para vigilar al bebé cuando está durmiendo, ya sea por audio o por vídeo. Si necesita salir un rato, le ayudará a vigilar a su bebé sin ninguna preocupación.
Wei frunció los labios. —No lo necesito.
—¿Ah? ¿Por qué no? ¡Es superútil! —dijo la dependienta.
Él frunció el ceño. —Para empezar, no voy a dejar a mi hija sola en ninguna parte. Así que no lo necesito.
Lihua y la dependienta de mediana edad tosieron con fuerza. Lo miraron, sin palabras.
Los labios de Wei se curvaron en una hermosa sonrisa y su mirada era tan cálida como el sol de la mañana. —La tendré siempre a mi lado.
Las otras clientas sufrieron un infarto similar al que había tenido la dependienta unos minutos antes.
¡Aaaay…! ¡Este hombre es tan mono!
¡Qué padre tan protector!
Las flores que parecían florecer a su alrededor de alguna manera hacían el ambiente cálido y dichoso.
Lihua no pudo evitar preguntar: —¿Hija?
Wei la miró y sonrió. —En.
—¿Y si es un niño?
Wei frunció las cejas con disgusto. —¿Por qué iba a ser un niño?
—…
«¿A qué viene esa pregunta?».
—Hay un cincuenta por ciento de posibilidades.
Wei parpadeó. —No, no es así. Será una niña.
—…
—¿Cómo lo sabes?
—Simplemente lo sé.
Lihua tampoco quería echarse atrás ahora. —¿Y si yo quiero un niño?
—¿Por qué quieres un niño? Los niños no son buenos —volvió a mostrar una expresión de disgusto.
La dependienta: —…
«Usted es un hombre…, Señor», tosió. «Quiero decir, usted fue un niño alguna vez…».
—Las niñas son monas —Wei volvió a mostrar su cálida sonrisa.
Y así, metió toda la ropa rosa, jerséis, calcetines y todas las cosas rosas en el carrito. A Lihua casi se le salen los ojos de las órbitas. —¡Oye! Lo estás cogiendo todo de color rosa.
—Sí. He leído que a las niñas les gusta el rosa —dijo con seriedad.
Lihua echaba humo y también metió algunas cosas azules. —No podemos ser parciales. ¡Tenemos que estar preparados por si es un niño! ¡Y va a ser un niño!
—Es una niña —dijo Wei como si fuera algo obvio.
Su boca se crispó y apartó la mirada. —Bueno, pues si tanto te gusta, puedes comprar tú solo.
Wei se quedó helado. —No lo digas así… —dijo rápidamente.
La dependienta intentó calmar su discusión. —Sí, sí. Por favor, no peleen. Su marido es muy mono cuando se muestra tan seguro de tener una hija.
Lihua se quedó estupefacta.
«¿No deberías ponerte de mi parte?».
Wei finalmente accedió, muy a su pesar, a comprar también UNAS POCAS cosas de color azul. Pero cuando se trataba de las cosas rosas, simplemente lo metía todo directamente en la cesta.
«Señor, ¿¡piensa vaciar el supermercado!?».
Tras recorrer varios pasillos, finalmente llegaron al lugar donde estaban las cunas. Lihua echó un vistazo con curiosidad y enseguida encontró una que le gustó. La observó por todos los lados e instintivamente tiró del brazo de Wei. —¡Wei, Wei, mira! ¿A que esta cuna es una monada? ¡Es perfecta!
Wei la miró aturdido y a su mano, que se había agarrado a su abrigo. Tembló ligeramente. Era como si su sueño se hiciera realidad.
«¿Por qué… esto no puede durar para siempre…?».
Su mirada se ensombreció, pensando que volverían a separarse una vez que este viaje de compras terminara.
Pero no quería arruinar este precioso momento con Lihua, así que se sobrepuso rápidamente a su melancolía.
Wei se inclinó hacia la cuna para examinarla, la misma que Lihua le estaba mostrando con tanto entusiasmo. Tocó la cuna para mecerla cuando, de repente, Lihua le apartó la mano.
—¡No la mezas! —exclamó con los ojos muy abiertos.
Wei se quedó desconcertado. —¿Por qué?
Ella negó con la cabeza. —He oído por ahí que es un mal presagio. No se debe mecer una cuna vacía. Se considera mala suerte para el bebé —se sintió un poco avergonzada—. S-sé que es solo una superstición…
—No —dijo él de inmediato—. Lo siento. No lo sabía. Superstición o no, si concierne a nuestro hijo, especialmente si es algo malo, entonces yo tampoco lo haré.
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