El Príncipe Jack: El Despertar De Los Legendarios. - Capítulo 29
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Capítulo 29: Capítulo 29: La Aurora del Tiempo y el Espacio Vacío
La lluvia en el **Distrito del Reloj Viejo** no caía; parecía dudar en el aire, suspendida en gotas que reflejaban las luces de neón de la ciudad como diamantes congelados. El tiempo en ese barrio se había vuelto espeso, viscoso, como si el universo contuviera la respiración.
**Jack**, **Sara** y **Zack** se movían por los tejados con extrema precaución. Zack había amplificado su burbuja sónica para incluir no solo el sonido, sino las vibraciones temporales.
—El flujo está roto —susurró Zack, con los ojos muy abiertos tras sus auriculares—. No es solo ralentización. Es un bucle. Algo… o alguien, está viajando dentro del tiempo mismo.
—Entonces hemos llegado a tiempo —dijo **Sara**, ajustando sus dagas. Sus ojos negros escanearon la **Posada del Reloj Viejo**. El edificio no parecía hecho de ladrillo, sino envuelto en una bruma de colores cambiantes, como una **aurora boreal** que emanaba de las ventanas del tercer piso.
Subieron en silencio. Zack neutralizó a los guardias del tejado con pulsos de infrasonido que los dejaron inconscientes antes de que sus cerebros pudieran procesar el cambio de presión. Sara eliminó a los centinelas de la entrada con una precisión quirúrgica, aprovechando que sus movimientos eran lentos, como si estuvieran bajo el agua.
Jack entró en la posada. El aire interior no olía a polvo ni a madera vieja; olía a ozono, a flores antiguas y a electricidad estática. Al llegar al tercer piso, la puerta de la habitación 303 no estaba cerrada; estaba **desdibujada**, sus bordes fluctuaban entre existir y no existir.
Jack empujó la puerta y la escena que encontró lo dejó sin aliento.
En el centro de la habitación, flotando a un metro del suelo, estaba **Luna Chronos**. Pero no era la chica asustada que imaginaban. Era una visión de poder cósmico.
Su cabello, largo hasta la cintura, ya no era simplemente verde y blanco; se había transformado en una cascada viva de **galaxias en movimiento**. Mechas de color **verde esmeralda** fluían hacia puntas **blanco plateado**, extendiéndose por el aire como la **aurora boreal**, ondulando con un ritmo de flujo temporal hipnótico. Cada movimiento de su cabello dejaba estelas de luz de colores que se desvanecían en el tiempo.
Sus ojos, normalmente de un ámbar dorado, ahora eran dos soles brillantes que irradiaban luz de galaxia. Estaba en **Trance Temporal**.
A su alrededor, había un **espacio vacío perfecto**, una esfera de silencio absoluto de cinco metros de diámetro. Dentro de esa esfera, el tiempo no solo se detenía; se reescribía. Las partículas de polvo orbitaban alrededor de ella como pequeños planetas.
Tres **Cazadores de Vacío**, mercenarios de élite de Caspian, yacían tirados en los bordes de esa esfera, aterrorizados. Uno de ellos, con la mano extendida, intentó lanzar una red de energía violeta hacia Luna.
En el instante en que la red cruzó el límite del espacio vacío, la mano del cazador comenzó a parpadear, volviéndose translúcida, luego antigua y polvorienta, y finalmente… desapareció. No fue cortada; fue **borrada de la línea del tiempo**. El cazador gritó, un sonido que sonó como un disco rayado, y cayó al suelo, no muerto, sino **desexistido** parcialmente, convertido en un anciano decrepito en segundos antes de desmayarse por el shock temporal.
—¡No se acerquen! —advirtió Jack, deteniendo a Sara y a Zack en seco con un brazo extendido—. ¿No lo veis? Está en trance. Si interrumpimos su flujo, nos borrará a nosotros también.
Luna flotaba serenamente, ajena al peligro inmediato, viajando por las corrientes del tiempo. Su aura de aurora se expandía, tocando las paredes y haciendo que la madera envejeciera y rejuveneciera en ciclos rápidos.
—Es increíble —murmuró Sara, retrocediendo instintivamente—. Está creando una zona de exclusión temporal. Nadie puede tocarla sin pagar el precio de su propia existencia.
De repente, la puerta del pasillo fue destruida por una explosión de sombras densas. Una figura alta, envuelta en una capa que parecía hecha de noche pura, entró en la habitación. Era un **Comandante de los Genios**, un ser cuya presencia hacía que las sombras de la habitación se alargaran hacia él como súbditos.
—¡Salid de mi camino! —rugió el Comandante, viendo a sus hombres derrotados por el tiempo—. ¡La niña es mía!
El Comandante ignoró la advertencia implícita del espacio vacío. Lanzó una lanza de sombra pura directamente hacia el corazón de Luna, buscando perforar su trance.
—¡Cuidado! —gritó Jack.
Pero antes de que la lanza pudiera cruzar la barrera de aurora, el cabello galáctico de Luna brilló con intensidad fucsia y dorada. La lanza, al entrar en contacto con el flujo temporal acelerado, se oxidó hasta convertirse en polvo en una fracción de segundo. La onda de choque del rechazo temporal lanzó al Comandante contra la pared opuesta, dejándolo jadeando, su armadura de sombra envejecida y agrietada.
Luna abrió los ojos lentamente. Sus pupilas, finas agujas de reloj, giraron salvajemente antes de estabilizarse. La aurora de su cabello comenzó a retraerse, volviendo a su forma física, aunque aún brillaba con destellos de estrellas. Bajó flotando suavemente hasta tocar el suelo, y el espacio vacío a su alrededor se disipó, permitiendo que el tiempo volviera a la normalidad.
Sus ojos ámbar dorado se encontraron con los de Jack. No había miedo en ellos, solo una sabiduría antigua y cansada.
—Casi me obligáis a borrarlo permanentemente —dijo Luna con una voz que resonaba como un eco lejano—. Ese hombre… ha perdido diez años de su vida en un segundo. Es el precio de interrumpir el viaje.
Jack se acercó con cautela, manteniendo las manos visibles y vacías.
—No queríamos interrumpirte, Luna. Solo asegurarnos de que estuvieras a salvo. Soy Jack Frost. Ellos son Sara y Zack.
Luna ladeó la cabeza, estudiándolos. Su cabello, ahora recogido parcialmente en trenzas complejas con flores de cristal, brilló suavemente.
—Lo sé. He visto… ecos de vosotros. En otros tiempos. En algunos, llegabais tarde. En otros, moríais en la puerta. Pero en este… estáis aquí. —Señaló al Comandante gemebundo—. Él no es el único. Hay otro… uno cuya velocidad rivaliza con mi tiempo. Uno que pronto caerá en la oscuridad si no lo ayudamos.
—¿Te refieres a **Shadow**? —preguntó Sara, sorprendida—. ¿El hijo de Steve Wittelsbach?
—Su nombre resuena en el flujo —confirmó Luna, dando un paso hacia Jack—. Tiene el poder de cruzar mis caminos si controla su velocidad. Pero sus ojos… he visto que pronto se nublarán. Los Genios lo buscan. Quieren usar su pureza como arma.
—Entonces no tenemos tiempo que perder —dijo Jack, ofreciéndole la mano—. Ven con nosotros. Tenemos un lugar seguro donde nadie podrá interrumpir tu trance. Y juntos, quizás podamos evitar que ese otro chico caiga.
Luna miró la mano de Jack, luego a sus compañeros. Sintió una estabilidad en su presencia, un ancla en el caos temporal. Asintió y tomó su mano.
—Llevadme allí. Pero advertid a vuestros aliados… cuando yo entre en trance nuevamente, debéis garantizar que nadie, ni siquiera un amigo, cruce mi círculo. El precio es demasiado alto.
—Lo garantizo —prometió Jack.
De repente, Zack tensó la cabeza.
—¡Jack! ¡Los sensores detectan una firma energética masiva acercándose a velocidad hipersónica! ¡Y hay vehículos blindados rodeando el bloque! ¡Si no salimos ahora, nos atrapan!
—Por el conducto del reloj —ordenó Jack—. ¡Rápido!
El grupo salió hacia la torre, con Luna moviéndose con una gracia sobrenatural, sus pies apenas tocando los engranajes. Mientras huían por los tejados bajo la lluvia, Jack miró atrás y vio cómo la posada era rodeada por sombras. Habían rescatado a la Hija del Tiempo, pero la advertencia de Luna sobre Shadow resonaba en su mente.
*Uno cuya velocidad rivaliza con el tiempo.*
*Uno que pronto caerá en la oscuridad.*
Jack apretó los puños. No dejarían que eso sucediera. Encontrarían a Shadow antes de que los Genios lo hicieran. O al menos, lo intentarían. Porque en el tablero de Caspian, las piezas se estaban moviendo más rápido de lo que nadie podía prever.
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