El Príncipe Jack: El Despertar De Los Legendarios. - Capítulo 60
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Capítulo 60: Capítulo 60: La Calma Antes del Eclipse y el Peso de lo Desconocido
El cuarto y último día del receso amaneció con una claridad engañosa en las **Ruinas del Silencio**. El cielo estaba despejado, sin nubes que ocultaran el sol, pero una tensión invisible pesaba sobre el aire, más densa que cualquier tormenta mágica. Tras las revelaciones del día anterior, el equipo ya no entrenaba solo para ganar un torneo; luchaban con la conciencia de que portaban fragmentos de un misterio cósmico que ni siquiera **Sky Thunder** podía comprender.
**Jack Frost** se despertó antes que nadie. Se sentó al borde de la hoguera apagada, mirando sus manos donde la energía del Nexo danzaba suavemente entre azul y rojo. En su mente, **Aelion** permanecía inusualmente silencioso, procesando aún el shock de haber descubierto límites en su propio conocimiento.
*”Es extraño”*, murmuró finalmente la voz del antiguo fundador, sonando reflexiva. *”Durante eones, creí haber mapeado cada rincón del multiverso, cada dimensión creada por mí o por Nyx. Pero esas reliquias… son como ventanas a una habitación cerrada con llave desde el otro lado. Sentir ese poder en Steve, Max y Gabriel es sentir el latido de algo que debería ser imposible.”*
—Quizás eso sea nuestra ventaja —respondió Jack en voz baja, para no despertar a los demás—. Si ni tú sabes qué pueden hacer, Caspian y los Genios tampoco lo sabrán. Lo desconocido es el arma más peligrosa.
Uno a uno, el resto del equipo fue despertando. El ambiente era diferente al de los días anteriores. Ya no había dudas sobre la lealtad de los Emperadores; la verdad los había unido más fuerte que cualquier juramento. **Steve**, **Maximiliano** y **Gabriel** se acercaron a Jack con una postura renovada. Ya no cargaban con la vergüenza de haber sido títeres, sino con la determinación de descubrir el verdadero potencial de sus reliquias en batalla.
—Hoy no entrenaremos hasta el agotamiento —anunció **Steve**, con su voz grave rompiendo el silencio matutino—. Hoy consolidaremos lo aprendido. Confianza. Instinto. Si nuestras reliquias vienen de un lugar desconocido, no podemos controlarlas con lógica antigua. Debemos dejar que fluyan.
La sesión fue breve pero intensa. No hubo simulacros complejos ni estrategias detalladas. Solo ejercicios de sincronización pura.
* **Maximiliano** practicó canalizar la energía de su collar (*Galaktisches Geheimnis*) a través de la luz de **Bella** y **Solar**. Descubrieron que cuando la luz solar tocaba el diamante estelar, este no solo brillaba, sino que proyectaba hologramas de constelaciones desconocidas que confundían a los sensores mágicos.
* **Gabriel** trabajó con **Luna** y **Zack**. Sus ilusiones, potenciadas por los guantes (*Schattenarmee/Goldener Kaiser*), lograron crear espejismos tan tangibles que incluso Luna, con su visión temporal, dudó por un instante cuál era la realidad.
* **Steve** se coordinó con **Jack**. Las sombras de la Máscara (*Dunkler Phönix*) respondieron a la paradoja del Nexo, creando zonas de “gravedad cero” donde el equipo podía moverse a velocidades imposibles.
—Funciona —dijo **Philips Beaufort (FireStorm)**, observando con sus ojos marrones que destellaban multicolor—. Vuestras reliquias no siguen las reglas de nuestra física. Se adaptan. Es como si el universo mismo intentara acomodarlas.
Mientras ellos entrenaban, en lo más profundo de la torre de control del Coliseo, **Victtoria Lightning** realizaba sus últimos ajustes. Su rostro, usualmente altivo y sereno, mostraba una grieta de ansiedad. Había pasado las últimas 48 horas trabajando sin dormir, programando los nodos de supresión, calibrando los campos de gravedad inversa y diseñando las trampas psicológicas específicas para cada miembro del equipo de Jack.
En la pantalla principal, la figura holográfica de **Camilo** apareció, flanqueada por **Marcus** y **Arthur**.
—¿Está todo listo, Victtoria? —preguntó Camilo con esa suavidad engañosa que ocultaba su crueldad.
—Los sistemas están al 100% —respondió ella, sin apartar la vista de los códigos—. He personalizado las trampas. Cuando Bella intente usar su luz, el nodo 7 invertirá su polaridad, cegándola. Cuando el chico Romanov use el sonido, el campo de vacío del sector 3 absorberá cada vibración. Y para los Emperadores… he preparado algo especial. Un inhibidor de frecuencia dimensional basado en los datos que nos disteis sobre sus “supuestos” orígenes.
—Excelente —rio **Marcus**, frotándose las manos—. Mañana, cuando entren en la **Arena del Eclipse**, creerán que están luchando en un campo de juego justo. Pero el suelo bajo sus pies será su tumba.
—Y recuerda tu parte —advirtió **Arthur**, señalando la imagen de Bella en una de las pantallas secundarias—. Cuando el caos estalle, debes estar lista para “rescatarla”. Ella correrá hacia ti buscando protección. Ese será el momento en que la aislarás del grupo y la traerás a nuestra zona de contención.
—Lo sé —dijo Victtoria, con una frialdad que helaría la sangre de cualquiera que la conociera—. Mi hija volverá a mi lado. El resto… pueden caer en el olvido. No me importan Jack Frost, ni los Príncipes, ni esos Emperadores redimidos. Solo importa mi sangre.
Al cortar la comunicación, Victtoria se quedó sola en la sala de control. Por un breve instante, su máscara de villana implacable se resquebrajó. Tocó la pantalla donde se veía la foto de Bella sonriendo, antes de unirse al torneo.
—Pronto, cariño —susurró, con una posesividad enfermiza—. Mamá te sacará de ese nido de mentiras. Te enseñaré que la única familia real somos nosotras. Ellos solo te usan. Yo te protegeré, aunque tenga que destruir el mundo para hacerlo.
De vuelta en las Ruinas, el sol comenzaba a ponerse, tiñendo el cielo de tonos violetas y dorados. El equipo se reunió por última vez antes de partir hacia el Coliseo al amanecer. No hubo grandes discursos. Las palabras sobraban después de todo lo vivido.
—Mañana —dijo **Jack**, mirando a cada uno a los ojos: a sus amigos, a los portadores de anillos, a los Emperadores de reliquias misteriosas, a Philips con su fuego cósmico—, mañana entraremos en la trampa más grande jamás diseñada. Saben nuestros movimientos, conocen nuestras debilidades aparentes y tienen el terreno preparado. Pero hay algo que no han calculado.
—¿El qué? —preguntó **Sara**, ajustando sus dagas.
—Que nosotros sabemos la verdad —respondió Jack, con una sonrisa confiada—. Sabemos que somos más que sus piezas de ajedrez. Sabemos que nuestro poder viene de lugares que ni ellos ni nosotros entendemos del todo. Y sabemos que no luchamos solos. Luchamos juntos.
**Steve** asintió, poniendo una mano en el hombro de Jack.
—Mañana, dejaremos de ser víctimas del pasado. Seremos los arquitectos del futuro. Sin importar qué secretos escondan esas reliquias, los usaremos para proteger lo que importa.
La noche cayó sobre las ruinas. Por última vez antes de la batalla final, el grupo durmió tranquilo, rodeado por el silencio de los antiguos muros. Mañana, el silencio se rompería con el rugido de la Arena del Eclipse. Mañana, las máscaras caerían, las traiciones se revelarían y el destino del multiverso se decidiría no por el poder de los dioses, sino por la voluntad de aquellos que se atreven a desafiarlo.
El amanecer del quinto día traería consigo el inicio del fin. O quizás, el comienzo de una nueva leyenda.
El amanecer del sexto día no trajo la calidez habitual del sol, sino un cielo teñido de un violeta enfermizo y opresivo. Las nubes se arremolinaban sobre el **Coliseo de Cristal** como si el propio clima temiera lo que estaba por ocurrir. Había terminado el receso; la tregua había muerto. Hoy comenzaba la **Fase Final**, el escenario diseñado no para coronar campeones, sino para ejecutar una sentencia.
**Jack Frost** y su equipo caminaron hacia las puertas gigantescas del Coliseo en silencio. No había nerviosismo visible, solo una determinación fría y afilada. Llevaban consigo el peso de la verdad descubierta en las Ruinas del Silencio: sus poderes, especialmente las reliquias de los Emperadores, eran un enigma cósmico, una variable que los villanos no podían predecir.
—Recordad el plan —murmuró Jack sin girar la cabeza, su voz apenas audible para sus aliados más cercanos—. Confianza e instinto. Si algo sale mal, adaptarse. No sigan un guion; sigan su intuición.
—Entendido —respondió **Steve**, ajustándose la capa oscura. Sus ojos grises escaneaban las torres de vigilancia, donde sabía que **Victtoria Lightning** estaría observando.
—Estoy listo para romper sus juguetes —añadió **Gabriel**, haciendo crujir sus nudillos cubiertos por los **Guantes Imperiales**. Los diamantes negros fluían como ríos oscuros bajo la luz tenue del amanecer.
—Que comience el espectáculo —dijo **Maximiliano**, tocando el **Collar de Diamantes** en su pecho, que emitía un zumbido apenas perceptible, como si reconociera la tensión del aire.
Las puertas se abrieron con un estruendo metálico que resonó en todo el distrito neutral. Una multitud inmensa rugió al verlos entrar, pero el sonido parecía distorsionado, como si llegara desde muy lejos. El presentador, cuya voz sonaba extrañamente mecánica y falta de emoción, anunció:
—¡Bienvenidos a la **Fase Final**! ¡El escenario ha sido transformado para honrar a nuestros finalistas! ¡Prepárense para luchar en la… **Arena del Eclipse**!
Al cruzar el umbral, el equipo de Jack se detuvo en seco. La arena que conocían había desaparecido. En su lugar, flotaban múltiples plataformas irregulares de obsidiana negra, conectadas por puentes de energía inestable de color violeta. Sobre ellos, un cielo artificial proyectaba un eclipse solar permanente, donde un anillo de fuego negro rodeaba una luna morada. La gravedad se sentía diferente, más pesada en algunos puntos, casi inexistente en otros.
—Es una trampa a cielo abierto —susurró **Luna**, sus ojos ámbar escaneando el flujo temporal del lugar—. Las líneas de tiempo aquí están retorcidas. Alguien ha manipulado la estructura misma de la realidad en este espacio.
—Victtoria ha hecho bien su trabajo —dijo **Bella**, apretando los puños. Sus ojos violetas brillaban con una mezcla de dolor y rabia—. Conoce cada centímetro de este diseño. Sabe dónde golpear.
De repente, la voz de **Camilo** resonó desde altavoces ocultos en todas las plataformas, seguida por las risas sutiles de **Marcus** y **Arthur**.
—¿Os gusta nuestro pequeño regalo? —dijo Camilo con dulzura venenosa—. Hemos pensado en cada uno de vosotros. En vuestras fortalezas… y en vuestras miserables debilidades. Las reglas son simples: sobrevivid. Los últimos tres en pie pasarán a la ronda final por los premios. Pero advertimos… el suelo bajo vuestros pies es tan traicionero como las personas en quienes confiáis.
—¡Empiecen! —gritó Marcus con brutalidad.
Inmediatamente, el suelo bajo los pies de **Zack** y **Bella** comenzó a vibrar. Un zumbido agudo, casi imperceptible para otros, llenó sus oídos.
—¡Nodos de supresión! —gritó Zack, llevándose las manos a los auriculares—. ¡Están intentando cancelar mi frecuencia!
—¡Mi luz… no responde! —exclamó Bella, viendo cómo las esferas de luz que intentaba crear se apagaban antes de formarse.
Era la primera trampa de Victtoria. Había identificado que la electricidad y la luz eran sus bases y había creado un campo de vacío sónico-lumínico en esa zona específica. Desde la torre de control, Victtoria sonreía con satisfacción.
—Caed, querida Bella. Cuando estés débil, iré por ti. Nadie te protegerá entonces.
Pero lo que Victtoria no había calculado era la variable desconocida.
—¡Ahora, Max! —gritó Jack.
**Maximiliano Windsor** no dudó. Saltó desde su plataforma hacia la de Bella y Zack, extendiendo los brazos. Su **Collar de Diamantes Estelar** (*Galaktisches Geheimnis*) comenzó a brillar con una luz que no era blanca ni dorada, sino de colores cambiantes, como una aurora boreal contenida en una gema.
—¡Si vuestra tecnología bloquea la luz de este universo, probad con la de otro! —rugió Max.
Una onda de energía multicolor emanó del collar, atravesando el campo de supresión como si fuera mantequilla. La energía de las reliquias, proveniente de ese universo misterioso que ni Sky Thunder podía identificar, ignoraba las leyes físicas locales que Victtoria había programado.
La luz de Bella se reactivó instantáneamente, potenciada por la energía estelar del collar, volviéndose cegadora. El sonido de Zack regresó, amplificado hasta convertirse en un cañón sónico.
—¡Imposible! —exclamó Victtoria en su cabina, golpeando la consola—. ¡Los sensores dicen que esa energía no existe en nuestra dimensión! ¿Cómo la están usando?
—¡No bajéis la guardia! —advirtió **Steve Wittelsbach**. El suelo bajo sus propios pies comenzó a inclinarse violentamente, invirtiendo la gravedad. Él y **Jack** fueron lanzados hacia el “cielo” de la arena.
—¡Gravedad inversa! —gritó Steve. Pero en lugar de luchar contra ella, activó su **Máscara Mítica** (*Dunkler Phönix*). Sombras ultravioletas brotaron de la máscara, envolviéndolo a él y a Jack.
—Agarraos a mis sombras —ordenó Steve. Las sombras se comportaron como anclas físicas, ignorando la inversión gravitatoria y permitiéndoles “caminar” por el aire como si fuera suelo firme. La física de la máscara respondía a una lógica diferente, una que la programación de Victtoria no podía anticipar.
Desde las gradas VIP, **Arthur** y **Marcus** observaban con creciente frustración.
—Están contrarrestando cada trampa —gruñó Marcus—. Esa energía de las reliquias… no coincide con ningún patrón conocido.
—No importa —dijo Arthur con una sonrisa fría—. Esto solo era el calentamiento. La verdadera prueba aún no comienza. Y además… tenemos un as bajo la manga que ninguna reliquia misteriosa puede detener. El dolor emocional.
En ese momento, una ilusión masiva se proyectó en el centro de la arena. Era la imagen de **Shadow Wittelsbach**, atado en cadenas de energía oscura, gritando en silencio.
—¡Jack! —parecía decir la ilusión, aunque era solo un eco grabado—. ¡Ayúdame! ¡Me están matando!
El corazón de Jack dio un vuelco. Sabía que podía ser una trampa, pero ver a su amigo así despertó su ira.
—¡Es una distracción! —advirtió **Philips Beaufort (FireStorm)**, sus ojos marrones destellando con preocupación—. ¡No caigas en ello, Jack!
Pero antes de que Jack pudiera responder, el suelo bajo **Solar** y **Marina** se agrietó. Bestias de sombra pura, creadas por la magia combinada de los jueces y la tecnología de Victtoria, emergieron de las grietas. Eran criaturas diseñadas específicamente para cazar portadores de anillos.
—¡Son demasiadas! —gritó Marina, creando un muro de agua que fue inmediatamente corroído por la acidez de las bestias.
—¡Formad círculos defensivos! —ordenó Jack, recuperando el control gracias a la sombra de Steve que lo trajo de vuelta al suelo principal—. ¡No os separéis!
La batalla se desató en toda la arena. Fue un caos de elementos chocando contra tecnología y magia oscura.
* **Gabriel** usó sus guantes para crear ilusiones de espejos que confundieron a las bestias, haciéndolas atacarse entre sí. Su poder de seducción mental funcionó incluso en las criaturas de sombra, volviéndolas dóciles por breves instantes.
* **Luna** aceleró el tiempo alrededor de **Terra** y **Zephyr**, permitiendo que sus ataques de tierra y viento golpearan diez veces más rápido de lo normal, barriendo hordas enteras de enemigos.
* **Philips** desató su **Llama Universal**, cambiando de color constantemente: azul para congelar a las bestias que se acercaban, verde para intoxicar a las que volaban, y rojo para detonarlas a distancia. Su adaptabilidad era la clave que mantenía unido al grupo.
Sin embargo, en la torre de control, **Victtoria** vio su oportunidad. Mientras todos estaban distraídos con las bestias, activó un protocolo secreto. Una jaula de energía amarilla se materializó repentinamente alrededor de **Bella**, aislándola del resto del equipo.
—¡Bella! —gritaron Jack y Sara al unísono.
—Lo siento, cariño —dijo la voz de Victtoria por los altavoces, sonando ahora suave y maternal, una voz que heló la sangre de Bella más que cualquier enemigo—. Es hora de venir a casa. Mamá va a sacarte de ahí.
Una puerta dimensional se abrió detrás de la jaula de Bella. Victtoria, con su traje de batalla amarillo y rojo, cabello ondeando eléctricamente, stepped through. No venía a luchar contra el equipo; venía a “rescatar” a su hija, dispuesta a traicionar a sus aliados con tal de tener a Bella bajo su control.
—¡Aléjate de mí! —gritó Bella, lanzando rayos de luz contra la jaula, pero la tecnología de supresión de Victtoria los absorbía.
—No luches, Bella. Ellos te usan. Yo te protejo —dijo Victtoria, extendiendo una mano hacia su hija, con una mirada de posesión absoluta en sus ojos ámbar.
Jack vio la escena y entendió el verdadero juego. No era solo una batalla de poder; era una guerra por el alma de Bella.
—¡Equipo! —rugió Jack, activando su **Paradoja Pura**, haciendo que el aire a su alrededor se distorsionara—. ¡Romped la formación! ¡Vamos por Bella! ¡Nadie se queda atrás!
La Fase Final había comenzado, y la primera sangre no sería derramada por monstruos, sino por la fractura de una familia manipulada. Las reliquias misteriosas brillaron con fuerza, respondiendo a la desesperación de sus portadores, mientras el destino del torneo pendía de un hilo fino como el cristal.
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