El Proihibido Amor de un CEO - Capítulo 56
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56: Capítulo 56 56: Capítulo 56 Sophie se despertó por los leves golpes en la puerta.
Una recepcionista le entregó un maletín gris.
“Señorita, aquí están los lentes que el Señor Blank encargó más temprano.” “En cuanto llegaron se los he traído.” “Necesita otra cosa?” “Lentes?…ah sí…” Pensó Sophie.
Ella tocó la cara buscándolos.
Ayer los había perdido.
“No, señorita, muchas gracias.” La recepcionista le sonrió y se fue.
Sophie abrió el maletín.
Dentro pudo ver toda clase de lentes.
Se probó varios hasta que encontró unos con los que pudo ver bien.
También había lentes de sol.
De repente se acordó de algo.
“Mi celular?” “Y mi bolsa?” “No…” “Los perdí ayer tambien?” Buscó ropa para cambiarse e intentar buscar sus cosas en la calle.
Pero ahí en el tocador de madera estaba todo.
La bolsa estaba rota, había un poco de dinero dentro de ella.
Pero su celular tenía estrellada la pantalla…
“Ay mi celular?” “No puedo comprarme otro ahora.” Se lamentó Sophie.
Lo tomó en sus manos e intentó encenderlo.
No tenía batería.
“Está muerto…oohh dios.” “Ese chico…
Duncan.” Los recuerdos de la noche pasada llegaron rápido.
Ella recordó la pelea, el quejido sordo.
“Lo habrá matado también?” Duncan aún estaba dormido en la cama.
Sophie lo observó desde el sillón de la habitación.
Se veía diferente dormido.
Mucho menos agresivo, mando y malo.
Fruncía un poco el ceño como si estuviera teniendo una pesadilla.
Sophie estiró su delicada mano para acariciciarle con delicadeza el cabello.
Con sus dedos le alisó la frente.
Lo arropó bien con la sábana para después asomarse por la ventana de la habitación.
El murmullo del mar era muy relajante.
Las palmeras se movían ligeramente por el viento y todo el ambiente olía a sal marina.
La mañana era fresca, poco a poco el sol comenzaba a emitir sus cálidos rayos.
Sophie en bata de baño, se sentó en la silla del balcón.
Ella reflexionó sobre lo que pasó después de que Duncan la salvó de su atacante.
No solo no se había molestado con ella.
Ella había tomado el control.
Le había exigido a Duncan que la complaciera muchas veces hasta bien entrada la madrugada.
“Debió ser afrodisíaco lo que ese chico me dió…” Meditó mientras un aroma delicioso llegaba a su nariz.
Alguien estaba asando pescado y eso despertó su hambre.
No había comido nada desde ayer en la mañana.
Regresó a la habitación y dudó si despertar a Duncan o no.
Era raro que ella despertara antes que Él.
Por eso ahora lo podía ver sin miedo.
Su cuerpo tonificado se notaba través de la delgada sábana.
Su bella cara, sus labios, sus grandes y suaves manos.
Sophie comenzó a respirar rápido al verlo.
“Que es esto que siento?” Para relajarse, Sophie abrió el closet para buscar que ponerse.
El vestido floreado blanco largo y otras sandalias se le veían muy bien.
Se maquilló poco, puso especial énfasis en ciertas “marcas”, tomó un sombrero y un collar.
Sophie se miró al espejo desde todos los ángulos y si.
Ella se veía muy bien.
“Le avisaré.” Sophie quería bajar a desayunar algo al comedor, tenía hambre.
“Duncan…
Duncan…” Dijo tratando de despertarlo mientras lo movía un poco con su mano.
Duncan escuchó a lo lejos su nombre y trató de abrir los ojos.
Solo había dormido una o dos horas en toda la madrugada.
“Duncan, tengo hambre.” “Puedo bajar al restaurant a comer algo?” “Está bien, pero solamente a comer, de acuerdo?” “Verifica el número de habitación, lleva la llave, no la pierdas.” Replicó Duncan más dormido que despierto.
“Gracias, descansa.” Sophie susurró agradeciendole.
Sin hacer ruido, cerró la puerta y se fue.
Ella se sintió como si le hubiera pedido permiso a su padre para salir a jugar.
El restaurant del hotel era enorme y había mucha gente, turistas en su mayoría, de todas nacionalidades.
Sophie se acercó a las mesas de buffet con toda clase de delicias estaban a su disposición.
Mesas con fruta picada, postres, sopas, platillos preparados, café, jugos, té, cereal y mucho más ella observó con cuidado.
Los platos blancos estaban dispuestos en una mesa especial.
Sophie tomó uno y cubiertos para comer.
Divisó una mesa pequeña sola y ahí dejó un plato y sus cubiertos.
Regresó a las mesas y se sirvió un poco de todo.
Estaba tan feliz de estar ahí, a salvó, en su mente le dió las gracias a Duncan por haberla salvado anoche.
Con gracia, se sentó en la mesa que daba frente a la ventana abierta y la brisa marina le alborotó un poco el cabello.
Duncan la miraba desde lejos.
Nunca la había visto así, relajada y hermosa.
De madrugada había terminado con sus pendientes, debido a eso Duncan había dormido solo un par de horas en total.
Pero después de escucharla que ella bajaría sola, se vistió y salió a buscarla.
Emily comía pequeños bocados de fruta cuando Edward se sentó frente a ella.
“Buenos días.” Dijo ella feliz.
“Buenos días comelona.” Con una servilleta, Duncan le limpió la comisura de la boca que estaba manchada de fresas.
Sophie no supo que hacer, pero se quedó quieta hasta que Él terminó.
Entonces ella vió la comida que había en los platos que Duncan trajo a la mesa.
Carne, pollo, sopas picantes, pan…
“Con razón le duele el estómago muy seguido.” Pensó Sophie.
“Duncan, no crees que es demasiado temprano para que comas tan pesado?” Preguntó la niña preocupada.
“Hum?” Duncan miró sus platos.
Esto era un desayuno ligero para Él.
“No comes verduras?” Cuestionó Sophie.
“Acaso soy un conejo?” Respondió groseramente Duncan.
“Las verduras y frutas en el desayuno son excelentes para tu estómago.” “Puedes comer algo de carne pero…” “Sería más provechoso para ti comer huevos, jugo de fruta fresca y algo de..” Le informó Sophie.
“No me des órdenes.” Contestó Duncan molesto.
“Que?” “No te daba órdenes, lo siento.” Sophie bajó la cabeza.
Comenzó a comer más despacio y en silencio.
Ella había dicho eso por su bien.
“Entonces que puedo comer en el desayuno?” Duncan preguntó al verla suspirar triste.
“Puedo servirte yo?” Preguntó Sophie audaz.
Tenía una buena razón.
En esa playa no tenía las hierbas con las que le hacía su té y ella ignoraba si podría conseguirlas en ese lugar.
Duncan era muy molesto con dolor de estómago.
O con cualquier otro dolor.
Sin esperar su respuesta, Sophie se levantó.
Le trajo un plato pequeño de frutas picadas, un plato de huevo con verduras, té y pan integral dulce.
Duncan comparó los desayunos y no le agradó el de Sophie.
Pero ella lo veía con expectativa…
“Entonces esto debo comer?” Preguntó Duncan frustrado.
“Puedes comer pescado si quieres, hay a la plancha…” “Está bien esto, pero que haremos con lo demás?” “Podemos pedir que lo pongan para llevar?” Duncan suspiró por la petición de la niña.
Él se concentró en comer.
Sophie lo imitó.
Ambos desayunaron con la música tranquila de comedor y el barullo de la gente.
Duncan, por primera vez en su vida y con mucha pena pidió que le pusieran la comida para llevar.
Nunca antes Duncan había hecho eso.
Sophie le dijo que era desperdiciar comida si lo dejaba ya que nadie más podía comerlo.
Duncan no pensaba igual, pero de todas formas lo hizo.
Sophie caminaba alegre por la arena con una bolsa de comida.
Admiraba el mar, los botes a la lejanía, las palmeras, las gaviotas, el sol y las nubes.
Se sostenía el sombrero con una mano y Duncan la seguía detrás.
El sol hacia que su cabello y su piel brillará.
Entonces surgió una duda en Él que lo hizo apresurar el paso.
La agarró del brazo y la miró con atención.
La agarró del brazo y la miró con atención.
No se le veían chupetones ni marcas.
Sophie notando que la “inspeccionaba con lupa” se rió de Él.
“Máquillaje.” Dijo tranquilizandolo.
Duncan le soltó el brazo.
Pasó su brazo por su cintura, le quitó la bolsa de la mano mientras le preguntaba.
“No te sientes cansada o mal?” Anoche ambos habían retozado muchas veces en la cama en tan variadas posiciones.
Duncan si estaba un poco cansado.
“No, porque?” “Debería saber que droga fue para usarla yo…” Pensó Duncan con malicia.
Siguieron caminando hasta el fin de la playa privada y regresaron al hotel.
“Podemos ir a la alberca?” Sophie preguntó.
“No, acabas de comer.” “Es dañino nadar después de comer.” Replicó Duncan.
“Solo quiero meter mis pies, no sé nadar.” Respondió apenada la niña.
“De acuerdo.” La alberca estaba llena de niños, mujeres y hombres.
Duncan se sentó en un silla larga y Sophie a su lado.
Se quitó el vestido y Duncan inmediatamente la tapó con la toalla.
“Quien te dijo que podías ponerte bikini?” Preguntó con enfado.
“Hay algo malo en mi traje de baño?” “Yo creo que me veo bien.” Inocentemente declaró Sophie.
“Demasiado bien…” Pensó Duncan.
“Será mejor que te dejes puesto el vestido si solo quieres meter los pies o nos iremos a la habitación…” “Mandón.” Pensó Sophie.
***By Liliana Situ***
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