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El Proihibido Amor de un CEO - Capítulo 71

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71: Capítulo 71 71: Capítulo 71 El piloto condujo a Duncan a la cabina para que Él mismo escuchará las indicaciones de la torre de control.

“Repito, nave privada XCRS, NO tiene permitido salir.” “Repito, tiene NEGADO despegar, pues las rachas de viento lo derribara antes de alcanzar una altura segura.” “Repito, NO puede despegar, escuchó nave privada?” Un hombre repetía por la radio.

Duncan golpeó el asiento del piloto impotente y regresó con Sophie.

“Lo mejor será que nos alejemos en auto del huracán, no lo crees?” Le sugirió Sophie al ver que no se movían y ninguna otra nave lo hacía.

“Puede ser…” “Podemos llegar a otra ciudad más alejada y de ahí intentar tomar otro vuelo.” Consideró Duncan.

“Andando.” Duncan tomó la mano de la chica mientras que marcaba el número del chófer indicándole que se preparara.

El piloto sacó sus equipajes y los puso en el maletero del auto.

Ambos se sentaron en la parte trasera del auto para alejarse del aeropuerto.

Comenzó a llover un poco más fuerte.

El auto iba lento.

Sophie se sorprendió de la fuerza de la tormenta.

Nunca había visto en vivo olas tan enormes rompiendo bruscamente contra las rocas.

La lluvia y relámpagos eran aterradores.

“Tienes miedo?” Preguntó Duncan al verla acurrucada en el asiento mirando por la ventana.

“Un poco sí, pero tengo más frío.” Sophie respondió subiendo sus pies al asiento.

Ella se abrazó en un intento de calentarse.

Duncan sacó una frazada y se la puso encima.

“Gracias.” Sonrió Sophie.

Las palmeras al lado del camino se movían de lado a lado con fuerza.

Una de ellas cayó en el camino detrás de ellos y ambos escucharon el ruido sordo que hizo al caer.

“Apresúrate.” Duncan urgió al chófer.

Quería salir de ese camino lo antes posible.

Sophie se recostó en el pecho de Duncan abrazandolo.

Ya no quería ver más lo que pasaba afuera.

El viento incluso movía el auto hacia un lado.

“Cierra los ojos y abrázame.” Duncan le susurró al oído.

“Si.” Fue lo único que pudo decir Sophie.

El chófer manejaba más despacio y con más precaución.

Los limpiaparabrisas del auto no alcanzaban a dejar ver todo el camino.

Las luces iluminaban muy poco.

El camino se volvió más solitario, la lluvia dejó de arreciar tan fuerte conforme se alejaban de la playa.

El ruido de la lluvia golpeando fuertemente el auto fue disminuyendo.

Todos se sintieron aliviados.

Sophie dejó de abrazar tan fuerte a Duncan y se incorporó para poder ver dónde estaban.

“Ya dejamos un poco atrás el huracán.” Comentó Duncan dándole un beso.

“Eso fue aterrador.” Murmuró aliviada Sophie.

El coche avanzó más rápido y entraron a otro pueblo costero.

No se detuvieron hasta que la lluvia dejo de perseguirlos.

Duncan buscó en su GPS un lugar para poder comer algo y poder descansar un poco.

Un hotel de cinco estrellas los esperaba a unos metros, por lo que ellos entraron.

Sophie por fin pudo elegir ropa adecuada.

Ella se cambió rápidamente en el baño del restaurant del hotel.

Con jeans, sudadera y tenis, ella se sentía cómoda y abrigada.

Los chupetones en su piel casi se desvanecían por completo, como el sueño de ese viaje.

Sophie peinó su cabello con un coleta alta antes de salir de baño.

Ella observó que en el restaurante había mucha gente que también huía de la tormenta.

Los meseros no se daban abasto y los comensales aumentaban a cada minuto.

Duncan ya había ordenado algo de comida para los tres, por lo que ahora solo esperaban que les sirvieran.

Sophie tomó asiento escuchando lo que ellos decían.

Duncan y el chófer discutían las rutas hacia el próximo aeropuerto.

Hablando por celular, Duncan quedaba de acuerdo con otro piloto para que los llevara a la ciudad.

Sophie comía observando a todos a su alrededor.

Mucha gente con niños pequeños, parejas y personas grandes se miraban algo asustadas.

El débil sol que aún se podía sentir en ese lugar poco a poco se fue ocultando.

Las negras nubes se acercaron con rapidez.

Muchas personas pagaron la cuenta y volvieron a sus autos para seguir sus caminos.

Los tres, de vuelta en el auto revisaban sus celulares en busca de noticias.

Por la tormenta, no había luz ni internet ni servicios de telefonía celular.

Ninguno podía hablar ni mandar mensajes ya.

Su única esperanza era llegar a la pista del aeropuerto cercano.

Los relámpagos y truenos se escucharon demasiado fuerte y cerca de todo ese pueblo.

Dentro del auto, Sophie observó una pequeña niña de pie al lado del estacionamiento que caminaba hacia un auto.

Ella le dijo al conductor que se detuviera.

Rápidamente, Sophie abrió la puerta para poder cargar a la nena que debía de tener menos de tres años.

La pequeña no comprendía el peligro que corría en ese estacionamiento sola.

La lluvia comenzaba a caer, Duncan salió del auto para indicarle a Sophie que regresara para poder irse.

Una mujer corrió detrás de ellos y le agradeció a Sophie por haber resguardado a su hija.

Duncan arrastró a Sophie de vuelta al auto antes de que un gran estruendo se escuchara en el cielo.

El cielo se iluminó por el rayo y el fuego.

El relámpago impactó contra una palapa, prendiendole fuego!

“Entra ahora, Sophie!” “Debemos irnos ya!” Gritó Duncan.

Ambos entraron al auto.

Sophie miró las llamas y a la gente del hotel correr con mangueras para poder apagar el incendio.

Afortunadamente, la lluvia les ayudó.

Al haber solo un único camino de salida, los carros se habían formado esperando turno para salir del estacionamiento.

Pero las personas del hotel les impidieron el paso hasta que el incendio estuvo controlado y apagado.

Los truenos no dejaban de escucharse, el cielo se oscureció violentamente.

Los claxones de los autos sonaban fuerte exigiendo que los dejarán salir.

Para su buena suerte, poco a poco fueron avanzando.

Algunos autos tomaron diversos caminos y ellos se alejaron hacía el avión.

La lluvia cayó como una densa cortina, por lo que el conductor bajó la velocidad, de nuevo.

De verdad que era aterrador el poder de la naturaleza.

Sophie se retorcía las manos muy nerviosa y preocupada.

Duncan trataba de obtener señal en su celular, pero no obtenía nada.

Desesperado cambió a otra configuración.

Sophie lo escuchó murmurar algo.

El ruido de la lluvia contra la lámina del auto era ensordecedor.

De pronto una piedra voló hacia ellos y astilló el parabrisas del lado de pasajero delantero asustando a todos por el ruido.

“Debo detenerme, la lluvia es demasiado fuerte!” Gritó el conductor con miedo.

“No!” “Nos quedaremos varados y tal vez se inunden las calles!” “De esa forma, mucho menos podremos salir, déjame manejar a mi!” Duncan ansioso gritó.

Sin salir del auto ambos cambiaron de lugares.

“Protegela.” Ordenó al chófer, refiriéndose a Sophie.

Duncan ya había manejado así en incontables ocasiones.

La lluvia dió un poco de tregua y por fin llegaron a la pista privada.

Debido a las constantes tormentas y huracanes, el hangar estaba reforzado y esta construido con concreto sólido.

Las ventanas del lugar ya estaban cerradas con cortinas de acero.

El piloto les indicó que podrían salir en dos horas, cuando la intensidad de la lluvia disminuyera.

Todo estaba oscuro, por lo que permanecieron en el auto para mayor seguridad.

Duncan acariciaba a Sophie para poder recuperar su tranquilidad.

Sophie se quedó dormida y soñó de nuevo con ella corriendo en la playa de niña.

Esta vez cuando llegaba al prado, una mujer la cargaba y la consolaba.

Tal como lo había hecho ella con la nena del estacionamiento del hotel.

Un ruido fuerte la despertó y pudo escuchar el motor del avión que retrocedía para salir del hangar.

El equipaje ya estaba dentro del avión, por lo que ellos subieron antes de que saliera por completo del hangar.

Pero para su desgracia aún no había disminuido la lluvia.

Ya eran más de las tres de la tarde y ellos aún no podían abordar el avión.

Sophie nerviosa por primera vez sintió un hueco en el estómago cuando tuvieron que descender de nuevo.

Cerraban el hangar cuando una ráfaga de aire intensa se coló y tiró unas cajas que estaban cerca de Sophie aplastándola.

“Sophie!” Gritó Duncan, quien se apresuró a quitarle las cajas de encima.

La puerta del hangar se tambaleaba por la fuerza del aire, amenazando con derribarla por completo.

Duncan localizó la mano de Sophie en el suelo y la jaló fuera de las cajas.

La chica sangraba de la cabeza y de la frente.

Estaba inconsciente.

“Sophie, reacciona.” “Sophie, despierta!” Repetía nervioso Duncan mientras que recargaba a la chica en su pecho tratando de hacerla reaccionar.

Sophie escuchó su nombre en la oscuridad donde estaba.

Era Duncan.

De espaldas a ella se alejaba con la mano enlazada con la de otra chica.

Sophie los veía ponerse de perfil y besarse.

Ella cayó de rodillas destrozada.

“Vivian será mi esposa y tú solo fuiste mi pasatiempo.” Habló Duncan mirándola con desdén mientras que Vivian esbozaba una sonrisa burlona.

Sophie gritó fuerte en su sueño.

“No te cases con ella, yo te amo, Duncan!” En el mundo real, Duncan quien comprobaba su respiración y detenía el sangrado de sus heridas, observó cuando la chica frunció el ceño.

Una lágrima cayó de su ojo izquierdo.

Sophie murmuró…

“No te cases con ella, yo te amo, Duncan.” ***By Liliana Situ***

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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