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El Proihibido Amor de un CEO - Capítulo 73

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73: Capítulo 73 73: Capítulo 73 Para distraerla le contó con lujo de detalle lo bueno que había sido Joshua con ella.

Y lo mucho que la había consolado después de romper con ese desgraciado celoso de su ex novio.

Sophie se rió un poco con las ocurrencias de ella y se olvidó de su dolor momentáneamente.

Por la noche, Sophie tomó sus medicamentos para el dolor y se sentó en el borde de la cama mirando el piso.

“Sophie, no te preocupes más…” “Te prometemos que iremos todos juntos de vacaciones.” Comentó Molly dándole un beso y abrazo de buenas noches.

Decker le dió un abrazo tierno a la niña y ambos salieron del cuarto.

Sophie suspiró y decidió seguir adelante con lo que había pensado esa mañana.

Apenas en la mañana había despertado en brazos de Él.

Duncan por su parte regresó a su frío departamento y se dió un baño.

Se vistió con su habitual traje y corbata y fue a visitar a su abuela y hermana.

Les llevaba recuerdos curiosos que había comprado y enviado con anticipación.

Impersonal como siempre, saludó a su abuela y su hermana para después entregarles unas bolsas a ambas.

“Que bueno que ese huracán no te lastimó niño.” La abuela Blank hizo su observación más preocupada aún después de escuchar que su nieto tuvo que ir a otro aeropuerto para que el avión pidiera despegar.

“Dinos hermano, fue muy aterrador?” Lo cuestionó Denisse.

“Si.” Fue todo lo que Duncan contestó.

“Bueno, lo importante es que estás bien y ahora tenemos para celebrar que mi nieto me trajo de recuerdo…” “Que cosa son Duncan?” Cuestionó la abuela Gigi.

“Artesanías de conchas, abuela.” Respondió Duncan, sacando una figura curiosa hecha totalmente de conchas.

Eran figuras idénticas a las que Sophie había comprado.

Las de ella aún seguían empacadas dentro de su maleta.

Duncan se había sentido incapaz de afrontar su soledad después de pasar esos días con Sophie, por eso había ido con su abuela.

Era mejor que fumar solo en el departamento.

La cena fue amena para ellas, pero E Duncan volvía a fijar su mente en los pendientes que tenía en su empresa.

Además de todos los compromisos que tenía a partir del siguiente día.

Después de la cena, la abuela Gigi llamó de nuevo a Duncan al estudio para hablar en privado con Él.

“Abuela, no quiero casarme con Vivian.” Comentó Duncan encendiendo un cigarrillo.

“Mocoso, ya está arreglado, no puedes retractarte ahora.” “A menos que tengas alguien mucho mejor que la señorita Sinclare en mente.” La abuela habló de forma perspicaz.

“Alguien mejor?” Pensó Duncan.

Su abuela estudió su expresión y notó que dudaba.

“Si es de esa forma, entonces lo indicado es que debes preséntamela y decidiré.” “Tu padre no podrá obligarte si yo considero mejor a la otra chica.” La abuela Gigi se sentó en su silla con gracia y elegancia como la reina que es.

Nadie se atreve a contradecir a la Matriarca de la familia Blank.

Sus órdenes son incuestionables.

Duncan la escuchó en silencio y valoró sus palabras.

Se despidió en silencio de ella y de Dennise antes de que regresara a su departamento.

Un asistente de Duncan sacó del maletero del auto la maleta de Sophie junto con la pequeña maleta que estaba algo abollada.

Cuando estuvo de nuevo solo en su departamento, Duncan se sirvió whisky para darse valor.

Valor para afrontar el día siguiente, pues Vivian ahora trabajaba en su empresa como asistente especial.

Valor para afrontar a sus competidores y enemigos.

Valor para seguir indagando si Annie estaba muerta.

Sophie en esa habitación, se levantó y observó por la ventana.

Los autos pasaban por la calle.

Personas caminaban apuradas hacia sus destinos o paseaban a sus perros.

La tímida luna se escondía detrás de una nube en ese cielo negro azulado salpicado de estrellas.

A lo lejos unos fuegos artificiales le llamaron la atención.

Le recordaron los que habían presenciado ese día de la boda en la playa.

“Pobrecita, debe de estar muy conmocionada y asustada aún por lo que le pasó.” Comentó Molly mientras se untaba pomada en sus heridas.

“Déjame ponerte la pomada yo, mi amor.” Decker pidió mientras se frotaba las manos para calentarlas.

“Molly, creo que ya casi estás curada de tus heridas y quiero preguntarte algo….” “Algo que he venido pensando desde hace un tiempo.” La voz de Decker sonaba un poco indecisa y con nerviosismo, por lo que Molly se extrañó.

“Dios mío, irá a terminar conmigo?” Pensó asustada Molly.

“Porque?” “Habré hecho algo mal?” “Es porque me secuestraron y duda de mi todavía?” Molly tensó su cuerpo, su corazón latía descontrolada y dolorosamente.

Los oídos le zumbaban y un hueco frío y profundo se me formó en la boca del estómago.

Decker se levantó y abrió su caja fuerte.

De ella sacó una pequeña caja que escondió en su bolsillo del pantalón.

Molly respiraba con dificultad por el miedo de lo que oiría a continuación.

El timbre del departamento sonó.

Molesto por la interrupción, Decker fue a ver quién era.

“Abre la puerta Decker.” Sally ordenó de forma altanera.

Estaba enojada porque la tarjeta de crédito que le había dado Decker había sido cancelada.

Era la última tarjeta que había sido cancelada.

En los últimos días, Decker le había retirado todo el apoyo poco a poco.

Sally se había acostumbrado a gastar, a manos llenas el dinero del joven Martz.

“Porque cancelaste la tarjeta, Decker?” “Me despedirás también?” Preguntó Sally entrando a la fuerza al departamento.

“Sally, ya hablamos de esto.” Habló Decker molesto.

“No hay más que decir, vete.” Decker pidió en tono firme.

“No hasta ver a la zorra que me robó lo que era mío.” Gritó ella.

Molly salió de la habitación.

Ambas se miraron por un segundo antes de que Sally se acercara a ella para intentar abofetearla.

“Conmigo no te metas ni con Decker estúpida, no soy frágil para que me lastimes.” Molly escupió sus fuertes palabras tomando la mano de Sally con fuerza.

Decker era demasiado amable con esa estúpida, pero Molly no se dejaría intimidar tan fácilmente.

“Escúchame bien, maldita Sally.” “Decker no te despedirá, pero debes de cuidar tu puesto pues te vigilaré de cerca para que no intentes dañarlo con algún truco sucio…” La amenazó Molly.

“Ya veremos quién es mejor para Él zorra.” Sally empujó a Molly liberando su mano de su fuerte agarre.

“Y tu, será mejor que pienses bien quien te conviene.” Comentó Sally señalando a Decker.

“La vulgar y corriente ex prometida de Duncan Asher Blank…” “Pues Molly sigue siendo la burla de la clase alta por lo que Él le hizo a ella y su familia…” “O puedes continuar conmigo y no ser señalado por todos cuando asistas a eventos de etiqueta.” “Lárgate de aquí estúpida!

” “No eres nadie para venir a reclamar nada!” Sophie vociferó hacía la altanera chica cuando escuchó esas dolorosas palabras.

Sally se sorprendió al escuchar sus duras palabras, pues recordaba que Sophie siempre había sido amable y linda.

“Sophie, no pensé que fueras así…” “Veo que lo grosero viene de familia..” Sally se dió la vuelta y salió enfadada del departamento.

“Muy pronto me vengaré de ti Decker por haberme abandonado por esa mujer vulgar.” Pensó con malicia Sally.

Sophie regresó a la cama y se acostó para tratar de dormir después de esa escena.

Molly estaba tan molesta que le dolía el estómago.

Decker volvió a abrir la caja fuerte y guardó dentro la pequeña cajita.

Fue y abrazó a Molly quien comenzó a llorar.

Ella en verdad creía que siempre la estigmatizarían como la “ex-prometida” de Duncan que fue castigada junto con toda su familia.

Sophie cerró los ojos y las palabras “ex-prometida” daban vueltas en su cabeza.

Era cierto.

Molly era la ex-prometida de Duncan.

Las palabras de Sally la regresaron a la realidad.

Sophie sintió que había vivido unos días dentro de una puesta de escena.

Duncan había representado el fingido papel de amante preocupado por ella.

Y ella había representado el papel de ingenua e incauta por creerle sus mentiras.

Al final, la obra debía terminar como la ópera a la que había asistido.

En ella la joven había sido víctima del engaño del protagonista y se quedaba sola deseando la muerte.

Eso había entendido ella Sophie.

Ahora, la chica se sentia más vacía que antes.

Duncan, solo en su departamento, abrió el equipaje de Sophie.

Toda su ropa olía a ella y fresas.

Desbloqueó su celular y buscó en la galería alguna foto de ella.

Cuando encontró una selfie que le gustó, le tomó una foto con su celular y apagó el teléfono de ella.

Lo dejó dentro de su equipaje y se lo dió a un asistente.

“Entrega estas maletas a la señorita Sophie Musen mañana mismo.” Tenerlas cerca era una tortura para Él.

Así como le dijo que ya no le haría más chupetones también le dijo que ya no la dañaría más.

Por eso se prometió tratar de dejar de verla.

Sentado en la oscuridad, maldijo ese huracán que había terminado todo de improviso.

Duncan deseó poder seguir en esa playa con ella a su lado.

Sus ojos se cerraron para concentrarse en otras cosas importantes.

Duncan encerró sus recuerdos y la foto de ella muy dentro de Él.

***By Liliana Situ****

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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