El Protocolo Aethelgard - Capítulo 42
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- Capítulo 42 - 42 Capítulo 42 Elara - Punto de Ruptura Final del Volumen 1
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42: Capítulo 42: Elara – Punto de Ruptura (Final del Volumen 1) 42: Capítulo 42: Elara – Punto de Ruptura (Final del Volumen 1) Las luces de las linternas tácticas cortaban la oscuridad polvorienta del segundo nivel en ruinas, acercándose implacablemente.
Elara podía distinguir ahora las siluetas: tres figuras, moviéndose en formación de combate, con cascos y armaduras corporales oscuras que parecían absorber la luz.
Sus armas, rifles de energía compactos, estaban levantadas y listas.
Eran profesionales de Grado Cero, sin duda.
“Sujetos localizados,” crepitó una voz filtrada por un comunicador.
“Vehículo incapacitado.
Procedan con protocolo de contención no letal para ambos activos.
Prioridad: Espécimen 14.” Ambos activos.
Así que también la consideraban a ella un objetivo principal ahora.
Su infiltración, el robo del núcleo, el rescate…
había cruzado todas las líneas.
Elara se agachó detrás de los restos retorcidos del panel de control del deslizador, usando la carcasa del vehículo como cobertura precaria.
Empujó a Maya aún más abajo, protegiéndola con su propio cuerpo.
La pistola PPS se sentía pequeña e inadecuada en su mano sudorosa.
“¡Salgan con las manos visibles!”, ordenó la voz principal.
“No tienen escapatoria.
Cooperen y no resultarán heridas.” Elara sabía que era una mentira.
La “contención no letal” de Grado Cero probablemente significaba drogas incapacitantes, restricciones físicas y una vida de experimentación en alguna instalación aún peor que la del Sector Kappa.
No era una opción.
Respiró hondo, intentando calmar el martilleo de su corazón.
Miró sus 7 PS.
Inútiles.
Miró a Maya, que temblaba incontrolablemente a su lado.
La energía azulada alrededor de la niña era un débil parpadeo errático, ahogado por el miedo.
Necesitaba crear una oportunidad, una distracción, por pequeña que fuera.
Apuntó la PPS hacia la linterna más cercana y disparó.
El proyectil subsónico impactó en la fuente de luz con un chasquido, sumiendo esa parte de la habitación en una oscuridad más profunda.
Los agentes reaccionaron instantáneamente, devolviendo el fuego con descargas de energía no letal que impactaron contra la carcasa del deslizador, haciendo saltar chispas y llenando el aire con olor a metal quemado y ozono.
Una de las descargas la rozó, una sacudida dolorosa que le entumeció el brazo.
“¡Fuego de supresión!
¡Avancen!”, ordenó la voz principal.
Estaban cerrando el cerco.
En unos segundos estarían sobre ellas.
La desesperación era un sabor amargo en la boca de Elara.
Había fallado.
Había intentado proteger a Maya, construir algo, luchar…
y las había llevado a una trampa mortal.
Mientras los agentes avanzaban, disparando andanadas de energía que iluminaban la habitación en destellos estroboscópicos, algo dentro de Elara se rompió.
La frustración.
La ira.
El miedo por Maya.
La imagen de sus padres muertos.
Todo convergió en un único punto de furia helada.
Y entonces, ocurrió algo inesperado.
La interfaz del Sistema, normalmente reactiva o pasiva, parpadeó con una intensidad inusual.
[Detectado: Estado emocional extremo del Usuario Primario.] [Detectado: Niveles de estrés crítico en Fragmento Aliado.] [Condiciones de Contingencia para ‘Sinergia Inestable’ alcanzadas.] [ADVERTENCIA: Activación de Protocolo ‘Punto de Ruptura’ inminente.
Fusión temporal forzada de fragmentos.
Consecuencias impredecibles.
¡Pérdida de control probable!] Antes de que Elara pudiera procesar el significado de esa advertencia, sintió como si su mente fuera arrancada de su cuerpo y sumergida de nuevo en la tormenta de miedo y energía cruda que era Maya, pero esta vez fue diferente.
No era una conexión, era una fusión.
Sus pensamientos se mezclaron con los de Maya, su lógica analítica luchando contra el pánico infantil, su voluntad de luchar fusionándose con la energía bio-eléctrica latente de la niña.
Sintió el poder de Maya surgiendo, incontrolable, pero ahora…
dirigido.
Guiado por su propia furia desesperada.
Maya gritó, un sonido que no era del todo suyo, un eco de dos almas atrapadas.
Y el mundo explotó en luz azul.
Una onda de choque de pura energía bio-eléctrica surgió del deslizador destrozado.
No fue dirigida, fue una explosión omnidireccional de poder bruto.
Los proyectiles de energía no letal de los agentes se disiparon inofensivamente al contacto con la onda.
Las luces de sus cascos parpadearon y se apagaron.
Sus armas emitieron chispas y dejaron de funcionar.
La propia estructura del edificio gimió bajo la tensión.
Los tres agentes fueron lanzados hacia atrás como muñecos de trapo, golpeándose contra las paredes y cayendo inmóviles, sus armaduras oscurecidas y humeantes donde la energía los había tocado.
El silencio que siguió fue ensordecedor, roto solo por el crepitar residual de la energía y el gemido bajo de Maya, que se había desmayado por el esfuerzo.
Elara sintió como si la hubieran vaciado por completo.
La conexión forzada se rompió, dejándola jadeando, temblando, con un dolor de cabeza atroz y una desorientación profunda.
Miró sus manos: débiles arcos azules todavía danzaban entre sus dedos antes de desvanecerse.
¿Había sido ella?
¿Maya?
¿Ambas?
[Protocolo ‘Punto de Ruptura’ finalizado.
Estabilidad del Sistema: Crítica.] [Habilidades Temporalmente Desactivadas.
PS Bloqueados.] [Recalibración necesaria…] La interfaz parpadeó erráticamente y luego se atenuó hasta volverse casi invisible.
El Sistema estaba…
¿dañado?
¿Reiniciándose?
Se obligó a moverse, ignorando el dolor y el agotamiento.
Comprobó a Maya: inconsciente pero respirando.
Comprobó a los agentes: estaban vivos, pero completamente incapacitados, sus armaduras probablemente habían absorbido lo peor, pero sus sistemas electrónicos estaban fritos.
Habían sobrevivido.
Habían ganado esta ronda, de una manera aterradora e impredecible.
Pero el coste era alto.
Estaban heridas, agotadas, sin vehículo, con el Sistema inoperativo, y Grado Cero ahora sabía exactamente de lo que eran capaces, al menos juntas.
Recogió a la inconsciente Maya en brazos.
Era sorprendentemente ligera, o quizás era la adrenalina residual la que le daba fuerzas.
Miró a su alrededor, a la destrucción causada por la explosión de energía.
Tenían que salir de allí antes de que llegaran refuerzos, y esta vez, no habría vehículo de escape.
Cojeando, cargando a Maya, Elara se dirigió hacia una ventana rota en el otro extremo del segundo nivel, que daba a un tejado inferior de un edificio adyacente.
La única salida visible.
Mientras salía al aire frío y contaminado, mirando hacia la extensión ruinosa de las zonas industriales y, más allá, las luces distantes de Neo-Veridia, una única certeza se solidificó en su mente exhausta: esto era solo el comienzo.
La guerra silenciosa acababa de volverse muy ruidosa.
Y ella y Maya estaban justo en el centro.
FIN DEL VOLUMEN 1
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