El Proveedor de Elixires - Capítulo 314
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314: La conciencia de un Doctor 314: La conciencia de un Doctor La conciencia del doctor no le permitió desentenderse del asunto.
No se le ocurrían muchas personas a las que acudir, así que fue a buscar a Wang Yao.
—Vamos.
Pan Jun llevó a los dos ancianos.
El coche de Wang Yao lo seguía por detrás.
Llegaron al Condado de Lianshan en menos de veinte minutos.
Pan Jun dejó primero a los dos ancianos en la estación.
Estaban agradecidos y no paraban de decir que habían conocido a una buena persona, lo que hizo que Pan Jun se sintiera avergonzado.
Salió de la estación y fue al Hospital Popular del Condado de Lianshan con Wang Yao.
—¿Dónde está el paciente?
—En el departamento de cardiología.
—¿Sufre un problema del corazón?
—Eso es lo que deduje cuando estaba en urgencias, pero el informe de los análisis indica que la composición de su sangre es problemática.
Mientras subían las escaleras, hablaron sobre el estado del paciente que iban a ver.
—Hola, Dr.
Pan.
—Hola.
Algunos médicos y enfermeras saludaron a Pan Jun por el camino.
Él también los saludó uno por uno.
A juzgar por la situación, se podía ver que Pan Jun era bastante popular en este hospital.
—Es aquí.
El departamento de cardiología estaba en el octavo piso.
Pan Jun llevó a Wang Yao a la habitación donde se encontraba el paciente.
El paciente que yacía en la cama se encontraba muy mal.
Parecía tener unos sesenta años.
Estaba en los huesos, como los fumadores empedernidos de la televisión o los refugiados que no han comido en mucho tiempo.
Al lado de la cama había una mujer de unos treinta y tantos años, que parecía ser una pariente.
Avanzaron unos pasos.
La respiración del paciente era irregular y pesada.
—Pan, ¿por qué estás aquí?
Justo cuando Wang Yao se disponía a tomarle el pulso al paciente para observar detalladamente su estado, un médico entró en la habitación.
—Ah, he venido a echar un vistazo.
—Pan Jun se sintió un poco avergonzado de repente.
Después de todo, él no era el responsable de ese departamento.
Además, no notificó a sus colegas antes de venir.
Aunque no tenía mala intención, esto significaba que estaba cuestionando las habilidades de sus colegas.
—¿Por qué?
¿Estás preocupado por este paciente?
—preguntó su colega.
—Sí, estoy un poco preocupado.
Su estado era más crítico cuando ingresó ayer en urgencias —respondió Pan Jun con una sonrisa.
—Su estado ha mejorado mucho.
Básicamente está estable —dijo el doctor, también con una sonrisa—.
Piensas demasiado.
—Eso está bien, entonces.
Eso está bien —respondió Pan Jun.
Mientras hablaban, Wang Yao colocó discretamente su dedo en la muñeca del paciente.
Tenía los brazos un poco fríos y el pulso débil.
No eran buenas señales.
¿Eh?
—¿Qué está haciendo?
—La pariente del paciente se había percatado de las acciones de Wang Yao.
—Nada.
Tiene los brazos al descubierto y hace un poco de frío —respondió Wang Yao con una sonrisa.
—¿Y este quién es?
—El doctor miró a Wang Yao.
—Oh, es amigo mío.
—Cuando se disponía a presentarlos, vio una señal de Wang Yao.
Entonces, charló un poco más con su colega e hizo ademán de marcharse.
Tras salir de la habitación, Pan Jun preguntó: —¿Qué tal?
—¿El paciente está hospitalizado por un infarto de miocardio?
—Sí —respondió Pan Jun.
Esa enfermedad se había vuelto cada vez más común.
También había una tendencia a que la padecieran personas más jóvenes.
—¿No le hicieron un chequeo corporal completo?
—Le hicimos una ecografía doppler a color y un electrocardiograma cuando estaba en urgencias.
—¿No descubrieron ningún otro problema?
—No.
¿Qué pasa?
—¿No descubrieron que tenía un tumor en el hígado?
—replicó Wang Yao.
—¿Tumor?
¿Es benigno o maligno?
—Pan Jun se sorprendió.
—Es maligno —respondió Wang Yao tras un breve silencio.
Un tumor maligno significaba que lo más probable es que fuera cáncer.
—No debería ser así.
Con el nivel tecnológico de la medicina actual, esto debería ser más fácil de determinar.
—Esto no puede quedar así.
Tengo que hablar con él.
—Tras decir esto, Pan Jun fue a buscar a su colega.
Al cabo de un rato, regresó con no muy buena cara.
—¿Qué pasa?
—Le van a hacer una RMN mañana.
—Entonces deberían descubrirlo —respondió Wang Yao—.
¿Tu colega puso alguna objeción?
—Sí, un poco.
Aunque el colega de Pan Jun seguía sonriendo cuando este fue a contárselo, había una indirecta en su respuesta.
Pensaba que Pan Jun se estaba extralimitando.
De hecho, algunos departamentos menospreciaban al de urgencias.
Los médicos de allí normalmente sabían un poco de todo, pero no estaban especializados en nada.
Tras recibir a los pacientes, tenían que transferirlos a los diversos departamentos especializados.
—Ya hicimos lo que pudimos.
Lo que pase a continuación dependerá de ellos —dijo Wang Yao.
A raíz de este incidente, su opinión sobre Pan Jun había mejorado mucho.
Con la moral que imperaba, era raro encontrar médicos tan responsables.
—Por cierto, ¿está en una fase temprana o…?
—Está en la fase inicial.
Si lo tratan a tiempo, puede que aún tenga una oportunidad —respondió Wang Yao.
—Mañana volveré a pasarme por aquí.
Ya era más de la una de la tarde cuando salieron del hospital.
Pan Jun insistió en invitar a comer a Wang Yao como muestra de gratitud.
Wang Yao no pudo declinar su invitation, así que aceptó.
Pan Jun eligió un restaurante de categoría y pidió muchos platos.
—Solo somos dos.
¿Crees que podremos con todo esto?
—¿Por qué no llamas a algunos de tus amigos?
Con los que comimos la última vez —sugirió Pan Jun.
—De acuerdo.
Les preguntaré.
Wang Yao llamó a Wang Mingbao y a los otros.
Al cabo de un rato, llegaron Wei Hai y Wang Mingbao.
Li Maoshuang ya había almorzado.
Además, en ese momento estaba en casa de su suegra, así que no pudo ir.
No era la primera vez que se encontraban con Pan Jun.
—¿Qué haces hoy por la ciudad?
Pan Jun explicó lo que había sucedido.
—Vaya, hoy en día escasean los médicos como tú —dijo Wei Hai.
Pan Jun suspiró y respondió: —Es solo que estoy preocupado.
Mientras charlaban, Wang Yao pensaba en el paciente que había diagnosticado un rato antes.
La medicación podría ser capaz de suprimir el tumor en su fase inicial.
Los tumores malignos eran un obstáculo que la medicina se esforzaba por superar.
En la sociedad moderna, el cáncer se había convertido en una de las tres mayores amenazas para la salud humana.
Una vez que a alguien le diagnosticaban cáncer, básicamente significaba una sentencia de muerte.
—¿En qué piensas?
—Al ver que Wang Yao estaba algo perdido en sus pensamientos, Wang Mingbao le dio un suave codazo.
—En nada.
—Vamos a beber.
—Sí, bebamos.
Bebieron cerveza.
Vivían en el Condado de Lianshan, así que no era un problema para ellos dejar sus coches aparcados.
Sin embargo, Wang Yao no podía beber, por lo que tomó té.
Ya eran casi las tres de la tarde cuando salieron del restaurante.
—No conduzcan.
—Claro que no podemos.
Ahora son muy estrictos con la conducción bajo los efectos del alcohol.
—Oigan, ¿por qué no buscamos un karaoke y cantamos un rato?
—sugirió Wei Hai.
—Olvídalo.
Yo tengo que volver.
Vayan ustedes sin mí —respondió Wang Yao.
—Vámonos —dijo Pan Jun.
Wang Yao se despidió y condujo de regreso a la aldea de la montaña.
Al llegar, descubrió a dos personas que esperaban fuera del centro médico.
Eran una pareja de unos cuarenta años, bien vestidos y con aspecto saludable.
Parecían ser un matrimonio.
Al ver que Wang Yao abría la puerta, se sorprendieron y preguntaron: —¿Es usted el Dr.
Wang?
—Sí, ¿y ustedes?
Entonces explicaron el motivo de su visita.
Resultó que eran de la vecina Houping.
Habían oído por casualidad que en esta aldea de la montaña había un médico con una extraordinaria tecnología farmacéutica.
Como ese día tenían tiempo y pasaban por la aldea, habían venido especialmente a echar un vistazo.
—Pasen, hablemos dentro.
Wang Yao los invitó a pasar al centro médico.
—El entorno es agradable.
—¿Desean recibir tratamiento?
—Wang Yao los miró.
Tenían buen aspecto y una mirada despierta.
Su respiración también era regular.
No parecían enfermos.
—No, no.
No somos nosotros.
Es por nuestro hijo.
—¿No ha venido con ustedes?
—Debido a su estado, no le resulta muy conveniente venir —respondió el hombre con un suspiro.
—Dr.
Wang, ¿podría hacer una visita a domicilio?
—Lo siento, por ahora no puedo —dijo Wang Yao.
—Entonces, ¿cuándo está usted aquí?
—Normalmente estoy aquí.
Tras hacer algunas preguntas más, la pareja hizo ademán de marcharse.
—Es demasiado joven.
¿No será un estafador?
—No lo parece —respondió el hombre de mediana edad.
—Entonces traeremos a nuestro hijo.
—De acuerdo.
El coche negro abandonó la aldea de la montaña.
—Ahí va otro coche.
—Oye, ¿a qué se dedica exactamente el hijo de Fenghua?
¿Por qué no paran de venir coches?
—Vienen a comprar medicinas.
—Pues no lo parece.
Por la noche, llovió por primera vez después del comienzo del otoño.
Solo llovió durante dos horas y no lo hizo con fuerza.
Con la ligera lluvia, las hierbas medicinales del campo de la colina parecieron haber crecido más durante la noche.
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