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El Proveedor de Elixires - Capítulo 74

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74: Dios te bendiga mucho 74: Dios te bendiga mucho ¿Se imaginan a una buena señorita explicándote cómo conquistar a una chica hermosa con toda clase de malos métodos y soluciones, incluyendo medidas tan extremas como emborracharla y luego llevársela a un hotel para acostarse con ella?

Lo más extraño era que Wang Ru estaba muy emocionada mientras hablaba de ello.

—Hermana, ¿de verdad eres mi hermana?

¡¿No te habrán recogido de por ahí?!

—dijo Wang Yao, tapándose la frente.

—¡Deja de decir tonterías!

¿No te da vergüenza hablar de esa chica?

¡Qué poca vergüenza!

—Zhang Xiuying dio un golpe en la mesa para interrumpir a Wang Ru.

—Mamá.

Le estoy enseñando a Yao.

Es tan inocente, y las hierbas lo han atontado.

Hasta deja pasar la oportunidad con una chica.

—Deberías pensar en ti.

¡Ya casi es fin de año!

—A comer.

Tengo hambre.

—Wang Ru cambió de tema cuando se trató de ella.

Después de eso, Wang Ru se enteró del ataque que había sufrido Wang Yao.

—¿Quién fue?

¡¿Llevaba mucho tiempo vigilándote?!

—preguntó Wang Ru, preocupada.

—No pasa nada.

No era del pueblo y ahora está en el hospital.

Había oído hablar de él a través de Wang Mingbao.

Era un forastero sin trabajo fijo que se pasaba el día holgazaneando.

Siempre andaba metido en líos.

También formaba parte de una pandilla.

Ya había estado en la cárcel por robo y, como reincidió, sería condenado con dureza.

Le caerían entre tres y cinco años de prisión.

—Yao incluso sabe Kung Fu —mencionó Zhang Xiuying.

—Sabes Kung Fu.

¿Quién te enseñó?

¿Ese viejo doctor de medicina china?

¿Tai Chi, Bagua, Boxeo Hong o Wing Chun?

—Wang Ru se emocionó de repente.

Wang Yao forzó una sonrisa y se tocó la frente.

La casa siempre se volvía ruidosa cuando su hermana regresaba.

Después de la cena, se quedó un rato en casa hablando con su familia.

Luego, subió solo a la colina.

Las súplicas de sus padres y su hermana no lograron hacerle cambiar de opinión.

Las hierbas de la colina eran su sustento.

La colina era muy tranquila, en claro contraste con su ruidosa familia.

Aunque no le importaba el alboroto de vez en cuando.

Le recordaba que tenía una familia y que no estaba solo en el mundo.

Wang Yao no durmió.

En su lugar, preparó té y leyó los Clásicos Naturales a la luz de la lámpara.

La cabaña estaba en silencio y él se sentía en paz.

Entró de nuevo en aquel estado mágico.

Era la concepción artística creada por los libros.

Leía el libro despacio.

Pasó dos horas en apenas unas páginas.

Cuando salió de esa concepción artística, su mano izquierda se movió ligeramente y una corriente cálida recorrió su cuerpo.

Qué sorprendente.

A la mañana siguiente, además de sembrar en el campo y de su práctica diaria, Wang Yao le cambió los vendajes al águila.

Esta vez, no atacó a Wang Yao, pues sabía que la estaba ayudando.

La herida estaba cicatrizando; se recuperaría pronto.

Wang Yao tocó inconscientemente las plumas del águila como si fuera San Xian.

El águila lo miró fijamente sin protestar.

Wang Yao sonrió, feliz.

Al mediodía, hubo un gran banquete en casa.

Asaron un pollo grande que habían criado y su madre fue al pueblo a comprar ternera.

En la mesa, Wang Ru devoraba la carne felizmente.

Tenía las manos y la cara cubiertas de grasa.

Se la podría describir como una chica elegante, pero también como una refugiada hambrienta.

—Hermana, ¿qué haces estos días en la ciudad?

¿Solo holgazanear?

—preguntó Wang Yao con una sonrisa.

—Me da mucha pereza, y los restaurantes están muy sucios.

Así que yo…
—Más despacio.

¡Nadie te va a quitar la comida!

—dijo Zhang Xiuying—.

¿Cómo puede una chica comer tanta carne?

—Me gusta la carne, pero por suerte no engordo —dijo Wang Ru.

La familia estaba feliz de estar reunida.

Wang Yao también bebió licor con su padre.

Era el Moutai que le había regalado Tian Yuantu.

Estaba delicioso; era el mejor licor del país.

Sin embargo, Wang Yao no opinaba lo mismo.

Él creía que el té negro era mejor, pero su padre lo disfrutó muchísimo.

Por la tarde, Wang Yao hizo algunas marcas en la colina y dibujó un boceto en su cabaña.

Se estaba preparando para ampliar la plantación de sus hierbas, pero lo primero era crear una ilusión de cinco líneas más grande para evitarse problemas innecesarios.

«Ahora la tierra está helada; tendré que plantarlas en primavera».

En ese corto periodo de tiempo, debía planificar exactamente qué plantas poner y dónde, como el tipo de árboles, la combinación de árboles y arbustos, y la disposición de la plantación de hierbas medicinales.

Todo esto debía planificarse con esmero, por lo que llevaría mucho tiempo.

Sin embargo, no tenía prisa.

La misión asignada aleatoriamente por el sistema no conllevaba un castigo tan terrible por fracasar.

Tras un día ajetreado, Wang Yao regresó a casa para cenar con su familia.

Charlaron animadamente.

La vida era maravillosa.

Al día siguiente, era fin de semana.

Eran las diez de la mañana y Wang Ru subió a la colina.

Para entonces, Wang Yao ya casi había terminado su trabajo.

Se preparó una taza de té y se puso a leer un libro, en un momento de total tranquilidad.

—Yao.

De verdad que te admiro —dijo Wang Ru con sinceridad—.

No tienes que ir a trabajar ni tienes que andar pendiente de los demás.

Te libras de tener que tratar con otras personas.

Eso es genial.

Y lo más importante es que, además, puedes ganar una fortuna así.

—Eso último es lo más importante, ¿verdad?

—Wang Yao sonrió mientras le servía una taza de té a su hermana.

—Sí.

Yo me mato a trabajar en mi unidad y solo gano tres mil yuan al mes.

Sin embargo, tú puedes ganar diez veces ese sueldo solo con vender hierbas.

¡Creo que Dios te ha bendecido mucho!

—suspiró Wang Ru.

—Sí.

Yo también estoy de acuerdo.

—Wang Yao miró al cielo y sonrió.

¿Por qué tendría él un sistema tan misterioso?

—El día que renuncie a mi trabajo, vendré a trabajar contigo.

—No hay problema.

Recibirás el mismo trato que San Xian.

Guau, guau, guau.

San Xian ladró al oír su nombre.

—¿Qué has dicho?

—dijo Wang Ru mientras le tiraba de la oreja a Wang Yao.

—¡Ah, ay!

¡Ay!

¡Que duele!

—gritó Wang Yao.

Después de meterse con Wang Yao, Wang Ru fue a dar una vuelta por el campo.

—Ah.

¿Qué es eso?

—Al poco rato, encontró al águila herida.

Como para el águila ella era una extraña, se preparó para luchar.

Wang Ru se asustó y retrocedió instintivamente.

Aquella bestia era el rey de los cielos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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