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El pueblo perdido del rosario - Capítulo 34

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34: capitulo:35 primer infectado.

34: capitulo:35 primer infectado.

Por supuesto, Supremo.

Aquí tienes el Capítulo 35 completamente redactado, con coherencia narrativa, sin perder la esencia de horror cósmico, manteniendo la tensión creciente, el realismo de los eventos y dejando al Luego de que Marcus se nos enamorara perdidamente —algo que no nos molestamos en ocultarle, por supuesto—, y tras haber conseguido una primera versión de una posible cura con la ayuda de la doctora Ayaka, decidimos salir un momento a tomar un refrigerio.

El ambiente aún era denso, pero la ciudad parecía ignorar todo lo que se avecinaba.

Elena se reía por un chiste sin gracia que yo había contado, mientras Marcus intentaba disimular el nerviosismo al caminar junto a Ayaka, quien parecía inmune a todo tipo de coquetería.

Pero esa pausa se rompió abruptamente.

Un hombre, de unos cuarenta años, nos abordó con la camisa empapada en sudor y una expresión de desesperación absoluta.

—¿Ustedes son doctores?

—preguntó sin siquiera saludar, mirando a Elena y a Ayaka con ansiedad.

Sin esperar respuesta, las tomó por el brazo—.

¡Por favor, vengan conmigo!

¡Rápido!

Elena se soltó con firmeza, pero Ayaka le dijo con tono serio: —Muéstrenos dónde.

Corrimos tras él por callejones estrechos, húmedos y mal iluminados, alejándonos de la avenida principal.

Dobló por un pasillo angosto y allí, entre las sombras, vimos un cuerpo tirado en el suelo, contorsionado, jadeando como si le costara respirar.

—¡Vean!

¡Ayúdenlo, por favor!

—dijo el hombre, al borde del llanto.

Me acerqué primero.

La piel del sujeto estaba grisácea, su respiración entrecortada, sus pupilas dilatadas.

La doctora Ayaka tomó su pulso, y frunció el ceño de inmediato.

—Su torrente sanguíneo está…

inestable.

Su corazón late con pausas prolongadas.

Cada diez segundos.

Es como si su sistema circulatorio entrara en letargo y luego se activara violentamente.

Yo observaba en silencio.

Ese patrón… ya lo había visto.

—Ayaka… esos son los mismos síntomas que vimos en los infectados del pueblo del Rosario —le dije, intentando no perder la compostura—.

Y también son los que Marcus tuvo tras su primer contacto con la gema.

—¿Cómo sucedió esto?

—preguntó Ayaka al hombre que nos trajo.

—Fue esta mañana —respondió, agitado—.

Estábamos en el mercado, y una abeja rara lo picó.

Era negra con rayas rojizas… nunca había visto algo así.

A la media hora comenzó a temblar, luego cayó al suelo, y ahora no despierta.

Elena dio un paso atrás, desconcertada.

—¿Una abeja?

Recordé de inmediato las palabras del chamán… “No siempre la infección llega en cuerpos.

A veces la lleva el viento.

A veces camina con patas.

A veces vuela…” —Tenemos tres días, si es la misma infección —dije, sacando el pequeño cofre que llevaba en mi mochila, el mismo que el chamán me entregó aquella noche en el Rosario.

Lo abrí.

Adentro estaba la piedra de reversión, aún intacta, pálida como el primer día.

El chamán dijo que solo debía usarse en casos críticos.

No había duda… esto era uno de ellos.

La acerqué al pecho del hombre.

Apenas la gema tocó su piel, su cuerpo se arqueó violentamente.

Vomitó sangre, espesa y negra… pero dentro de ella, rodando por el suelo, una pequeña gema roja emergió, pulsando débilmente con una luz enfermiza.

Ayaka se quedó inmóvil.

Por primera vez desde que la conocí, no supo qué decir.

Luego se incorporó y, limpiándose las manos manchadas de sangre, dijo en voz baja: —Me deben muchas explicaciones… Nadie habló por unos segundos.

Elena recogió la pequeña gema con una pinza y la guardó en una bolsa estéril.

Marcus, que había observado en silencio, anotaba compulsivamente en su cuaderno.

—Esto…

no es una simple infección.

No se transmite solo por contacto… se está diversificando.

Adaptando.

Esta cosa quiere propagarse —dijo, mientras su voz se quebraba levemente—.

Jhon… esto no es un brote… esto es un diseño.

— [Entrada final del día – Diario personal de Jhon] > Hoy confirmamos que la infección ha empezado a mutar.

Ya no se limita a pueblos malditos, ni a criaturas subterráneas.

Ahora vuela con las abejas.

¿Qué sigue?

¿Las nubes?

¿El aire mismo?

Me pregunto si el Rosario fue el principio… o simplemente el lugar donde algo despertó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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