El pueblo perdido del rosario - Capítulo 41
- Inicio
- Todas las novelas
- El pueblo perdido del rosario
- Capítulo 41 - 41 capitulo41 confusión
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
41: capitulo:41 confusión.
41: capitulo:41 confusión.
Volvimos a Estados Unidos al amanecer, cargando una verdad que quemaba en nuestras mentes como un fuego silencioso.
Mientras recorríamos los cielos, Ayaka y Marcus repasaban documentos científicos en sus tabletas.
Antes de partir hacia el Rosario, habían dejado muestras de la posible cura en manos de su equipo de investigación.
A nuestra llegada, recibimos noticias esperanzadoras: la cura había sido replicada con éxito, y las primeras pruebas masivas comenzaban a distribuirse bajo una campaña global de emergencia.
El mundo, sin saberlo, pendía de un hilo invisible.
Nos dirigimos inmediatamente al pueblo donde estaba Joseph.
Desde fuera, todo parecía igual: un asentamiento pequeño, rural, de arquitectura casi colonial.
Pero algo era distinto… el tiempo aquí no avanzaba igual.
Las personas nos recibieron con una mezcla de alegría y desconfianza.
Joseph fue el primero en abrazarnos.
—Han pasado siete meses desde que despertamos —nos dijo con voz grave—.
Nadie ha podido salir del pueblo, pero nosotros sí recordamos todo desde que abrimos los ojos.
Creamos una economía propia, cultivamos, criamos animales… sobrevivimos.
Pero hay algo que no encaja.
Lo miré directamente.
—Joseph, tenemos información valiosa.
Hablamos con el chamán y el cazador de la Tribu del Oso Blanco.
Este pueblo… está dentro de un ciclo.
Está destinado a reiniciar una y otra vez.
Joseph asintió lentamente, como si ya lo supiera.
—Últimamente, algunos han comenzado a enfermar.
Les aparecen brotes extraños en la piel… como si su cuerpo rechazara su propia existencia.
—Tenemos una posible cura —interrumpió Elena—.
Pero no sabemos si funcionará aquí… si esto es lo que creemos que es.
Joseph nos dio su permiso.
Ayaka y Elena fueron con él a atender a los enfermos.
Mientras tanto, Marcus y yo caminamos por el borde del pueblo.
Pero algo nos detuvo.
—¿Lo notas?
—dijo Marcus, con la voz cargada de tensión.
El pueblo… crecía hacia adentro.
Entre más nos adentrábamos, más parecía expandirse.
No había forma lógica de explicar lo que estábamos viendo.
Una geometría imposible, como si los límites del espacio se hubiesen rendido ante una fuerza mayor.
A lo lejos, más allá de unas colinas que no existían cuando llegamos, llanuras inmensas se extendían hasta el horizonte, y en ellas, criaturas aladas de alas membranosas surcaban el cielo.
—¡Jhon!
—gritó Marcus, jadeando—.
Esto… este lugar viola todas las leyes conocidas.
Las leyes de la física, de la lógica, de la realidad misma.
Afuera parece un pueblo.
Pero dentro… dentro es otro mundo.
Estaba a punto de contestarle, cuando Joseph se acercó desde atrás con un gesto tranquilo, como si nada fuera extraño.
—Pues claro que es otro mundo —dijo con naturalidad—.
Estamos en el planeta Kamish.
¿Acaso van a decirme que nunca han visto seres amorfos en este planeta?
Nos quedamos congelados.
—¿De qué estás hablando?
—preguntó Marcus, incrédulo.
—De lo obvio —respondió Joseph—.
Este lugar… no está en la Tierra.
Nunca lo estuvo.
Desde que cruzaron el umbral del Rosario, dejaron su mundo atrás.
Me di cuenta entonces.
Las personas, las casas, incluso los animales… eran ecos.
Ecos de una historia que se repetía infinitamente, pero no en nuestro plano.
Las leyes humanas no se aplicaban aquí porque ya no éramos humanos en el sentido tradicional.
Algo más había moldeado este lugar.
Con razón no pueden salir a nuestro mundial dijo Marcus.
Pero entonces porque nosotros si podemos entrar?
Eso es fácil dijo Joseph las leyes de la física aquí no funcionan para nosotros pero si para ustedes por ende si quieren volver a su mundo original solo tienen que salir del pueblo.
Ayaka regresó junto a Elena.
Habían logrado inyectar a una decena de infectados.
—¿Funcionó?
—pregunté con el corazón en la garganta.
Ayaka me miró.
—si la mayoría ya expulso la piedra de sangre y an mejorado en cuanto a salud.
pero otros simplemente se desintegraron sin dejar rastro.
Joseph bajó la cabeza.
—Eso pasa cuando introduces orden donde el caos es soberano.
Todo se detuvo por un momento.
Una brisa gelida nos acarició el rostro, como si algo invisible respirara sobre nuestras piel.
Y entonces, un zumbido lejano comenzó a emerger desde el suelo, como si el mismo planeta hablara a través del temblor de sus entrañas.
Y comprendimos una sola cosa.
Ya no había marcha atras.
Pues aquel extraño ser nos observaba desde aquellas llanuras a lo lejos….
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com