El pueblo perdido del rosario - Capítulo 55
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55: Capitulo:55 revelación 55: Capitulo:55 revelación —Ya veo, John… al fin descubriste quién era la voz en tu subconsciente —susurró el Oráculo cuya presencia parecia etérea—.
Lo supiste mucho antes de lo normal.
—¿Qué quieres decir con eso?
—pregunté, mientras las sombras que nos rodeaban parecían agitarse, como si escucharan nuestra conversación.
—Como te dije antes, tus decisiones están cambiando el curso de esta realidad.
Normalmente, conoces a tu subconsciente mucho más adelante, en otro punto del futuro…
pero ahora ya sabes quién soy, y eso ocurre mucho antes de lo previsto.
Su voz, aunque calmada, tenía un tono que me heló los huesos.
—Además —continuó—, sé que viste a Marcus en el Reino Onírico, esa línea tenue entre la vida y la muerte.
Dime, John… ¿qué te dijo Marcus allí?
—Dijo… que el verdadero peligro no es el Señor Durmiente del Abismo, sino su heraldo, Valphast.
Que es él quien busca revivirlo, aunque nadie sabe por qué.
¿Estás seguro de que solo te dijo eso?
—preguntó con un susurro casi humano.
—Bueno… también me habló de un dios primordial.
Uno que venció al Durmiente del Abismo en el principio de los tiempos.
Me dijo que debía encontrarlo.
Hubo un silencio extraño.
Luego, la voz rió, con una mezcla de sorpresa y temor.
—Vaya… eso es información nueva.
De pronto, un sonido metálico resonó en la base.
—¡Alerta!
¡Alerta!
La voz de Charlie interrumpió la calma.
—¡Señor Frédéric, disculpe la interrupción, pero debe venir a ver esto de inmediato!
— ¿Qué sucede, Charlie?
—preguntó Frédéric, mientras se dirigía al centro de mando.
Las pantallas temblaban y mostraban una silueta gigantesca emergiendo de las profundidades del océano.
— ¿Qué demonios es esa cosa?
—preguntó el presidente.
—No lo sé, señor… pero al parecer… es el Leviatán —respondió Charlie con voz temblorosa—.
Se dirige hacia la Fosa de las Marianas, el abismo donde siguen apareciendo criaturas monstruosas.
El silencio fue total.
Solo se oía el zumbido eléctrico de los monitores.
—Esto es… imposible —dijo el Oráculo, rompiendo el mutismo—.
Si esa bestia bíblica existe, entonces los otros tres monstruos legendarios también deben existir.
Frédéric se volvió hacia él.
—¿Estás diciendo que… los textos sagrados eran verdaderos?
El Oráculo ascendiendo con lentitud.
—Sí… lo que significa que el dios que buscamos… es el Padre de Jesús.
El Dios Padre Todopoderoso.
Una vibración recorrió el lugar, como si el mundo mismo temblara ante la mención de ese nombre.
La voz del Oráculo continuó, esta vez con una mezcla de emoción y desesperación: —Después de más de siete millones de bucles temporales, por fin obtuve la pieza clave… la información que necesitábamos.
—¿De qué hablas?
—pregunté, confundido.
—En esta realidad, John, tus decisiones cambiaron los eventos que suelen repetirse idénticos en todas las líneas del tiempo.
Eso alteró la estructura del destino… y por fin obtuvimos la respuesta final.
—¿Estás diciendo… que el dios primigenio es Dios?
¿El Dios cristiano al que más del ochenta por ciento del mundo adora?
—Así es —dijo el Oráculo—.
Imagina esto: al principio, Dios creó los cielos y la tierra.
Separó la luz de las tinieblas e hizo el mundo en siete días.
Pero… ¿qué había antes de eso?
Nadie.
—Antes de todo —continuó—, solo existía el caos primigenio.
Dios sabía que su creación no podría sostenerse sin equilibrio, pues el bien necesita del mal para existir.
Por eso no destruyó el caos… lo selló.
Ese caos es el Durmiente del Abismo.
Una brisa gélida recorrió la habitación.
—Valphast —prosiguió— ha intentado liberar a su amo en repetidas ocasiones.
Las primeras pruebas fueron Sodoma y Gomorra, las ciudades del pecado extremo.
Dios lo notó… y las destruyó, dejando con vida solo a tres personas.
El Oráculo caminó lentamente hacia la pantalla donde se veía el Leviatán emergiendo entre olas colosales.
—La segunda vez —dijo— fue mediante los Nefilim.
Valphast se disfrazó de varios ángeles y engendró hijos con mortales, creando abominaciones.
Entonces Dios envió el Diluvio, inundando el mundo para exterminar la plaga.
—Entonces… —intervino Frédéric—, ¿por eso creó Dios a los guardianes?
—Exactamente.
Tres guardianes que despertarían en el fin de los tiempos: el Leviatán, el Behemot y el Ziz, un fénix tan colosal que puede cubrir el sol con sus alas.
El silencio volvió a apoderarse del lugar.
—Entonces el Apocalipsis… —dije lentamente— …no es el fin del mundo.
Es una antigua guerra.
—Así es —confirmó el Oráculo—.
Valphast vio su oportunidad hace millas de años, manipulando a un hombre que lo perdió todo.
Ese hombre sacrificó al pueblo del Rosario… creyendo que así salvaría algo.
—Entonces… todo comenzó ahí —susurró Frédéric—.
En ese maldito pueblo.
El Oráculo ascendiendo con gravedad.
—Ahora solo queda encontrar al Anticristo.
Es la pieza clave para contactar al verdadero Dios Supremo.
—Y ¿dónde está?
—pregunté.
El Oráculo me miró con una tristeza infinita.
—Aún no ha nacido… pero su llegada… está muy, muy cerca.
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