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El Regreso de la Heredera Alfa - Capítulo 28

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  3. Capítulo 28 - 28 Clarissa - De vuelta a la Academia
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28: Clarissa – De vuelta a la Academia 28: Clarissa – De vuelta a la Academia Después de más de una semana en el hospital y unos días en casa, por fin regresé a la academia.

Ahora era oficialmente una estudiante de la mejor clase, ya no formaba parte de la segunda mejor.

Pero todavía tenía que recoger las cosas que había dejado en mi antigua aula.

Mientras caminaba por el conocido pasillo, mis pasos se sentían ligeros y firmes.

Varios estudiantes me señalaron sin disimulo a mi paso.

No sabría decir si era por la cicatriz de cinco centímetros en mi mejilla o porque ya conocían mi identidad…
En cualquier caso, no era la primera vez que era el centro de atención, así que no pensaba reaccionar.

Mantuve un ritmo tranquilo y controlado, hasta que dos rostros conocidos de la clase de al lado me cerraron el paso.

Una de ellas habló con un tono falsamente amigable.

—Clarissa, mi primo es hijo del Beta de su manada y me ha hablado de ti.

¿De verdad eres la hij—?

—¿Quién eres?

—la interrumpí con brusquedad.

Soltó una risa forzada y avergonzada.

—Soy de la clase B.

Nos hemos cruzado un montón de veces…

La interrumpí de nuevo.

—Ah, ya me acuerdo.

Tú eres la que preguntó si mis ojos morados me los habían inyectado mis padres criminales, ¿verdad?

Su rostro palideció al instante.

Seguramente pensó que no recordaría insultos lanzados a la ligera como ese, pero yo era mucho más rencorosa de lo que la gente suponía.

Incluso recordaba todos los rostros de quienes se rieron de mí cuando Fani me intimidó en el vestíbulo, y de eso hacía ya meses.

Seguí caminando sin importarme cómo reaccionaban ellas o los estudiantes que lo habían oído.

Cuando entré en mi aula, al menos nadie fingió amabilidad.

A juzgar por los susurros, parecía que eran muy conscientes de cómo me habían tratado hasta entonces.

—Clarissa de verdad se ha convertido en la hija del Alfa Green.

¿No vas a hablarle?

—Hazlo tú, si te atreves.

¿No está tu manada desesperada por el apoyo de la Manada Verde?

—No tengo tanto valor.

Nunca fui amable con ella.

¿Y si le dice al Alfa algo malo de mi manada?

—Es verdad.

Ya no es una huérfana sin respaldo.

—Pero ¿por qué el Alfa Green adoptaría a una omega defectuosa?

¿De verdad es solo porque se parece a Luna Green?

—No vuelvas a decir eso a menos que quieras que Edwin te ataque.

Es superprotector con Clarissa.

Mi clase sabía muchas cosas… o tal vez ya lo sabía toda la academia.

Me dirigí a mi asiento.

Nadia, que se sentaba a mi lado, me miraba como si estuviera viendo un fantasma.

—Todos los rumores sobre mi identidad son ciertos.

Me trasladan a la mejor clase ahora que cumplo los requisitos —expliqué antes de que siquiera preguntara.

Nadia salió de su estupor.

—Jamás pensé que presenciaría algo así en persona.

Su cara de asombro era tan genuina que no pude evitar soltar una risita.

Ojalá pudiera encontrar amigos como Nadia en la mejor clase; gente que no juzgara, que no fuera cotilla y que, aunque a menudo pareciera confundida, fuera mucho más perspicaz de lo que aparentaba.

Mientras yo recogía mis cosas, me preguntó por mi estado y por la cicatriz de mi rostro.

Después de aplicarme pomada y no cubrirla con maquillaje, la herida no tenía tan mal aspecto.

Ni de lejos tan aterradora como se veía en la fiesta.

—Estoy bien…, muy bien, la verdad —respondí brevemente.

Nadia no insistió.

En lugar de eso, me contó lo que les había pasado a Fani y a Oscar mientras estuve fuera.

—En la revista semanal de la academia, de repente apareció un artículo que lo exponía todo sobre Fani y Oscar.

Desde las notas de Oscar, que no se ganó limpiamente, hasta su asquerosa relación…
Nadia se inclinó hacia mí y susurró:
—El artículo enumeraba los sitios donde lo hacían.

Uno de ellos era el armario del conserje.

—¡¿QUÉ?!

—chillé, tapándome la boca con la mano de inmediato.

Con razón los pillé haciéndolo en la azotea.

De verdad que les gustaba «explorar».

Por suerte, en aquel entonces yo era demasiado tímida para hacer nada más que ir de la mano.

¡De lo contrario, podría haberme pedido que lo hiciéramos allí también!

Pero Oscar ni siquiera intentó besarme.

Aparte de esas palabras bonitas que usaba cada vez que necesitaba algo, nunca me trató como a una novia.

Ahora que lo pienso… me trataba como a una sirvienta.

Recordar el pasado me hizo hervir la sangre.

Debería darle un golpe en la cabeza cuando lo vea, aunque, sinceramente, preferiría no volver a verlo nunca más.

Pero Nadia aún no había terminado con el cotilleo.

—Que sepas que… quien desenterró toda esa información y obligó al equipo editorial de la revista a publicarla fue Edwin.

Tu hermano ahora.

—¿Edwin?

—Al oír su nombre, mis ojos brillaron de gratitud.

Esta vez, aprobaba su pequeño delito.

A veces, lo ilegal no estaba tan mal.

—Menos mal que la familia Green te trata tan bien —dijo Nadia en voz baja.

Asentí.

—Sí.

Son muy buenos conmigo.

Incluso mi endurecido corazón se sentía profundamente agradecido por tener una familia como ellos.

Estaba a punto de terminar de sacar mis cosas de la taquilla cuando se abrió la puerta.

Y por ella entró la persona a la que menos quería ver…

Oscar Sanders.

Nuestras miradas se cruzaron, cargadas de una hostilidad cortante.

Pero él fue el primero en apartar la mirada.

Extrañamente, no llevaba puesto el uniforme de la academia.

Se dirigió a una taquilla no muy lejos de la mía y sacó algo.

—Por culpa del artículo, lo van a trasladar a otra academia —me susurró Nadia al oído.

—¿Un traslado?

Una sonrisa de satisfacción se dibujó en mis labios.

«Te lo tienes bien merecido».

Debió de notar que hablábamos de él.

Volvió la cabeza bruscamente hacia nosotras, lanzándonos una mirada cargada de amargura.

—Escucha, Clarissa —espetó.

—No te alegres solo porque el Alfa Green te haya adoptado.

¡Nunca serás igual que sus verdaderos hijos y ellos jamás te aceptarán!

Sus palabras fueron veneno, clavándose directamente en mi corazón.

Hicieron eco de mi miedo más profundo, uno que todos en casa ya habían intentado borrar con sus acciones.

Pero aun así… tuve miedo.

—¡No digas tonterías!

Si no aceptaran a Clarissa, ¿crees que ese asqueroso artículo sobre ti y Fani siquiera existiría?

—saltó Nadia de repente.

Me giré hacia ella por reflejo.

Nadia, que nunca le había levantado la voz a nadie en clase, acababa de gritar.

Su arrebato se extendió como la pólvora.

Otros estudiantes, que nunca se habían atrevido a oponerse a Oscar, y mucho menos a defenderme, empezaron a murmurar con sus compañeros de pupitre.

Lo bastante alto como para que Oscar lo oyera.

…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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