El Regreso del Dios del Cultivo Dual - Capítulo 349
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Capítulo 349: Confianza
Wu Long dejó el Pico de la Unidad y visitó el lugar del nuevo Pabellón de Alquimia de Yu Huan, que bullía de actividad con los preparativos para su inauguración. El edificio era una sala en desuso que ahora estaba siendo reacondicionada.
Ella se encontraba en la sala más recóndita del nuevo Pabellón de Alquimia, de pie en medio del vacío, aparentemente perdida en sus pensamientos. Lian Zhiqiu había accedido a instalar personalmente las formaciones y matrices de alquimia, y la calidad de su trabajo era muy superior a la que los Maestros de Formación contratados podían ofrecer. Por eso, la sala aún no había sido amueblada ni tocada.
El ensimismamiento de Yu Huan se rompió con el sonido de la puerta al abrirse y, cuando se giró y lo vio entrar, sus labios esbozaron una sonrisa.
—¿Te gusta?
—Sí… mucho.
Ella respondió a la pregunta de Wu Long al instante, mirándolo directamente a los ojos con una expresión de felicidad y satisfacción. Y luego añadió la segunda parte mientras un ligero destello de nerviosismo cruzaba su mirada.
—Me alegra oír eso. Me preocupaba que el edificio estuviera en peor estado, pero parece que lo mantuvieron limpio.
Él sonrió, asintiendo hacia ella, y la ligera sombra de nerviosismo en su expresión, nacida de la idea de no haber mostrado suficiente gratitud, se disipó para dar paso de nuevo a una sonrisa relajada.
—Gracias. Es increíble pensar en las posibilidades y en el futuro, pero es aún más increíble pensar en cómo todo esto ha sido posible.
Ella le sonrió mientras él reía por lo bajo, comprendiendo que para alguien que se enfrentaba a lo que parecía un callejón sin salida en su carrera como alquimista, esto era algo que no podía expresar con palabras.
—Necesitaremos seleccionar cuidadosamente algunos ayudantes para ti.
Wu Long desvió entonces la mirada hacia las paredes vacías y ligeramente anticuadas de la espaciosa sala, y comenzó a caminar mientras observaba el lugar, ya listo para ser utilizado, con una expresión que recordaba a la que tenía Yu Huan antes de su llegada.
—¿Ayudantes…? ¿Es seguro?
Los ojos de Yu Huan lo siguieron por la sala. Él le devolvió la mirada con una leve sonrisa.
—Es bueno mantener una sana cautela, pero tampoco puedes privarte de la ayuda necesaria por ser demasiado desconfiada. El conocimiento y la información que te proporcionaré son, sin duda, muy valiosos, pero lo más valioso de todo es tu habilidad para utilizarlos con eficacia.
Wu Long comprendía su preocupación, ya que las recetas de píldoras y las técnicas de alquimia que le iba a dar se almacenarían en esta sala, además de su propia y valiosa investigación, y tener ayudantes conllevaba el riesgo de que esa preciada información se filtrara.
—Por no mencionar que puede que tenga una idea de dónde podríamos encontrar a gente relativamente fiable.
Añadió entonces con una sonrisa.
Justo cuando iba a preguntar por esa gente «relativamente fiable», Yu Huan abrió los ojos de par en par al darse cuenta de que no sabía casi nada de él, aparte de su profundo conocimiento de la alquimia y su ahora considerable influencia y conexiones.
Este pensamiento despertó en ella una curiosidad que no le era en absoluto habitual, una curiosidad hacia un ser humano y no hacia el Dao de la Alquimia. Lo que la sorprendió fue que, incluso cuando se daba cuenta de que sabía poco sobre los demás —algo poco frecuente, ya que la mayor parte del tiempo ni siquiera pensaba en otras personas—, eso no despertaba ningún interés en ella; simplemente reconocía el hecho y pasaba página.
Había sido amiga de Bi Rui desde que tenía uso de razón, por lo que era normal que fuera muy cercana a ella. Por eso, naturalmente, sentía interés por ella como persona, sin darse cuenta de que nunca había sentido ese interés por nadie más, al no tener punto de comparación. Pero esta era la primera vez que sentía un interés genuino por alguien que no fuera Bi Rui.
Este sentimiento la dejó perpleja y sin saber qué hacer al respecto. No era como si supiera lo que la gente hacía en esas situaciones, pues nunca antes se había encontrado en una.
Él sonrió al ver la expresión de confusión en sus ojos, le dedicó unas palabras de aliento y se marchó, sabiendo que ella necesitaba algo de tiempo para procesar sus pensamientos.
«Mmm, parece que no puedo posponer mucho más el viaje al Reino Tingren».
Pensó por el camino, y pronto divisó a Wu Mengqi, que lo esperaba por allí. Sonrió a la hermosa mujer, que corrió a sus brazos, y, tras disfrutar un rato del contacto, ella se apartó y empezaron a pasear por la secta, cogidos de la mano.
—Cariño, tengo una pregunta.
Preguntó Wu Mengqi al cabo de un rato, mientras contemplaba el bastante ajetreado Palacio de la Unidad Yin Yang, donde la emoción por los cambios era palpable en el aire.
—¿Mmm?
Preguntó él con ligereza, mientras su mirada también examinaba los alrededores, con una sonrisa despreocupada en el rostro.
—¿Tienes la intención de crear tu propia facción?
—Sí.
Respondió a su cautelosa pregunta sin dudar, dedicándole una sonrisa que la animó a seguir preguntando.
Era evidente por sus acciones que estaba haciendo preparativos para movimientos a gran escala, pero ella aún no estaba segura de si lo consideraba como simples cambios en el lugar que ahora llamaba hogar, o si era una inversión a largo plazo en algo que consideraría parte de su poder en el futuro.
—Pero, basándome en tu descripción de la vida que llevabas antes, parece…
—¿Poco propio de ti?
Él soltó una risita y ella asintió con una sonrisa irónica.
—En efecto. En mi vida pasada era más del tipo guerrero solitario, pero eso fue lo que en parte me llevó a la ruina.
Se encogió de hombros mientras caminaban hacia una zona más remota de la secta, con unas vistas espectaculares de los valles y ríos que rodeaban la montaña, cubiertos en ese momento por un manto de hielo y nieve blanca.
—¿Mmm? ¿No fue el problema que tuviste un discípulo que te traicionó?
Dijo ella con el ceño ligeramente fruncido, algo confundida por su respuesta.
—Sí y no. Verás, esa traición en sí misma no es la causa de mi fracaso; la verdadera causa es la incapacidad para lidiar con ella. No puedes predecir todo lo que sucede, ni saberlo todo de antemano. Puedes planificar y anticipar, pero la vida es fundamentalmente caótica. Lo que importa es si eres capaz de superar lo que se te ponga por delante.
Dijo Wu Long mientras llegaban a una plataforma en uno de los picos remotos de la montaña donde se asentaba la secta. Desde allí, una vasta estampa invernal, como sacada de un cuento de hadas, se desplegaba ante ellos.
—Lo sé, por eso decidiste volverte aún más poderoso que antes en cada paso de tu cultivo.
Ella asintió, estando de acuerdo con él, pues su propia experiencia en su vida pasada le había enseñado que la impotencia podía ser una fuente de sufrimiento. Aunque se quejara del entrenamiento en voz alta, nunca dejaba de practicarlo.
—Exacto.
Él sonrió, pues su determinación de volverse más poderoso de lo que jamás hubiera soñado en su vida pasada seguía siendo lo que lo impulsaba a mejorar desde esta etapa tan temprana.
—Pero también es un hecho que, incluso siendo increíblemente poderoso, el cultivador vivo más fuerte de los conocidos Siete Mundos Sin Límites, habría muerto igualmente en ese mundo en ruinas de no ser por aquella mujer. Porque a veces, ser poderoso, sin más, no es suficiente.
Soltó una risita, pues comprendía profundamente el poder de tener aliados; no solo contactos, sino una verdadera fuerza propia, algo que entendió en aquellos momentos en que estuvo atrapado en ese pequeño mundo que se desmoronaba.
Por descontado, Wu Long no tenía intención de reclutar a cualquiera, pero al mismo tiempo no creía que hubiera nada malo en tener subordinados. De hecho, estaba decidido a construir una fuerza en la que pudiera confiar.
Era cierto que ya lo habían traicionado antes y, si hubiera sido un mortal en la primera etapa de su vida, la reacción natural habría sido cerrarse en banda y volverse extremadamente desconfiado de su entorno.
Sin embargo, la verdad era que él no era tan impresionable. De hecho, no era ni de lejos la primera vez que lo traicionaban, pues lo había sufrido no solo cerca del final de su vida pasada, sino muchas veces a lo largo de la misma, y cada una de esas experiencias lo había vuelto, al principio, más cauto y desconfiado.
La ventaja de su edad era que, con el tiempo, había aprendido a refrenar su propia cautela, al ver los efectos perjudiciales que podía acarrear si esta coartaba sus movimientos y obstaculizaba su progreso. El lema «no confíes nunca en nadie» era la receta para el desastre.
Tras vivir varios milenios, comprendió que, en esencia, la mayor parte de lo que ocurría a su alrededor, lo que otras personas decidían o hacían, escapaba a su control. Lo que sí controlaba era su forma de reaccionar y su capacidad para hacer frente a las consecuencias.
—Aunque no creas que voy a pecar de incauto. Tampoco estoy dispuesto a aceptar a cualquiera. Solo digo que, si alguien me traiciona a pesar de todos los esfuerzos por evitar ese resultado, tengo los medios para afrontarlo.
Soltó una risita para tranquilizarla. Ella suspiró, debatiéndose con su propia capacidad para confiar en la gente después de que su familia la hubiera traicionado no solo en su vida pasada, sino también en esta.
—Pero ¿por qué ahora? Si entendiste esto en tu vida anterior, ¿por qué no…? ¿Por qué estabas solo?
Se giró entonces hacia él justo cuando una ráfaga de viento frío pasó, agitando los bajos de sus túnicas y mechones de su pelo. Él le devolvió la sonrisa, alzó una mano y le apartó un mechón de cabello que le cruzaba el rostro, colocándoselo detrás de la oreja, mientras ella sentía cómo el calor de él la protegía del frío.
—Porque el regalo que recibí fue mucho más de lo que jamás podría haber pedido. Lo que me impulsó al camino del cultivador solitario no fue el deseo de serlo, sino la amargura y las cicatrices de haberos perdido a ti y a Ling’er.
Habló en voz baja, reconociendo algo que no solía decir en alto. Los ojos de ella se abrieron de par en par y, mientras él sonreía, sus labios se unieron y ella se abalanzó sobre su pecho.
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