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El Regreso del Dios del Cultivo Dual - Capítulo 377

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Capítulo 377: Corazones abiertos

Feng Yi abrió los ojos, sintiéndose agotada pero satisfecha. Se quedó inmóvil un instante al sentir el calor que tanto extrañaba envolviéndola por la espalda y luego se abandonó a esa reconfortante sensación. Un cuerpo fuerte, robusto y cálido presionaba contra su suave y tersa piel, dándole calor y protegiéndola del mordaz frío de la mañana invernal.

Esa sensación de apoyo firme y confiable, y de tierno cuidado, era algo sin lo que ya no se imaginaba poder vivir. Aquello empeoraba aún más su dilema, pues se sentía desgarrada entre él y su familia.

Feng Yi sabía que él se marcharía; al menos eso le había dicho. Y aunque no sabía cuándo ocurriría ni adónde iría, sentía vagamente que el momento en el que de verdad tendría que decidirse se acercaba. Por no mencionar que, aunque no se fuera muy lejos, él no iba a establecerse en este país y tendría que seguir desplazándose como hasta ahora.

También sabía que llegaba un momento en el que los hijos dejaban a su familia para unirse a la persona con la que habían elegido pasar su vida. De hecho, su decisión ya estaba tomada. Sin embargo, el hecho de que utilizara este tiempo para prepararse mental y emocionalmente, así como para preparar a sus padres y a su hermano para la inevitable separación, no significaba que no le pesara, pues era muy unida a ellos.

Lo único que le había preocupado durante el tiempo que no lo vio también había quedado resuelto casi con toda seguridad con lo que había sucedido antes. Así que, esta vez, estaba lista para marcharse con él.

Sintió la mano de él acariciándole el hombro, y una sonrisa se dibujó en sus labios.

—¿Qué es lo que tanto te preocupa?

Su voz resonó en su oído mientras ella cerraba los ojos, concentrándose en la sensación.

—Estuviste fuera tanto tiempo que yo…

—¿Pensaste que ya no te quería?

Ella asintió mientras sus ojos se enrojecían ligeramente. Podía hacerse la dura por fuera y ante los demás, pero allí, en sus brazos, era libre de mostrar su debilidad y buscar refugio en su calor mientras se giraba para acurrucarse en su pecho.

La «lucha» competitiva al hacer el amor ya se había convertido más en un juego entre ellos que en un desafío serio. Sabía que él disfrutaba de sus intentos por soportar la dulce agonía del placer eufórico que le proporcionaba, y ella intentaba aguantar tanto como podía. También disfrutaba de sus bromas tanto como él.

Pero había una emoción más que se ocultaba tras sus espinas cuando se encontraron ayer, algo que él caló desde el principio. Y aunque le había asegurado que todavía la deseaba y que quería que fuera su mujer, aún le quedaba un ápice de inseguridad.

—Creía haberte demostrado mis intenciones y sentimientos, ¿acaso no fue suficiente?

—No, sí que lo hiciste, pero… yo no soy…

Sus palabras se interrumpieron, pero él pudo adivinarlo con solo ver la mirada que ella le dirigió.

—Tontita, ¿acaso te descartaría por algo que me atrajo de ti en primer lugar? Si quisiera obediencia y sumisión, ¿habría elegido a una mujer con una mirada de fuego que comanda a miles de soldados?

—Pero no acepté marcharme contigo de inmediato…

—Lo cual es natural. En todo caso, la decisión de Mingyu de dejar atrás su vida anterior nada más conocerme es la que es inusual. No es que no me agrade, es que simplemente no creo que hubiera sido lo correcto para ti.

Aunque, en el caso de Mingyu, ella era una joven que había vivido entre algodones, que no conocía mucho del mundo y que siempre soñó con ver el exterior. Para ti, cuya vida giraba en torno al estilo de vida de este reino y estaba atada a todo lo de aquí, dejarlo todo de forma tan precipitada habría sido, francamente, una locura, y no dudo que te habría causado remordimientos en el futuro si te hubieras marchado en aquel entonces.

Suspiró mientras explicaba su forma de pensar. Nunca se le había ocurrido que sus mujeres tuvieran que romper con su vida anterior para estar con él, aunque eso significara cortar los lazos con la familia y los amigos de toda la vida.

El amor intenso e incondicional, capaz de derribar todos los obstáculos, tenía su mérito, pero Wu Long nunca deseó la desdicha de las personas que le importaban, puesto que tratar la propia vida como un obstáculo no era señal de una relación sana.

—Además, si crees que Mingyu es obediente y se limita a seguirme, y te comparas con ella por eso, es que no sabes lo fuerte que es esa chica. Puede que, en cierto modo, sea incluso más fuerte que tú, pues el camino que ha elegido está lleno de espinas.

De hecho, ninguna de las mujeres que decidieron seguirme de inmediato tuvo que renunciar a tanto como tú, pues eso no es algo que yo desee.

Él se rio entre dientes mientras la rodeaba con sus brazos, su figura parecía delicada y frágil en ese momento.

—Pero tienes tantas mujeres hermosas e increíbles…

Murmuró contra su pecho, provocando una sonrisa en el rostro de él.

—Ja, ja, sí, las tengo. ¿Pero no crees que soy demasiado codicioso como para dejar de desearte solo porque tenga otras mujeres?

Feng Yi siempre había tenido confianza en su belleza y su figura, y eso no cambió ni con la presencia de Luo Mingyu. Pero cuando vio a Shen Min y a Hua Ziyan llegar junto a Ye Ling, a quien ya había visto una vez, y luego, a través de una Formación de Comunicación a Larga Distancia, vio a Wu Mengqi y a Sui Luxiao, su confianza finalmente comenzó a flaquear.

No es que desmereciera en cuanto a belleza, pero la abundancia de beldades en torno a Wu Long le hizo darse cuenta de que su atractivo no era tan eficaz con él como había pensado en un principio.

—Pero la Hermana Ye Ling…

—Ja, ja, parece que Ling’er te ha intimidado un poco. No te preocupes, puede ser muy terca con algunas cosas, aunque intente aparentar ser la personificación misma de la paz y la tranquilidad.

Ja, ja, en ese sentido, Mengqi la caló muy bien.

Wu Long se rio entre dientes, aún sorprendido de lo rápido que Wu Mengqi había calado a la tranquila, serena y siempre sonriente Ye Ling.

—No, no me intimidó. Solo me pareció más fría y distante que la última vez. Pero…, sobre lo que has dicho, ¿acaso no lo es?

Feng Yi negó con la cabeza, pues no culpaba a Ye Ling, que no había mostrado ninguna hostilidad abierta hacia ella. Pero las palabras de él sobre su comportamiento la intrigaron.

—Ja, ja, no, sí que lo es. Pero no todo el tiempo, como hace creer a los demás. No hay nadie en el mundo que mantenga siempre el mismo estado de ánimo, solo hay personas a las que se les da mejor ocultarlo.

Wu Long se rio entre dientes.

—Ye Ling es mucho más sabia que yo en muchos aspectos, y respeto su opinión, además de que confío mucho en sus consejos, pero eso no significa que nunca se equivoque. Ella misma sería la primera en decírtelo.

Y lo mismo va por mí. Ninguno de nosotros es perfecto; de hecho, si existiera la perfección en este mundo, significaría la muerte.

Continuó entonces con una voz un poco más seria, y su mirada se volvió distante.

Ella lo miró maravillada, pensando en la vez que Ye Ling les habló, poco después de que las cuatro bellezas llegaran a la Residencia Luo.

«Wu Long es duro. Y puede soportar mucho; de hecho, mucho más de lo que podéis imaginar. Pero eso no significa que no necesite descansar en absoluto. Por muy fuerte que sea una persona, si no tiene ningún refugio, acabará por romperse.

Cuando se sienta lo bastante cómodo como para mostraros su lado vulnerable, aunque solo diga “estoy cansado” en lugar de “estoy bien”, y cuando lo consoléis y lo calméis, será entonces cuando, en mi opinión, habréis cumplido con vuestro principal deber como sus mujeres. Lo que cuenta es vuestra voluntad de ser su fuerza y su apoyo.

Si hacéis eso, si le sois leales, si cuidáis de él y lo amáis, entonces sois mis Hermanas, y no me importa cuántos problemas le causéis, ya que eso es algo que él mismo está ansioso por asumir. Él nunca ha rehuido los problemas y no le gusta que sus mujeres, por consideración, se abstengan de apoyarse en él.

Nunca exige mucho y, sin embargo, acepta todas las exigencias de sus mujeres, lo cual, en lo que a mí respecta, es su debilidad. Por eso, tenemos que ser nosotras quienes le demos lo que necesita, porque nunca le oiréis pedirlo si os limitáis a esperar».

Mientras estas palabras reverberaban en su cabeza, pensó en la precisión con la que Ye Ling había descrito el afán de él por aceptar las exigencias de ellas y complacerlas, sin buscar aparentemente nada a cambio. Esa comprensión al parecer infinita y ese gran corazón era lo que hacía que sus propias preocupaciones parecieran pequeñeces por las que ni siquiera tenía que inquietarse.

También agradeció mentalmente a Hua Ziyan y a Ye Ling por un consejo que había seguido, esperando poder devolverle a él el mismo apoyo que él le había brindado.

En aquel entonces, fue Hua Ziyan quien preguntó qué debían hacer para que él les mostrara su lado vulnerable, una respuesta que a Feng Yi le costó seguir, ya que fue: «Primero tenéis que volveros vulnerables ante él».

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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