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El Regreso del Dios del Cultivo Dual - Capítulo 454

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Capítulo 454: Todo de ella

La expresión del joven, de pie frente a las puertas del patio ocupado por el Palacio de la Unidad Yin Yang, pasó lentamente de una sonrisa burlona a una mueca de fastidio al ver que Hua Ziyan no parecía perder el interés en el otro discípulo, como si su propia presencia ya no se registrara en los ojos de ella.

De hecho, su mirada ya ni siquiera apuntaba en dirección a él, pues se había girado hacia un lado con un destello de felicidad iluminando sus ojos.

—¿Eh? ¿A qué viene esa mirada?

—Es una mirada de compasión, qué ingrato…

Una voz resonó desde un lado y los ojos de Hua Ziyan reflejaron una figura que pisaba con ligereza el tejado de un muro, como si descendiera en pleno vuelo, mientras las túnicas blancas del discípulo del Palacio de la Unidad Yin Yang ondeaban, asentándose tras ser alzadas por la ráfaga de viento.

El Discípulo Principal de la otra secta, que había invitado a los ocupantes de este patio a medir fuerzas, se giró hacia el sonido de la voz.

—¿Y se puede saber quién eres?

—No solo eres un ingrato, sino también un ciego. Que sepas que los miembros de la secta no llevan estas túnicas solo para fardar.

Deberías ir y disculparte con ese discípulo de la Secta de Penetración de Nubes por estar ciego a pesar de tener ojos.

—¡Escoria! ¿Qué tal si bajas de ahí y ves si puedes decirme lo mismo a la cara?

El fastidio inicial del discípulo se convirtió en ira y hostilidad manifiestas mientras se giraba por completo hacia Wu Long. Pero al hacerlo, se dio cuenta de que Wu Long ya estaba de pie ante él mientras él miraba el lugar vacío.

—¿Esta cara?

Una pregunta resonó en sus oídos mientras bajaba la cara para mirar al hombre que ahora estaba frente a él y, antes de que pudiera entender lo que estaba sucediendo, su visión se volvió borrosa mientras su cuerpo salía volando hacia los miembros de su secta, haciendo que todo el grupo rodara aún más lejos por la fuerza del impacto, convirtiéndose en un caótico montón de cuerpos.

El rotundo sonido de una bofetada resonó tras él, mientras la mano de Wu Long terminaba su movimiento y volvía a bajar en medio de gemidos de dolor y maldiciones.

—Haaa…, de verdad, qué fastidio.

Suspiró con lamento y fastidio, y se giró hacia los discípulos de su secta, o más bien, hacia una belleza que se encontraba entre ellos. Entonces, una sonrisa apareció en su rostro, y cualquier sentimiento negativo se desvaneció con solo ver su mirada.

Dio un paso adelante, sacando un paño desechable que se usaba normalmente para limpiar una espada, y se limpió la mano con él mientras se acercaba a ella, al tiempo que el caótico montón que había detrás de él volvía a convertirse lentamente en un grupo de humanos, aunque con posturas y expresiones faciales mucho peores.

Levantaron a su inconsciente Discípulo Principal y se alejaron a trompicones tan rápido como pudieron, gritando algo desde la distancia que él no se molestó en escuchar.

—Siento haber tardado tanto, la conversación fue mucho más fluida de lo que esperaba, así que amplié su alcance.

Dijo él mientras la belleza negaba con la cabeza con una sonrisa, y los otros discípulos, con tacto, comenzaban a desaparecer de nuevo en el interior. Sin embargo, en el momento en que sus miradas se cruzaron, todos los demás dejaron de existir.

—Jaja, no te preocupes. Gracias por tu esfuerzo.

Mientras ella decía estas palabras, sus manos subieron instintivamente para arreglar la esquina ligeramente arrugada del cuello de la túnica de él. Él sonrió y, a su vez, alzó la mano para acariciar con suavidad la mejilla de ella con el dorso de dos de sus dedos, la cual reveló al instante un saludable rubor.

El aire frío convertía sus alientos en vaporosas nubes blancas.

—¿Pudiste hacer la oferta?

Preguntó ella entonces, y él asintió con suavidad.

—¿Y fue bien?

—Es difícil decirlo, aunque parece prometedor. Pero, en última instancia, depende de las decisiones individuales de los miembros.

—Mmm, entonces esta puede ser una buena oportunidad para mostrarles por qué es una buena opción para ellos.

—Pareces decidida a que tenga éxito, ¿te molesta en absoluto?

Él rio entre dientes y luego la miró directamente a sus ojos marrones mientras preguntaba; las pupilas de ella se contrajeron ligeramente en respuesta y luego se relajaron.

—En absoluto.

Ella esbozó una sonrisa en la que él no encontró rastro de fingimiento. Su cuerpo se movió hacia adelante y, girando la cabeza hacia un lado, apoyó la oreja en el pecho de él mientras él la envolvía con sus brazos.

—Es algo que necesitas. Y es algo que también haces por nuestro bien.

E incluso si simplemente lo hicieras por tus deseos, no me importaría. No es como si de repente ya no te importáramos.

No puedo hablar por las demás, solo por mí, aunque creo que la mayoría de nosotras sentimos lo mismo.

Sé que este corazón que oigo latir tiene un lugar para mí sin importar cuántas mujeres tengas. Y que estos ojos reflejarán mi imagen.

Ella giró la cabeza en su abrazo para mirarlo a los ojos desde abajo. Los suyos estaban llenos de devoción y confianza absoluta.

—Y si algún día eso ya no es verdad…

Una luz dolorosa brilló en sus ojos por un momento mientras luchaba por decir la frase de un tirón. Pero su expresión le suplicaba que la dejara terminar.

—…sé que sería mi culpa por no ser ya digna…

Cuando llegó a este punto, sus labios no pudieron seguir hablando, pues fueron cubiertos por los de él.

En ese momento, Hua Ziyan sintió un beso un poco más brusco de lo habitual, agresivo e innegablemente posesivo, junto con el abrazo de él: apretado, increíblemente firme, hasta el punto de hacerla sentir un poco incómoda.

Aquellas sensaciones le cortaron la respiración y le trajeron una felicidad que no podía describir ni contener. La presión, ligeramente dolorosa, de su abrazo se convirtió en una dicha celestial que dejó su mente en blanco, y el beso rudo barrió incluso con ese vacío.

Con cada pequeño gesto y con todo su ser, él expresaba un único pensamiento:

«Eres mía, y de eso no hay vuelta atrás»

Esa simple verdad era tan cristalina y rotundamente innegable, tan dolorosamente sentida, que cualquier sombra de duda sobre su valía o cualquier otra tontería quedó completamente barrida.

No hubo necesidad de largos discursos o peroratas sobre lo valiosa que era, ni de serenatas o largas horas de persuasión.

Era suya, hasta la última gota de las lágrimas que brillaban en el rabillo de sus ojos. «Ah… así que esto es lo que de verdad se siente al ser amada…», fue el único pensamiento que logró pasar por su cabeza.

Su cuerpo menudo, delicado y suave se apretó aún más contra él con toda su fuerza, como si quisiera fundirse por completo en él, entregándoselo todo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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