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El Regresor Que Decidió No Salvar Al Mundo - Capítulo 10

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  4. Capítulo 10 - 10 El Choque De Los Mundos
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10: El Choque De Los Mundos 10: El Choque De Los Mundos La presión que emanaba de Arthur, el Campeón de Europa, era radicalmente distinta a la de los Apóstoles del Orden.

Mientras que los Apóstoles eran máquinas frías y lógicas, este hombre era una hoguera viviente.

El aire alrededor de la base de la torre comenzó a distorsionarse por el calor, y los supervivientes que hace unos momentos se arrodillaban ante mí, ahora miraban con esperanza al “caballero dorado” que prometía salvación.

—Es patético —dije, observando la escena desde el balcón destrozado del piso 123.

Mi brazo derecho, envuelto en hielo negro y madera petrificada, pesaba como si cargara con el planeta entero—.

Solo necesitan un brillo nuevo para olvidar quién les dio de comer ayer.

—Maestro, su nivel de maná es…

incalculable —advirtió Ha-Neul.

Sus ojos violetas parpadeaban con miedo—.

La Constelación que lo respalda, el “Rey de los Héroes”, es una de las Doce Columnas del Panteón Superior.

No es un administrador, es un guerrero puro.

—Entonces dejaremos de jugar a la política —respondí.

Salté desde el balcón.

No usé magia para frenar la caída; simplemente dejé que la gravedad me llevara.

A mitad de camino, activé el Brazo del Soberano Marchito.

Las raíces negras dentro de mi carne congelada se agitaron, y una masa de biomasa oscura brotó de mi hombro, formando una especie de ala grotesca y rígida que rompió mi caída.

Impacté contra el suelo de la plaza, creando un cráter que hizo retroceder a la multitud.

Arthur no se inmutó.

Su capa de galaxias ondeaba a pesar de que no soplaba viento.

—Kang-Han —dijo Arthur, levantando su espada dorada.

El arma emitía un sonido similar al de un coro celestial—.

Los registros de las Constelaciones dicen que eres una anomalía.

Un error que se niega a morir.

He venido a corregir ese error antes de que infectes el resto de los servidores.

—¿Infectar?

—solté una carcajada seca, ajustando el agarre de mi cuchillo con mi mano izquierda funcional—.

Ustedes llegan tarde.

Este mundo ya está podrido.

Yo solo soy el que está recolectando la basura.

—Hablas como un villano de nivel inferior —Arthur dio un paso al frente, y el suelo bajo sus pies se convirtió en oro puro—.

Habilidad de Campeón: Sendero de la Gloria.

En un parpadeo, Arthur estaba frente a mí.

Su velocidad no era física; era conceptual.

Había “decidido” estar frente a mí, y el universo simplemente lo obedeció.

Su espada descendió en un arco de luz blanca que prometía borrar todo rastro de oscuridad.

Bloqueé con mi brazo derecho, el brazo de madera y hielo.

El choque produjo una onda expansiva que reventó los cristales de todos los edificios en tres manzanas a la redonda.

Para sorpresa de Arthur, su espada sagrada no cortó mi brazo.

La biomasa del General Pak, endurecida por el frío del abismo y alimentada por mi karma de traidor, era el material más resistente que existía: un material que odiaba la luz tanto como yo.

—¿Madera?

—Arthur frunció el ceño—.

¿Bloqueas la justicia con restos de un bosque podrido?

—No es madera, “Héroe” —gruñí, mientras los zarcillos negros de mi brazo empezaban a trepar por su espada dorada, intentando corromperla—.

Es el cadáver de un mundo que ustedes destruyeron.

Y tiene mucha hambre.

Arthur saltó hacia atrás, sacudiendo su espada para desprender la savia negra que empezaba a corroer el brillo de su arma.

Su expresión de superioridad se transformó en una de severidad guerrera.

—Entonces no tendré piedad.

Liberación de Tesoro Sagrado: Excalibur de los Caídos.

La espada de Arthur no se hizo más grande, se hizo más densa.

La luz blanca se tornó azul eléctrico.

El cielo de Seúl, cubierto por los engranajes dorados del Sistema, comenzó a girar más rápido.

Arthur estaba llamando al poder directo de su Constelación, saltándose las reglas de estabilidad del planeta.

—¡Seo-Yoon!

¡Ha-Neul!

¡Ahora!

—rugí.

Desde lo alto de la torre, mis dos subordinadas lanzaron su ataque combinado.

Seo-Yoon dejó caer una tormenta de lanzas de hielo negro, mientras Ha-Neul canalizaba la energía del Nexo en un rayo de luz corrupta que apuntaba directamente a la espalda del Campeón.

Arthur ni siquiera se giró.

—Escudo de la Mesa Redonda.

Un domo de energía dorada apareció a su alrededor, desintegrando el hielo de Seo-Yoon y absorbiendo la luz de Ha-Neul como si fuera una brisa de verano.

—Las herramientas de un traidor no pueden herir a un verdadero rey —declaró Arthur.

—Tienes razón —dije, apareciendo detrás de él usando el Corte Dimensional—.

Pero yo no soy un rey.

Soy el hombre que los mata.

Usé mi brazo izquierdo para clavar mi cuchillo en una grieta del escudo de Arthur, imbuido con el Cáliz de la Calamidad.

Al mismo tiempo, mi brazo derecho de madera se expandió violentamente, convirtiéndose en una red de espinas que envolvieron el escudo, no para romperlo, sino para aislarlo.

—Si tu poder viene del cielo —susurré en su oído—, veamos qué pasa cuando te encierro en un lugar donde el cielo no existe.

[Activando Campo de Dominio: El Vacío del Regresor.] La plaza de la Torre Lotte desapareció.

Arthur y yo nos encontramos de repente en un espacio infinito de color gris ceniza.

No había arriba, ni abajo, ni engranajes dorados.

Era el espacio mental de mis muertes acumuladas, un cementerio de líneas temporales fallidas.

Arthur vaciló.

El brillo de su armadura comenzó a parpadear.

Aquí, en este vacío, su Constelación no podía verlo.

Su “Rey de los Héroes” no tenía jurisdicción sobre mis recuerdos.

—¿Qué es este lugar?

—preguntó, su voz perdiendo la potencia divina.

—Es mi mente, Arthur.

El lugar donde he muerto siete veces para aprender cómo matarte a ti en la octava —caminé hacia él, y esta vez, mi brazo derecho no colgaba inerte.

En este espacio, la biomasa se movía según mi voluntad—.

Aquí no eres un campeón.

Eres solo un hombre con una espada brillante en una habitación oscura.

Arthur rugió y cargó, pero sus movimientos eran lentos, pesados por el peso de las millones de almas que yo cargaba en mi memoria.

Le corté el hombro izquierdo antes de que pudiera levantar su espada.

No fue un corte dimensional; fue un corte físico, real.

—¡Agh!

—Arthur retrocedió, mirando la sangre roja que manchaba su armadura dorada—.

¡Imposible!

¡Mi protección es absoluta!

—Nada es absoluto para alguien que ha visto el fin del mundo siete veces —le asesté una patada que lo mandó a volar a través del vacío gris—.

Bienvenido a la Fase 2, Héroe.

Aquí no ganan los que tienen la Constelación más fuerte.

Ganan los que están dispuestos a pudrirse más rápido.

Agarré la cabeza de Arthur con mi mano de madera.

Las raíces empezaron a entrar por sus oídos y nariz.

No quería matarlo rápidamente.

Quería que su Constelación viera, a través de sus ojos, lo que sucede cuando envían a sus “campeones” a mi territorio.

[¡AVISO!] [Has herido gravemente a un Campeón de Rango Divino.] [Tu nivel de “Amenaza para el Panteón” ha subido a: CALAMIDAD.] [Nivel actual: 98.] —Dile a tu Rey —le susurré mientras su cuerpo empezaba a ser asimilado por el vacío— que Seúl no es un servidor.

Es una carnicería.

Y él es el siguiente en la lista.

Con un crujido final, el brazo de madera petrificada atravesó el pecho de Arthur, extrayendo no su corazón, sino su Núcleo de Campeón: una esfera de oro puro que vibraba con el poder de Europa.

El dominio gris se rompió y volvimos a la plaza de Seúl.

Arthur cayó al suelo, ya no como un caballero radiante, sino como un hombre marchito y roto.

La multitud guardó un silencio absoluto.

El “Salvador” había sido procesado en menos de diez minutos.

Levanté el Núcleo Dorado hacia el cielo, hacia los engranajes de los dioses.

—¿Quién es el siguiente?

—grité, y mi voz hizo que los engranajes dorados se detuvieran por un segundo.

[Nivel actual: 98] [Has obtenido: Núcleo del Campeón Europeo (Grado Divino).] [Estado de la Humanidad: Desesperación Absoluta.]

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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