El Regresor Que Decidió No Salvar Al Mundo - Capítulo 12
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- Capítulo 12 - 12 Pantallas De Un Mundo Dormido
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12: Pantallas De Un Mundo Dormido 12: Pantallas De Un Mundo Dormido El fin del mundo no llegó con el estruendo de un trueno, sino con el parpadeo de una pantalla.
En el ático del piso 123 de la Torre Lotte, el silencio era absoluto, interrumpido únicamente por el zumbido eléctrico de las pantallas holográficas que flotaban en el centro de la estancia.
Kang-Han permanecía sentado en su trono de cristal negro, con la mirada perdida en el resplandor azulado de los monitores.
Su postura era rígida, como la de una estatua tallada en una roca volcánica que aún conserva el calor del magma en su interior.
En la televisión internacional, captada a través de satélites que el Sistema aún permitía operar, la noticia del “Incidente de Seúl” estaba siendo diseccionada por expertos en geopolítica.
Para el resto del globo, lo que había ocurrido en Corea no era el nacimiento de un nuevo orden, sino un error estadístico que debía ser racionalizado para que las masas pudieran seguir durmiendo.
—”…lo que hemos visto en las imágenes filtradas es, sin duda, una anomalía del sistema” —decía un analista de la CNN desde un estudio blindado en Atlanta, ajustándose las gafas con una suficiencia que rozaba lo cómico—.
“Sin embargo, los informes preliminares sugieren que el sujeto, Kang-Han, utilizó una ventaja territorial táctica sin precedentes.
La derrota del Campeón Arthur es una tragedia para la Federación Europea, pero no define el equilibrio global.
Arthur era un guerrero de vanguardia, un idealista, no un estratega.
El riesgo de que este ‘Soberano’ se expanda más allá de sus fronteras es insignificante debido a la falta de líneas de suministro de maná transoceánicas y el bloqueo naval que las Constelaciones mantienen en el Pacífico.” Han soltó una carcajada seca, un sonido que carecía de cualquier rastro de humanidad.
Era un crujido metálico que pareció hacer vibrar el cristal del ático.
Su mano derecha, el Brazo del Alba Negra, descansaba sobre el apoyabrazos de piedra.
Pequeños hilos de vapor dorado brotaban de entre las fisuras de la madera petrificada, disolviéndose en el aire como el humo de un incienso maldito.
—Están buscando una explicación lógica para una ecuación divina —murmuró Han.
Su voz resonaba con un matiz dual, un eco que sugería que algo más, aparte de su propia alma, estaba usando sus cuerdas vocales—.
Creen que pueden medir mi alcance con mapas de papel y lógica de polígono industrial.
—La negación es el mecanismo de defensa más antiguo de nuestra especie, Maestro.
Si aceptaran la verdad, el sistema colapsaría antes de que usted diera el primer paso fuera de esta torre.
Seo-Yoon se acercó desde las sombras.
No llevaba su armadura de combate pesada, sino una túnica de seda negra que contrastaba violentamente con la palidez fantasmal de su piel.
Dejó una tableta táctil sobre la mesa de cristal.
La pantalla mostraba las redes sociales globales: el hashtag #DeepfakeSeoul era tendencia mundial desde Londres hasta Buenos Aires.
La mayoría de los usuarios de internet estaban convencidos de que el asesinato de un Campeón de Rango Divino era un montaje cinematográfico de alta calidad, diseñado por el propio Sistema para sembrar un pánico controlado.
—Déjalos que duden —continuó Han, cerrando su mano de ébano dorado.
El aire alrededor de su puño crujió, fracturándose en pequeñas astillas negras de realidad distorsionada—.
La arrogancia es el mejor velo que existe.
Si el mundo decide que soy un problema logístico regional, una nota al pie en el informe de un burócrata, no enviarán ejércitos.
Enviarán diplomáticos y espías.
Y los espías siempre son mucho más fáciles de enterrar en los cimientos de mi jardín.
◇ ◇ ◇ Lejos de Corea, en las entrañas de un búnker subterráneo bajo el estado de Virginia, la atmósfera era radicalmente distinta.
Aquí no había negación, solo una fría y calculadora paranoia.
Cyrus, la Campeona de los Estados Unidos, permanecía de pie frente a un mapa táctico del Pacífico proyectado en una mesa de luz.
No llevaba uniforme oficial, solo una camiseta negra ajustada que dejaba al descubierto los tatuajes rúnicos que brillaban con un tono azul eléctrico en sus antebrazos.
Eran marcas de contrato con la Constelación “El Ojo del Águila”, y en este momento, sus tatuajes ardían.
A diferencia de los medios de comunicación y los civiles que aún se preocupaban por el precio de la gasolina de maná, Cyrus no estaba ciega.
Ella había sentido el momento exacto en que Arthur murió.
No había sido una simple derrota; había sido la extinción de una luz divina.
El eco de esa muerte había viajado por las corrientes de maná atmosférico como un tsunami invisible.
—¿Qué opinas, Cyrus?
—preguntó una voz desde la penumbra.
El General Miller, jefe de operaciones de la Agencia de Respuesta al Sistema (SRA), estaba sentado en una esquina, oculto por la sombra de su propio rango.
—Opino que los analistas de televisión deberían ser ejecutados por negligencia —respondió ella, con una voz rasposa que sonaba a lija contra madera—.
Arthur era un imbécil arrogante, sí, pero su protección era de grado absoluto.
No mueres así a menos que el que tengas delante haya dejado de jugar según las reglas del Tutorial.
Ese tipo, Kang-Han…
no está siguiendo el guion.
Cyrus extendió la mano hacia la proyección del mapa.
El punto rojo que representaba a Seúl parpadeó tres veces y luego se desvaneció por completo, dejando el mapa de la península coreana en un gris neutro.
—Mira eso.
El coreano acaba de apagar sus transmisiones de maná hacia el exterior.
Se ha vuelto invisible al satélite del Sistema —Cyrus se ajustó un guante de combate—.
No está huyendo, General.
Está cerrando la puerta con llave desde dentro.
Y cuando alguien como él cierra la puerta así, es porque está preparando la casa para una matanza que nosotros aún no hemos empezado a imaginar.
—El Comité de Seguridad Nacional quiere que mantengamos una política de “espera vigilante” —dijo Miller, su voz cargada de una frustración burocrática—.
Quieren ver si el Campeón de Japón, Ryuji, se mueve primero para reclamar el vacío que dejó Arthur.
Es más barato dejar que ellos se destruyan entre sí.
—”Espera vigilante”…
—Cyrus soltó un susoplido despectivo que se convirtió en una nube de vapor frío—.
Sigan esperando.
Mientras ustedes miden el riesgo político y los votos de las próximas elecciones, ese hombre está devorando la esencia de un dios en un ático de Seúl.
Para cuando decidan actuar, ya no estaremos lidiando con un soberano regional.
Estaremos lidiando con una infección planetaria.
◇ ◇ ◇ De vuelta en la Torre Lotte, Kang-Han sintió una punzada de agonía punzante en su hombro derecho.
El Núcleo de Arthur, esa esfera de oro líquido que había asimilado a la fuerza, no era un invitado dócil.
Era una masa de luz purificadora que intentaba, de forma instintiva, “quemar” la corrupción de la biomasa de su brazo desde el interior de sus propias células.
Era un choque de trenes constante en su torrente sanguíneo.
Luz divina contra Traición primordial.
[¡Notificación del Sistema!] [Has alcanzado el estado de “Anomalía Silenciosa”.] [Efecto:] Tu presencia y estadísticas se desvanecen de los radares automáticos de las Constelaciones mientras no inicies un combate de rango Calamidad.
[Estado de Asimilación:] 12.4% (Peligro de rechazo orgánico alto).
Han se levantó y caminó hacia el ventanal roto.
El aire frío de la noche de Seúl entró en la estancia, agitando su abrigo largo.
Abajo, la ciudad era un mar de sombras salpicado únicamente por los focos de las patrullas de su propio gremio, que recorrían las calles con la eficiencia mecánica de un ejército de autómatas.
La población civil se había recluido; el miedo se había vuelto tan tangible como la niebla que bajaba del río Han.
—Seúl está en silencio —dijo Han, apoyando su mano de ébano dorado contra el marco de la ventana.
Al contacto, el metal crujió y se tornó negro, asimilado por la presencia del Soberano—.
Pero el silencio de la ciudad no es respeto.
Es el vacío que deja la esperanza cuando se retira.
—Eso es lo que queríamos, ¿no es así?
—Seo-Yoon se situó detrás de él, manteniendo una distancia prudencial.
Incluso ella, que había compartido su cama y su sangre en este nuevo mundo, sentía la presión gravitatoria que emanaba de Han ahora que era Nivel 100—.
Un tablero limpio para empezar la Fase 2.
—Lo que queremos, Seo-Yoon, es que el mundo se olvide de nosotros por un tiempo —Han se giró, y la luz de la luna golpeó su rostro.
Sus ojos ya no eran humanos; tenían un brillo platino, frío y distante—.
La Fase 1 fue sobre el poder bruto.
La Fase 2 será sobre el alcance.
El Sistema cree que somos piezas en su juego, y los otros Campeones creen que somos competidores.
Todos se equivocan.
En ese momento, la puerta reforzada del ático se abrió.
Kim Ha-Neul, la Santa Caída, entró con paso silbante.
Su transformación física se estaba acelerando.
Sus dedos se habían alargado sutilmente, terminando en puntas endurecidas que recordaban a las espinas de un cactus negro.
Sus ojos violetas brillaban en la penumbra con una intensidad que habría vuelto loco a cualquier fiel de su antigua iglesia.
—El portal hacia la zona costera de Incheon está estabilizado, mi Señor —dijo Ha-Neul.
Su voz tenía un eco extraño, como si hablara a través de un túnel—.
He ocultado el rastro de maná con un velo de biomasa.
Ni siquiera los satélites de la Federación Americana podrán detectar nuestro movimiento hacia el muelle.
—Excelente —Han se ajustó los guantes, ocultando la madera petrificada de su mano derecha—.
No quiero anuncios a la prensa, no quiero estandartes, ni declaraciones de guerra.
No vamos a cruzar el Mar del Este como un ejército invasor que busca gloria.
Miró hacia el horizonte, en dirección a Japón.
—Iremos como un rumor.
Como una enfermedad que no muestra síntomas hasta que los órganos fallan.
Cuando el mundo se despierte y se dé cuenta de que el sol ya no sale sobre Tokio, será demasiado tarde para preguntarse quién fue el que apagó la luz.
◇ ◇ ◇ Esa noche, mientras los noticieros en Londres y Nueva York hablaban de la “estabilización del mercado de cristales” y de cómo la vida parecía estar volviendo a una extraña normalidad bajo la tutela de los nuevos héroes, tres sombras abandonaron la Torre Lotte.
No hubo fanfarria.
No hubo despedida para los ciudadanos de Seúl, que seguían encerrados en sus casas, rezando a dioses que ya no escuchaban o a un Tirano que ya no estaba.
Kang-Han caminaba a la cabeza, su abrigo largo ondeando como una bandera de rendición para el resto del planeta.
A su izquierda, la Reina de Hielo; a su derecha, la Santa de las Espinas.
Eran el Triunvirato de la Traición, y el primer paso de su viaje hacia Japón no dejó huella en el suelo, pero sí una grieta invisible en la historia de la humanidad.
El mundo seguía durmiendo, convencido de que el apocalipsis era un evento televisado que se podía apagar con el control remoto.
Nadie notó que el “problema regional” de Corea acababa de borrar su propia ubicación del mapa del destino para empezar a escribir uno nuevo, uno donde no habría héroes, solo supervivientes y el hombre que los gobernaría a todos.
[Nivel actual: 100] [Progreso de Asimilación del Núcleo: 13%] [Estado del Mundo: Fase 2 – La Gran Negación] [Ubicación Actual: En tránsito hacia el Nexo de Tokio]
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