El Regresor Que Decidió No Salvar Al Mundo - Capítulo 14
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14: No Es El Mundo 14: No Es El Mundo La masacre en el vestíbulo de la Torre Lotte no fue transmitida en vivo, pero el silencio que emanaba del edificio tras el “Día de la Liberación” fue más elocuente que cualquier grito.
Para el resto del planeta, Corea del Sur se había convertido en un agujero negro informativo.
Las agencias de inteligencia de las grandes potencias observaban con frustración cómo sus satélites solo devolvían una imagen estática de nubes púrpuras y estática de maná sobre la península.
En Ginebra, la sede provisional de la Asociación Global de Despertados (AGD) bullía con una actividad frenética.
Representantes de treinta naciones se apiñaban en una sala de conferencias blindada, discutiendo sobre mapas que ya no tenían sentido.
—¡Es inaceptable!
—exclamó el delegado francés, golpeando la mesa—.
Corea del Sur no es una isla privada.
Si el sujeto Kang-Han ha muerto, el Nexo de Seúl debe ser internacionalizado de inmediato.
¡La estabilidad energética de Europa depende de que ese flujo de maná no se interrumpa!
—Nuestros informes indican que el orden sigue vigente en la ciudad —intervino una mujer de cabello cano, representante de la inteligencia británica—.
Sin embargo, no es el orden que conocemos.
Seúl se ha convertido en un ecosistema cerrado.
Aquellos que intentan salir desaparecen, y los que intentan entrar…
bueno, no hemos tenido voluntarios desde que perdimos al equipo de reconocimiento belga hace tres días.
—¿Y qué hay de los otros Campeones?
—preguntó el delegado francés, mirando a la silla vacía que debería ocupar el representante de Estados Unidos—.
¿Acaso Washington va a permitir que un tirano regional juegue a ser Dios mientras el resto del mundo intenta reconstruirse?
La respuesta no llegó de un diplomático, sino de la pantalla gigante al fondo de la sala.
La imagen parpadeó y apareció el rostro de Cyrus, la Campeona de EE.
UU.
Estaba en lo que parecía ser una zona de guerra activa; detrás de ella, se veían los restos de un rascacielos envueltos en llamas azules.
—Dejen de llorar por Corea —dijo Cyrus, su voz cortando el aire de la sala como un cuchillo—.
Corea no es el mundo.
Es un laboratorio.
Mientras ustedes discuten sobre protocolos de intervención, yo estoy lidiando con una brecha de Rango Calamidad en Seattle.
El Sistema no nos dio el poder para que hiciéramos política, se los dio para que sobrevivieran.
—¡Cyrus, el Consejo exige que intervengas en Seúl!
—gritó el delegado.
—Vayan ustedes mismos si tienen tantas ganas —Cyrus sonrió con desdén—.
Pero les daré un consejo gratuito: no confundan el silencio de Kang-Han con debilidad.
Un depredador solo se queda callado cuando está acechando a su próxima presa.
Y si yo fuera ustedes, empezaría a mirar hacia Japón.
Mis radares detectaron una fluctuación de maná tipo “Traición” moviéndose por el estrecho antes de que perdiéramos la señal.
La pantalla se apagó, dejando a los diplomáticos en un silencio sepulcral.
◇ ◇ ◇ Fukuoka, Japón, era un espejo deformado de Seúl.
Mientras Seúl era una ciudad de acero y biomasa, Fukuoka parecía haber retrocedido trescientos años en el tiempo, pero con una tecnología de pesadilla.
Los edificios modernos habían sido reforzados con vigas de madera sagrada y sellos de papel que brillaban con una luz eléctrica.
En las calles, no había patrullas con armas de fuego; había hombres con armaduras de polímero y katanas que emitían un zumbido de alta frecuencia.
Kang-Han caminaba por un callejón estrecho, con la capucha de su abrigo cubriendo su rostro.
A su lado, Ha-Neul se movía como una sombra, sus pies apenas rozando los adoquines.
La presión de maná en Japón era diferente: era afilada, disciplinada, casi militarista.
—Este lugar apesta a orden —murmuró Han.
Su brazo derecho palpitó bajo las vendas, el ébano dorado reaccionando al “aroma” del Campeón local.
—Es el dominio de Ryuji —respondió Ha-Neul en un susurro—.
Él no gobierna mediante el terror directo como nosotros, Maestro.
Él gobierna mediante el “Giri”, el deber sagrado.
Cada ciudadano aquí tiene un rango y un propósito.
Si no eres útil para el Shogunato, eres…
reciclado.
Se detuvieron frente a una plaza donde una ejecución estaba a punto de tener lugar.
Un joven, apenas un adolescente, estaba arrodillado frente a un samurái de alto rango.
El pecado del chico era simple: sus estadísticas de maná no habían subido lo suficiente en el último mes para justificar su ración de comida.
—Por el honor del Sol Naciente —declaró el samurái, levantando su espada—.
Tu esencia será devuelta al Nexo para que un guerrero más digno pueda usarla.
La espada descendió, pero no tocó el cuello del chico.
Un fragmento de madera negra, tan rápido que nadie lo vio venir, interceptó la hoja.
El metal de alta frecuencia de la katana se hizo añicos al contacto con la biomasa de Han.
—¿Quién se atreve?
—rugió el samurái, retrocediendo y buscando con la mirada.
Han salió de las sombras, bajándose la capucha.
Su rostro platino y sus ojos gélidos silenciaron la plaza instantáneamente.
No emanaba una presión explosiva, sino una gravedad densa que hacía que los presentes sintieran que el suelo se inclinaba hacia él.
—Vengo de un lugar donde no reciclamos a los débiles —dijo Han, su voz resonando con una autoridad que no pertenecía a este país—.
Simplemente les damos una razón para tener miedo.
Y el miedo, a diferencia de tu “honor”, es una fuente de energía inagotable.
—¡Un infiltrado coreano!
—gritó el samurái, sacando un cuchillo de emergencia—.
¡Maten al intruso!
Nadie se movió.
Los otros guerreros en la plaza se quedaron paralizados.
No era solo miedo; era el efecto de la Autoridad de la Traición.
Han estaba “traicionando” la lealtad de sus cuerpos hacia sus mentes.
Sus músculos se negaban a obedecer las órdenes de atacar.
Han caminó hacia el samurái, quien ahora temblaba incontrolablemente.
Con un movimiento fluido de su mano izquierda, Han le agarró el cuello.
—Dile a Ryuji que el Soberano de la Torre Lotte está aquí para una auditoría —dijo Han al oído del hombre—.
Y dile que el precio de su “Giri” acaba de subir.
Han apretó ligeramente y el samurái cayó al suelo, no muerto, pero con su núcleo de maná temporalmente sellado por la corrupción del Alba Negra.
Han miró al chico que estaba a punto de ser ejecutado.
—Vete —ordenó—.
Y si alguien te pregunta quién te salvó, diles que fue el hombre que va a quemar este jardín de cristal.
◇ ◇ ◇ Esa misma noche, en el Palacio Imperial de Tokio, un hombre estaba sentado en posición de loto frente a un estanque de carpas que brillaban con luz propia.
Ryuji, el Campeón de Japón, abrió los ojos.
Eran ojos negros como la tinta, sin brillo, pero con una profundidad oceánica.
Frente a él, una sombra se materializó.
Un ninja de rango S, arrodillado.
—Shogun, el intruso ha llegado a Fukuoka.
Ha inutilizado a un capitán de la tercera división sin desenvainar un arma.
Ryuji guardó silencio durante un largo rato.
El agua del estanque se calmó por completo bajo su voluntad.
—Arthur era un caballero que buscaba gloria.
Cyrus es una mercenaria que busca eficiencia —dijo Ryuji, su voz suave pero cargada de una amenaza implícita—.
Pero este hombre…
Kang-Han es algo diferente.
Él busca la asimilación.
Ryuji se levantó.
Su armadura, una obra maestra de ingeniería y magia antigua, se ajustó a su cuerpo automáticamente.
—No envíen más patrullas.
Sería como alimentar a un incendio con hojas secas.
Si quiere Tokio, dejen que camine hacia ella.
Quiero ver cuánto de su humanidad pierde en cada kilómetro de nuestro suelo.
Inviten a los medios internacionales que aún tenemos bajo control.
Si el mundo cree que es un monstruo, hagamos que su derrota sea el espectáculo más grande de la Fase 2.
◇ ◇ ◇ Mientras tanto, en Seúl, Seo-Yoon observaba desde la cima de la torre cómo las nubes púrpuras se volvían más densas.
Había limpiado la rebelión, pero sabía que la verdadera prueba no vendría de dentro, sino de los satélites que ahora la observaban con miedo.
Sacó un pequeño comunicador, un enlace directo que solo Han podía activar.
—La semilla está plantada en el Oeste —susurró hacia el dispositivo—.
El mundo cree que Corea es el problema.
No saben que Corea es solo el primer síntoma de una enfermedad que ya no tiene cura.
A mil kilómetros de distancia, en una posada tradicional japonesa en las afueras de Fukuoka, Han cerró los ojos y sintió el mensaje.
Su brazo derecho brilló con una intensidad dorada, iluminando la habitación oscura.
—Corea no es el mundo —repitió Han, con una sonrisa sombría—.
Pero pronto, el mundo será Corea.
[Nivel actual: 101] [Reputación Mundial: “El Fantasma de Seúl”] [Progreso de la Infiltración en Japón: 5%]
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