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El Regresor Que Decidió No Salvar Al Mundo - Capítulo 16

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  4. Capítulo 16 - 16 Los Otros Que No Se Mueven
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16: Los Otros Que No Se Mueven 16: Los Otros Que No Se Mueven El mundo no es un organismo unido; es una colección de miedos que fingen ser naciones.

Mientras el suelo de Fukuoka todavía vibraba bajo el peso de la nueva autoridad de Kang-Han, el resto del planeta se sumió en un silencio sepulcral.

No era el silencio de la paz, sino el de un espectador que contiene la respiración al ver a un trapecista tambalearse sobre el abismo.

Las pantallas globales, que días atrás gritaban indignación por la caída de Arthur, ahora mostraban mapas estáticos o transmisiones interrumpidas.

En la cima de la Torre Lotte, en Seúl, Seo-Yoon observaba los monitores de largo alcance.

Una flota de la AGD (Asociación Global de Despertados) se mantenía a exactamente doce millas náuticas de la costa: el límite sagrado de las aguas territoriales.

Sus radares emitían pulsos constantes, como dedos nerviosos golpeando una mesa.

No atacaban, pero su presencia era una pregunta que nadie se atrevía a formular en voz alta: ¿Está el Soberano lo suficientemente herido como para que nos atrevamos a entrar?

—Buitres —susurró Seo-Yoon.

Sus dedos enguantados acariciaron el pomo de su estoque de hielo, y un rastro de escarcha blanca se extendió por la consola de mando—.

Esperan a que el león deje de respirar para ver quién se queda con la carcasa.

Pero el “león” no estaba en Seúl.

Y los otros depredadores del mundo lo sabían perfectamente.

◇ ◇ ◇ [Tierras Altas de Escocia – Refugio del Panteón Europeo] Tras la extinción de la luz de Arthur, el liderazgo de Europa había recaído en una figura que prefería el susurro a la proclama.

Beatrix, la Tejedora de Almas, observaba el cielo plomizo desde el centro de un círculo de piedras rúnicas que vibraban con una energía ancestral.

A diferencia de Arthur, ella no creía que el honor fuera una armadura eficiente.

—Arthur murió porque intentó ser un muro —murmuró Beatrix sin apartar la vista de las nubes—.

Y los muros solo sirven para que el enemigo sepa dónde golpear.

Kang-Han no es un martillo, es una infección.

No golpeas a la plaga, te aíslas de ella.

—Los gobiernos están exigiendo una represalia, Milady —intervino su consejero, un hombre que parecía consumido por el estrés de las últimas 48 horas—.

Dicen que si no atacamos Corea ahora que el Soberano se ha “exiliado” en Japón, perderemos la soberanía del Sistema.

Beatrix soltó una risa suave, un sonido seco que recordó al crujir de hojas muertas.

—¿Soberanía?

El Sistema es un parásito que nos deja jugar a ser reyes.

El coreano está sufriendo un rechazo de núcleo; puedo sentir la disonancia en las corrientes de maná desde aquí.

Pero si lo atacamos ahora, su cuerpo usará la adrenalina del combate para forzar la sincronización.

No.

Dejen que se pudra en Japón.

Dejen que Ryuji gaste sus recursos.

Nosotros cerraremos las fronteras y esperaremos a que el veneno se consuma solo.

Europa, la cuna de los héroes de leyenda, decidió no moverse.

Una decisión nacida del miedo disfrazado de prudencia.

◇ ◇ ◇ [Ciudad Prohibida, Beijing – Servidor de Asia Central] El Campeón de China, Ling, un hombre cuya piel tenía la textura del pergamino antiguo y cuyos ojos parecían pozos de tinta infinita, observaba un lienzo a medio pintar.

La imagen representaba un dragón de escamas negras devorando su propia cola.

—El joven de Seúl ha cruzado el mar —dijo Ling sin girarse hacia el general que esperaba arrodillado tras él—.

Ryuji debe estar furioso.

Su preciado “Giri” está siendo pisoteado por botas llenas de barro extranjero.

—¿Deberíamos intervenir, Gran Maestro?

—preguntó el general—.

Si Japón colapsa, Corea controlará el flujo comercial de cristales de maná de todo el hemisferio.

Ling mojó su pincel en una tinta oscura que parecía absorber la luz de la habitación.

—Japón no colapsará tan fácilmente.

Ryuji es como el bambú; se dobla hasta tocar el suelo antes de romperse.

Además, Kang-Han tiene el defecto de los conversos: cree que el poder absoluto es la meta.

No entiende que el poder absoluto es, en realidad, una celda muy lujosa.

Ling trazó una línea perfecta, dividiendo el lienzo en dos.

—No nos moveremos.

Si Corea gana, quedará agotada.

Si Japón gana, quedará herida.

En ambos casos, el dragón solo tiene que esperar a que los tigres terminen de despedazarse para reclamar el bosque.

Asia Central, la potencia terrestre, decidió no moverse.

Una decisión nacida de la ambición disfrazada de paciencia.

◇ ◇ ◇ [Costa Oeste, EE.

UU.

– Cuartel General de Cyrus] Cyrus estaba en una cámara de alta gravedad, golpeando un saco de entrenamiento fabricado con fibras de mithril reforzado.

Cada impacto generaba una onda de choque que hacía que los sensores de presión de la sala gritaran en rojo.

—Señora, el Pentágono solicita una respuesta sobre la incursión de la AGD en Incheon —dijo un asistente por el intercomunicador—.

Quieren saber si nuestra flota debe dar apoyo si la Reina de Hielo abre fuego contra los barcos de la coalición.

Cyrus se detuvo en seco.

El sudor brillaba sobre sus tatuajes rúnicos, que pulsaban con un ritmo cardíaco propio.

—Diles que si son lo suficientemente estúpidos como para entrar en el patio trasero de esa mujer sin la invitación de Han, merecen ser hundidos —respondió Cyrus, limpiándose la cara con una toalla—.

No voy a desperdiciar una sola moneda de maná americana en una pelea de egos diplomáticos.

—¿Y sobre Han?

Los informes de Fukuoka dicen que su brazo está…

mutando fuera de control.

Cyrus miró sus propios puños, nudillos marcados por años de violencia sistémica.

—Han está haciendo lo que todos nosotros tenemos miedo de intentar: está rompiendo el guion del Sistema.

No quiere ser un Campeón; quiere ser el dueño del casino.

Y hasta que no sepa si va a triunfar o si va a estallar como una supernova, no moveré ni un dedo.

Que los políticos jueguen a la guerra.

Yo estoy esperando a ver si el monstruo sobrevive a su propia evolución.

América, el brazo armado de las Constelaciones, decidió no moverse.

Una decisión nacida del respeto disfrazado de indiferencia.

◇ ◇ ◇ [Fukuoka, Japón] Kang-Han caminaba por la avenida principal de una ciudad que ahora se sentía como un decorado abandonado.

A su paso, las farolas parpadeaban hasta fundirse y la estática en el aire hacía que los dispositivos electrónicos en los bolsillos de los civiles emitieran un zumbido doloroso.

Él podía sentir el silencio del mundo.

Era una vibración sorda, la ausencia de interferencia divina, el repliegue de los satélites espía que antes lo acosaban.

—No se mueven —murmuró Han.

Su voz tenía un matiz dual, como si el eco de Arthur hablara desde el fondo de su garganta—.

Creen que estoy agonizando.

Creen que si se quedan quietos, el tiempo hará el trabajo sucio por ellos.

—Es la naturaleza humana, Maestro —dijo Ha-Neul, deslizándose a su sombra.

Sus alas de madera negra se agitaban levemente, saboreando el miedo rancio que flotaba en las calles—.

La inacción es su manta de seguridad.

Han se detuvo frente a una pantalla publicitaria gigante que milagrosamente aún funcionaba.

En ella, la imagen estática del Shogun Ryuji pedía calma y orden a la población japonesa.

—Se equivocan en algo fundamental —dijo Han, levantando su brazo de ébano dorado—.

No estoy muriendo.

Estoy siendo reconstruido.

Y cada segundo que pasan “esperando”, es un segundo que me regalan para devorar los cimientos de su realidad.

Han cerró el puño y la pantalla gigante se retorció, convirtiéndose en una masa de metal líquido que fluyó hacia el asfalto, alimentando las raíces de biomasa que Han estaba extendiendo quirúrgicamente por toda la ciudad.

[Habilidad Pasiva: Silencio del Depredador] [Efecto:] Mientras los enemigos no inicien un acto de combate directo, tu tasa de asimilación de energía ambiental aumenta un 200%.

Han miró hacia el norte, hacia el resplandor lejano de Tokio.

Ryuji tampoco se movía.

Estaba sentado en su trono, confiando en que sus generales y el Cementerio de Cristal serían suficientes para detener a un “coreano herido”.

—Beatrix, Ling, Cyrus, Ryuji…

—Han sonrió, y sus ojos platino brillaron con una luz depredadora—.

Gracias por su paciencia.

Gracias por darme el tiempo que necesitaba para que el núcleo de Arthur dejara de ser un parásito y se convirtiera en mi motor.

De repente, una notificación del Sistema parpadeó, grabándose en su retina.

[¡ALERTA!] [El estado de “Ceguera Voluntaria” de las potencias globales ha permitido al Soberano alcanzar un punto de inflexión.] [Estado de Asimilación del Núcleo Caído: 35%] [Nueva Habilidad Desbloqueada: Autoridad de la Zona Muerta.] Han extendió su mano y, por un instante, la realidad en Fukuoka perdió todo rastro de color.

El aire se volvió gris, el sonido se extinguió y la temperatura cayó por debajo del punto de congelación.

La ciudad ya no pertenecía a Japón; era una extensión orgánica de la Torre Lotte.

—Si no se mueven —sentenció Han, retomando su marcha hacia el norte—, entonces yo moveré el mundo por ustedes.

◇ ◇ ◇ En Seúl, Seo-Yoon vio cómo el mapa táctico cambiaba de color.

La mancha roja de la influencia de Han se expandía por Japón como una gota de sangre en un cuenco de leche.

—Maestra, la flota de la AGD ha iniciado una retirada de emergencia —informó un oficial, atónito—.

Dicen que han recibido órdenes directas de sus sedes de “no provocar al sujeto bajo ninguna circunstancia”.

Seo-Yoon apagó el monitor con un gesto seco.

—No se retiran por prudencia.

Se retiran porque finalmente han sentido lo que yo siento desde hace horas.

Miró por el ventanal hacia el horizonte, donde el sol se ponía tiñendo el mar de un color que oscilaba entre el oro y la ceniza.

—El Soberano ya no está herido.

El Soberano tiene hambre.

Y el mundo acaba de cometer el error de dejarlo comer en paz.

[Nivel actual: 102] [Influencia Global: Creciendo en las sombras] [Estado del Brazo: Fusión estable al 40%]

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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