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El Regresor Que Decidió No Salvar Al Mundo - Capítulo 18

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  4. Capítulo 18 - 18 El Mundo Sigue Girando
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18: El Mundo Sigue Girando 18: El Mundo Sigue Girando En la era del Sistema, el horror tiene una extraña forma de volverse ruido de fondo.

Es una ley no escrita de la psique humana: la mente no puede sostener el estado de pánico absoluto durante más de setenta y dos horas sin colapsar.

Después de eso, el miedo se metaboliza.

Se convierte en una rutina, en una estadística, en un titular que se desliza con el dedo índice sobre la pantalla de un móvil mientras se espera a que se tueste el pan.

Mientras las costas de Incheon se transformaban en un mausoleo de hielo azul bajo el mando de Seo-Yoon, y las prefecturas del sur de Japón comenzaban a ser devoradas por una vegetación negra que palpitaba con venas doradas, el resto del planeta se despertaba con el aroma del café y el zumbido de las notificaciones matutinas.

Para el ciudadano promedio en París, Nueva York o Madrid, el “Soberano de Corea” no era una amenaza existencial inmediata; era un villano de una narrativa lejana.

◇ ◇ ◇ [Lyon, Francia – 08:15 AM] Marc, un joven analista de sistemas de veintitantos años, desayunaba un croissant rancio mientras veía un hilo de redes sociales en su tableta.

La pantalla mostraba imágenes granuladas de la flota de la Alianza de los Siete Mares atrapada en el hielo coreano.

Las fotos eran aterradoras, pero Marc simplemente suspiró y pasó a la siguiente noticia.

—Mira esto —le dijo a su compañera, Justine, que se maquillaba frente al espejo del salón—.

Dicen que los escudos de maná en la frontera de la Unión Europea han subido al nivel 9 de seguridad.

Beatrix ha dado un discurso diciendo que nuestras líneas de ley son “geográficamente incompatibles” con la corrupción de Asia.

Justine ni siquiera se giró.

Se aplicaba rímel con una precisión quirúrgica.

—Lo de Corea es lamentable, supongo —respondió ella con voz monótona—.

Pero es Asia, Marc.

Siempre han tenido problemas con las brechas del Sistema y los tiranos locales.

Aquí tenemos instituciones, tenemos al Panteón Europeo.

No es como si un tipo con un brazo de madera fuera a cruzar el Atlántico y el Mediterráneo sin que nadie lo note.

Además, mañana tengo la presentación del proyecto y no puedo perder el tiempo pensando en monstruos coreanos.

Para Marc y Justine, el apocalipsis era algo que sucedía en una zona horaria diferente.

Era una tragedia exótica, como una inundación en un país del que apenas recordaban el nombre en los libros de geografía.

El mundo seguía girando porque la negación no era solo una elección política de los gobiernos; era un mecanismo de supervivencia biológica.

Si aceptaran que el suelo bajo sus pies podía ser reclamado por un hombre que desayunaba núcleos de dioses, simplemente no podrían ir a trabajar.

◇ ◇ ◇ [Nueva York, EE.

UU.

– Times Square] Las pantallas gigantes que antes anunciaban fragancias de lujo y relojes suizos ahora mostraban gráficos en tiempo real de los niveles de maná atmosférico.

“Nivel de Alerta: Verde (Estable)”, decía un letrero luminoso sobre el edificio de la NASDAQ.

El capitalismo, fiel a su naturaleza depredadora, había encontrado la forma de empaquetar el fin del mundo.

En las aceras, la gente caminaba con la prisa habitual, esquivando a los predicadores que gritaban sobre el “Trancendental de la Traición”.

Un hombre con un cartel andrajoso gritaba: “¡El Soberano viene!

¡El Trono de la Tierra está siendo reclamado!”.

Un grupo de estudiantes universitarios se detuvo para tomarse un selfie con el predicador de fondo, haciendo gestos de victoria.

Para ellos, el hombre no era un profeta, era parte de la escenografía neoyorquina, una atracción más como los tipos disfrazados de Elmo o Spider-Man.

En una cafetería cercana, dos oficiales de la policía de Nueva York discutían mientras esperaban sus lattes.

—¿Viste lo de la flota congelada?

—preguntó el más joven—.

Doce barcos hechos pedazos por una sola mujer.

Da que pensar, ¿no?

—Da que pensar que los mercenarios son unos chapuceros —respondió el veterano, ajustándose el cinturón—.

Mientras el canal de noticias no diga que hay raíces negras creciendo en Central Park, seguiré preocupándome más por los tipos que roban tiendas de conveniencia en Brooklyn.

Corea está a diez mil millas, muchacho.

Tenemos a Cyrus y tenemos los misiles de maná.

Si el tal Kang-Han quiere jugar a ser el emperador de su patio trasero, que lo haga.

A nosotros no nos paga el Ayuntamiento para salvar el mundo, sino para patrullar la calle 42.

Esa era la gran victoria de la Fase 2: la ilusión de la compartimentación.

El Sistema había fragmentado tanto la realidad que cada nación se sentía una burbuja independiente, un servidor aislado donde las reglas del vecino no aplicaban.

El apocalipsis era, por definición, algo que le pasaba a “otros”.

◇ ◇ ◇ [Fukuoka, Japón – Territorio de la Zona Muerta] En el centro de lo que los medios japoneses llamaban ahora “La Mancha de Ébano”, la realidad no permitía el lujo de la ignorancia.

Kang-Han caminaba por una carretera desierta donde el tiempo parecía haberse espesado como la brea.

Los coches estaban abandonados en filas perfectas, cubiertos por una ceniza plateada que caía de un cielo perpetuamente nublado.

No había pájaros.

No había viento.

No había el zumbido reconfortante de la red eléctrica.

Solo el latido rítmico de su propio corazón, que ahora resonaba en sus oídos con el peso de un tambor de guerra golpeando bajo el agua.

Han se detuvo frente al escaparate de una tienda de electrónica de lujo.

En los televisores de muestra, que aún funcionaban gracias a generadores de maná de emergencia, se veía un programa de variedades de Londres donde un panel de expertos discutía si la moda de otoño debería incluir capas con protección contra hechizos de nivel 2.

—Míralos, Ha-Neul —dijo Han.

Su voz no era más que un susurro, pero el cristal de la tienda vibró violentamente ante su tono—.

Siguen contando sus monedas de oro y discutiendo sobre costura mientras el suelo bajo sus pies se está convirtiendo en arena movediza.

Ha-Neul, cuya apariencia ahora recordaba más a una deidad forestal de una mitología olvidada que a una mujer humana, se acercó a su lado.

Sus alas de madera negra se plegaron sobre su espalda con un sonido similar al de mil insectos frotando sus patas.

—Creen que el océano es un foso infranqueable, Maestro —respondió ella, y sus ojos violetas reflejaron la estática de las pantallas—.

Han vivido tanto tiempo bajo la protección de las Constelaciones que han olvidado lo que es la verdadera depredación.

Creen que el Sistema tiene un reglamento que usted debe respetar.

—El error humano más persistente es creer que el silencio es sinónimo de paz —Han extendió su mano de ébano dorado y tocó suavemente el cristal del escaparate.

El vidrio no se hizo añicos; se disolvió en filamentos de luz que fueron absorbidos por sus poros—.

Se sienten seguros porque no he hecho un anuncio oficial.

Porque no he enviado una declaración de guerra firmada por un cuerpo diplomático.

Esperan que la destrucción sea burocrática.

Esperan que el fin del mundo les envíe una notificación push con 24 horas de antelación.

Han cerró los ojos, expandiendo sus sentidos.

A través de la red de biomasa que ya cubría gran parte de la prefectura de Fukuoka, sintió los hilos invisibles que lo unían a la Torre Lotte.

Sintió la presencia de Seo-Yoon, una llama azul y constante en el norte, y la presencia de los otros Campeones del mundo, que brillaban como faros distantes y arrogantes en el mapa global.

Cyrus en América, Beatrix en Europa, Ling en China…

todos estaban mirando, pero ninguno estaba viendo.

Estaban demasiado ocupados protegiendo sus propias fronteras, convencidos de que podían “contener” la anomalía coreana mediante el aislamiento.

Había llegado el momento de romper esa burbuja de cristal.

◇ ◇ ◇ [Piso 100 – Torre Lotte, Seúl] Seo-Yoon estaba sentada en el despacho de Han.

La habitación estaba sumida en una penumbra fría, iluminada solo por el brillo de las pantallas tácticas.

El silencio fue interrumpido por una vibración que no vino del aire, sino de la médula de sus huesos.

El dispositivo de comunicación, un cristal tallado que Han le había entregado antes de partir, comenzó a emitir un pulso de luz platino.

—Seo-Yoon.

—La voz de Han no salió del cristal; resonó directamente en la mente de la Reina de Hielo, con una claridad que la hizo estremecer.

—Dígame, mi Señor.

Estoy escuchando.

—La fase de negación del mundo ha servido para nuestro propósito.

La asimilación del núcleo de Arthur ha alcanzado la masa crítica de estabilidad.

El mundo se ha vuelto demasiado cómodo observando mis sombras desde la distancia.

Creen que Japón es mi límite y Corea mi prisión.

Seo-Yoon se puso en pie, su aura de escarcha reaccionando a la intención de su maestro.

Las paredes de la oficina comenzaron a cubrirse de una capa de hielo fino.

—¿Debo preparar el despliegue de los gremios subordinados?

¿Iniciamos la marcha sobre el Mar del Este?

—No —la voz de Han se volvió profunda, cargada de una gravedad que hizo que las luces de la ciudad de Seúl parpadearan al unísono—.

No quiero un ejército marchando.

Los ejércitos son ruidosos y dan tiempo para que el enemigo se prepare.

Quiero que el mundo se despierte y se dé cuenta de que ya estoy dentro de sus casas.

Voy a salir de Corea oficialmente, pero no lo haré por el puerto, ni por el aire, ni por ningún camino que sus satélites puedan rastrear.

—¿Maestro?

¿A qué se refiere?

—Voy a usar las venas de la tierra.

Voy a viajar a través de los Nexos que ellos mismos han dejado desprotegidos.

Que sigan mirando a Fukuoka.

Que sigan vigilando el puerto de Incheon.

Han, en Japón, miró hacia el cielo.

Las nubes se arremolinaban en un vórtice negro directamente sobre su cabeza, desafiando las leyes de la meteorología.

El Sistema comenzó a emitir notificaciones en cascada, pero esta vez, las alertas no eran para él.

[¡NOTIFICACIÓN GLOBAL DEL SISTEMA!] [El Soberano de la Traición ha abandonado su punto de origen.] [Estado de Ubicación Actual: DESCONOCIDO / ERROR DE RASTREO.] [Nivel de Alerta: ELEVADO.] En los centros de mando de Washington, Ginebra y Beijing, las alarmas empezaron a sonar.

Los puntos rojos que marcaban la posición de Kang-Han en los mapas térmicos de maná simplemente desaparecieron.

—¿A dónde diablos se ha ido?

—gritó un técnico en el Pentágono, golpeando su consola con frustración—.

¡Lo teníamos en Fukuoka hace diez segundos!

¡Revisen los satélites de Seúl!

¡Revisen las firmas de calor en el mar!

Pero el rastro de Han se había desvanecido por completo.

Había dejado de ser una entidad física rastreable para convertirse en una sombra moviéndose por el subsuelo de la realidad.

◇ ◇ ◇ En el ático de la Torre Lotte, Seo-Yoon observó por el ventanal cómo los helicópteros de noticias y las patrullas de otros países que vigilaban Corea desde la distancia empezaban a moverse erráticamente, como abejas que han perdido a su reina.

—El mundo sigue girando —susurró Seo-Yoon para sí misma, con una sonrisa que no contenía rastro de calidez—.

Pero a partir de hoy, girará en la dirección que mi Señor decida.

CLIFFHANGER: Sin anuncios públicos, sin despliegue de barcos y sin cámaras de televisión, Kang-Han ha desaparecido de la faz del mapa global.

Mientras los gobiernos del mundo buscan desesperadamente su rastro en las fronteras y los puertos, Han ha iniciado su movimiento silencioso hacia el corazón de la siguiente potencia.

El mundo sigue girando, convencido de su seguridad, pero ahora gira en la palma de la mano de un hombre que ya no tiene la más mínima intención de esconderse.

[Nivel actual: 102] [Humanidad restante: 35%] [Próximo destino: El corazón del Cementerio de Cristal.]

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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