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El Regresor Que Decidió No Salvar Al Mundo - Capítulo 20

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20: Tokyo Sigue Viva 20: Tokyo Sigue Viva El aire en Tokio no olía a ozono quemado ni a la putrefacción de la biomasa.

Olía a lluvia reciente sobre el asfalto caliente, a vapor de los puestos de ramen en Shinjuku y al sutil aroma del incienso que emanaba de los santuarios integrados en los rascacielos.

A diferencia de Seúl, que bajo el mando de Han se había convertido en una catedral de acero y raíces negras, o de Fukuoka, que ahora era una zona de guerra silenciosa, Tokio respiraba con una normalidad que resultaba casi insultante.

Las luces de neón de Shibuya seguían parpadeando, proyectando sombras coloridas sobre miles de ciudadanos que cruzaban la calle con la mirada fija en sus terminales de maná.

Los trenes maglev se deslizaban sobre sus rieles con la precisión de un reloj suizo.

Para el observador externo, el apocalipsis de la Fase 2 era una noticia internacional, no una realidad local.

Esta era la obra maestra de Ryuji.

Mientras Kang-Han gobernaba mediante el impacto y la transformación radical del entorno, el Campeón japonés había optado por la preservación absoluta.

Su gobierno no se sentía como una dictadura, sino como una simbiosis perfecta.

Había integrado el Sistema en la infraestructura de la ciudad de tal manera que los ciudadanos apenas notaban que su “calidad de vida” dependía enteramente de los núcleos de maná que Ryuji procesaba en el subsuelo.

◇ ◇ ◇ [Distrito de Chiyoda – Interior del Palacio Imperial] En las profundidades del palacio, lejos del ruido de la ciudad, el contraste con el caos exterior era total.

Aquí, el silencio era absoluto, roto solo por el goteo rítmico de una fuente shishi-odoshi.

Ryuji no estaba sentado en un trono de oro.

Estaba en una habitación de tatami minimalista, vistiendo un kimono de lino sencillo.

Frente a él, una serie de pantallas holográficas flotaban en el aire, mostrando flujos de datos que representarían la salud de una nación: niveles de maná en los hospitales, estabilidad de los escudos civiles y el índice de felicidad de los Despertados de bajo rango.

—El contraste es fascinante, ¿no lo crees, Kento?

—dijo Ryuji sin mirar atrás.

Un hombre vestido con un traje impecable, su consejero principal, se inclinó desde la sombra de la puerta.

—Seúl es una herida abierta, Shogun.

Tokio es un cuerpo sano.

Los informes internacionales dicen que somos el último bastión de la civilización tal como se conocía antes de la Fase 1.

—Un cuerpo sano puede esconder un cáncer muy profundo, Kento —Ryuji tomó una taza de té verde, el vapor subiendo en espirales perfectas—.

Han cree que la fuerza se demuestra rompiendo las cosas.

Yo creo que la verdadera fuerza se demuestra manteniendo las cosas exactamente como estaban, incluso cuando el universo intenta destrozarlas.

Ryuji deslizó un dedo por el aire y la imagen del Cementerio de Cristal apareció en el centro.

Las agujas de cuarzo se veían oscurecidas, infectadas por el avance de Han.

—Él ya está en el jardín —continuó Ryuji—.

Ha cruzado el umbral de Gunma.

Kaito está luchando por su vida, o quizás ya la ha entregado.

—¿Debemos movilizar a la Guardia del Sol?

—preguntó Kento, su voz teñida de una urgencia que Ryuji no compartía—.

Si Fukuoka cayó en horas, Tokio podría…

—Tokio no caerá —interrumpió Ryuji, y por primera vez, una presión de maná tan densa como el plomo llenó la habitación—.

Fukuoka fue un sacrificio necesario para entender su ritmo.

Seúl fue el laboratorio de su ego.

Pero Tokio…

Tokio es mi templo.

Aquí, el Sistema no le obedece a él, me obedece a mí.

Ryuji se levantó.

A pesar de su apariencia tranquila, sus ojos reflejaban una profundidad gélida.

A diferencia de Han, que buscaba la “Traición” para elevarse por encima de todos, Ryuji buscaba la “Armonía” para ser el centro de todo.

Su poder no venía de asimilar enemigos, sino de sincronizar a millones de personas bajo su propia frecuencia de maná.

◇ ◇ ◇ [Shinjuku – 21:00 PM] En las calles, los ciudadanos seguían con sus vidas.

Un grupo de oficinistas salía de un izakaya, riendo y discutiendo sobre el último parche del Sistema que permitía una mejor conexión de red en los distritos periféricos.

No había patrullas de biomasa, no había ejecuciones públicas.

Si alguien desaparecía por ser “ineficiente”, se hacía de noche, en silencio, y su familia recibía una compensación económica del Shogunato junto con una carta de condolencias oficial.

El control de Ryuji era tan absoluto que se había vuelto invisible.

Era una tiranía de terciopelo.

—Es extraño, ¿verdad?

—comentó un turista que había quedado atrapado en Japón tras el cierre de fronteras—.

En las noticias dicen que el Soberano de Corea está invadiendo, pero aquí…

se siente como si nada hubiera cambiado.

Sigo pudiendo comprar mi café en el 7-Eleven.

Esa era la trampa de Ryuji.

Había creado una burbuja de normalidad tan convincente que la gente defendería su “estilo de vida” hasta la muerte, sin darse cuenta de que cada vez que usaban una habilidad de maná o compraban un objeto del Sistema, estaban alimentando el núcleo central que Ryuji controlaba bajo el Palacio Imperial.

◇ ◇ ◇ [Cementerio de Cristal – Frontera con Saitama] Kang-Han caminaba sobre los restos de las agujas de cuarzo.

A medida que se acercaba a la zona metropolitana de Tokio, la resistencia cambiaba.

Ya no eran samuráis suicidas o tanques de maná.

Eran nodos de interferencia.

—Maestro, la frecuencia de este lugar es…

molesta —dijo Ha-Neul, rascándose el brazo donde la biomasa parecía retraerse levemente—.

Siento que el aire intenta “limpiarme”.

Han observó el horizonte.

Las luces de Tokio brillaban con una intensidad artificial.

Podía sentir la red de Ryuji extendiéndose por el suelo, una malla de energía blanca que intentaba repeler su corrupción dorada.

—No es limpieza, Ha-Neul.

Es estancamiento —dijo Han, sus ojos platino escaneando el flujo de maná—.

Ryuji ha congelado el tiempo social de este país.

Ha convencido a millones de personas de que el apocalipsis es algo que solo le pasa a los demás.

Su poder no es el sol; es el aire acondicionado.

Mantiene la temperatura perfecta para que nadie se queje mientras los devora lentamente.

Han extendió su brazo de ébano dorado y tocó una de las señales de tráfico que marcaban la entrada a la prefectura de Saitama.

El metal no se oxidó de inmediato.

El maná de Ryuji en el área luchó contra la infección de Han, creando chispas de luz blanca.

—Tokio sigue viva —murmuró Han con una sonrisa depredadora—.

Pero una ciudad que se niega a cambiar es una ciudad que ya está muerta por dentro.

Ryuji cree que el orden es su escudo.

Yo le voy a demostrar que el orden es la mejor yesca para un incendio.

Han cerró el puño.

El suelo bajo sus pies, imbuido de la armonía de Ryuji, crujió violentamente.

No era un ataque masivo de destrucción, sino una traición de la frecuencia.

Han empezó a emitir una vibración que contrarrestaba la paz de Tokio.

—Si ellos quieren seguir viviendo en su sueño de normalidad —dijo Han, mientras su sombra se alargaba kilómetros hacia la ciudad—, yo seré la pesadilla que los despierte.

◇ ◇ ◇ [Palacio Imperial – Sala del Nexo] Ryuji sintió el primer golpe.

La taza de té en su mano vibró, creando ondas concéntricas en el líquido verde.

Su consejero, Kento, miró su terminal con horror.

—¡Shogun!

El índice de estabilidad en Saitama ha caído un 15%.

La gente está empezando a reportar náuseas y fallos en sus interfaces del Sistema.

¡La armonía se está rompiendo!

Ryuji dejó la taza en el suelo.

Se levantó y caminó hacia la espada que descansaba en el soporte de la pared.

—Ha llegado antes de lo esperado —dijo Ryuji, su voz perdiendo toda calidez—.

Han no viene a conquistar Tokio.

Viene a recordarle a la gente que el mundo es un lugar horrible.

Ryuji desenvainó a Kusanagi.

La hoja no brilló; simplemente pareció borrar la luz de la habitación, concentrándola en un filo perfecto.

—Diles a las unidades de Shinjuku que activen el Protocolo de Máscara de Hierro.

Si los ciudadanos no pueden seguir durmiendo, entonces que luchen para que nadie más se despierte.

Mientras en Seúl la muerte era obvia y sangrienta, en Tokio, la guerra estaba a punto de volverse una lucha por la percepción de la realidad.

El Campeón que gobernaba desde las sombras finalmente iba a tener que salir a la luz para enfrentar al hombre que ya no tenía sombras que ocultar.

[Nivel actual: 102] [Estado de Tokio: Normalidad Frágil] [Progreso de Han: 50% de infiltración en el Gran Tokio]

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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