El Regresor Que Decidió No Salvar Al Mundo - Capítulo 21
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- Capítulo 21 - 21 Cazar Sin Declarar La Guerra
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21: Cazar Sin Declarar La Guerra 21: Cazar Sin Declarar La Guerra La guerra, en el sentido tradicional, es un acto ruidoso.
Implica el despliegue de banderas, el movimiento de tropas y una declaración formal que permite a ambos bandos prepararse para el impacto.
Pero Kang-Han no era un general, era un extirpador.
Y para él, el orden perfecto de Ryuji en Tokio no era un oponente al que vencer, sino una maquinaria compleja que solo necesitaba que le quitaran los tornillos adecuados para que colapsara bajo su propio peso.
Al cruzar la frontera de Saitama y adentrarse en la periferia de la metrópolis, Han no desató una tormenta de biomasa.
Al contrario, ordenó a Ha-Neul que replegara sus alas y ocultara su rastro de maná.
—Maestro, el aire aquí es espeso —susurró Ha-Neul mientras caminaban por una zona industrial aparentemente normal.
Los camiones de transporte autónomos zumbaban a su alrededor, moviendo suministros de maná de grado C hacia el centro de la ciudad—.
Siento que miles de ojos nos miran, pero no son ojos humanos.
—Es la Red de Armonía de Ryuji —respondió Han, con las manos hundidas en los bolsillos de su abrigo.
Su brazo de ébano dorado estaba oculto bajo la tela, pero pulsaba con cada latido de la infraestructura de la ciudad—.
Cada sensor, cada cámara y cada terminal de usuario en Tokio están conectados a su núcleo.
Ryuji no necesita espías; él es la ciudad.
Por eso, no vamos a atacar a sus soldados.
Vamos a atacar sus nervios.
◇ ◇ ◇ [Subestación de Distribución de Maná – Distrito de Omiya] La subestación era un edificio anodino, custodiado por apenas dos guardias de Rango B y un sistema de escaneo biométrico del Sistema.
No parecía un objetivo militar.
Sin embargo, este nodo controlaba la frecuencia de los estabilizadores que permitían a los ciudadanos de Saitama usar sus interfaces sin sufrir interferencias.
Han apareció frente a la entrada.
No hubo violencia.
No hubo gritos.
Simplemente caminó hacia la puerta.
Los guardias intentaron levantar sus lanzas de maná, pero en el momento en que sus ojos se cruzaron con los de Han, sus cuerpos se negaron a obedecer.
No era miedo paralizante; era una “traición” de sus propios sistemas nerviosos.
—Autoridad de la Traición: Cortocircuito Biológico.
Los guardias cayeron al suelo, conscientes pero incapaces de mover un solo músculo.
Han entró en la sala de control del nodo.
Allí, un enorme cristal de cuarzo refinado giraba en el centro de una cámara de vacío, emitiendo una luz blanca constante.
Han no rompió el cristal.
Si lo hacía, las alarmas de Ryuji sonarían instantáneamente.
En su lugar, colocó su mano derecha sobre el vidrio de seguridad.
—Parásito de Frecuencia.
Una pequeña veta de color ébano se deslizó desde sus dedos, penetrando el cristal como tinta en el agua.
La luz blanca del cuarzo no cambió de color, pero su ritmo varió imperceptiblemente.
Han no estaba cortando la energía; estaba introduciendo un “ruido” en la señal.
—En diez minutos —murmuró Han—, todos los ciudadanos que dependan de este nodo empezarán a experimentar errores de interfaz.
Sus mapas se desfasarán diez metros.
Sus pociones de curación tardarán un segundo más en surtir efecto.
Pequeñas grietas en el paraíso.
◇ ◇ ◇ [Tokio – Las Grietas en el Paraíso] El efecto fue devastador porque fue invisible.
En un hospital de Shinjuku, un cirujano de Rango B estaba realizando una operación de reconstrucción de órganos usando herramientas de maná.
De repente, su bisturí de luz parpadeó.
Fue solo un milisegundo, pero suficiente para causar una hemorragia.
El sistema de soporte vital emitió una alerta de “Error de Conexión con el Servidor Central”, y el paciente murió antes de que el médico pudiera entender qué había fallado.
En el mercado de valores de Chuo, los algoritmos de trading de cristales empezaron a comprar y vender de forma errática.
Los intermediarios, Despertados cuyo único trabajo era gestionar el flujo de datos del Sistema para las grandes corporaciones, miraban sus pantallas con desesperación.
—¡El sistema no reconoce mis credenciales!
—gritó uno de ellos—.
¡Dice que el Shogunato ha revocado mi acceso, pero mis pagos están al día!
Nadie entendía nada.
No había una invasión.
No había monstruos en las calles.
Pero la infraestructura misma de la vida moderna estaba empezando a traicionarlos.
Los intermediarios, los técnicos, los burócratas del maná…
los pilares invisibles que mantenían la normalidad de Ryuji estaban siendo eliminados uno a uno, no mediante la muerte, sino mediante la obsolescencia técnica.
◇ ◇ ◇ [Palacio Imperial – Sala de Guerra] Ryuji permanecía de pie frente al mapa holográfico de Japón.
El mapa estaba limpio.
No había puntos rojos de enemigos, no había brechas de monstruos.
Y sin embargo, los informes de errores llovían como una tormenta.
—Shogun, hemos perdido contacto con tres nodos de distribución en la periferia —informó Kento, su rostro sudoroso—.
No hay señales de combate.
Los guardias simplemente no responden.
Los diagnósticos del Sistema dicen que todo está “Normal”, pero la red de energía en Saitama está colapsando.
Ryuji cerró los ojos, intentando sentir a Han a través de su conexión con la tierra.
No había nada.
Solo un vacío, un agujero negro que se movía por la ciudad, borrando todo lo que tocaba.
—Está cazando —dijo Ryuji, y su voz era un susurro gélido—.
No está peleando una guerra.
Está realizando una auditoría de mi imperio y borrando las entradas que no le gustan.
—¿A quién enviamos?
—preguntó el general de la Guardia del Sol—.
Si no sabemos dónde está, no podemos atacar.
—Él no está atacando a los soldados —Ryuji se giró hacia su consejero—.
Está eliminando a los intermediarios.
Los hombres que gestionan mi voluntad.
Si no hay técnicos para mantener los nodos, el sistema cae.
Si no hay administradores para gestionar las raciones de maná, el pueblo se rebela.
Han está quitando el pegamento que mantiene unida a esta nación.
Ryuji golpeó la mesa con el puño.
—Él sabe que mi poder depende de la confianza de la gente en la “normalidad”.
Al destruir los nodos, está destruyendo esa confianza.
Manden a las Unidades Sombra.
No busquen a un invasor coreano; busquen cualquier anomalía en el flujo de datos.
Busquen al hombre que camina por donde el Sistema dice que no hay nadie.
◇ ◇ ◇ [Distrito de Ikebukuro – 23:00 PM] Han y Ha-Neul caminaban por un callejón oscuro tras haber neutralizado el cuarto nodo en menos de tres horas.
A pocos metros, la calle principal estaba sumida en el caos.
Los semáforos de maná se habían vuelto locos, provocando accidentes en cadena.
Los ciudadanos gritaban a sus terminales, que ahora solo mostraban estática o mensajes de error en un idioma que nadie reconocía.
—Nadie entiende qué está pasando —comentó Ha-Neul, observando el pánico desde las sombras—.
Buscan un enemigo con armas, pero solo encuentran pantallas rotas.
Es…
cruel, Maestro.
—La crueldad es un concepto humano, Ha-Neul.
Esto es simplemente eficiencia.
Ryuji construyó un mundo donde la gente es feliz porque no tiene que pensar.
Yo solo les estoy devolviendo la capacidad de pensar, y la primera cosa que un hombre hace cuando empieza a pensar es sentir miedo.
Han se detuvo frente a un gran edificio de oficinas: la sede de Logística del Sol, la empresa encargada de distribuir los suministros de supervivencia a los distritos de clase baja.
—Este es el intermediario más importante de este sector —dijo Han—.
Si este edificio deja de funcionar, diez mil personas en el distrito de Toshima no tendrán comida mañana.
Y lo mejor de todo es que le echarán la culpa al Shogunato por “fallos técnicos”.
Han no usó magia explosiva.
Simplemente apoyó su brazo de ébano contra la pared del edificio.
La biomasa se infiltró en los servidores, reescribiendo los manifiestos de carga.
En lugar de alimentos, los camiones empezarían a entregar piedras de maná vacías y materiales de desecho.
[Habilidad Pasiva: Arquitecto del Colapso] [Efecto:] La confusión entre la población civil aumenta un 300%.
El Campeón rival pierde un 5% de su “Autoridad de Territorio” por cada hora de desorden no resuelto.
◇ ◇ ◇ [Tokio – El Despertar del Caos] Para la medianoche, Tokio ya no era el paraíso de orden que Ryuji había prometido.
La “normalidad” se había evaporado.
Los ciudadanos, acostumbrados a que el Sistema resolviera todos sus problemas, se encontraban ahora perdidos.
Sin mapas, sin dinero digital y sin suministros, la verdadera naturaleza humana empezó a aflorar.
Los primeros saqueos comenzaron en Saitama.
No fueron iniciados por rebeldes, sino por gente común que entró en pánico cuando sus terminales de comida dejaron de funcionar.
Los guardias del Shogunato, entrenados para luchar contra monstruos, no sabían cómo reaccionar ante una multitud de civiles enfurecidos que solo gritaban por sus raciones.
—¡Disparen a las piernas!
—ordenaba un capitán de la Guardia—.
¡Mantengan el orden!
Pero al disparar a los ciudadanos, el contrato social de Ryuji se rompió definitivamente.
El “Campeón que protege” se convirtió en el “Opresor que dispara”.
Desde la azotea de un rascacielos en el centro, Kang-Han observaba el humo que empezaba a subir desde varios puntos de la metrópolis.
Sus ojos platino reflejaban el caos de neón.
—Cazar sin declarar la guerra es mucho más divertido —dijo Han.
Su brazo derecho brilló con un dorado intenso, alimentándose del desorden que él mismo había sembrado—.
Ryuji está ahí fuera, buscándome con su espada legendaria, esperando un duelo épico en la cima de una torre.
No entiende que la batalla ya terminó.
Han se giró hacia Ha-Neul.
—Mañana, Ryuji tendrá que elegir: o sigue protegiendo su “normalidad” disparando a su propia gente, o sale a buscarme y deja que su ciudad se queme.
De cualquier manera, Tokio ya no es suya.
Han desapareció entre las sombras, moviéndose hacia el siguiente nodo.
No buscaba la victoria militar; buscaba la asimilación total de una nación que se había olvidado de cómo luchar por sí misma.
[Nivel actual: 103] [Estado de Tokio: Alerta Roja (Caos Civil)] [Autoridad de Ryuji: Declinando rápidamente] [Progreso del Plan: Fase de Desmantelamiento – 70% completada]
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