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El Regresor Que Decidió No Salvar Al Mundo - Capítulo 22

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22: El Campeón Que Observa 22: El Campeón Que Observa Ryuji no era un hombre propenso a las emociones fuertes.

Había nacido en una familia que custodiaba las tradiciones del Bushido incluso cuando el mundo no era más que cables y pantallas, y tras el advenimiento del Sistema, esa disciplina se convirtió en su mayor activo.

Mientras otros Campeones se dejaban llevar por la embriaguez del poder o el pánico de la pérdida, Ryuji permanecía como un estanque de agua negra: profundo, quieto y peligroso.

Desde el observatorio privado del Palacio Imperial, el Shogun observaba cómo Tokio, su obra maestra, empezaba a convulsionar.

Las columnas de humo que se alzaban desde Ikebukuro y los destellos de los escudos de maná fallando en la distancia eran como estática en una película perfecta.

—Es eficiente —comentó Ryuji.

Su voz era un barítono suave que no mostraba ni rastro de la ira que su consejero, Kento, esperaba escuchar—.

No busca la gloria de la batalla, sino la rendición del engranaje.

Kang-Han no está peleando contra mí, está peleando contra el concepto de Japón.

Kento, que permanecía arrodillado detrás de él, temblaba levemente.

—Shogun, con todo respeto, el sistema logístico ha colapsado en tres distritos.

La gente está empezando a usar sus habilidades de combate contra la policía.

¡Si no lo detenemos ahora, la infraestructura de la Fase 2 será irrecuperable!

Ryuji se giró lentamente.

Su mirada no era la de un hombre acorralado, sino la de un jugador de ajedrez que acaba de ver un movimiento interesante de su oponente.

—¿Detenerlo?

—Ryuji soltó una pequeña risa seca—.

Kento, todavía no entiendes la escala de lo que está ocurriendo.

Arthur era un caballero, creía en muros y escudos.

Cyrus es una guerrera, cree en la fuerza bruta.

Pero Kang-Han…

él es un Regresor.

Él ha visto el final de este mundo más veces de las que tú has parpadeado hoy.

No puedes “detener” a un hombre que camina con el peso de siete vidas.

Pero puedes hacer algo mejor.

—¿Qué cosa, señor?

—Puedes invitarlo a la mesa.

◇ ◇ ◇ Ryuji volvió su vista al mapa holográfico.

A diferencia de lo que Han creía, Ryuji no estaba asustado por la pérdida de los nodos.

Para el Shogun, la infraestructura era reemplazable.

El verdadero valor de su imperio no residía en las máquinas de maná, sino en la estabilidad del contrato.

“Han cree que me está debilitando al crear caos”, pensó Ryuji, acariciando el pomo de su katana.

“Pero el caos es solo una forma de auditoría.

Me está mostrando qué partes de mi sistema eran débiles.

En realidad, me está haciendo un favor”.

A diferencia de los demás líderes mundiales, Ryuji no odiaba a Kang-Han.

Lo admiraba de una forma oscura y pragmática.

Entendía que Han era el anticuerpo que el Sistema había generado para purgar a los Campeones complacientes.

Y Ryuji no tenía intención de ser purgado.

—Prepara una frecuencia de transmisión abierta, pero encriptada bajo el protocolo del Vacío —ordenó Ryuji—.

No quiero que las Constelaciones escuchen esto.

Es hora de hablar de hombre a hombre.

O de monstruo a monstruo.

◇ ◇ ◇ [En algún lugar de los túneles del Metro de Tokio] Kang-Han se detuvo en seco.

Los cables de alta tensión a su alrededor empezaron a vibrar, pero no con electricidad, sino con una frecuencia de maná rítmica y elegante.

La biomasa en su brazo derecho se erizó, detectando una intrusión que no buscaba dañar, sino comunicar.

De repente, una proyección holográfica se materializó frente a él.

No era una imagen del Sistema, sino una construcción de luz blanca pura, tan estable que parecía sólida.

Era la imagen de Ryuji, sentado en su habitación de tatami, sirviendo té.

—Es un método de caza poco elegante, Kang-Han —dijo la proyección de Ryuji.

Su tono era el de un anfitrión reprendiendo suavemente a un invitado ruidoso—.

Romper los juguetes de los niños no te llevará al Trono de la Tierra.

Solo te dejará gobernando un montón de cenizas.

Han sonrió, y su rostro, iluminado por el brillo del holograma, parecía el de un demonio tallado en obsidiana.

—Las cenizas no mienten, Ryuji.

El orden que has construido es una alucinación colectiva.

Solo estoy despertando a los soñadores.

—¿Y para qué?

—preguntó Ryuji, inclinando la cabeza—.

¿Para que vean que el mundo es un lugar oscuro?

Ya lo saben.

Por eso aceptan mi orden.

Se someten porque la verdad que tú ofreces es demasiado fría para ser vivida.

Pero no te he contactado para discutir filosofía.

Te he contactado porque tenemos un problema común.

Han entrecerró los ojos.

—¿Ah, sí?

¿Y cuál sería ese problema?

—Las Constelaciones —respondió Ryuji, y por primera vez, un destello de ambición gélida cruzó sus ojos—.

Ellas nos observan como si fuéramos gladiadores en un coliseo.

Quieren que nos matemos entre nosotros para que el ganador sea demasiado débil para desafiarlas.

Arthur era su mascota favorita.

Tú eres su pesadilla.

Y yo…

yo soy su administrador.

Ryuji dejó la taza de té en el suelo del holograma.

—Si seguimos este camino, yo destruiré tu biomasa con la luz de mi ciudad y tú consumirás a mi gente con tu traición.

Al final, uno de los dos quedará en pie sobre un Japón muerto.

¿Es eso lo que quieres?

¿O quieres lo que realmente busca un Regresor?

El fin del ciclo.

Han guardó silencio.

Por primera vez en esta vida, alguien le hablaba no como a un villano, sino como a un igual con intereses mutuos.

—Propongo un pacto —continuó Ryuji—.

Deja de atacar mis nodos.

A cambio, te daré acceso directo al Nexo Central de Tokio.

No para que lo destruyas, sino para que lo uses como amplificador.

Juntos podemos crear una zona muerta para las Constelaciones.

Una tierra donde sus ojos no puedan ver y sus manos no puedan tocar.

◇ ◇ ◇ [POV: Ryuji – El Interior del Palacio] Mientras hablaba con Han, Ryuji observaba otra pantalla que Kento no podía ver.

Era el rastro de energía de la biomasa de Han penetrando en los túneles de Saitama.

Ryuji no tenía intención de cumplir su pacto.

No del todo.

“Eres poderoso, Kang-Han”, pensó el Shogun mientras mantenía su sonrisa serena en el holograma.

“Pero tu mayor debilidad es tu convicción de que eres el único que sabe jugar a la traición.

Crees que el mundo te debe algo por tus siete vidas de sufrimiento.

Eso te vuelve predecible”.

El plan de Ryuji era simple: atraer a Han al Nexo Central.

Una vez allí, el maná de Han se sincronizaría con la infraestructura de Tokio.

En ese momento, Ryuji no usaría su espada para matarlo.

Usaría la Red de Armonía para convertir a Han en el nuevo motor de la ciudad.

No quería derrotar al Soberano de la Traición.

Quería domesticarlo.

Quería que el poder infinito del Regresor alimentara las luces de neón de Shinjuku por toda la eternidad.

Un sacrificio eterno para una paz eterna.

—Piénsalo, Han —dijo Ryuji a la proyección—.

Tú tienes el poder de romper las cadenas.

Yo tengo el molde para construir un mundo nuevo.

Si nos unimos, ni siquiera el Sistema podrá detenernos.

No me temas.

No soy como Arthur.

Yo no creo en el sacrificio de los héroes.

Creo en la supervivencia de los más aptos.

◇ ◇ ◇ Han observó la imagen de Ryuji desvanecerse.

El silencio volvió a los túneles del metro, roto solo por el goteo de agua contaminada.

—Maestro…

—susurró Ha-Neul desde la penumbra—.

Sus palabras sonaban…

razonables.

Casi honestas.

Han miró su brazo derecho.

Las vetas doradas del núcleo de Arthur brillaban con una intensidad inusual, como si el propio espíritu del caballero estuviera gritando una advertencia desde el más allá.

—Ryuji es el hombre más peligroso que he conocido en ocho vidas —dijo Han, y su sonrisa se volvió aún más amplia—.

No me teme porque cree que puede negociar conmigo.

Cree que puede usar mi hambre para alimentar su jardín.

Es un nivel de arrogancia que incluso yo debo respetar.

Han comenzó a caminar de nuevo, pero no hacia el siguiente nodo periférico.

Se dirigía directamente hacia el centro, hacia el Palacio Imperial.

—Él cree que me está invitando a una trampa —murmuró Han—.

Y tiene razón.

Pero lo que Ryuji no entiende es que un parásito no necesita que la puerta esté abierta para entrar.

Sin embargo, si el anfitrión te invita cordialmente a pasar…

sería de mala educación no devorarlo desde el corazón.

El Campeón japonés observaba desde su torre, creyendo que tenía las riendas de la situación.

Pero en el oscuro subsuelo de la ciudad, el Soberano de la Traición acababa de aceptar la invitación.

La guerra silenciosa estaba a punto de volverse algo mucho más íntimo y letal.

[Nivel actual: 103] [Relación con el Campeón Ryuji: Pacto de Traición Mutua] [Humanidad restante: 32%] [Estado de Tokio: Calma tensa antes de la asimilación central]

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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